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Una preocupante apuesta de futuro

En el gran teatro de PP, Ciudadanos y Vox cada uno ha desempeñado un papel que, previamente, ya se habían repartido: el extremista VOX, que cede por el bien de todos; el conciliador PP que se autoproclama por boca de ganso de su presidente Casado un partido de centro; y con Ciudadanos como cooperador necesario que pasa del estado de rechazo al de convidado de piedra

Casado preside mañana la puesta de largo de los candidatos del PP en Madrid

El presidente del PP, Pablo Casado EFE

Las idas y venidas a que ha sometido VOX en sus requerimientos para apoyar la investidura del candidato del PP a la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno y propiciar así el gobierno de coalición entre este partido y el de Ciudadanos, han sido de todo menos claras y transparentes. Por tanto, prima facie, podría decirse que huele a trampa.

Según el medio de comunicación que se elija, el pacto es de una naturaleza u otra. Para unos, el PP ha logrado un gran triunfo –domeñando a la feroz ultraderecha- para otros, VOX no era tan fiero como lo pintaban, de modo que mucho y vacío ruido y al final sometimiento a la línea aznariana que preside a la derecha actual. Para mí que en el gran teatro que han organizado estas tres formaciones políticas cada una ha desempeñado un papel que, previamente, ya se habían repartido: el extremista VOX, que cede por el bien de todos; el conciliador PP que se autoproclama por boca de ganso de su presidente Pablo Casado un partido de centro con el primero a la derecha y el tercero a la izquierda en lo que, además de ser un insulto a la inteligencia política, es una memez de proporciones estratosféricas, pero eficaz;  y con Ciudadanos como cooperador necesario que pasa del estado de rechazo al de convidado de piedra previa aceptación de puestos institucionales e insistiendo que esto no va con ellos porque su acuerdo es con el PP. Y la ciudadanía atónita y perpleja ante tanta manipulación lingüística y tomadura de pelo, cuando los intereses que están en juego son los suyos y no los de estos esperpénticos políticos que escenifican lo que no quieren y entre tramoyas acuerdan lo que buscan.

De todos ellos, el que ha salido ganando, sin duda, es el partido que lidera Santiago Abascal. Y lo es porque, mientras la izquierda sigue "cazando moscas" a vueltas con sus confrontaciones sempiternas y el gobierno capturado entre el quiero y no puedo, sigue cosechando una publicidad fantástica que en condiciones normales hubiera supuesto un desembolso imposible –a no ser que tengan una financiación de calado- (todavía, por cierto, queda por indagar en las fuentes de financiación de este nuevo rock star de la política extrema española) y obtiene la mayor parte de lo que quería, con el mensaje de que lo que falta, sin duda ya llegará. Y lo cierto es que tienen en sus manos que eso sea así bloqueando cualquier iniciativa que se les ocurra y no cuadre con sus planteamientos que bordean los límites de lo asumible o claramente los exceden. Como en el campo de la violencia machista o de la memoria histórica que quieren, respectivamente, desaparecerla y transformarla en doméstica y convertir la dictadura y sus crímenes en concordia ciega, sorda y muda, es decir en más impunidad franquista.

Pero además, hay que contar con el discurso de Abascal, facilón, elemental por simple, pero pegadizo como un mantra y efectivo porque lleva implícito el riesgo de la capacidad de convicción, propio de todos los mensajes populistas: escuetos, directos, con un objetivo determinado… y sin ningún respeto por la verdad. La verdad es en este caso un mal prescindible. Los populistas saben elegir los temas que preocupan a aquellos que consideran su sector de influencia en mensajes directos que hacen innecesario formar criterio, porque ya se lo dan hecho al receptor, que escucha, por fin, una "música" acorde con lo que cree pensar.

Es un juego de palabras. Un buen ejemplo se expuso en el relato del diario La Razón: "Vox ha conseguido que su acuerdo con el Partido Popular incluya tres elementos de orden cultural: la caza, la tauromaquia y las expresiones de la cultura popular andaluza", entiendo que se refiere a los pasos de Semana Santa y el flamenco, aunque imagino que no estarán excluidos los carnavales de Cádiz o la Feria de Abril de Sevilla, verbigracia. No debe haberle costado mucho al PP tal concesión dado que son temas que comparte de buena gana con VOX. O el "éxito" como dice el mismo rotativo "de la derogación de la Memoria Histórica andaluza, particularmente sectaria y guerracivilista" que propone sustituir por una Ley de Concordia, que, en todo caso, exigiría la existencia de una Comisión de la Verdad previa que estableciera sobre que parámetros habría de establecerse esa concordia y cuales serían las reparaciones y las garantías de no repetición, por no hablar de la justicia.

