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La URJC elige entre polémica su claustro, el único órgano que puede tumbar al rector

Cristina Cifuentes en la toma de posesión del rector Javier Ramos

Daniel Sánchez Caballero

Suena a nimiedad, a asunto menor, pero esta vez puede ser diferente. La Universidad Rey Juan Carlos (URJC) elige a finales de este mes su claustro, el único órgano del centro que puede tumbar al rector (algo que ya ha ocurrido alguna vez). Y lo hace semiclandestinamente: con escasa publicidad y en fechas con muy poca actividad en los campus, lo que ha causado el enfado de buena parte de los estudiantes y muchos profesores.

La primera queja, en la que coinciden estudiantes y profesores, es por la manera en la que han sido convocadas las elecciones. “Se ha hecho sin avisar. Pusieron un anuncio en la página web, de manera que solo se enteró quien entra de vez en cuando a mirar si hay novedades”, explica Luis Ramos, delegado de estudiantes de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales y miembro de la asociación Res Publica, que prepara una candidatura conjunta con otras agrupaciones de estudiantes.

Un profesor coincide en la queja. “Solo avisaron una vez que había terminado el plazo de reclamación del censo, y forzados por las quejas”, cuenta.

Los estudiantes también lamentan la fecha elegida para los comicios: el 31 de mayo. “Esa semana va a estar todo el mundo [el alumnado] en su casa. Los exámenes del segundo cuatrimestre acaban el 18 de mayo. Las recuperaciones empiezan la segunda semana de junio”, ilustra Natalia Martínez, de Res Publica, y candidata en la Facultad de Comunicación. “Esta Universidad, además, tiene muchísima gente de fuera que aprovechará para irse”, explica.

Ante las quejas de los estudiantes, la URJC ha abierto la posibilidad de votar por registro (una especie de voto a distancia, pero en este caso es presencial para quien no pueda acudir al campus el día de las elecciones) a partir del día 23. Pero el problema sigue siendo el mismo. “Vamos a tratar de organizar una sangriada o algo parecido el día 31 para que la gente venga al campus y vote”, cuentan desde Res Publica.

Además, la experiencia de los alumnos con el voto por registro no es demasiado buena, recuerda el estudiante Ramos. Hace dos años, explica, se renovó la parte de estudiantes del claustro y cuando todo apuntaba a un resultado, aparecieron 200 votos en el registro de Móstoles que le dieron la vuelta a la tortilla. “Este año ocurrió lo mismo en las elecciones al Consejo de Estudiantes, donde apareció un voto de un compañero al que conocemos y que asegura que no votó. También otro caso de una persona que ya se había licenciado y no estaba en la Universidad y por tanto no podía votar”, cuenta Ramos.

La dimisión de Cristina Cifuentes como presidenta de la Comunidad de Madrid ha servido al menos para tranquilizar las cosas en el campus, según fuentes de la Universidad. En el campus es vox populi que el rector trató de lanzar una candidatura pactada al claustro y que para ello se reunió con profesores como Álvarez Conde o Chico de la Cámara, metidos ambos de lleno en el caso Cifuentes.

Algunos empleados de la URJC explican que en algunos departamentos se ha llegado a acuerdos para presentar listas. El único campus donde se ha impedido esta práctica es el de Alcorcón, según una fuente que prefiere mantener el anonimato.

Cuatro sectores, varios campus

El claustro es el máximo órgano de representación de la comunidad universitaria y en él tienen cabida todos los sectores que la conforman. Está presidido por el rector y lo componen 300 personas divididas en cuatro grupos: el A lo forma el Personal Docente e Investigador (PDI) funcionarios o contratados y tiene 160 representantes; el B son los PDI que no cumplan los requisitos del anterior y tiene 45 miembros; el C son los estudiantes, que disponen de 61 plazas; y el D es el Personal de Administración y Servicios (PAS), al que le corresponden 34 representantes. Las elecciones se realizan cada cuatro años (excepto los estudiantes, que se renuevan cada dos) y cada colectivo vota únicamente a los suyos.

