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Las familias rechazan la mezcla de edades en clase para rebajar las ratios, pese a que es una práctica habitual en la escuela rural

Niños esperan para entrar a clase en el colegio Balmes de València.

Algunas familias urbanitas se han encontrado una novedad con la que no contaban este inicio de curso. Sus comunidades autónomas han dado permiso a los colegios –bajo su propia elección– para crear lo que se llama "grupos mixtos" (aulas multigrado, en un término algo más técnico), clases en las que se mezclan niños de diferentes edades. No ha gustado mucho, explican desde la FAPA Giner de los Ríos, hasta el punto de que en algunos centros, por ejemplo, en el Loranca de Fuenlabrada, en Madrid, se han deshecho estos grupos por las quejas familiares. Los dedos de la mano se han quedado escasos para contar las peticiones que acumulan en este inicio de curso miles de firmas para que estos grupos desaparezcan y se hagan desdobles estándar.

El problema, explican algunos responsables de centros, es que no es tan sencillo como querer hacerlo. La primera evidencia es que hacen falta profesores: al menos uno por cada nuevo grupo que se crea. El siguiente requisito imprescindible es el espacio físico. El primer aspecto es complicado, aunque las administraciones se están poniendo las pilas a última hora con las contrataciones; el segundo es una imposibilidad física.

Madrid fue de las primeras regiones en permitir esta medida, pero no la única. Al menos en Aragón, Asturias, Catalunya, la Comunitat Valenciana, Castilla-La Mancha, Baleares, Asturias, Canarias y Andalucía se ha dado permiso también a los centros para hacerlo si lo consideran necesario, según fuentes de CCOO. En algunas ya estaba permitida de manera ordinaria. En sus instrucciones, las comunidades han pedido a los colegios que mantengan un cierto orden en las reagrupaciones: los del segundo ciclo de Infantil (3-6 años) se pueden mezclar entre sí; en Primaria se limita a los ciclos dentro de la etapa. Los de 1º con los de 2º, 3º con 4º y 5º con 6º.

"Yo sabía desde junio que íbamos a tener que hacerlos", explica Daniel Flórez, director de un colegio en San Fernando, en Madrid. "No nos queda más remedio porque no tengo espacios para meter más grupos". En su centro hay nueve niveles (tres de Infantil y seis de Primaria) con dos líneas por nivel. Para reducir las ratios a 20 alumnos por aula –como acordaron Ministerio de Educación y comunidades autónomas en su última reunión, a finales de agosto– y no mezclar edades necesitaría nueve espacios más como aulas (uno para cada nivel), que en su centro no existen. De hecho, explica Flórez, han creado cinco grupos extra respecto al año pasado y cuatro de ellos han tenido que desplazarlos a espacios municipales más o menos cercanos al colegio. "En mi caso, habría dado igual los profesores que mandaran", explica.

Las familias protestan por esta situación en un doble plano. Por un lado, creen que educativamente es un paso atrás para sus hijos. "La creación de grupos mixtos va en detrimento de la calidad de la enseñanza pública"; "Se vulnera el derecho de los niños a seguir una educación similar a la del resto de sus compañeros"; "Es un parche que no atiende a las necesidades de nuestros hijos", se repiten los argumentos. "Estamos recogiendo muchas inquietudes de las familias", confirma Carmen Morillas, presidenta de la Federación de Asociaciones de Padres y Madres Giner de los Ríos de Madrid. "De la incertidumbre y la falta de información hemos pasado al enfado". Dolores Álvarez, directora del colegio Asturias, en Gijón, también ha recibido estas quejas. "Cuando vienen, les explico que se hace habitualmente en la escuela rural", cuenta.

Por otro lado, lamentan los padres que se haya hecho todo con tanta improvisación, en el último momento. "Nos estamos encontrando esta situación en los colegios, avisados a última hora y sin margen de maniobra para exigir una solución razonable", cuentan desde el AMPA del colegio Antonio Machado de Colmenar Viejo, en Madrid. Esta queja la comparten los docentes, extensible al resto de situaciones que se están encontrando. Después de pasarse el verano preparando el colegio para un protocolo, la conferencia sectorial de finales de agosto modificó las reglas de juego: todo lo que habían hecho en los centros resultó casi en balde.

Habitual en la escuela rural

Esta propuesta ha sorprendido a algunas familias. Sin embargo, es una realidad que funciona con éxito en la escuela rural. En los Centros Rurales Agrupados (CRA), los grupos mixtos son una realidad –forzosa– desde siempre, podría decirse. Si tienes 15 alumnos de 7 niveles diferentes, no puedes a crear siete clases de dos personas. Allí se hace de la necesidad virtud, explican los profesores que han pasado por alguna de estas aulas. Catalunya, Aragón y Andalucía, por sus características geográficas y demográficas, son algunas de las regiones donde más escuela rural hay.

