“Discriminan a los vecinos”: los recortes de Tussam se cronifican en el Polígono Sur de Sevilla
Si uno quiere ir desde el casco histórico de Sevilla al Polígono Sur tendrá que caminar una hora y diez minutos, según Google Maps, pero en coche serían unos 24 minutos y, si decide subirse a la línea 30, 31 o 32 de Tussam, unos 46 minutos, siempre y cuando el autobús pase o llegue al final. La desconexión que denuncian los vecinos desde hace más de un año y medio ya no solo limita su movilidad, sino que cercena su pertenencia a la ciudad. “Están discriminándonos”, lamenta María Isabel González, cuyo asma le impide hacer grandes esfuerzos, como caminar hasta la parada operativa más cercana otros 20 minutos. Desde las asociaciones piden transparencia y, sobre todo, medidas para prevenir los ataques a los vehículos y así garantizar este servicio público.
La sede de la Asociación de Vecinos El Sur se abre a primera hora y reúne a Esperanza Gallardo, a Alfonso Alcaide, a Carmen Picón, también presidenta de la plataforma Barrios Ignorados, a Manuel, y a la propia María Isabel. En este tiempo, han identificado la eliminación de hasta cinco paradas. Por ejemplo, la línea 30 ya no completa la Avenida de Las Letanías ni la vía Escultor Sebastián Santos, mientras que la 31 y la 32 obvian las zonas de Luis Ortiz Muñoz con la calle Orfebre Cayetano González, y el tramo de Victoria Domínguez Cerrato - El Mago de Oz. “Se queda en la Ronda de la Oliva y ya en la tarde y noche o los fines de semana, de repente, dejan de pasar”, critican.
“Parece que estamos alejados, en un pueblo, y lo que pasa es que no ponen solución”, destacando que hay trabajadores, personas mayores, menores, que dependen de este servicio para hacer su vida con normalidad. “Imagina los días de olas de calor o ahora en invierno que empieza el frío, la oscuridad de la noche, ¿qué hacen esas mujeres y hombres que terminan de trabajar y quieren llegar a su casa?”, apunta Manuel. Todos han crecido en el barrio y, a medida que ha pasado el tiempo, coinciden en que el espíritu del Plan Integral que se puso en marcha hace ya más de dos décadas entre el Gobierno estatal, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento se ha perdido. “Nos han echado”.
En esta imagen, según ha podido confirmar este medio con trabajadores del servicio, se puede observar cómo se ha modificado los trazados de las líneas 30 y 31 de Tussam:
“Hay unas 5.000 familias afectadas”
En febrero de 2025, Tussam limitó los itinerarios por el Polígono Sur tras varios apedreamientos a vehículos de la empresa municipal de transportes. Entonces fue cuando comenzó el pulso entre el Ayuntamiento y los vecinos para restablecer las paradas de las líneas 30, 31 y 32 y la A5. Tres meses después de los incidentes, se reanudó el servicio horas antes de que se iniciara una protesta, pero las consecuencias continúan y, en abril y mayo de este año, los vecinos volvieron a la calle para reclamar sus derechos. En este sentido, el colectivo Nosotros también somos Sevilla avisaba del impacto que estaba suponiendo para los estudiantes, ya que los trazados afectan al IES Polígono Sur, IES Romero Murube, IES Antonio Domínguez Ortiz y el Centro de Educación de Adultos (Ceper) Polígono Sur.
“Hay unas 5.000 familias que se han visto privadas. No saben si van a coger el autobús”, señala Alfonso, en referencia a los barrios de Murillo, Martínez Montañés, Letanías y Antonio Machado. “No pueden obligar a los chóferes a hacer el recorrido, pero tienen que poner los medios, ya sea la Delegación del Gobierno o el Ayuntamiento de Sevilla, para que esto se penalice”, aunque, resaltan, que hay una “falta de transparencia”. Picón señala que presentaron una reclamación el 25 de junio de este año para conocer los informes técnicos y el registro de incidencias que ha sufrido Tussam: “¿Qué está pasando? Queremos que nos den la información, porque lo que hay es una política de abandono”.
