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Peligros globales en ascenso (y no incluyen a Venezuela)

Donald Trump, presidente de los EEUU

"Le diré que no siempre los gobiernos pueden hacer, en determinadas circunstancias, todo aquello que desde fuera parece que se puede hacer". Era el histórico 12 de Mayo de 2010, con un hemiciclo casi desierto ya, cuando José Luis Rodríguez Zapatero contestaba así a los partidos minoritarios. La troika –Comisión Europea, BCE y FMI- y hasta Obama le habían conminado a hacer recortes en la Era de la austeridad. El panorama no ha cambiado… a mejor.

El gobierno progresista español ha aprobado este martes las llamadas Tasa Google y Tasa Tobin –impuestos a determinados servicios digitales y a algunas transacciones financieras- aunque no entrarán en vigor hasta final de año. Se trata de buscar fondos que no pasen por la tijera a la sociedad del bienestar como se ha venido haciendo. Y a los Estados Unidos de Trump no le gusta, como tantas otras medidas no gustaron a sus antecesores y movieron en embajadas, según supimos hasta por WikiLeaks. Ni a EEUU ni a los países que detentan más poder, ni a aquellos para quienes gobiernan, ni a la derecha española sin ir más lejos, que también tiene muy claras sus prioridades. Puestos, ni a la derecha de los demócratas estadounidenses que andan mirando cómo desactivan a Bernie Sanders por ser demasiado progresista.

El problema se ha incrementado. Donald Trump no es un presidente republicano al uso, parece más bien el Director Gerente de EEUU S.A., incluso de Trump S.A. Su director de ventas y gestiones, también conocido como Secretario de Estado, Mike Pompeo, anda advirtiendo a los países europeos que utilizan telecomunicaciones Huawei que eso "podría dañar sus relaciones con Estados Unidos", según CNN. Insistió más bien. En diciembre había hecho la misma "advertencia" en Portugal. Las relaciones dañadas con EEUU suelen implicar sanciones y aranceles. Y la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China nos está haciendo asistir a nuevos e inquietantes capítulos.

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“He leído y acepto las condiciones de Google…”, y no dicen nada de eludir impuestos

La "tasa Google", esa que ha aprobado el Gobierno para que los gigantes digitales paguen un mínimo de impuestos en nuestro país, no va a servir de nada. De nada-nada. Un brindis al sol. Papel mojado. Olvídenlo, ni caso.

No servirá, por estos cinco-argumentos-cinco, todos incuestionables:

1) Solo se conseguirá cuando lo hagan todos los países, mediante acuerdo internacional.

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Debates a muerte dentro de un feminismo muy vivo

Manifestación feminista en Santiago

Leo un artículo de la periodista feminista Sonia Tessa en la sección de 'Las 12' de la prestigiosa revista digital argentina Página 12. El texto está escrito hace poco menos de una semana y se titula: "El debate dentro del feminismo: sin reparar en privilegios". Por un momento dudo si está hablando de España, pero no. Habla de lo que está sucediendo a más de 10.000 km de nuestro país, en Argentina. Sin embargo, las similitudes, los conflictos y los argumentarios son prácticamente calcados. Llamativo... o no tanto.

Cuestionamientos, insultos y acusaciones que van mucho más allá del intercambio de pareceres. "Proxenetas" parece que es el calificativo más frecuente que reciben las mujeres del movimiento feminista argentino que representan a las organizaciones de mujeres que no se posicionan a favor del abolicionismo de la prostitución y hablan de trabajo sexual. "La violencia de los intercambios –si se les puede decir así- entre las feministas abolicionistas y las que están por el reconocimiento del trabajo sexual inundaron las redes sociales durante la última semana. Y saltaron a medios de comunicación ávidos de decir: ¿Vieron? Estas son todas locas", cuenta Sonia Tessa en su artículo para preguntarse: "¿Es esa la forma de tratar a compañeras que, más allá y más acá de las diferencias, son parte del mismo movimiento popular que venimos construyendo como el más pujante de la Argentina?". Buena pregunta.

El feminismo anda embarrado en la disputa de dar sentido a sus luchas. Y esto es algo que traspasa fronteras. No solo sucede en España o en Argentina. El feminismo está en movimiento, es movimiento, está muy vivo y por eso sus debates ahora son tan intensos. A los ultraconservadores que lo tachan de ideología de género les gustaría ver muerto a este movimiento feminista que ha llegado tan lejos. Quién sabe si uno de sus objetivos al inocular en la sociedad sus modos y lógicas de odio es que este y otros movimientos sociales terminen saltando por los aires. Seguro que acudirían de negro y altivos al minuto de silencio, alzarían triunfales su pancarta y harían las correspondientes declaraciones: "¿Vieron? Todas las violencias son iguales. Ellas también se matan, incluso entre ellas. Son feminazis violentas".

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Residuos tóxicos, gobernantes y ciudadanía

Imagen de las labores de extinción en el vertedero.

Estaba el PNV casi sesteando, relamiéndose ante el previsible éxito en la próximas elecciones del 5 de abril, cuando la realidad ha venido a visitar al Gobierno vasco en forma de alud de productos tóxicos en una zona densamente poblada y transitada.

