El cuadro más especial para Van Gogh que es también una de sus obras más icónicas y primaverales
Los almendros en flor seguramente sea una de las estampas más populares de la primavera y antes de llenar las imágenes y paisajes de redes sociales, lo hizo también en la pintura, donde fueron retratados en diferentes contextos y por distintos movimientos y pintores, entre ellos Vincent Van Gogh.
El pintor neerlandés hizo protagonista a esta escena primaveral en su cuadro “Almendro en flor”, pintado en febrero de 1890, y que es no solo una de sus obras más icónicas, sino también una de las más personales, en las que se capta también el optimismo que vivía entonces.
Y es que “Almendro en flor” surgió de una de sus mejores noticias, la del nacimiento de su sobrino, hijo de su querido hermano Theo van Gogh y su mujer Johanna. Esto sucedió un 31 de enero de 1980 y fue así como su hermano le comunicó el feliz acontecimiento y que le llamarían Vincent en su honor:
“Le pondremos tu nombre. Deseo que sea tan decidido y valiente como tú”, le escribió. Un hecho que a Van Gogh le llenó de alegría, y esta la dejó plasmada en lo que mejor se le daba hacer, pintar. Así fue como nació “Almendro en flor”, que fue una de sus obras más queridas, también por su familia y que marcaría la propia historia del cuadro hasta llegar a las paredes del Museo Van Gogh en Ámsterdam.
El cuadro que dedicó a su sobrino y en el que demostró su amor a Japón
Van Gogh no eligió el almendro en flor en vano, sino que lo hizo protagonista de la pintura por ser uno de los que florecen en el mes de febrero, cuando pintó el cuadro, como símbolo de la fertilidad y de la nueva vida. Además, el hecho de que usara algunos de sus elementos favoritos.
De hecho, en ella se inspiró en la estética japonesa, de la que estaba fascinado, sobre todo de la xilografía, tanto que llegó a copiar algunas de las estampas que había conocido en París, y así “Almendro en flor” es uno de los máximos exponentes de su pasión por Japón, que vivía esplendor en el arte cuando a mediados del siglo XIX en Europa se volvió la mirada a la cultura oriental.
Además de esto, en este cuadro si técnica es mucho más cuidada, ofreciendo unas pinceladas más finas, y con tonalidades azules que lo dotó de mayor naturalismo.
La obra que pintó poco antes de morir
Vincent Van Gogh pintó esta obra durante su estancia voluntaria en el sanatorio de Saint-Remy, lugar donde llevaba varios meses y donde también surgió una de sus más célebres obras, “La noche estrellada”, en la que se puede ver las vistas desde su habitación. Había ingresado aquí por su frágil salud mental y sus alucinaciones, que lo llevaban a periodos de sequía en las que no podía crear.
La estancia en este sanatorio le permitía conectar con la naturaleza y eso le había devuelto la creación y la inspiración, lo que le hizo tener un punto de vista más optimista que se puede ver también en “Almendro en flor”, no solo por el nacimiento de su sobrino, sino porque estaba esperanzado por su futuro, que veía renacer. Sin embargo, volvió a tener una crisis unos meses después y esto derivó en su muerte a los 37 años, todavía llena de misterio actualmente a pesar de la versión oficial que apuntaba que se disparó en el pecho.
Su hermano murió poco tiempo después y sería su viuda, Johanna Van Gogh-Bonger quien heredaría toda su obra, pero también se encargaría de elevar su figura y convertirla en la que conocemos hoy en día. Muchas de las obras se vendieron por buenas cantidades, pero “Almendro en flor” no fue ninguna de ellas, pues era una pintura que se guardaba con cariño en la familia, que no se desprendió de ella. De hecho, actualmente se encuentra en el Van Gogh Museum de Ámsterdam, que fundó su propio sobrino Vincen Willem, al que le dedicó el famoso cuadro que había conservado el propio protagonista hasta que entró en la pinacoteca.
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