Sin embargo, no han obtenido respuesta. Ya Jaime Bretón, comisionado para el Polígono Sur, manifestaba en una entrevista con este medio que le había pedido al alcalde José Luis Sanz y al gerente de Tussam, Manuel Torreglosa, que repusieran completamente el servicio y les dio una alternativa para evitar las zonas más conflictivas, sobre todo en el tramo que hay entre la Factoría Cultural a Maese Pérez, “pero no me han hecho caso”, destacaba. También, a quien fuera antiguo comisionado y actual Defensor del Pueblo Andaluz en funciones, Jesús Maeztu, elevaron una petición de amparo, pero la causa fue archivada porque los cauces administrativos debían ser otros.
Desde Tussam: “No hay medidas de seguridad”
Pero, en caso de un ataque a una guagua, ¿cuál es el protocolo? Raúl Fernández Hicke, secretario general de CGT en el comité de empresa de Tussam, explica que el conductor llama a través de un sistema interno al centro de control y avisa que ha sufrido un lanzamiento. Si se puede describir el objeto, se procede a ello y, entonces, se desvía la línea por el exterior. “Antes se suspendía el servicio unas horas y luego se retomaba, pero ahora no se vuelve a dar hasta que termina el día”. ¿La razón? “Si no puede acceder la policía al barrio, no se puede enviar a un supervisor”. La interrupción queda notificada desde el centro al Ayuntamiento, que debería informar a los usuarios de los cambios.
Al respecto, Fernández confirma que el recorrido ha cambiado al establecido durante los últimos ocho años, pero antepone la seguridad de los trabajadores y de los pasajeros: “No están las medidas de seguridad necesarias para dar el servicio”. “Estos ataques no se producen solamente en las líneas del Polígono Sur, pero sí es verdad que, mientras que en otras zonas de Sevilla es algo puntual, aquí está más normalizado”, señalando que el sábado pasado hubo un apedreamiento contra la línea 30. “Entró una piedra por la ventana y dio contra una barra de agarre en vez de contra la cara de una señora... No es solo protección para el conductor, sino para la ciudadanía”.
“Somos los primeros que queremos dar el recorrido que solicita el barrio, pero para eso tenemos que tener las medidas, ya sea por policía local o policía nacional”, sostiene, “hemos hablado con el Ayuntamiento, con la Delegación del Gobierno, con el Comisionado del Polígono Sur, y su respuesta es que nos van a dar medios”. Cuando llega la hora de la verdad apunta a que “pasan dos horas, ven que allí no pasa nada, y se van”, dejando sin protección el trazado completo. Para lo que observa una vara de doble medir en la actuación de los dispositivos de seguridad: “Hay falta de agentes, pero hay eventos en la ciudad donde llueven del cielo, y este es un barrio que necesita seguridad”.
En consonancia, exige actuaciones conjuntas a las autoridades competentes: “La normalidad no la da Tussam. Las tres adminitraciones, local, autonómica y nacional, tienen que darse cuenta de que, si quieren solucionar aquello, tienen que estar allí”. Un compromiso para el que todavía no hay acuerdo, ya que, como apunta el delegado sindical, la última reunión con el área de Movilidad, dirigida por Álvaro Pimentel, se dio hace ocho meses y tampoco se ha cumplido con el compromiso de adscribir una patrulla a los servicios de Tussam.
Reunión entre Ayuntamiento y Subdelegación sin cambios
A finales de agosto, la línea 31 de Tussam recibió otro apedreamiento, motivo por el que el Ayuntamiento convocó una reunión de urgencia con la Subdelegación del Gobierno. A preguntas de este medio, fuentes conocedoras de la cita confirman que el día 3 se dio el encuentro entre el delegado de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento, Ignacio Flores, y el subdelegado del Gobierno en Sevilla, Francisco Toscano. En este intercambio se acuerda “continuar la cooperación como se estaba manteniendo hasta la fecha”, sin que trascieran mayores modificaciones.