Este asunto Pablo Casado lo habrá asumido sin problemas, sobre todo cuando tanto ha descalificado el intento de los familiares de las víctimas del franquismo de recuperar sus restos. Para el presidente del PP la Memoria Histórica solo sirve para "arrojar rencor sobre la sociedad".  Y como ha dejado dicho, "los de la izquierda están todo el día con la fosa del abuelo…". Casualmente en septiembre del pasado año, Casado planteó la creación de una "ley de concordia" para "reivindicar la Transición" y que sirva para derogar "de facto la reescritura sectaria de la historia. No habrá habido por tanto mucha discusión en este asunto entre ambos partidos. En resumen, Queipo de Llano ya puede seguir descansando tranquilo en la Basílica de la Macarena y sus víctimas continuar en las cunetas. Objetivo cumplido. ¿Y qué ocurrirá con las exhumaciones de fosas en marcha? Probablemente veremos una repetición de la declarada decisión en su día de Mariano Rajoy para la Ley de Memoria: "presupuesto cero". Las asociaciones de familiares y víctimas han anunciado su oposición a cualquier acción que impida continuar la búsqueda de sus seres queridos. Esa Ley de Concordia con la que tan bien sintonizan el PP y VOX se anuncia como la antesala de la impunidad y, por ende como una nueva revictimización de quienes quedarían abandonados por el Estado, quebrantando con ellos todos los protocolos y normas internacionales.

Lo de que el PP acepte eliminar las ayudas a las Organizaciones no Gubernamentales que no cumplan "evidentes fines de utilidad pública y social" tampoco da la impresión de que haya sido un elemento de disensión serio. Probablemente estén ahora tachando en una lista las ONG y asociaciones de ámbito progresista y redactando un nuevo directorio de afines y próximas a sus intereses. Lo mire por donde lo mire, no veo más que temas comunes. El aborto no, la familia sí –signifique esto lo que signifique-; lo que huela a igualdad se tratará con cuidado ante la mala propaganda que se puede venir encima o hasta que pase el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo) para en cuanto se pueda enviarlo al rincón del olvido.  Y la dureza con la inmigración, pues ya ven, ¿De qué partido con sede en Génova, 13 era el ministro que instaló las concertinas en Ceuta y Melilla? La postura de Abascal, que Casado asume con gusto llevará a un trato impresentable hacia las personas, negándoles la sanidad, discriminándoles por su color o su origen, ligando a los migrantes a las necesidades del mercado de trabajo. Este pacto es gravemente atentatorio a los derechos humanos. Mercantilizan el horror y la desesperación y demuestran su absoluta indiferencia hacia la muerte de otros seres humanos. Y, además, deciden que la cultura occidental y más aún, nuestra propia cultura, es la única válida, ajenos a la realidad mestiza de todos nosotros, descendientes de todos los pueblos que durante siglos recalaron en nuestro territorio y se mezclaron dando lugar a quienes hoy somos.

Pero hay algo más, los impuestos, la educación… en la enumeración de acuerdos que han aireado estos días ambos partidos,  hay muchos que no se pueden aplicar desde la Junta de Andalucía porque son de ámbito nacional. Todo lo más, desde un órgano autonómico solo cabe anular o modificar las cantidades previstas para su desarrollo. El pacto, anunciado a bombo y platillos, se queda pues en lugares comunes y de imposible realización, a no ser que existan otros fines más generales a largo plazo.

Esta perspectiva no es una mera digresión sin fundamento, sino algo tangible y una apuesta de futuro. Es decir, es muy probable que el compromiso anunciado simplemente sea un avance de lo que se pretende a nivel regional y nacional con gobiernos en los que PP y Ciudadanos abran paso a la ultraderecha con todos los honores. Si este es el ensayo previo, tendremos que seguir muy de cerca su desenvolvimiento, porque Casado ya ha explicitado que repetirá la misma jugada en mayo en Madrid y Valencia.  Y seguro que lo intentará a nivel estatal ya que tanto él como Abascal son conscientes de que con las riendas en la mano del Gobierno de la nación y del Parlamento, sí que se pueden llevar a cabo cambios sustanciales e irradiarlos al conjunto del país. ¿Y Ciudadanos? Los de Albert Rivera que, en toda esta escenificación política, han mantenido la actitud más cínica jugando con el lenguaje hasta retorcerlo, aparentando que solo pasaban por allí porque, aseguran, su acuerdo solo es con el PP, tienen la obligación política de demostrar si verdaderamente trabajan para defender los valores de la sociedad andaluza que les ha votado. Y si su papel es de simple comparsa de la extrema derecha o su actuación se reduce a la obtención del poder a cualquier precio, para extenderlo, incluso a nivel más amplio.

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