Con casco histórico porticado y leyendas que aluden a su nombre, este pequeño pueblo es conocido como “el corazón de Galicia”
Justo en el epicentro geográfico de Galicia, donde el verde de los valles se funde con el azul profundo de los ríos, un agradecido viajero dará con Chantada, conocida cariñosamente como “el corazón de Galicia” y que se trata de una villa lucense de la Ribeira Sacra que se presenta como una puerta abierta a la eternidad y la belleza natural inigualable. Su ubicación estratégica la convierte en el centro neurálgico desde el cual se ramifica la historia de una región marcada por la fuerza de sus paisajes y la hospitalidad de su gente. El latido de sus calles empedradas resuena en cada rincón, invitando a descubrir un patrimonio que ha sabido resistir con orgullo el implacable paso de los siglos.
Es aquí donde la tradición y la modernidad conviven en una armonía perfecta, definiendo la esencia misma del espíritu gallego que se siente en el aire. Esta villa no es solo un punto en el mapa, sino un sentimiento que late con fuerza en el interior de la provincia de Lugo. El origen del nombre de esta villa, eso sí, está envuelto en un aura de misterio y leyendas locales que alimentan la imaginación de sus habitantes y visitantes por igual. Una de las historias más populares y extendidas cuenta que el propio diablo, fatigado de cargar a su madre a cuestas durante una fuerte tormenta, decidió dejarla allí exclamando “que se quedara chantada”.
Sin embargo, hay historiadores que prefieren vincular el término con la palabra latina Plantata, que haría referencia directa a una antigua fortificación defensiva construida con estacas firmemente plantadas en el suelo. Este pasado defensivo subraya la importancia estratégica que el municipio ha ostentado desde tiempos inmemoriales, vigilando siempre los accesos a las ricas tierras de la ribera. Sea cual sea la verdad histórica, el topónimo evoca una sensación de arraigo y firmeza que define perfectamente el carácter de este pueblo tan singular. Chantada no solo está clavada en la tierra física, sino también en la memoria colectiva de todo aquel que se aventura a conocerla.
El casco antiguo de Chantada es un testimonio vivo de la arquitectura tradicional gallega, destacando especialmente por sus emblemáticos y acogedores soportales de piedra de granito. Estas estructuras porticadas, presentes en la Rúa do Comercio y otras vías principales del centro, permitían históricamente a los vecinos transitar protegidos de la lluvia mientras realizaban sus labores cotidianas. El trazado urbano imita la complejidad de un órgano vital, con callejuelas que funcionan como venas que confluyen en plazas llenas de dinamismo, luz y mucha vida social. Los balcones de madera y las elegantes galerías acristaladas decoran las fachadas, aportando una estética rústica que ha sido reconocida mediante la declaración oficial de conjunto histórico-artístico.
Pasear por estas calles es sumergirse en una atmósfera de calma donde el tiempo parece detenerse para apreciar los pequeños detalles de la arquitectura civil. Cada columna y cada arco cuentan una historia de comercio antiguo, encuentros sociales y una vida cotidiana marcada siempre por la calidez y la cercanía humana. De hecho, en el centro neurálgico de la villa, la Plaza de España y la Plaza del Mercado albergan edificios que son auténticos iconos de la identidad cultural chantadina. La Casa de Lemos, una construcción del siglo XVI que originalmente sirvió como establo, destaca hoy tras su restauración como la sede de la activa Casa de la Cultura. Justo enfrente se halla la iglesia vieja de Santa Mariña, un templo de fachada neoclásica que sigue siendo objeto de gran devoción popular entre los fieles locales.
Aunque en los años ochenta se construyó una nueva parroquia con una torre prominente a pocos metros, la antigua iglesia conserva un encanto modesto pero majestuoso. Estos edificios no son meros monumentos estáticos, sino centros de actividad que albergan exposiciones de arte, bibliotecas municipales y la oficina de turismo para los viajeros. Las piedras de la antigua fortaleza medieval fueron reutilizadas inteligentemente en estas construcciones, vinculando el presente de la villa con su pasado noble y guerrero de la casa de los Lemos.
La riqueza cultural de Chantada se manifiesta con especial vigor a través de sus fiestas y celebraciones ancestrales, que atraen anualmente a miles de visitantes entusiastas. El Folión de Carros, celebrado cada agosto, es una muestra etnográfica donde bueyes tiran de carros tradicionales que representan diversas escenas costumbristas del pasado rural. Por otro lado, el Entroido Ribeirao es uno de los carnavales más antiguos y singulares de toda Europa, protagonizado por los coloridos volantes y los peliqueiros. Estas tradiciones no son simples espectáculos para el turista, sino formas profundas de honrar los oficios tradicionales y la herencia ganadera de la comarca. Los volantes, con sus ropajes coloridos que emulan a los antiguos señores feudales, desfilan entre la alegría de un pueblo que valora sus raíces.
Religión y naturaleza
El legado religioso y monástico ha sido fundamental en el desarrollo histórico de la zona, siendo el monasterio de San Salvador de Asma su principal artífice. Fundado originalmente en el siglo X, este centro gobernado por monjes benedictinos impulsó el progreso local y dejó como testimonio una impresionante iglesia románica del siglo XII. La influencia de estas comunidades monásticas se extendió también al paisaje, con la creación de los ingeniosos sistemas de cultivo en terrazas o bancales para la vid. Cerca de allí, el visitante puede recorrer tramos del histórico Camino de Invierno, que aprovecha antiguas calzadas romanas para guiar a los peregrinos hacia Santiago. Este patrimonio histórico-artístico se complementa con catorce iglesias románicas rurales que salpican las parroquias vecinas, escondiendo en su interior tesoros pictóricos y escultóricos.
El entorno natural que rodea a la villa es de una belleza serena y cautivadora, encontrando en el río Asma un eje vertebrador de vida y naturaleza. El paseo fluvial, que se extiende por ambas márgenes del río, ofrece un recorrido relajante entre árboles centenarios y zonas ajardinadas de gran valor paisajístico. En este trayecto se ha restaurado un viejo molino tradicional, que sirve como recordatorio de la importancia histórica del agua en la economía local. El paseo conduce suavemente al área recreativa de O Sangoñedo, un espacio perfecto para el descanso de familias y deportistas en un entorno natural precioso. La presencia constante del agua, ya sea en el modesto Asma o en el imponente Miño, marca el ritmo de una naturaleza siempre vibrante y generosa.
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