Gastronomía local, canales navegables y casas pintadas a rayas en uno de los pueblos más auténticos de Portugal

Casas de colores de Costa Nova llamadas "Palheiros".

Edu Molina

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Entre canales, casas pintadas a rayas y sabores locales, Aveiro se presenta como uno de los destinos más originales de Portugal. Lejos de ser una Venecia portuguesa, este pueblo costero ofrece una experiencia única donde la historia, la arquitectura y la vida cotidiana se entrelazan en cada calle y cada embarcación que surca sus aguas. Desde los tradicionales “moliceiros” hasta los antiguos almacenes de sal, Aveiro conserva un patrimonio que habla tanto del pasado marinero como de la vitalidad cultural que hoy atrae a visitantes de todo el mundo.

Pero Aveiro no solo se descubre con la vista: se saborea. La gastronomía local, basada en productos frescos de la ría y la costa atlántica, y dulces emblemáticos como los “ovos moles”, permiten adentrarse en la esencia del pueblo. Cada recorrido por sus canales o por los barrios históricos, como Costa Nova o Beira Mar, se convierte en un viaje donde tradición y modernidad conviven, invitando a vivir la experiencia de un Portugal auténtico y colorido.

Canales, “moliceiros” y casas de colores

Una característica distintiva de Aveiro es su arquitectura modernista, que forma parte del legado del movimiento Art Nouveau en Europa a finales del siglo XIX y principios del XX. El municipio también conserva canales que cruzan el núcleo urbano; aunque se ha popularizado la comparación con Venecia, Aveiro solo cuenta con tres canales principales. Estas vías de agua cumplen funciones históricas y turísticas, permitiendo la navegación de “moliceiros” y “mercanteis”. Los “moliceiros” recorren la ría, mientras que los “mercanteis” se utilizan para transportar sal y otros productos por los canales.

Canales de Aveiro.

El barrio de Costa Nova se caracteriza por sus casas de madera pintadas con franjas de colores, conocidas como “palheiros”. Originalmente, estas viviendas servían de almacenes para pescadores, pero con el tiempo se han reconvertido. Las fachadas alternan siempre el blanco con otro color, reflejando la tradición y la historia del barrio. Las playas de Costa Nova, amplias y de arena fina, se combinan con este paisaje urbano, ofreciendo un entorno donde se observan tanto actividades turísticas como la continuidad de la pesca y la gastronomía basada en productos locales.

El barrio de Beira Mar, al otro lado del canal principal, conserva su carácter de antiguo asentamiento marinero. Allí se encuentran casas tradicionales y antiguos almacenes de sal, vinculados a la extracción de este recurso que continúa hasta la actualidad en las cercanas salinas de Aveiro. Los canales de esta zona conectan las viviendas y los espacios de producción, integrando elementos económicos e históricos en el tejido urbano.

Patrimonio y gastronomía local

Aveiro cuenta con monumentos históricos que reflejan diferentes períodos arquitectónicos. La Catedral, o Sé de Aveiro, presenta un estilo barroco y se ubica frente al Convento de Jesús, que alberga parte del Museo de Aveiro con colecciones de arte sacro. La Iglesia de Vera Cruz, situada junto a la Plaza del 4 de Julio, destaca por sus panales de azulejos en la fachada blanca, mientras que la Iglesia de la Misericordia, en la Plaza de la República, conserva un revestimiento de azulejos del siglo XIX con decoración barroca sobre estructuras del siglo XVII.

La gastronomía de Aveiro se centra en productos frescos y locales, especialmente los derivados de la pesca. Al ser una ciudad pesquera, se puede degustar el pescado más fresco, así como bacalao de Portugal, que se comercializa ampliamente en la zona, o la caldeirada de enguias, un guiso de anguilas. Entre los productos tradicionales de repostería se encuentran los “ovos moles”, el dulce más conocido de la ciudad. Este postre contiene yemas de huevo y azúcar; la mezcla se coloca dentro de pequeñas envolturas de papel de arroz o de harina de trigo similares a las hostias de comunión.

Las rutas gastronómicas y turísticas en Aveiro combinan la visita a mercados, talleres y establecimientos de restauración con recorridos por canales y barrios históricos. Esta integración permite que residentes y visitantes observen tanto la producción como la distribución de alimentos tradicionales, al mismo tiempo que recorren espacios urbanos, canales y zonas costeras.

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