Por qué no se comen estas naranjas llamadas “bordes” y cuáles son sus usos

Al igual que las naranjas que sí comemos, las dulces, las "bordes" aportan una cantidad significativa de fibra y vitaminas, pero con un contenido menor de azúcar

Alberto Gómez

0

Las calles de ciudades como Valencia, Sevilla o Córdoba se tiñen de un intenso color naranja cuando llega el invierno, pero tras esa belleza se esconde una fruta que casi siempre se recomienda no comer. Se trata de las naranjas “bordes”, conocidas científicamente como Citrus aurantium, un árbol que es todo un símbolo del paisaje urbano de varias ciudades del sur y del levante español. Aunque su apariencia es casi idéntica a la de la naranja dulce, su destino es muy distinto debido a su particular composición química. El rasgo más distintivo de este cítrico es, sin duda, su intenso sabor amargo y agrio, el cual le ha valido su apodo popular de “borde”.

Este amargor es producto de la presencia de un compuesto orgánico llamado neohesperidina. Curiosamente, este componente se extrae para ser usado como edulcorante en la industria alimentaria, ya que procesado resulta mucho más dulce que el azúcar común y tiene un sabor persistente similar al regaliz. La historia de estos árboles en la península ibérica se remonta a los tiempos de Al-Andalus, cuando fueron introducidos por los musulmanes procedentes de China y el sur de Asia. Durante los siglos IX y X, los califas de Córdoba popularizaron su uso ornamental en patios y mezquitas. No solo buscaban su belleza visual, sino también su capacidad para dar sombra y, sobre todo, para aromatizar las ciudades con el perfume del azahar, mitigando así los malos olores de las curtidurías de la época.

Hoy en día, la función principal de estos naranjos en las vías públicas sigue siendo la decoración y el paisajismo. Su follaje espeso y el vivo colorido de sus frutos proporcionan un alivio visual y térmico en las calurosas avenidas andaluzas y mediterráneas. Sin embargo, a pesar de su abundancia, las autoridades advierten constantemente que las naranjas que cuelgan en las calles no son aptas para el consumo de las personas. El peligro principal de ingerir una naranja recolectada en plena ciudad no radica solo en su mal sabor, sino en la contaminación ambiental. La piel de este fruto actúa como una esponja que absorbe gases tóxicos, metales pesados y residuos de los tubos de escape de los vehículos. Por esta razón, la mayoría de los ayuntamientos prohíben su consumo y destinan la recolecta urbana a la creación de abono o compostaje.

Trabajadores en plena recolecta de naranjas "bordes"

No obstante, cuando estas naranjas se cultivan en entornos controlados y limpios, se convierten en la base de un manjar de fama mundial: la mermelada de naranja, lógicamente, amarga. Este producto, por ejemplo, es un emblema de la ciudad de Sevilla y contaba con una embajadora de excepción, la fallecida reina Isabel II de Inglaterra, quien solía desayunar tostadas con esta mermelada. La alta concentración de pectina en esta variedad la hace ideal para lograr la textura perfecta en confituras. En el ámbito de la alta cocina, la naranja “borde” ha trascendido su papel tradicional para integrarse en recetas sofisticadas. Y es que ya son muchos los chefs de renombre que la utilizan para dar matices ácidos y amargos a platos como el pato a la naranja o el solomillo de pavo con mostaza. Incluso en la repostería, se emplea su ralladura y jugo para elaborar bizcochos, galletas de chocolate o los tradicionales blintzes de queso y miel.

La industria de las bebidas también ha sabido sacar provecho de este fruto agrio mediante la elaboración de licores y ginebras. De ahí que ya haya marcas internacionales que utilizan estas naranjas para aromatizar sus productos, y es un ingrediente esencial en licores como el Cointreau, el Triple Sec o el Curaçao. Además, en algunas tabernas sevillanas es típico disfrutar del vino de naranja, una bebida dulce y fría servida como aperitivo. Más allá del paladar, la naranja amarga es una pieza clave en la perfumería y la cosmética de lujo. Grandes firmas de moda como incorporan aceites esenciales extraídos de este cítrico en sus fragancias más icónicas. El aceite de bergamota, una subvariedad de este fruto, es también el responsable del aroma característico del famoso té Earl Grey.

Incluso para la industria militar

Desde tiempos antiguos, también se le han atribuido numerosas propiedades medicinales que la ciencia moderna ha validado en ocasiones. Se utiliza en remedios caseros para favorecer la digestión, ayudar a conciliar el sueño en casos de insomnio y como suplemento en dietas para quemar grasa. Además, al igual que las naranjas que sí comemos, las dulces, aportan una cantidad significativa de fibra y vitaminas, pero con un contenido menor de azúcar. Los usos de las naranjas “bordes” son tan variados que incluso llegan a campos insospechados como la industria militar, donde su cáscara se emplea para extraer ácidos necesarios en la fabricación de pólvora y explosivos

Curiosamente, en los últimos años, han surgido iniciativas sociales para dar una segunda vida a este tipo de naranjas de forma segura. En ciudades como Barcelona, ha habido voluntarios que han recolectado toneladas de estas frutas que, tras ser analizadas rigurosamente por agencias de salud pública, se han transformado en mermelada para causas solidarias, tarros que han sido repartidos entre colectivos vulnerables, fomentando la economía circular y el aprovechamiento de recursos urbanos.

En definitiva, la naranja “borde” sirve, además de como un gran elemento decorativo para algunas localidades, que quedan perfumadas por el inconfundible aroma del azahar, para varios usos, alguno de ellos más que sorprendente. De buen aspecto pero de sabor amargo y casi nunca recomendable para el consumo directo, ofrece a quien la recolecta una gran versatilidad que la hace indispensable para precisamente una parte de la industria alimentaria, además de otros sectores que también sacan de ella sus mejores propiedades.

Etiquetas
stats