"Antes esto era lo normal", sostiene la catedrática de Psicología Educativa de la Educación de la Universidad Autónoma de Madrid Elena Martín, "pero según se fue estratificando la sociedad fuimos a lo sencillo, que es agrupar por edades. Pero esa rigidez no tiene justificación, unificar personas por edades es artificial en la sociedad", argumenta.

Entre los profesionales de la Educación hay opiniones para todos los gustos respecto a la conveniencia o no de formar estos grupos. Martín asegura que es una medida positiva y explica que "las teorías del desarrollo humano lo que ponen de manifiesto es que tener una persona que tiene un poquito más de desarrollo que tú es la clave del desarrollo", y desgrana el concepto "desarrollo próximo": "Una persona que sabe algo más que tú aporta lo que a ti te falta, pero sin pisar lo tuyo; tú pones tu parte".

Pegado al terreno del aula, Flórez no está muy de acuerdo. "No es lo deseable y no le veo ningún sentido. La diferencia madurativa y de desarrollo es muy grande en las etapas más pequeñas", sostiene. Y añade otro elemento no estrictamente educativo: "Lo más preocupante, lo que más nos ha costado, ha sido romper el grupo, separar a algunos".

En una posición quizá intermedia está Dolores Álvarez, directora del colegio Asturias de Gijón. Allí han creado dos grupos mixtos (uno en Infantil, de 4 y 5 años, otros en Primaria para 5º y 6º), lo cual no ha encantado a las familias, según contaba la prensa local. Álvarez entiende las reticencias de los padres, explica al otro lado del teléfono: "Tienen reticencias porque creen que unos no llegarán o los otros se quedarán cortos", explica. Pero no coincide: "Entiendo que es una solución que se está adoptando por necesidad y que se está haciendo en muchos sitios. A los padres con dudas les hablo de la escuela rural, donde es una práctica habitual, y se benefician todos de todo por la mezcla de edades. No lo veo perjudicial, los pequeños son como esponjas. Que estén mezclados uno de 4 años y otro de 5 creo que beneficia al de 4, pero no perjudica al de 5". Y cierra: "Yo no lo elegiría, me gustan los grupos por edades, pero no me parece negativo".

El problema de la elección de los alumnos que iban a salir de su grupo habitual no se circunscribe a los grupos multigrado, pero se da en ellos con más fuerza, explican algunos docentes, porque al desconcierto por haber sido sacados de sus clases los alumnos suman verse con otros más pequeños o más mayores. Flórez cuenta que en su caso, como ya lo veía venir, preparó el terreno. "Hemos hecho estos nuevos grupos con criterios pedagógicos y emocionales. Hemos formado grupos heterogéneos, que fueran lo menos problemáticos posible (alumnos consolidados, sin necesidades educativas especiales, por ejemplo) y cuidando el aspecto emocional, moviendo juntos a mejores amigos o hermanos", explica. Ha funcionado. "El 90% lo ha acogido bien, aunque creo que también influye que venimos de un trabajo previo de años, las familias saben que este es un colegio participativo y democrático", cuenta.

Las aulas multigrado no son una novedad solo para los alumnos. Para algunos maestros, la mayoría, será su primera experiencia y puede suponer un problema, aunque también tienden a entender la situación. "Lo han asumido todos", confirma Álvarez, la directora del CEIP Asturias. "Igual que llevamos desde el día 1 haciendo labores solidarias, que no nos corresponderían, antes de nuestro trabajo pedagógico. Es lo que nos toca". En general, excepto algunas experiencias en universidades asociadas al mundo rural, como la Universidad de Zaragoza, donde se han desarrollado programas específicos, en las Facultades de Formación del Profesorado no es habitual que se enseñe a trabajar en un aula multigrado.

La ventaja que tienen es que tampoco aterrizarán en una realidad como la de la escuela rural, que mezcla edades en clase sin cortapisa. Aquí no habrá más diferencia de un año en Primaria y dos en Secundaria. "Es cierto que es más complicado dar clase así, requiere un tiempo de adaptación la primera vez", explica un maestro de un CRA. "Cuando explicas algo a unos tienes que tener actividades para los otros, necesitas tener el temario muy organizado", pone como ejemplo.

Tal vez por eso, Flórez ha elegido a los profesores con más experiencia en el centro, con los que más familiarizados están los alumnos, para estos grupos. Cree que les hará sentir más cómodos. También habrá en sus aulas un profesor de refuerzo, rol al que él mismo se ha prestado. Está funcionando, cuenta. "Los chavales son unos supervivientes. Solo querían volver al colegio, los vemos contentos. Les hemos puesto [a los que han tenido que cambiar de grupo] la profe de psicomotrocidad, que les gusta mucho. Ellos ven a la profe Irene y están contentos", cierra.

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Publicado el
12 de septiembre de 2020 - 22:54 h

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