Uruguay descubre los límites de su estrategia liberal frente al virus
Durante largos meses del año pasado, Uruguay -su Gobierno, su presidente- dio lecciones al mundo de buen manejo de la crisis de la COVID-19. Mientras el planeta rebosaba de casos y los vecinos del barrio -sobre todo los dos gigantes- estallaban por todas sus costuras, el pequeño país latinoamericano exhibía cifras suficientemente buenas como para que fuera portada de medios extranjeros por su excepcionalidad. En junio, cuando el 'cero casos' de COVID-19 se repitió dos días consecutivos, el Gobierno estuvo a punto de declarar al virus derrotado y la gente estuvo a punto de salir a las calles a festejar un nuevo 'maracanazo', una nueva victoria imposible del enano modélico.
Pero Uruguay está actualmente, en números relativos, mucho peor que Argentina, mucho peor que Chile, que Ecuador, que Perú, que Paraguay, y hasta peor que el Brasil de Jair Bolsonaro, que vive sus momentos más duros de la crisis. Con 837 casos cada millón de habitantes, según datos del portal Our World in Data de la semana pasada, Uruguay superó a Brasil en contagios diarios y se ubica entre los países en los que el virus crece más a escala mundial.
Por Daniel Gatti.