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Sobre este blog

No nos gusta la palabra "discapacitado". Preferimos retrón, que recuerda a retarded en inglés, o a "retroceder". La elegimos para hacer énfasis en que nos importa más que nos den lo que nos deben que el nombre con el que nos llamen.

Las noticias sobre retrones no deberían hablar de enfermitos y de rampas, sino de la miseria y la reclusión. Nuria del Saz y Mariano Cuesta, dos retrones con suerte, intentaremos decir las cosas como son, con humor y vigilando los tabúes. Si quieres escribirnos: retronesyhombres@gmail.com

Sordos que quieren hijos sordos

Sharon Duchesneau y Candace McCullough con sus hijos

La mayoría de los padres quieren lo mejor para sus hijos. Pero difieren en qué es “lo mejor”. Para algunos es comer fruta y leer por las noches, para otros ir a misa y no fumar. Y hay quien considera que es bueno que su hijo nazca sordo.

Es el caso de Sharon Duchesneau y Candace McCullough. En el año 2002 esta pareja decidió que sus hijos iban a ser como ellas, que iban a nacer sin la capacidad de oír. No fue sencillo. Resulta que los bancos de semen no aceptan donantes retrones, así que no pudieron acudir a ellos. Finalmente, el padre fue un amigo común, el quinto en la línea de una familia de sordos. La madre biológica fue Sharon y con él tuvieron un niño y una niña, los 2 sordos.

Beatriz Gimeno, colaboradora de eldiario.es, puso el ejemplo de esta familia en mi post La realidad y el deseo, en el que hablaba de las formas de entender la discapacidad.

En su momento hubo muchas críticas a su decisión. Miembros de la Asociación Nacional de Sordos de Estados Unidos dijeron que no entendían “por qué alguien quiere traer al mundo a un niño con una minusvalía”. Profesores de bioética hablaron directamente de “vergüenza”. Ellas no lo vieron así.

Al parecer, y admito que lo descubro ahora, para ciertos sordos su sordera no es una discapacidad, es una forma de ver el mundo. Una cultura. A esta Cultura Sorda no se pertenece sólo por no poder oír, hay que compartir ciertos valores, reglas y costumbres.Cultura Sorda El pilar más importante es la lengua de signos, una herramienta indispensable para la comunicación entre sordos. Esta lengua, a diferencia de la materna, no suele aprenderse en casa, sino en escuelas especializadas o asociaciones de sordos. La razón es que no todos los sordos nacen de padres sordos. Tanto unos como otros deben aprender el lenguaje de signos.

La pareja de la hablo estudió en la Universidad de Gallaudet, la única en el mundo que sólo acepta estudiantes sordos o que dominen la lengua de signos. Allí Cancade se licenció en salud mental y Sharon en bioética. Estoy inclinado a pensar que fue esa universidad la que las llevó a desear un hijo sordo.

Soy un firme defensor de los colegios de integración, de los centros en los que bípedos y retrones estudian pupitre con pupitre. La universidad de Gallaudet es todo lo contrario. Casi un gueto. Hasta cierto punto, me parece lógico que quien sólo se ha rodeado de sordos durante sus años de formación quiera tener un hijo sordo.

Pero, en el fondo, no deja de ser, como mínimo, arriesgado. Por mucho que uno crea que no escuchar es lo mismo que ser blanco o negro, no es ético quitar esa capacidad a tu hijo antes de nacer. La selección genética debería servir para ampliar las capacidades humanas, no para limitarlas. Supongo que el hijo de una pareja sorda es bilingüe, hablará la lengua del país y la materna (la lengua de signos). Si Sharon y Candace hubieran esperado a que sus hijos tuvieran 18 años para preguntarles si quieren ser sordos, ¿qué dirían éstos? ¿Elegirían escuchar o preferirían ser operados para ser igual a sus padres?

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Publicado el
5 de septiembre de 2013 - 20:26 h

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