Manuel Valls, el aclamado centrista que llegó de París y acabó engullido por la derecha
Hubo un tiempo y no muy lejano en el que Albert Rivera estaba llamado a ser el Macron español y un exprimer ministro francés, Manuel Valls, su fichaje más célebre. Pero uno y otro sobredimensionaron sus posibilidades y aquellos que en editoriales y cenas les prometieron su apoyo, también económico, fueron desapareciendo a medida que los sondeos vaticinaban las debacles que se confirmaron en las sucesivas elecciones. Rivera ya no está, aunque gusta de seguir dando lecciones a los que se han quedado, y Valls cada vez está menos. Este martes ha anunciado finalmente que no seguirá en el Ayuntamiento a partir de septiembre. Ha completado poco más de la mitad de la legislatura pese a que prometió quedarse hasta el final.
El exprimer ministro francés, que se define como un patriota europeo, francés y español, regresó a su ciudad natal porque quería cambiar de vida. Al menos eso es lo que respondía cuando se le preguntaba por qué después de dos décadas en la primera línea de la política en la quinta potencia mundial (así les gusta definirse) había decidido que quería ser alcalde de Barcelona. Nunca ligó su retorno a las desavenencias con el socialismo francés, la que fue su familia política pero a la que acabó acusando de estar aferrada a un pasado nostálgico, ni tampoco al desdén con que el macronismo le trató.
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