Hallada durante las obras de los Juegos Olímpicos de Barcelona, es de las pocas barcas medievales destinadas al transporte de mercancías que se conservan en el Mediterráneo
En 1990 y durante las obras del Canal Olímpico en Castelldefels para los Juegos Olímpicos de Barcelona, emergió del delta del Llobregat toda una joya arqueológica. Sepultada bajo dos metros de arena y protegida por lodos húmedos, la nave permaneció oculta durante seis siglos en un ambiente anóxico que evitó la descomposición de sus maderas. Bautizada como “Les Sorres X”, este hallazgo no solo interrumpió las obras deportivas, sino que abrió una ventana inédita hacia el comercio marítimo bajomedieval en la costa catalana.
Su trascendencia histórica radica en ser una de las poquísimas embarcaciones mercantes bajomedievales conservadas en el Mediterráneo. Perteneciente a la segunda mitad del siglo XIV, esta nave representa un testimonio único para el estudio de la arquitectura naval y la vida comercial. A diferencia de los barcos de guerra o de gran calado documentados en archivos, este barco refleja las dinámicas cotidianas del transporte marítimo de mercancías entre los prósperos puertos de la Corona de Aragón y otras plazas comerciales costeras.
Con una eslora aproximada de diez metros, una manga de dos metros y un puntal de casi un metro, “Les Sorres X” presentaba un diseño estilizado para la navegación costera. La embarcación requería una modesta tripulación de tres o cuatro personas y combinaba la fuerza de una vela latina con seis remos por cada banda. Sus formas constructivas, parecidas a las del tradicional llagut catalán, permitían realizar maniobras ágiles en aguas poco profundas e internarse sin contratiempos por los marjales y estuarios cercanos a la gran ciudad de Barcelona.
Entre sus características constructivas más sobresalientes destaca la presencia de un avanzado timón de codaste o de rueda en la popa, elemento que sustituyó al clásico doble timón lateral de época romana y altomedieval. Este sistema de gobierno supuso un salto tecnológico determinante para la precisión del rumbo en la navegación comercial bajomedieval. El examen arqueológico de sus estructuras transversales y cuadernas ha permitido comprobar la solidez de una nave concebida específicamente para resistir los viajes continuados cargando toneladas de productos a lo largo del litoral cercano.
En el momento de su hundimiento en las marismas del Llobregat, “Les Sorres X” transportaba un valioso cargamento de jarras cerámicas de origen sevillano, identificadas como del tipo Amigues VIIIa. Estas vasijas, de unos cuarenta centímetros de diámetro, iban estibadas en la bodega sobre ramas finas de vid y esparto para amortiguar los golpes del viaje. En su interior se descubrieron escamas, vértebras y conchas que atestiguan el transporte de pescado en conserva, procedente con gran probabilidad del golfo de Cádiz y destinado al abastecimiento de los grandes núcleos urbanos de la época.
La urgencia por finalizar el canal olímpico motivó una compleja intervención arqueológica de emergencia asumida por el Centre d'Arqueologia Subaquàtica de Catalunya. El equipo de especialistas tuvo que desmontar minuciosamente cerca de un millar de piezas de madera fragmentadas para trasladarlas a los laboratorios de Girona. Allí, los restos fueron sumergidos durante casi dos años en un tanque de acero inoxidable con cerca de cinco toneladas de polietilenglicol, un tratamiento químico pionero que reemplazó el agua interior de las fibras celulósicas y estabilizó definitivamente la madera arqueológica.
Exposición permanente
Tras ser cedida al Museu Marítim de Barcelona, la nave fue objeto de una reconstrucción no invasiva que unió nuevamente sus mil elementos estructurales. Los estudios científicos revelaron una asombrosa continuidad en la arquitectura naval mediterránea, al comprobar que las líneas de “Les Sorres X” son casi idénticas a las de embarcaciones tradicionales del siglo XX como el caro d'art Papet o la palangrera Madrona. Esta persistencia demuestra que las soluciones técnicas para la navegación de cabotaje se mantuvieron inalteradas a lo largo de varios siglos.
Hoy en día, “Les Sorres X” brilla como la pieza central de una exposición permanente en las históricas Reales Atarazanas de Barcelona, ocupando un lugar de honor en el museo. La escenografía recrea el entorno deltaico original con un mar metálico y una réplica suspendida a escala real que permite comprender el aspecto que lucía la embarcación en pleno viaje. Convertida quizás en el barco más antiguo expuesto en un museo español, esta joya rescata del olvido la memoria de los hombres de mar y la vitalidad del comercio bajomedieval.
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