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OPINIÓN | 'Sadoeconomía', por Antón Losada

Adiós a la nobleza de Franco: quiénes recibieron los 33 títulos que eliminará la futura ley de memoria

Entre los 33 títulos nobiliarios, se encuentra el concedido por Franco a la fundadora de la Sección Femenina, Pilar Primo de Rivera, o el que otorgó el Rey Juan Carlos a Arias Navarro

Marta Borraz


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Aunque por momentos parecía imposible, todo apunta a que habrá Ley de Memoria Democrática. Si nada se tuerce de aquí al pleno del Congreso del jueves, la norma contará con los apoyos suficientes tras los acuerdos con algunos de los socios habituales del Gobierno entre los que (de momento) no está ERC. El proceso arrancó hace dos años y por el camino se han incorporado novedades como el listado que detalla uno a uno los 33 títulos nobiliarios concedidos por Franco que la ley hará desaparecer. Así lo pactaron PSOE y Unidas Podemos, que en la primera versión del texto dejaban la posibilidad abierta a todos los títulos que supusieran exaltación de la Guerra Civil o la dictadura.

La lista cerrada se incluyó en base a “trabajos de investigación ya realizados” que permiten determinar, según ambas formaciones, qué distinciones incurren en un ensalzamiento del golpe de Estado o el franquismo, a sus instigadores, dirigentes, participantes del sistema represivo o a las organizaciones que sustentaron al régimen. Títulos “cuya base está constituida por comportamientos atentatorios contra la dignidad humana y otros derechos fundamentales cometidos en épocas preconstitucionales”, justifican en la enmienda adoptada.

Todos, los 33, fueron concedidos por Franco con carácter perpetuo y hereditario a golpistas, criminales de guerra e ideólogos franquistas que desempeñaron algún papel clave en la marcha de la guerra o el sostenimiento del régimen. De hecho, la intención fue reconocida por el propio dictador en la ley de 1948 con la que restableció las distinciones aristocráticas suspendidas por la República. Y era un objetivo doble: por un lado, para “mantener vivo” el recuerdo de “las grandes glorias de la nación”; por otro, para agradecerles los “servicios prestados” durante “nuestra Cruzada”, cargada de “acciones heroicas”.

La mayoría de estos ducados, condados y marquesados han sido renovados tras la muerte de quienes los recibieron originalmente y recaen ahora sobre sus herederos. Pero ¿quiénes eran y por qué Franco les distinguió?

Hay cuatro títulos nobiliarios que fueron concedidos un día tan simbólico para el régimen como el 18 de julio, pero de 1948. Fueron los primeros otorgados por la dictadura por su “heroísmo” durante la guerra y como “ejemplo de su alcurnia y grandeza”, reza el decreto que los hizo efectivos. Hoy, un sobrino nieto del fundador de Falange ostenta el ducado de Primo de Rivera, concedido a José Antonio tras ser acusado de conspiración contra la República y ser ejecutado al estallar la guerra. Así se convirtió en un mito para el régimen franquista y un mártir al servicio de la propaganda tras haber ideado un fascismo adaptado al nacionalismo español.

Que “vivirá estrechamente unido al Movimiento Nacional” fue lo que dijo Franco de José Calvo Sotelo, exministro de Hacienda durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera, que fue asesinado el 14 de julio de 1936. Aunque su muerte violenta fue esgrimida por los sublevados como la causa que les empujó al levantamiento, la realidad es que ya se había comenzado a planificar. Y, de hecho, Calvo Sotelo participó activamente en la conspiración. En la actualidad, un nieto del político monárquico es el duque de Calvo Sotelo. Pero el mito por antonomasia del franquismo fue el militar golpista José Moscardó, al que Franco distinguió por defender el Alcázar de Toledo frente a las tropas republicanas con un condado que hoy disfruta uno de sus nietos.

El último de los cuatro primeros títulos concedidos fue el ducado de Mola, que ostenta el nieto de Emilio Mola, artífice del golpe de Estado de 1936 y director durante la guerra de las operaciones militares del Ejército del Norte. Un militar que no disimuló su sadismo y que nada más dar comienzo a la guerra decía cosas como: “Hay que sembrar el terror, dar la sensación de dominio, eliminando sin escrúpulos y vacilación a todos los que no piensan como nosotros [...] Todo aquel que ampare u oculte un sujeto comunista o del Frente Popular será pasado por las armas”. O “quiero que el marxismo y la bandera roja queden en la Historia como una pesadilla, una pesadilla lavada con sangre de patriotas”.

