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Islandia da marcha atrás y devuelve el poder a los causantes de la crisis

La oposición de centroderecha logra más del 51% de los votos y 38 de los 63 diputados del parlamento

La Alianza Socialdemócrata y el Movimiento de Izquierda Verde han perdido la mitad de su apoyo

Los ganadores de los comicios rechazan retomar el proyecto de constitución ciudadana, considerado un ejemplo de salida alternativa a la crisis

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Manifestación en Islandia en febrero de 2010 contra la devolución del dinero a Londres. Foto: Flickr de InDefence.

Manifestación en Islandia en febrero de 2010 contra la devolución del dinero a Londres. Foto: Flickr de InDefence.

El paréntesis de centroizquierda ha durado en Islandia sólo cuatro años. La oposición de centroderecha, la misma que hasta 2008 sentó las bases del colapso financiero del país con sus políticas neoliberales, se ha impuesto con rotundidad en las elecciones legislativas de este sábado. Con el 100% de los votos escrutados, los dos grandes partidos conservadores, que previsiblemente gobernarán en coalición, han sumado más del 51% de los sufragios.

Al frente del escrutinio se ha situado el tradicional "hermano mayor" de los aliados de derecha, el Partido de la Independencia de Bjarni Benediktsson, que ha logrado el 26,7% de los votos. Inmediatamente detrás, sin espacio para los actuales gobernantes, ha quedado su aliado centrista, el Partido del Progreso, con el 24,4%, según los datos provisionales de la Comisión Nacional Electoral islandesa.

Centristas y conservadores gobernaron juntos entre 1995 y 2007, un período donde comenzó la ola privatizadora, empezando por los principales bancos de la isla, que en una onda expansiva insólita llegaron a tener un tamaño equivalente a diez veces el PIB de Islandia y cuya quiebra situó al país en una crisis sin precedentes.

Las duras protestas de enero de 2009 se llevaron por delante al gobierno del conservador Geir H. Haarde, que tuvo que dimitir en pleno, y auparon al poder a la Alianza Socialdemócrata y al Movimiento de Izquierda Verde en un ejecutivo encabezado por Johánna Sigurdardóttir.

Tanto la Alianza Socialdemócrata como el Movimiento de Izquierda Verde han perdido más de la mitad de su apoyo, bajando al 12,9% (pierde 16 puntos) y al 10,9%, respectivamente, mientras que el centrista Futuro Brillante ha obtenido el 8,2. El Partido Pirata ha alcanzado el 5,1%, superando por una décima la barrera cinco para entrar en el Parlamento, de la que han quedado lejos los otros nueve partidos que se presentaban a los comicios.

Los datos parciales ofrecidos hasta ahora por las autoridades islandesas confirman la tendencia mostrada desde hace semanas por los sondeos, que apuntaban a un claro triunfo del centroderecha y a un desplome de la coalición de Gobierno.

Entre conservadores y progresistas suman38 de los 63 escaños del Althingi (Parlamento), con lo que gozan de mayoría absoluta. Aunque ninguno de sus líderes había dicho abiertamente en campaña que gobernarán juntos, ya han anunciado que formarán un gobierno de coalición, como habían hecho en los años previos al estallido de la crisis que colapsó Islandia en octubre de 2008.

Duro castigo al primer Gobierno de izquierda islandés

El triunfo del centroderecha puede interpretarse como un castigo al primer Gobierno de izquierda en 69 años de independencia de Islandia, pese a estabilizar las cifras macroeconómicas.

La dura política de ajustes impuesta por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el incumplimiento de promesas como la reforma del sistema de cuotas de pesca o la aprobación de una nueva Constitución impulsada por una iniciativa popular han penalizado al gabinete dirigido por la socialdemócrata Jóhanna Sigurdardóttir.

Si a ello se le añaden las disputas en el seno de la coalición por cuestiones como la UE y el litigio sobre las indemnizaciones a ahorradores extranjeros por la quiebra del banco Icesave se entiende por qué el Gobierno quedó en minoría a mitad de la legislatura y con unas cotas de impopularidad muy elevadas.

Ese descontento ha sido aprovechado por el Partido del Progreso, tradicional "hermano pequeño" de los conservadores y que por primera vez podría ganar unos comicios gracias a su oposición a los acuerdos firmados por el Gobierno en el caso Icesave y a su propuesta para reducir un 20 % la deuda hipotecaria de los islandeses, una de las claves de la campaña.

El triunfo del centroderecha significará un paso atrás en el proceso de adhesión de Islandia a la UE, iniciado por el anterior Gobierno, ya que tanto el Partido de la Independencia como el Partido Progresista han defendido en campaña el fin de las conversaciones y la retirada de la solicitud de ingreso.

La "congelación" de la constitución ciudadana

La legislatura ha terminado en Islandia sin que se haya tramitado la reforma constitucional que nació de las protestas de la calle. El actual gobierno ha expresado su intención de volverlo a intentar si repite al frente del país, sin embargo, el Partido del Progreso, que ha encabezado hasta ahora la oposición, ha adelantado que no seguirá adelante con la reforma si regresa al poder.

El texto de la nueva carta magna, elaborado por un grupo de 25 ciudadanos, es considerado una referencia internacional para una salida alternativa a la crisis política y económica. El texto avanza en aspectos como la soberanía del pueblo, los cambios en el sistema electoral, la separación de poderes o la propiedad de los recursos naturales.

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