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El frente secreto de la IA: EEUU y China se disputan el desierto egipcio para sus centros de datos

Javier Jennings Mozo

El Cairo —
23 de septiembre de 2026 22:22 h

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La competición entre Estados Unidos y China por el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) entró de lleno en una nueva fase a finales de agosto, antes incluso de que los consejeros delegados de las principales tecnológicas llamaran a frenar su desarrollo. La china Huawei lanzó a Egipto una oferta para construir su propia infraestructura de IA, con 2.008 chips de la compañía china, 1.408 procesadores Ascend 950 para una nube de entrenamiento y otros 600 Ascend 950 o 910B para inferencia, además de todo lo necesario para hacerlos funcionar. Todo en ello en apenas 12 meses.

El movimiento llamó inmediatamente la atención en Washington, donde, según Bloomberg, funcionarios estadounidenses estaban ya intentando reunir una propuesta alternativa con compañías como Nvidia, AMD y Microsoft, aunque no hay constancia pública de que las tres empresas hayan aceptado participar ni de que exista una oferta formal estadounidense presentada a Egipto.

La disputa puede parecer, a primera vista, una batalla por vender chips. Pero el negocio que se pone en juego es mucho mayor: quién construye los centros de datos, quién proporciona la electricidad y las redes, quién suministra los servidores y el software y, sobre todo, qué ecosistema tecnológico queda instalado en un país y, potencialmente, un continente, durante las próximas décadas.

Egipto ocupa una posición particularmente interesante en esta competición, como explica Amr Adly, profesor asociado de Ciencia Política de la American University in Cairo (AUC): “El país cuenta con un mercado amplio [120 millones de habitantes] y con unas infraestructuras relativamente desarrolladas, en comparación con otras economías africanas, y ya es un centro de operaciones para algunos gigantes tecnológicos chinos, como Huawei”, comenta el experto, especializado en economía política y desarrollo. 

El Gobierno de Abdelfattah al Sisi está intentando convertir el país en un nodo regional de servicios digitales y centros de datos gracias a su posición entre Europa, Asia y África, sus redes de fibra óptica y su conectividad internacional. En junio, los ministros egipcios de Electricidad, Comunicaciones e Inversión acordaron acelerar una estrategia nacional para el sector de los centros de datos, con el objetivo explícito de atraer inversión extranjera y convertir el país en un hub regional.

Paralelamente, han diseñado una estrategia de IA hasta 2030 que se fija para 2030 los objetivos de alcanzar 30.000 profesionales y expertos en IA y apoyar la creación de más de 250 empresas de inteligencia artificial. La meta: que Egipto deje de ser únicamente consumidor de datos y tecnología y avance hacia un papel de productor y desarrollador.

En este contexto, la reciente visita de Xi Jinping a El Cairo añade una dimensión geopolítica relevante. La declaración conjunta firmada durante la visita incluye la cooperación en computación en la nube, centros de datos, semiconductores, inteligencia artificial y economía digital.

Sin embargo, mientras el presidente chino visitaba El Cairo, el Gobierno egipcio se sentaba a la mesa con Heka Data, empresa especializada en el desarrollo de centros de datos, y una alianza estadounidense de desarrolladores de centros de datos para debatir el concepto inicial, escala, fases de implementación y oportunidades de inversión y tecnología que ofrece Egipto en este sector.

Egipto se posiciona, de esta forma, en un lugar peculiar: quiere atraer capital y tecnología de ambos lados de la rivalidad tecnológica entre China y Estados Unidos sin cerrar prematuramente ninguna de las dos puertas.

El negocio bajo el chip y sus límites

El verdadero negocio de la IA no está solo en los procesadores, sino en toda la infraestructura que necesitan para funcionar: un centro de datos requiere servidores, almacenamiento, redes, sistemas de refrigeración... La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que los centros de datos consumieron alrededor de 485 teravatios hora (TWh) de electricidad en 2025, un 17% más que el año anterior. El consumo de los centros orientados específicamente a inteligencia artificial creció todavía más rápido, un 50%. La inversión en centros de datos alcanzó unos 580.000 millones de dólares en 2025, según este organismo, por encima de la inversión mundial en producción de petróleo. Y la previsión es que la demanda se duplique en cinco años.

Para el gobierno egipcio, esta aceleración ya empieza a traducirse en inversiones concretas. En junio, Hassan Allam Digital Infrastructure recibió una licencia para construir y operar centros de datos y prestar servicios de computación en la nube, con una inversión inicial anunciada de 400 millones de dólares y planes de expansión posteriores. A principios de septiembre, Vodafone Business, Elsewedy Electric y Cassava Technologies anunciaron Africa Data Centres Egypt, con el primer centro de datos soberano de IA de Egipto. La inversión podría alcanzar los 1.000 millones cuando se complete la capacidad prevista.

