La ciudad alemana que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial intacta: conserva un castillo medieval y la universidad más antigua del país
Aproximadamente 12 millones de visitantes recibe cada año y eso le hace ser uno de los destinos turísticos más populares de Alemania por los múltiples atractivos que ofrece. Más allá de su historia, de ser parte de la ruta romántica de la zona, destaca también por su ambiente universitario y joven.
La ciudad de Heidelberg, al centro suroeste del país, es una de las más turísticas de Alemania debido a que ha conservado gran parte de su casco histórico, sus monumentos y su enclave natural porque fue una de las que se libró casi por completo de los bombardeos aliados que sí afectaron a grandes urbes como Berlín, Hamburgo o Colonia.
Qué ver en Heidelberg: las visitas imprescindibles
Situada en el valle del río Neckar, en la región de Baden-Wurtemberg en Alemania, a una hora de Frankfurt y poco más de una hora de Stuttgart, Heidelberg es considerada una de las ciudades alemanas con más historia. Fundada en el siglo XII, la localidad moderna se asentó sobre lo que un pequeño poblado celta y más tarde fue un fuerte romano, entre el 40 d.C y 260 d.C, más tarde conquistado por pueblos germánicos.
Precisamente es el año de la conquista del castillo de Heidelberg por parte de la casa Hohenstaufen lo que se considera el año de fundación de la ciudad, en 1155, siendo así su monumento principal y la joya para visitar. Las ruinas actuales son renacentistas, del siglo XIV, y al dominar el valle del Neckar a lo alto, desde él se puede apreciar una de las mejores vistas de la localidad. Uno de los detalles más curiosos en su interior es la ‘Großes Fass’, un gran tonel de vino con capacidad para más de 200.000 litros.
Desde el otro lado del río Neckar se obtiene otra de las mejores panorámicas para admirar la ciudad por todo lo alto, desde un sendero conocido como ‘Philosophenweg’ (camino de los filósofos) porque se asegura que Hegel, Goethe y otros acudían allí para reflexionar.
Tanto desde lo alto del castillo o del camino de los filósofos se puede apreciar como uno de los principales reclamos el ‘Alte Brücke’ (puente viejo), llamado oficialmente Karl-Theodor, que es originario del siglo XVIII y que es uno de los lugares más icónicos y concurridos de Heidelberg. Se dice que tocar la nariz del mono de bronce da buena suerte, por ello es habitual ver turistas a su alrededor.
Alrededor de la ‘Hauptstraße’, una de las calles peatonales más largas y la principal del casco antiguo se puede disfrutar de varios comercios, cafés, pero también edificios barrocos que ofrecen paisaje para admirar mientras se da un paseo por el centro histórico, en el que también merece la pena pasar por la ‘Markplatz’ (plaza del mercado) o la Iglesia del Espíritu Santo.
Como actividades complementarias se puede visitar la Universidad Ruperto Carola (Ruprecht-Karls-Universität), la que es la más antigua de Alemania fundada en 1386 o el Museo del Palatinado, que recoge la historia de la región con detalles destacados como la mandíbula del ‘Homo heidelbergensis’ que es uno de los fósiles humanos más antiguos de Europa, con más de 600.000 años, y cuya especie se ha descubierto en gran parte cómo era y vivía gracias al yacimiento de Atapuerca.
Por qué se libró de los bombardeos
Muchas de las ciudades alemanas adolecen del hecho de que gran parte de sus edificios históricos previos a la Segunda Guerra Mundial desaparecieron debido a los bombardeos aliados, sufriendo en algunas grandes daños, pero este no fue el caso de Heidelberg, que junto a Bamberg y Ratisbona es una de las pocas que apenas sufrieron ataques y han conservado gran parte de sus monumentos y centro histórico.
La razón oficial es principalmente estratégica, pues no era ni centro industrial ni de transporte, por lo que sus vecinas Mannheim o Ludwigshafen sufrieron la mayoría de los bombardeos de la zona, pero hay quien dice que se debe también a que tuvo también el cuartel general de Estados Unidos y que querían mantener las infraestructuras.
Pero existe también una leyenda urbana que asegura que un alto mando del ejército estadounidense se había enamorado de la belleza de Heidelberg y por eso decidió no destruirla para luego establecer en ella a sus tropas.
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