Onésimo Redondo, conocido como “caudillo de Castilla” durante el franquismo y líder del grupo fascista las JONS, que posteriormente se uniría a Falange, recibió a título póstumo el condado de Labajos y en 1950 el dictador emitiría el marquesado de Queipo de Llano. El general ha sido definido como uno de los mayores criminales de guerra al servicio del levantamiento militar franquista. Llevó el terror a los pueblos andaluces, lo que dejó un reguero de fusilados que solo en Sevilla se cifran en más de 12.000. “Les sacaré de debajo de la tierra si hace falta, y si están muertos los volveré matar”, decía en una de sus arengas habituales desde Radio Sevilla. Hoy el marqués es su nieto.

El hijo del general Juan Yagüe es el marqués de San Leonardo de Yagüe, la distinción creada por Franco a título póstumo para homenajear al llamado “carnicero de Badajoz”, denominado así por la crueldad y el modo en que aplicó el terror en la provincia extremeña en agosto de 1936, cuando fueron asesinadas miles de personas. “Acabo de presenciar tal espectáculo de desolación y de pavor que tardará en borrarse de mis ojos”, escribió en sus crónicas sobre la represión sistemática el periodista portugués Mario Neves.

A la única mujer que distinguió el dictador con un título nobiliario fue a Pilar Primo de Rivera, hermana de José Antonio y fundadora de la Sección Femenina de Falange. Ferviente admiradora de la Alemania nazi y firme defensora de la sumisión de las mujeres a los hombres. El destino de ellas era consagrarse al esposo y a los hijos: cuidar el hogar y satisfacer al varón. “El niño mirará al mundo, la niña mirará al hogar”, resumía uno de los números de la revista Consigna, aparato propagandístico de la Sección Femenina. Hoy el condado del Castillo de la Mota lo tiene un sobrino nieto de Pilar Primo de Rivera

Carrero Blanco y los cinco de Juan Carlos

Uno de los pocos títulos que desaparecerán con la nueva ley de memoria democrática y que permanecen a día de hoy vacantes es el ducado de Carrero Blanco, concedido a título póstumo tras su asesinato a manos de ETA en 1973 al poco de ser nombrado por Franco presidente del Gobierno. El almirante siempre sostuvo su intención de mantener intacto el régimen dictatorial y, entre otras cosas, dejó reflejado su odio visceral a los judíos y al sistema democrático. Le sucedió Carlos Arias Navarro, que tuvo un papel destacado en la represión de Málaga y ocupó varios cargos del régimen. Recibió el marquesado de Arias Navarro un día después de dimitir, con una diferencia: no fue Franco, ya muerto, quien se lo otorgó, sino el Rey Juan Carlos.

No fue el único caso; así ocurrió con otras cuatro distinciones que también prevé eliminar la norma: el monarca también concedió el Señorío de Meirás a Carmen Polo, viuda de Franco, solo seis días después de su muerte. Hoy lo ostenta su nieto, el conocido como Francis Franco. El mismo día concedió a su hija el ducado de Franco, que sigue existiendo en España a pesar de llevar el nombre del dictador, hoy en manos de Carmen Martínez Bordiú. El rey concedió meses más tarde el condado de Rodríguez de Valcárcel, exmiembro de Falange que había ejercido de jefe de Estado entre el 20 y el 22 de noviembre, y el condado de Iturmendi, a favor de Rita Gómez, la viuda del político carlista Antonio Iturmendi, que ocupó cargos de relevancia en el régimen.

Franco desplegó una extensa política de distinciones a figuras militares que habían desempeñado un papel relevante en el transcurso de la Guerra Civil. Así fue con el marquesado de Dávila o el de Saliquet, en honor respectivamente a Fidel Dávila y Andrés Saliquet, ambos miembros de la Junta de Defensa Nacional creada por los militares sublevados. Este último llegó a presidir una vez finalizada la contienda el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y del Comunismo, que solo entre 1940 y 1964 llegó a instruir más de 64.000 expedientes de represaliados. El marquesado de Kindelán, otorgado al responsable de las fuerzas áreas fascistas que llegaron a producir bombardeos indiscriminados de civiles que acabaron con miles de muertos.

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