Sin embargo, para construir centros de datos de gran escala no basta con disponer de terreno y fibra óptica. Hace falta electricidad abundante, estable y competitiva. Egipto cuenta con numerosas ventajas, pero la energía puede convertirse en uno de los principales límites para que estas instalaciones lleguen a materializarse. A escala global, alrededor del 20% de los centros de datos actualmente en desarrollo podrían sufrir retrasos por estos cuellos de botella. Por ello, Egipto se ha fijado como objetivo alcanzar una participación del 45% de las energías renovables en la generación eléctrica en 2028.

Egipto frente a Emiratos: dos países bisagra, dos modelos

Frente a Egipto, el espejo de Emiratos Árabes Unidos: el proyecto Stargate UAE, en Abu Dabi, constituye uno de los ejemplos más avanzados de cómo un país del Golfo intenta convertir la infraestructura de IA en una política industrial. Contempla un clúster con inversiones de EEUU, con OpenAI y Oracle como operadores y Nvidia como suministradora de los sistemas técnicos.

Para Trisha Ray, experta en tecnología y geopolítica del Atlantic Council, Emiratos se adelantó al tratar a la IA como una “prioridad soberana”. “Combinaron una enorme capacidad financiera respaldada por el Estado, a través de sus fondos soberanos, con una señal clara de liderazgo político. Además, optaron por presentarse como un puente entre Oriente y Occidente”, explica.

Pero, a diferencia de Emiratos, Egipto dispone de menos recursos financieros y energéticos que los grandes productores del Golfo. Pero la geopolítica introduce una posible ventaja: su menor exposición a las tensiones de esa región. “No estoy seguro de que Egipto vaya a convertirse en una alternativa a Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudí. Probablemente, será un emplazamiento complementario a estos países. Arabia Saudí y Emiratos cuentan con una disponibilidad energética muy superior a la de Egipto, pero los tres países disponen de mucho espacio”, apunta Adly, el profesor de la AUC.

La ventaja de estar en medio

La posición de Egipto en la carrera por la IA no es nueva. Su relación económica con China es cada vez más estrecha, mientras mantiene los vínculos con EEUU. Pekín es su principal socio comercial, con 20.800 millones de relación comercial, sobre todo a favor de China. La relación incluye además inversiones industriales y proyectos vinculados a la Zona Económica del Canal de Suez, donde empresas chinas han construido una presencia manufacturera significativa.

La cuestión, por tanto, no es si Egipto puede atraer inversión china o estadounidense. Es qué consigue a cambio de esa inversión. “Egipto debe mejorar la posición de sus empresas dentro de las cadenas globales de suministro lideradas por China”, sostiene Adly. A su juicio, para absorber realmente las inversiones extranjeras el país “necesita crear las condiciones para que las empresas egipcias puedan competir, incorporarse a esas cadenas y utilizar la transferencia tecnológica para acceder después a terceros mercados.”

La experiencia de Emiratos muestra hasta qué punto la elección tecnológica puede quedar vinculada a la política exterior. Los acuerdos sobre centros de datos, chips y modelos de IA están cada vez más condicionados por controles de exportación y consideraciones de seguridad nacional. Para Egipto, mantener abierta la relación con ambos bloques puede ser una ventaja mientras Washington y Pekín sigan compitiendo por ampliar su influencia, pero también puede convertirse en un problema si esa competencia obliga a los países intermedios a elegir.

“Esto dependerá de cuál sea la estrategia de Estados Unidos en el futuro. Si adopta una posición agresiva e intenta presionar a potencias intermedias como Egipto para que elijan entre «nosotros» o China, la situación podría volverse más difícil y arriesgada. No creo que, al menos hasta ahora, China haya adoptado una postura tan confrontativa”, continúa Adly. “Estados Unidos, en cambio, podría hacerlo, especialmente en ámbitos como las tecnologías vinculadas a la inteligencia artificial, incluidos los chips, lo que podría suponer un desafío si Egipto aspira a convertir este ámbito en una de sus áreas de cooperación con China”, detalla.

La dificultad para Egipto será convertir esa posición intermedia en poder de negociación económico y no limitarse a ser el escenario donde otros compiten. La pregunta es si El Cairo conseguirá utilizar esa posición de bisagra para construir una capacidad tecnológica propia o si terminará dependiendo de las tecnologías y decisiones de otros.