“La policía marroquí nos decía que podíamos entrar en Ceuta, pero aquí nos quieren devolver”
En plena noche, cuando la oscuridad ya impide distinguir el horizonte, varios chapoteos desperdigados en el agua despiertan la atención de las decenas de militares movilizados en la playa del Tarajal. Los soldados corren de un lado a otro con la intención de impedir que los recién llegados los esquiven a la carrera. La semirrígida de la Guardia Civil rescata a la mayoría y da media vuelta rumbo a la valla fronteriza, pero un joven marroquí mantiene sus brazadas con dirección a la orilla. El soldado se aproxima hacia él. El chaval intuye lo que le espera.
El joven marroquí se levanta de manera torpe y con respiración entrecortada. Mira al agente, se pone derecho y dirige los dedos de su mano hacia la cabeza, en un saludo militar. El soldado estrecha la mano al recién llegado y le indica el camino de vuelta. El joven, empapado, regresa al mismo punto por el que había llegado. Nadie le pregunta por su edad o las razones que le han empujado a llegar a nado a la ciudad fronteriza. Es devuelto en caliente de forma automática, sin realizar trámite alguno.
Lo cuenta desde allí Gabriela Sánchez.