De momento, la quiebra del vertedero ha provocado la desaparición de dos personas, Alberto Soraluze y Joaquín Beltrán, ha sembrado el pánico y la angustia en, como mínimo, los habitantes de la zona y ha supuesto una quiebra en la confianza de los ciudadanos en sus instituciones.

Urkullu, al alimón con Nuñez Feijóo, había convocado las elecciones de manera anticipada con la voluntad de evitar así el contagio, no deseado por ambos, con el proceso de los comicios catalanes, anunciados, pero sin fecha. Desde luego que Urkullu no contaba con este accidente, con este destrozo de personas y para el medio ambiente y con la crisis política de consecuencias aún impredecibles que se ha desatado. Hay en Euskadi una densa trama institucional que une a los ayuntamientos y al gobierno autonómico de otras comunidades, las potentes diputaciones, que recaudan los impuestos de los ciudadanos y se supone que ejercen un control de cada una de las tres provincias.

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El "bloquismo" era esto

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Pedro Sánchez y Pablo Casado, durante la reunión.

Felipe González contó no hace mucho en presencia de Mariano Rajoy que una vez Tsipras le preguntó si cuando fue presidente le había producido alguna frustración el choque con la realidad, y que él respondió: "No tanto como a ti porque tú eras un revolucionario que chocaba con la realidad y yo sólo era un reformista de mierda que intentaba reformar la realidad”. Ambos expresidentes coincidieron, en un diálogo público el pasado noviembre, y estuvieron de acuerdo en que gobernar obliga a un ejercicio de realismo que convierte en pequeñas las diferencias ideológicas.

Tanto es así que el exlíder del PP contaba: "Fui el presidente de un gobierno de derechas y la primera decisión que tomé fue subir el impuesto sobre la renta en 20 puntos; la segunda, nacionalizar unos cuantos bancos y la tercera, permitir más endeudamiento público, que como se sabe son todas medidas muy de derechas. El peor enemigo de la economía es el sectarismo". A lo que el exmandatario del PSOE añadió: "La mejor dieta para un político es comerse sus propias recetas".

González y Rajoy lamentaban en amistosa charla, con la perspectiva que da el no tener ya responsabilidades institucionales, que España hubiera pasado sin apenas tránsito del bipartidismo imperfecto a una especie de "bloquismo" en el que se hacía imposible acordar asuntos fundamentales para el país y unas cuantas reformas estructurales. Nada como salir de La Moncloa para olvidarse de lo que el socialista llamó "el sentimiento trágico de la existencia" para llegar a la conclusión de que nada es imposible y de que, aún entre adversarios, si se antepone el interés general al particular o al partidista, no puede haber tantas diferencias.

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¿Hablar o no hablar de la extrema derecha?

Desde que han empezado a surgir partidos de extrema derecha con fuerza en toda Europa se ha hablado como se podía combatir esta expansión. Algunos pensaron que hacer un cordón sanitario y excluirlos de las instituciones era una buena idea para mostrar que no se pueden normalizar estos partidos. Otros, se han planteado si era mejor rebatir los postulados de la extrema derecha para cuestionarlos o no hacerlo para reducir su visibilidad. Hasta ahora no hay una posición clara.

Dentro de este debate, la semana pasada saltó una polémica sobre la publicación de un reportaje sobre los votantes del partido Vox. Había dos bandos, aquellos que defiende la información y consideran imprescindible saber y conocer qué pasa en la sociedad. Y aquellos que asumían que la publicación de determinadas noticias sobre partidos de extrema derecha solo publicita esta formación política e incluso la blanquea.

Lo que concluyen las investigaciones es que cuando los medios cubren en mayor medida a estos partidos y publican más noticias, aumenta el voto a los mismos. Se podría pensar que la relación causal es a la inversa, es decir, que a medida que estos partidos van teniendo apoyos, los medios de comunicación se hacen eco. Sin embargo, queda claro que los medios ejercen una influencia en los ciudadanos, ampliando o reduciendo el apoyo a determinadas formaciones.

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No seamos idiotas

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Willy Toledo enfurece a la ultraderecha catolicona, muy bien representada por la Asociación Española de Abogados Cristianos. Cómo no, si Willy Toledo también saca de quicio a esa mayoría silenciosa que no se caga en nada porque padece de algo así como un estreñimiento moral. Si Willy Toledo descoloca incluso a quien le da la razón, únicamente porque resulta impertinente. Se explica por qué el actor es muy incómodo: porque es indómito y libérrimo, esdrújulo, quevediano. Otra cosa es que Willy Toledo haya sido sentado en el banquillo por, según sus denunciantes, insultar a Dios y a la Virgen, personas ambas mayúsculas. Y hacerlo, encima, por Facebook, que te ve todo dios.