Además, recuerdan que buena parte de las competencias en materia de seguridad para el barrio son de la Policía Local y que se debe notificar la petición de cooperación a la Policía Nacional para que esta entre a actuar. “Hay altercados que no llegan a notificarse”, se apunta, a diferencia de lo que ocurrió con el altercado vivido en agosto. Por su parte, el cierre de esta edición, el Ayuntamiento hispalense no ha contestado a este medio sobre la normalización de las líneas, si se prevé algún dispositivo especial o la relación de ataques notificados en estos últimos meses.
“Prevenir en vez de paliar”: los que crecieron en el Polígono Sur
El Polígono Sur es uno de los barrios más degradados del país. Más allá de las Tres Mil Viviendas, la historia de marginación y pobreza que ha vivido se presentó desde un primer con su trazado: los tres obstáculos físicos que lo rodean, como el muro de Hytasa, la carretera de Su Eminencia y las vías del tren. Un cerco para el que los poderes públicos pactaron mejoras y hasta instauraron al Comisionado para dar la posibilidad a sus habitantes de tener una vida como el resto de sevillanos.
Unas 29.000 personas trabajan por un cambio a través de asociaciones, fundameciones, proyectos sociales, pero los vecinos del sur sevillano quieren un compromiso real de las administraciones. “Todo lo que sobra en Sevilla acaba aquí”, dice Manuel, que habla de las múltiples capas de esta cebolla: la asistencia sanitaria, la educación, la formación profesional, el empleo, las familias, eslabones de una misma cadena: “El Plan Integral de 2004 no se ha cumplido y habría que trabajar con las familias, con cada una de las personas que viven aquí, y que las actuaciones no sean tan solo puntuales”.
Carmen Picón lleva desde los ocho años viviendo en el barrio: “Esta es mi vida. Primero me fui de Letanías, así que el gran fracaso será cuando me vaya fuera”. Para ello, pide “diálogo” a los partidos políticos y que, de una vez por todas, “salgan de la confrontación política”. “Cuando hay voluntad, se arreglan las cosas”, y saca a colación el tema de la mezquita que se construirá como parte del Centro Cultural Islámico, que centró todas las miradas durante el verano por la oposición xenófoba de Vox, “quieren echarnos a pelear cuando aquí siempre ha habido diversidad de culturas y religiones”. “En todo caso, aquí hay exclusión”, clama.
Alfonso, a su lado, lleva 44 años caminando por las calles de este barrio obrero y, desde la Avenida de la Paz, reflexiona sobre los inicios: “El 90% de las personas que viven aquí son trabajadores, cuyas familias fueron realojadas en los 60 y 70”, recuerda, “hay un problema estructural, la pobreza, pero el tema de las pensiones o las ayudas se ha convertido en una excusa para no hacer nada”, en referencia al ingreso mínimo vital o subvenciones similares que se utilizan en el debate político para desprestigiar su labor en vez de analizar y poner remedio a los problemas de base.
La vida de Manuel está enlazada al Polígono desde sus orígenes. Nació en una de las infraviviendas de las Casitas de la Paz y, finalmente, realojaron a su familia en la zona de Murillo: “A pesar de vivir en la dictadura, había previsión de mejorar... Pero ahora el deterioro urbano y humano son más rápidos mientras que todos los proyectos son mínimos. Hace falta prevenir en vez de paliar, para lo que, con toda la cantidad de experiencia, debemos hacer análisis, evaluaciones de los programas de ayudas de forma independiente, y exigir indicadores de calidad, porque la pobreza se ha extendido de un sitio a otro”. Frente a este abandono, ve la solución “en los servicios públicos de mucha calidad, en dependencia, sanidad, educación... Los derechos humanos tienen que estar en el centro de las políticas”.
Esperanza, con 84 años, es la mayor del grupo. Venida de Alemania, consiguió una vivienda social en Los Pajaritos, “mi bloque era un ejemplo”, recuerda, pero ahora tiene que coger un pañuelo para salir de su casa y bajar las escaleras por la mugre que hay en la barandilla. Asintiendo, María Isabel pierde el ímpetu de sus palabras a medida que habla sobre su barrio: “Me quedé, pero lo hice contenta, feliz, le he dado a mis hijos una carrera, pero el deterioro en estos últimos años... Ni tengo mantenimiento en mi edificio. No tenemos nada, y que nos quiten el autobús ha sido mortal”.
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