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Moix pierde todos los apoyos para seguir al frente de Anticorrupción

De izquierda a derecha, el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, el ministro de Justicia, Rafael Catalá, y el fiscal jefe de Anticorrupción, Manuel Moix.

José Precedo / Pedro Águeda / Marcos Pinheiro

Manuel Moix es un hombre solo. Mantiene de momento su cargo como fiscal jefe de la unidad Anticorrupción, pero el descubrimiento de la sociedad panameña en la que participa y su gestión de este último escándalo le han hecho perder todos los apoyos con los que ha contado desde el inicio de su convulso mandato.

Primero fue su jefe directo, el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, quien el martes negó que fuese informado por Moix, tal y como este había contado en la cadena SER, de que tenía junto a su familia participaciones en una empresa panameña propietaria de un chalé en la sierra de Madrid. Moix, acostumbrado a que Maza le respaldase desde que tomó posesión el pasado febrero, contó que este no le había dado importancia a la noticia publicada por Infolibre y que cuando regresase de su viaje el fiscal general, hablarían sobre el tema. La reunión está prevista para las próximas horas. Maza ya sabe que el Gobierno ha decidido descargar en él toda la responsabilidad sobre la continuidad de Moix.

Lejos de mojarse para respaldar al jefe de Anticorrupción -como había hecho la víspera el presidente Mariano Rajoy cuando respondió con un lacónico “sí” a la pregunta de si mantenía la confianza en Moix, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría se quitó de en medio este miércoles: “Cuando se trata de nombramientos de la Fiscalía es a la Fiscalía a la que le corresponde los nombramientos y las situaciones administrativas que afectan a los fiscales, y nosotros respetamos esa autonomía”.

Igual que hizo en los pasillos del Congreso el ministro de Justicia, Rafael Catalá, quien volvió a señalar a Maza, la persona que él coloco al frente de la Fiscalía General del Estado, como el único con competencias para destituir a Moix. En su afán por desmarcarse, Catalá incluso deslizó cuál debe ser el procedimiento para hacerlo: “Es al fiscal general al que corresponde proponer un expediente para remover a [Manuel Moix] de la fiscalía anticorrupción”.

Las gélidas reacciones del Gobierno llegan después de que todos los partidos a excepción del PP hayan pedido la cabeza de Moix, quien, como Maza y el propio ministro Catalá,  ya había sido reprobado por el Congreso de los Diputados, por su intervención en el caso Lezo.

En ese sumario, Moix trató de frenar varias actuaciones de los fiscales de Anticorrupción y aparecía citado en unas escuchas al cabecilla de la trama, Ignacio González, como “un tipo cojonudo” al que el expresidente madrileño quería colocar al frente de Anticorrupción ya el pasado otoño.

Sus polémicas decisiones en Lezo abrieron una crisis interna en Anticorrupción, donde una veintena de fiscales -la práctica unanimidad- se posicionaron en contra de su criterio y respaldaron a los dos profesionales que asumieron el caso desde el principio. Las transcripciones de las conversaciones de González provocaron estupor en la carrera.

En aquel momento, tanto Mariano Rajoy, como Catalá, que también aparece en mensajes comprometedores con González, optaron por respaldar a Moix. Ahora el asunto de la sociedad panameña es distinto: la polémica viene originada por el comportamiento privado del fiscal jefe de Anticorrupción y no involucra a nadie del Gobierno ni del PP, como sí sucedía en la Operación Lezo, más allá de poner en evidencia el error que supuso su nombramiento para un cargo tan delicado como la jefatura de Anticorrupción.

Con los dirigentes del PP colocados de perfil y Maza guardando silencio, y sus subordinados en la unidad especial desolados por la sucesión de escándalos, la última estocada a Moix llegó en forma de comunicado de la Asociación de Fiscales (AF), mayoritaria en la carrera y de perfil conservador, la misma que había respaldado su nombramiento el pasado febrero. La nota remitida por la AF a los medios durante la tarde del miércoles pedía al jefe de Anticorrupción que pusiese su cargo a disposición de José Manuel Maza, con quien la asociación había pactado el nombramiento. Sus aliados naturales también le habían retirado su confianza.

La Unión Progresista de Fiscales había sido mucho más dura y llevaba ya semanas reclamando su dimisión para limpiar la imagen del ministerio público.

Por si quedaba alquien que aún no hubiese dado la espalda al jefe de Anticorrupción, los diarios El Español, El País , los medios a los que según afirmó en una entrevista reciente en la cadena SER concede credibilidad Moix, publicaron editoriales a última hora del miércoles en el que reclaman su marcha.

El Español, el medio al que recurrió Moix para reventar la información de la sociedad panameña cuando un periodista de Infolibre le llamó para recabar su versión, anunció de madrugada que el jefe de Anticorrupción ha sucumbido a la presión con el siguiente titular: Moix ofrecerá su renuncia al fiscal general “por el bien de la institución”.

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