Óscar Puente: “No podía seguir, ni el país ni yo podemos soportar 100 muertos en menos de un año”
En política, como en la vida, hay que saber llegar a los sitios y saber marcharse. Óscar Puente ha decidido, por voluntad propia, que su momento ha llegado, después de dos accidentes ferroviarios y más de 100 muertos en nueve meses. Otros no lo hubieran hecho. Él tomó la decisión, según confiesa, el mismo día de la tragedia de Urda y así se la comunicó a su familia. A nadie más. Pero la mañana de este martes 3 de noviembre confesó a sus más cercanos que no estaba tranquilo.
Al titular de Transportes le esperaba una segunda rueda de prensa en una semana, una comparecencia ante la Diputación Permanente… y una dimisión inesperada. Tan imprevista que ni sus compañeros del Consejo de Ministros ni el presidente del Gobierno estaban al tanto. Pedro Sánchez supo de su decisión unos minutos antes de que la anunciara por un mensaje de WhatsApp que el ya exministro le envió desde la Sala Constitucional del Congreso cuando entraba en la recta final de su comparecencia.
Se marcha contra la voluntad del presidente del Gobierno, que ya trató de disuadirlo por primera vez la semana pasada nada más conocerse el alcance del siniestro y cuando aún no se había cerrado oficialmente la cifra de fallecidos en el accidente ferroviario. Sánchez lo intentó de nuevo, esta vez sin éxito, cuando Puente le remitió el mensaje con su decisión irrevocable.
Pero la decisión estaba tomada, según sus propias palabras, cuando tras conocer el accidente de tren se dirigió enseguida al Centro de Control de Renfe en Atocha. “Lo hago por dignidad y por empatía con las víctimas”, afirma en conversación con elDiario.es minutos después de salir de la Carrera de San Jerónimo.
“No podía seguir. Ni el país ni yo podemos soportar 100 muertos en menos de un año. Si me hubiera quedado, hubiera arrastrado al partido a una situación imposible. El PSOE es mucho más grande que yo y no puedo permitir que la campaña electoral pivote en torno a mí y la asunción de responsabilidad”, añade.
Sostiene el ya exministro que se marcha “con la cabeza muy alta”, después de “11 años en la máxima exposición pública que un ser humano puede soportar” y habiendo tenido que escuchar de las derechas que el centenar de fallecidos son “suyos”. Confía en que ahora Alberto Núñez Feijóo y el PP tengan que volver a hablar de vivienda, de pensiones y del Estado de Bienestar durante esta campaña, y no de si él se tiene que marchar o no.
Hasta aquí las primeras reflexiones del ministro que más veces ha llegado a tiempo a los titulares de los diarios y que, aunque no lo confiese, se marcha dolido con algunos de sus compañeros del Consejo de Ministros y del PSOE. Especialmente con los que, escondidos tras el anonimato, aconsejaban que se marchara. Pero también con los que a la cara le decían que aguantara y, a la espalda, que debía irse cuanto antes. Salvo Óscar López y el presidente del Gobierno, nadie en esta última semana ha cerrado filas con el titular de Transportes.
Puente, que renuncia también a encabezar la lista del Congreso por Valladolid, sorprendió a propios y extraños con su decisión. Su determinación solo la conocía su familia, aunque otras fuentes del Gobierno aseguran que la renuncia estaba pactada de antemano con Sánchez, versión que Puente niega.
Quienes lo conocen se percataron de que el Puente que llegó a la Cámara Baja a las cinco de la tarde para dar las explicaciones que le demandaba la oposición estaba visiblemente nervioso y demacrado, pero nadie pudo imaginar que pasadas las nueve de la noche el ministro que en más ocasiones ha sido objeto de informaciones falsas e injuriosas por la caverna mediática se marcharía, ya que Sánchez le había respaldado en público y en privado.
“Sabía que me iban a temblar las piernas”, reconoce. Y aun así no dudó un momento en defender ante los miembros de la Diputación Permanente que su decisión era por “dignidad política”, que era “buena para el país y buena para la democracia, una democracia madura de un país fuerte, próspero y moderno, no un Estado fallido como algunos sostienen”. Y tampoco se privó de recordar que “el pueblo solo salva al pueblo en las urnas, votando a los que lo apoyan”, reivindicar la “altura” del partido al que pertenece y compadecerse del “drama de las víctimas, el de sus familias y el de sus seres queridos”.
Acabada su intervención, uno tras otro todos los portavoces parlamentarios se acercaron a fundirse con el ministro en un abrazo y desde el Gobierno, sin salir aún de su perplejidad, elogió el ejercicio de responsabilidad de un Puente que “ha gestionado los momentos más difíciles de la emergencia, identificando las causas del accidente, explicándolas a la opinión pública, y poniendo en marcha las medidas necesarias para atajarlas y asistir a las víctimas”. Demuestra así, aseguran fuentes de La Moncloa, que “ni todos los partidos ni todos los políticos son iguales”, después de “dar la cara, dar soluciones y cumplir con su deber”.
Y en la misma línea le despedía desde su cuenta oficial en X el propio Sánchez: “Políticos como él dignifican a nuestro país y nos demuestran que no todos somos iguales. Mientras unos solo dan lecciones, otros lo dan todo. Gracias por tanto, compañero”.
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