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INTERNACIONAL

Los descendientes de esclavos brasileños, dueños de sus tierras cuatro siglos después

Una comunidad aislada fundada hace siglos en la selva por esclavos fugados ha recibido derechos de propiedad sobre 220.000 hectáreas de selva amazónica

El Supremo ha frenado el intento del Gobierno de Temer por paralizar la devolución de tierras a estas comunidades de descendientes de esclavos

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El Supremo de Brasil ratifica que el Estado puede ceder tierras a los indios

Indígenas brasileños se concentran a las puertas del Tribunal Supremo en agosto de 2017. EFE

Fue una ceremonia discreta para una victoria tan importante: no todos los días se da a los descendientes de esclavos los títulos de propiedad sobre sus tierras. Pero no hay duda de su importancia en un momento en el que la protección de las comunidades rurales tradicionales de Brasil están amenazadas por un Gobierno conservador alineado con los intereses de la poderosa industria agraria.

Este fin de semana, Simão Jatene, gobernador del Estado de Pará, firmó un documento que entrega títulos de propiedad de la tierra sobre un total de 220.000 hectáreas de selva amazónica a una comunidad aislada compuesta por descendientes de esclavos que escaparon hace siglos.

Los 500 habitantes de Cachoeira Porteira han pasado 23 años intentando conseguir derechos legales sobre su territorio. “Tiene un gran significado para nosotros”, señala Valeterlane Souza, un hombre de 34 años nacido y criado en la comunidad. “Nadie podía hablar por la emoción".

A unos 950 kilómetros de la capital del estado, Belém, Cachoeira Porteira es un 'quilombo' –asentamiento rural fundado por descendientes de esclavos–, de los cuales hay unos 6.000 en todo el país, explica Denildo 'Biko' Rodrigues, coordinador nacional de la asociación quilombo Conaq.

“Donde hubo esclavitud, hubo resistencia. Algunos quilombos fueron fundados por aquellos que escaparon de la esclavitud y otros por aquellos que lucharon y se hicieron con la plantación”, señala Rodrigues.

Brasil lucha por superar su brutal legado de esclavitud. Unos 4,5 millones de personas fueron traídas a la fuerza a Brasil entre los años 1600 y 1850, cuando el país acabó con el tráfico de esclavos. Aun así, la esclavitud doméstica no se abolió hasta 1888. Incluso hoy, el 76% de los brasileños más pobres es negro, cuando los negros son el 55% de la población.

Bajo la Constitución de Brasil de 1988, los residentes de los quilombos y los indígenas recibieron derechos sobre sus tierras ancestrales. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva aprobó en 2003 un decreto que regulaba estos procesos, pero a día de hoy solo 170 territorios de quilombos han recibido todos sus derechos sobre la tierra, según informa Conaq, 62 de ellos en el Estado de Pará.

En peligro por el Gobierno conservador

La Administración del presidente Michel Temer está estrechamente aliada con los poderosos lobbies de la industria agraria y ha erosionado la protección de las reservas forestales del Amazonas.

El año pasado, el Gobierno suspendió nuevas demarcaciones de territorios quilombo a la espera de una sentencia del Tribunal Supremo sobre una acción legal que argumentaba que el decreto de Lula era inconstitucional. Pero en un fallo histórico el Tribunal Supremo decidió el 8 de febrero mantener el decreto.

“Fue una victoria importante”, afirma Rodrigues, que advierte también de que el órgano de Gobierno encargado del proceso regulatorio ha sufrido recortes presupuestarios como parte de medidas de austeridad y apenas es capaz de operar.

El antropólogo Emmanel Farias Júnior participó en un proyecto para delimitar los límites de la tierra de Cachoeira Porteira y afirma que la comunidad vive en estrecha armonía con la selva y que vive del cultivo de nueces brasileñas y de la ganadería y la pesca de subsistencia. Cinco casas ofrecen también visitas de ecoturismo. “Tienen una fuerte relación con la tierra”, apunta Farias Júnior.

En la ceremonia del sábado se cantó una canción escrita para la ocasión y las mujeres hicieron un baile afrobrasileño llamado Maculelê, en el que se mueven con fluidez y chocan palos de madera. “Con su sencillez, la ceremonia de entrega de títulos fue maravillosa”, afirma otro residente, Claucivaldo Souza, de 44 años. “Fue algo en lo que mucha gente ya no creía, pero que ocurrió”, añade.

Ivanildo de Souza, el presidente de 46 años de la asociación Cachoeira Porteira, llora al describir años de lucha para obtener sus derechos de propiedad. Durante este periodo, la comunidad ha resistido a los leñadores ilegales que han intentado comprar su entrada en la zona y durante la cual también se han trazado y posteriormente abandonado planes para construir una presa hidroeléctrica y una autopista.

De Souza cuenta cómo hace dos siglos los fugados de las plantaciones subieron escalando por la peligrosa cascada Cachoeira Porteira –Puerta Cascada– y tras la cual, las personas enviadas para capturarles no pudieron pasar.

El presidente de la asociación señala que la comunidad está comprometida con la protección de la selva que le sostiene. “Este es nuestro objetivo”, explica. “Queremos proteger la naturaleza. Hemos luchado por ello”.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti

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