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Lo nuevo contra lo viejo

El conflicto entre el taxi y la VTC no es una lucha entre lo nuevo y lo viejo, entre lo analógico y lo digital, aunque esto sea lo que interesadamente algunos nos quieren hacer creer

Algunas VTC han decidido cambiar su mercado tradicional por el urbano y entrar en competencia directa con el sector del taxi, por lo que es razonable que sean regulados por el mismo nivel competencial

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A raíz del conflicto entre el sector del taxi y el del alquiler de vehículos con conductor (VTC), he escuchado no en pocas ocasiones aquello de "esto es imparable, la tecnología ha llegado para quedarse”. Y mi pregunta es, ¿qué es imparable?, ¿es imparable que el avance tecnológico lleve aparejado la liberalización total de los sectores y que la falta de regulación lleve asociado peores condiciones laborales y trabajadores pobres?

Es cierto que es imparable el avance tecnológico, pero me preocupa que nos resignemos a que este cambio lleve aparejado, en muchos casos, tener una peor vida que la de nuestros padres, incertidumbre en el futuro y más desigualdad.

El conflicto entre el taxi y la VTC no es una lucha entre lo nuevo y lo viejo, entre lo analógico y lo digital… Aunque esto sea lo que interesadamente algunos nos quieren hacer creer y, por lo que he podido comprobar, han conseguido que cale en la sociedad como lluvia fina, siendo un argumento interesado y falso.

Permítanme que intente poner un poco luz en un conflicto que tanto ruido ha generado. El sector de las VTC tenía hasta hace poco tiempo un mercado muy diferenciado al del sector del taxi. Su público objetivo eran principalmente directivos que querían alquilar un coche con conductor y eran utilizados también para eventos como bodas, bautizos, comuniones, funerales... De ahí que se caractericen por ser coches de alta gama y de color oscuro, además de que los conductores suelan utilizar traje y corbata. Las VTC tienen una regulación más flexible que les permite, entre otros elementos diferenciadores con el sector del taxi, unos horarios más amplios y no tener una tarifa regulada.

A partir de que uno de los elementos diferenciadores de las VTC con el sector del taxi (concretamente la obligación que exista una pre contratación), ya que se puede hacer de forma inmediata a través de un dispositivo móvil, el sector de la VTC empieza a ocupar parte del mercado tradicional del sector de taxi, principalmente en las grandes ciudades, y lo hacen con unas normas y regulación distinta.

El taxi es un servicio público, cuyas características y condiciones (como son el número de vehículos, tipo de vehículos, horarios, tarifas…) vienen reguladas principalmente por los ayuntamientos. Por lo que si los ayuntamientos así lo decidiesen podríamos saber cuál va a ser el precio de un trayecto antes de contratarlo, podríamos viajar en coches con unas características concretas y los conductores podrían ir con traje y corbata, aunque esto último me parece algo innecesario y ridículo, máxime teniendo en cuenta que son personas que se pasan todo el día en el coche,  y sería someterlos a una tortura innecesaria. En cuanto a la contratación mediante dispositivos móviles, no es algo utilizado exclusivamente por las VTC. Ya existen muchas aplicaciones para contratar un servicio de taxi a través del móvil y con las mismas características que las utilizadas por las VTC.

Algunas VTC han decidido cambiar su mercado tradicional por el urbano y entrar en competencia directa con el sector del taxi, por lo que es razonable que sean regulados por el mismo nivel competencial que el taxi, es decir, Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. Y esto es lo que ha hecho el Gobierno en el último Consejo de Ministros del mes de septiembre. Poner orden y lógica en un sector que tenía una regulación que respondía a una lógica desfasada.

Conflictos de este tipo vamos a vivir muchos en los próximos años y en distintos sectores. Los avances, el desarrollo tecnológico y los nuevos modelos de negocio, hacen imprescindible que la política entienda estos cambios y que adapte la regulación a los mismos, de lo contrario asociaremos los avances a peores condiciones laborales, peores salarios y mayor desigualdad, algo que en un principio no tomaremos en consideración, al no afectar al sector en el que trabajamos, pero que cuando nos toque directamente será tarde.

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