Como se observa, el PDI suma 205 votos, más de dos tercios del total del claustro, lo que, sumado a que las decisiones se toman con el 51% de los votos, les otorga capacidad de hacer y deshacer si actúan a una. Algo parecido ocurre en las elecciones a rector, recuerdan los estudiantes, donde el voto está ponderado y vale mucho más la papeleta de un PDI que la de un alumno o un PAS.

Pero la URJC tiene una particularidad, señalan algunos trabajadores. Como tiene las facultades repartidas por varios campus, además de la separación por sectores hay que aplicar otra por campus. Cada sector tiene designados un número de representantes en cada campus en función de su tamaño. Así, por ejemplo, al PDI del campus de Vicálvaro le corresponden 75 miembros del grupo A y 20 del grupo B, por los 23 + 10 de Alcorcón (la relación completa de elegibles se puede consultar aquí).

Según los trabajadores, el reparto da lugar a relaciones de poder entre los diferentes campus. La Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de Vicálvaro, origen de todo el caso Cifuentes, suma 95 votos en el claustro solo en PDI. La cifra supone casi un tercio de los votos, la cantidad requerida para plantear una moción de censura, por ejemplo. Esta relación de fuerzas explica, a decir de algunos trabajadores, las convocatorias de plazas en unos y otros centros.

El claustro es el único órgano de la Universidad con capacidad para echar al rector, según el artículo 3b de la normativa que lo regula. Para ello es necesario que un tercio del mismo (100 personas, en la URJC) apruebe que se presente la moción de censura. Para que salga adelante es necesario el apoyo de dos tercios del claustro (200 personas).

Un claustro con historia

El claustro de la URJC tiene una historia. El 14 de diciembre del año 2000, con Rogelio Pérez Bustamante como el primer rector que había sido votado por la comunidad universitaria de la URJC (su predecesor, Guillermo Calleja, había sido colocado a dedo por la Comunidad de Madrid nada más crear el campus), se presentó una moción de censura. Pérez Bustamante llevaba dos semanas en el cargo. No sumaría ni un día más.

En conversación con este diario, Pérez Bustamante explicaba recientemente que su caída se debió a que se enfrentó “al poder político”. “Me negué a participar en algo que no fuera estrictamente universitario”, explicaba aludiendo a los juegos de enchufes, poder y tejemanejes que había en la joven Universidad, “y por lo visto estorbaba”, rememora. Sin mencionarlo, se refiere al entonces consejero de Educación y padre de la URJC, Gustavo Villapalos, como el muñidor de su caída.

No es el único capítulo protagonizado por el claustro. En un giro seguramente inesperado para el protagonista, el artífice material de la moción de censura a Pérez Bustamante y la persona que lo relevaría como rector, Enrique Otero, sufrió su propia medicina dos años después. No le echaron, pero la consejería de Educación adelantó las elecciones a rector dos años.

Otero se mostró sorprendido, indignado y calificó de “absoluto despropósito” el adelanto electoral. Educación le replicó que así lo había pedido el 80% del claustro. En palabras de la Asociación Transparencia Universitaria (ATU), “a Otero le hicieron lo mismo que a Bustamante: intervencionismo político desde la Comunidad de Madrid”.

El 31 de mayo habrá nuevo claustro en la URJC. Es el único órgano con la capacidad de echar a Javier Ramos del cargo. Distintas fuentes de la Universidad advierten de que hay muchos rumores de que se está preparando otra moción de censura. Si comportamientos pasados predicen actuaciones futuras, Ramos ya sabe lo que hay.

Pero eso será si llega a esa fecha. “A la vista de los acontecimientos [las declaraciones e imputaciones de profesores de la URJC que empiezan a desfilar por el juzgado por el caso Cifuentes] es más que posible, que en breve le llame la juez de Instrucción nº 51 de Madrid como investigado y tenga que dimitir o le hagan dimitir por la presión”, matiza un trabajador del centro.

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