¿Y si todo lo que se creía sobre la construcción de la Gran Pirámide fuera erróneo? Un nuevo estudio plantea otra versión más cómoda
El levantamiento de monumentos de piedra siempre ha exigido ingenio, organización y una comprensión precisa de la física. Entre todas esas obras, las pirámides de Egipto simbolizan el dominio del esfuerzo humano aplicado a una escala casi imposible. Durante siglos se ha asumido que su construcción dependió de enormes rampas exteriores por las que se arrastraban los bloques de piedra, un método que habría requerido una logística colosal y un tiempo de ejecución difícil de mantener.
Esa explicación, aunque es extendida, nunca logró aclarar cómo los constructores movieron millones de toneladas de material con medios tan limitados. A partir de ahí, las teorías más aceptadas se dividen entre quienes defienden el uso de rampas externas de tierra o ladrillo y quienes creen que existieron soluciones internas más ingeniosas.
En ambos casos, el objetivo era superar el peso de cada bloque sin destruir el equilibrio de la estructura, algo que aún hoy despierta dudas. Esa falta de pruebas sobre rampas exteriores ha lanzado nuevas hipótesis que buscan dentro de la propia pirámide las claves del método empleado, y con ello se abre una vía distinta para entender su construcción.
La teoría propone una estructura que funcionaba como una máquina
El investigador Simon Andreas Scheuring, en un estudio publicado en npj Heritage Science, ha propuesto que la Gran Pirámide de Giza se levantó mediante un sistema interno que funcionaba como una máquina. Su modelo sugiere que los pasajes y cámaras interiores no fueron espacios simbólicos, sino parte activa del proceso de construcción.
En lugar de arrastrar los bloques por rampas externas, los constructores los habrían elevado desde dentro utilizando contrapesos y poleas que aprovechaban la inclinación de los corredores y la fuerza de la gravedad. Según este planteamiento, las piedras se movían con mayor precisión y sin necesidad de estructuras gigantescas en el exterior del monumento.
El estudio reinterpreta algunos espacios importante del interior. La Gran Galería y el Pasaje Ascendente, que hasta ahora se consideraban simples corredores, habrían servido como canales inclinados por los que descendían los contrapesos. El peso de estos bloques, al deslizarse a unos 26,5 grados de inclinación, generaba la fuerza necesaria para elevar otros bloques de piedra a través de cuerdas que pasaban por la Antecámara.
Esta última sala, situada antes de la Cámara del Rey, se habría utilizado como punto neurálgico del sistema, con vigas de madera y poleas rudimentarias por las que circulaban las cuerdas. Las ranuras visibles en las paredes, las superficies pulidas y las marcas de desgaste coinciden con el tipo de uso que habría producido un mecanismo de este tipo, lo que soporta la hipótesis de que su función fue operativa y no ceremonial.
Las pruebas físicas apuntan a una ingeniería más avanzada de lo pensado
El modelo interno de Scheuring también explica varias anomalías que habían desconcertado a los egiptólogos. La disposición asimétrica de las cámaras, por ejemplo, tendría sentido si se adaptó al recorrido de las rampas internas. Las variaciones en el grosor de las capas de piedra y la ligera concavidad de las caras del monumento se entenderían como consecuencia del sistema de izado.
A medida que la construcción avanzaba, los bloques superiores, más ligeros, se situaban con menor esfuerzo y el volumen de trabajo se reducía. Este diseño habría permitido mantener un ritmo de colocación continuado sin la necesidad de rampas externas kilométricas.
Las pruebas observadas en la estructura real ayudan a esta interpretación. Las exploraciones con muones han detectado cavidades que encajan con la presencia de corredores ocultos, y las huellas de fricción o las ranuras talladas en la piedra podrían ser vestigios del paso de cuerdas y contrapesos. Incluso losas enterradas en las inmediaciones de la pirámide se relacionan con el posible uso de pesos reutilizables.
Si esta teoría se confirma, el monumento dejaría de entenderse solo como una tumba monumental para verse como una herramienta de ingeniería capaz de levantar sus propios componentes. Esa visión transforma por completo el relato sobre la construcción de la Gran Pirámide y muestra hasta qué punto los antiguos egipcios dominaron la física con medios simples y una planificación rigurosa.
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