Caos entre el profesorado en el comienzo de curso: “No podemos cambiar programaciones en diez días”

Un profesor en una clase vacía de un colegio.

“¿Alguien tiene algún modelo de programación de Lomloe para Primaria? ¿Y alguna programación anual Lomloe?”. “Soy profesora de Geografía e Historia en Andalucía y este año me toca hacer la programación de 1º y 3º de la ESO. A ver si entre todos sacamos algo en claro”. “Te acompaño en el sentimiento”. “Pregunta: ¿los elementos transversales desaparecen con la Lomloe?”. “Estoy amargado con el tema de las situaciones de aprendizaje. No sé si los saberes se siguen organizando en unidades didácticas y dentro van las situaciones de aprendizaje o si todo es situación de aprendizaje”.

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Lo anterior es una pequeña muestra –diminuta– al azar de los mensajes que saturan estos días un grupo de Telegram en el que más de 5.000 profesores de toda España intentan aclararse sobre qué deben hacer este año y cómo implementar la nueva ley educativa en sus aulas. Docentes que tratan de navegar por los nuevos términos, métodos de trabajo, de evaluar y plantear las clases que impone la Lomloe, indignados por la premura con que se ha bajado la ley a los centros educativos y la poca o nula formación y recursos que han ofrecido las administraciones. Se sienten, una vez más, abandonados a su suerte y condenados a buscarse la vida.

“Si me va a llevar más tiempo interpretar la norma y programar que preparar mis clases es porque claramente el desarrollo legislativo de la Lomloe falla. La documentación [debe estar] al servicio del profesorado, y no a la inversa”, escribía una docente en Twitter hace unos días. “Llevo meses leyendo al profesorado intentando desgranar los artículos, dilucidar lo que quieren decir en tal o cual párrafo y decidir si programan así o asá. Así, no. Las diferentes consejerías deberían darnos modelos a los centros para que solo tuviéramos que adaptarlos a los mismos, y no tener a todo el profesorado del país haciendo el mismo trabajo pero interpretado cada uno a su manera, o a la manera de su dirección o inspección”.

Jesús Marrodán, presidente de la Unión Sindical de Inspectores de Educación (USIE), comprende las dificultades. “El problema es que si coges el artículo 6 de la Lomloe, que explica qué es el currículo, y lo comparas con el artículo 2 de cualquiera de los decretos [de desarrollo] aparece una terminología diferente. Aparecen el perfil de salida, las situaciones de aprendizaje... Ahí está el descuadre para el profesorado. Objetivos, contenidos, criterios de evaluación, competencias... todo eso ya estaba. Pero los nuevos elementos generan dudas. Por eso hemos pedido formación. Para inspectores, pero sobre todo para profesores y equipo directivo. Hay que apoyar a la gente con formación y asesoramiento”, sostiene.

Marrodán recuerda que la Lomloe se va a implantar en cuatro años cuando para la Logse se emplearon diez. Y esas prisas, sostiene José Antonio Lucero, profesor de Secundaria en un instituto de Cádiz, están llevando al caos.

“Se ha intentado llevar a cabo un proceso de transición y cambio bastante acelerado, en el que la formación no ha sido suficiente. Como siempre, como con todo, nos estamos formando ahora para una ley que se está aplicando ya. Tenemos esa sensación de que vamos un poco a salto de mata. De que estamos expuestos a la improvisación por una aplicación de la ley apresurada”, lamenta. Todo ha ido tarde con la Lomloe, hasta el punto de que bien entrado septiembre, con el profesorado ya en los centros, había comunidades que no tenían aprobados sus curriculos todavía.

Cada docente se está buscando la vida como puede ante la exigua oferta administrativa, tanto en formación como en recursos. En el citado grupo de Telegram creado ad hoc se comparten materiales, se plantean dudas, se debate. Sobre todo acerca de las situaciones de aprendizaje, quizás la mayor novedad que presenta la ley, y cómo se relacionan con las tradicionales unidades de aprendizaje o cómo encajan en las programaciones.

“La aplicación de la ley es confusa porque son cuestiones nuevas a las que no estamos acostumbrados. Echo en falta cosas tan básicas como plantillas de programaciones didácticas que se nos exige hacer, pero no sabemos cómo y la administración no ofrece ejemplos”, ilustra Lucero.

Mariluz González, responsable de acción sindical del sindicato STEs, sostiene que no todas las comunidades están actuando igual. “Algunas están haciendo los deberes, otras no. Entre las primeras estaría la Comunitat Valenciana. Entre las segundas, Castilla y León, por ejemplo”, ilustra. “Pero la formación tendrían que haberla dado antes de que se aplicara la ley”, lamenta otro profesor.

González pone en valor que la ley –dentro del rechazo que levanta con carácter general en los STEs– “da flexibilidad a los centros para adaptar las metodologías y adaptarse a sus características y peculiaridades propias, porque no tiene nada que ver un centro urbano con uno rural, por ejemplo”.

Un mensaje de calma

También el Ministerio de Educación lleva unas semanas tranquilizando a los docentes. El mensaje que ha lanzado más de una vez la ministra, Pilar Alegría, es que un cambio de este calado no se hace de un día para otro y que los profesores tendrán margen para ir aplicando la Lomloe. Son muchos los profesores y directores, en ese sentido, que han referido conversaciones con sus respectivos inspectores, que les han trasladado esa idea.

“El inspector dijo que las programaciones no son la prioridad”, explica una docente. “Después de esta charla me quedo bien tranquila. No se puede evaluar por competencias si hay 10 materias independientes. No se puede cambiar el sistema, que sería necesario, con cero euros. No podemos cambiar programaciones en 10 días. Sí podemos seguir haciendo nuestro trabajo, atendiendo a los alumnos, a las familias y a nuestras familias. Yo he estado amargada todo el mes de agosto porque no sabía qué decirles a mis compañeros para orientarlos. Pero ya no más”, zanja.

Entre el profesorado se extiende poco a poco la idea de que seguir la ley a rajatabla va a ser complicado este curso. “¿Se intentará? Sí. ¿Se conseguirá? No. Saldremos del paso y punto”, reflexionaba otro docente. “Si quieren que sepamos hacer las programaciones (ni ellos saben, dicho por un inspector), que nos formen. Bastante tiempo he dedicado y dedico a descifrar algo que ni siquiera está aún normado (al menos en Madrid, lo que han publicado son los decretos con los contenidos curriculares, pero no ha salido la Orden que regula la ley ministerial y que sustituya a la anterior)”, añade otro.

Los inspectores confirman estas instrucciones. “Cada comunidad autónoma ha adoptado sus decisiones”, explica el inspector Marradán, “pero la mayoría ha dejado claro a la inspección que este año tienen un papel muy importante de asesoramiento y acompañamiento, especialmente en el primer trimestre del curso. Hay que supervisar programaciones y documentos, pero en lo vinculado con el ámbito curricular lo primero es asesorar y luego ya supervisar. Los decretos con los currículos se publicaron muy tarde y no se pude exigir al profesorado algo que no ha tenido tiempo de controlar. Creo que es lo correcto”, elabora.

Lo que no quita que haya docentes que se están dejando la salud tratando de entender los conceptos. “Es de locos es que tengamos estos debates y la administración no clarifique nada, vamos prácticamente a ciegas en una profesión tan importante”, lamenta un profesor. “A ver si ilumináis esta tiniebla infinita”, pide otro. “Cada uno entiende lo que quiere. Yo me voy a pedir una baja por estrés criterial y que pondere Rita”, añade una tercera.

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