Las escuelas infantiles afrontan un curso de incertidumbre tras haber perdido el 17% de los alumnos por la pandemia
“Incertidumbre” es la palabra que más repiten los trabajadores de las escuelas infantiles privadas –la mitad del sector en España– de cara al comienzo de curso. Dentro de un panorama malo en general, el año pasado fue especialmente duro para estos centros, que vieron cómo perdían uno de cada seis alumnos ante el miedo de las familias a la COVID-19, el teletrabajo –que posibilitó a algunas madres y padres hacerse cargo de su hijo– o lo incierto de la situación laboral de los progenitores, muchos de ellos en ERTE, sin garantías de vuelta y por tanto cautos con sus gastos.
Este septiembre, en esta especie de nueva normalidad en la que nos vamos instalando, la situación se va recuperando, pero todavía muy despacio. “Los datos de desempleo han mejorado este verano bastante, y eso puede ayudar a que haya familias que decidan en septiembre llevar a sus críos al centro de Educación Infantil”, explica Pedro Ocaña, responsable del sector de educación privada de CCOO, “pero no creo que vaya a mejorar mucho en relación a los datos del año pasado”.