Una revisión académica cambia el calendario del reino macedonio y reubica el inicio de la dinastía de Alejandro Magno
Las transformaciones del poder en la Antigüedad solían depender de la figura de un líder capaz de unir territorios, ejércitos y creencias bajo una misma estrategia. Alejandro Magno, conocido también como Alejandro III de Macedonia, fue uno de esos personajes que cambiaron la escala política y cultural del mundo antiguo. Nacido en el año 356 a.C., heredó de su padre, Filipo II, un reino que ya había consolidado su influencia en Grecia, y lo expandió hasta los límites de la India.
Su importancia histórica radica en la magnitud de sus conquistas, en la creación de un imperio que abarcó tres continentes y en la difusión de la cultura helenística, que fusionó elementos griegos, persas y orientales. La figura de Alejandro simboliza la transición entre las polis griegas y las grandes monarquías helenísticas, y su legado se percibe en la organización militar, en la fundación de ciudades como Alejandría y en la circulación de ideas filosóficas y científicas que marcaron la historia posterior.
La precisión sobre los orígenes de su linaje y del propio reino macedonio resulta, por tanto, esencial para entender cómo se formó el entorno del que surgió uno de los conquistadores más influyentes de la Antigüedad, y de ahí la relevancia de las investigaciones que buscan determinar cuándo nació realmente ese poder.
Las investigaciones recientes adelantan el origen del poder macedonio varias décadas
Un estudio publicado en la revista Karanos replantea la fundación del reino de Macedonia al situarla hacia el 575 a.C., desplazando en casi 75 años el inicio de la dinastía de Alejandro Magno. La investigación, elaborada por el historiador William S. Greenwalt de la Universidad de Santa Clara y la arqueóloga Vasiliki Saripanidi de la FNRS y Université libre de Bruxelles, combina el análisis crítico de textos antiguos con los datos arqueológicos de tumbas y rituales funerarios. Según los autores, la nueva cronología cuestiona la versión aceptada durante más de un siglo y modifica el marco en que se originó la dinastía Argéada.
La revisión académica modifica así la cronología tradicional del reino macedonio. Los textos clásicos situaban el origen de la dinastía alrededor del 650 a.C., basándose en las listas de reyes conservadas por Eusebio de Cesarea. Sin embargo, el nuevo estudio muestra que los primeros monarcas de esa secuencia son añadidos legendarios y que, al eliminar esos reinados ficticios, el inicio debe colocarse varias décadas después.
El ajuste propuesto se refuerza con la evidencia arqueológica. Los cambios en los enterramientos de la Baja Macedonia hacia el 570 a.C. reflejan la aparición de una élite poderosa y de un sistema político organizado. Las tumbas de Vergina, Archontiko y otras localidades presentan un aumento drástico de riqueza y jerarquía en los ajuares, lo que sugiere una transición real hacia estructuras de poder hereditarias y centralizadas.
En la revisión de las listas reales, Greenwalt y Saripanidi demostraron que los cálculos tradicionales implicaban reinados anómalamente largos. La comparación con períodos mejor documentados llevó a estimar duraciones promedio de unos 13 años por monarca, cifra que, aplicada a los seis primeros reyes antes de Alejandro I, sitúa el inicio de la dinastía en torno al 575 a.C.
El estudio interpreta este contexto como el nacimiento de una jefatura compleja más que de un estado plenamente formado. La concentración de riqueza en pocas familias, el uso ritual del oro y la separación espacial de tumbas masculinas y femeninas en Vergina muestran el paso de una sociedad tribal a una estructura jerarquizada. Con ello se explica cómo, a partir de esa base, surgiría el poder político que siglos más tarde haría posible la expansión de Alejandro Magno y su legado en el mundo helenístico.
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