Porque por mucho que pueda chirriar Willy Toledo cuando insiste a las puertas de un juzgado en que va a seguir cagándose en dios y en la virgen y en lo que le dé la gana, porque le sale de las orejas y porque en el ordenamiento jurídico ni existe ya el delito de blasfemia ni existe aún el derecho a sentirse ofendido; por más que irrite a tirios y a troyanos, el mayor problema que plantea su caso es la capacidad de los abogados cristianos para intervenir la vida social y personal en el Estado español a través de la intimidación judicial, es decir, a golpe de demanda. Los del rosario anudado al dedo índice, como Polonia Castellanos, tienen tiempo, ganas y, sobre todo, dinero para empapelar a todo aquel que les toque las fantasías. Aunque sea de refilón, con el mero ejercicio de la palabra malsonante, sin ánimo ni intención. O con ellas, es lo de menos.

Lo de más es la clara intención de esa asociación que reza oraciones y reza acusaciones: conculcar la libertad de expresión (que es su caso es sola una, como la patria) y, con ella, otros derechos y libertades recogidos y reconocidos por nuestras leyes, como el derecho al aborto o los derechos LGTBI, que son derechos humanos. Parando los pies a artistas y humoristas, a músicos y actores y activistas, a ciudadanas y ciudadanos, la Asociación Española de Abogados Cristianos va tejiendo en el tiempo una mordaza para que la cultura y la historia sean así, callados todos, concebidos todos por la gracias de dios. Como para andarse con cagadas.

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Devolución en frío

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha fallado que una devolución "en caliente" de migrantes no es ilegal si el intento de entrada fue ilegal. Es decir, legaliza que alguien que llama a la puerta sea expulsado en el mismo momento si llegó por recovecos fuera del proceso administrativo establecido. Aunque no le hayamos dado tiempo a decir de qué huye, quién le persigue, cómo se llama o de dónde es, como obliga la legislación internacional.

El fallo es coherente, si se pudiera asegurar que las personas subsaharianas que quieren entrar en España pueden hacerlo en un consulado o pidiendo cita en el puesto fronterizo de Marruecos, cosa que hoy es casi imposible (los motivos, aquí). En esa situación idílica, los migrantes pedirían turno con un papelito que escupe esa especie de secador rojo que se llama dispensador, explicarían que su vida corre peligro en su país, o que los persiguen por ser gays o que la guerra les pone en una situación de riesgo. Amablemente, los funcionarios marroquíes del puesto fronterizo de Beni Enzar les tomarían nota y se iniciaría un procedimiento para entrar en España, que podría valorar si esa persona merece protección y asilo o no. También habría unos papeles que se podrían revisar o recurrir en lugar de una vuelta insegura y sin garantías por el mismo sitio por el que han venido, con un trauma más y menos dinero en el bolsillo.

La realidad es que las entradas por la frontera sur suceden a pelo y sin seguridad de ningún tipo. Migrantes que esperan emboscados la ocasión propicia para entrar en barca o saltando la valla, y que por ese mismo motivo, según la nueva doctrina de Estrasburgo, quedan desprotegidos si las autoridades españolas los devuelven sin preguntar quiénes son, por qué han venido y por qué peligran sus vidas, como obligan los convenios internacionales. Esta sentencia es el aval jurídico a la llamada devolución en caliente, que el PP cambió por "rechazo en frontera", y que es en frío, porque no se molesta en preguntar ni en saber, porque olvida al ser humano y se centra en su situación administrativa y unas normas que no contemplan excepción o, simplemente, no contemplan la realidad.

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Contra el punitivismo y la censura, memoria e imaginación

Esta semana, hemos conocido la intención del Gobierno de incluir en el Código Penal la apología del franquismo y, ante ello, algunos y algunas hemos mostrado nuestra preocupación. No porque no queramos acabar con la cultura franquista de nuestro país, sino, justamente, porque queremos hacerlo. El peligro de la irrupción de la ultraderecha en nuestro escenario político no es solamente polarizar y radicalizar a la derecha, cosa que es evidente que se ha producido; el verdadero peligro es derechizar al conjunto de la sociedad. Y esa es la gran amenaza que un Gobierno progresista tiene que enfrentar en los próximos años: su tarea es construir un sentido común vacunado contra el racismo, el punitivismo, el machismo o la censura de la ultraderecha.

¿Cómo hacer que cuando los y las españolas vuelvan a decidir qué proyecto de país quieren –sea en dos años, en cuatro o en ocho– seamos una sociedad que valora sus derechos políticos y defiende sus libertades de opinión frente a quienes quieren recortarlas? ¿Cómo hacer que seamos un pueblo que rechaza la cadena perpetua en vez de una sociedad que se ha acostumbrado a las respuestas punitivas y las ha normalizado? Y, la pregunta que siempre vuelve: ¿acaso podremos construir un antídoto contra Vox usando algunas de sus herramientas? Engordar el Código Penal con delitos de opinión es una peligrosa senda iniciada por Aznar, una senda que ha desembocado en la ley Mordaza y en penas de cárcel para raperos y tuiteros y que este Gobierno no debe proseguir, sino desandar. Copiar las recetas de la ultraderecha implica ampliar su campo de batalla y allanar el camino en su conquista del sentido común. No se me ocurre una mayor victoria de Vox que la que consiste en usar sus propuestas hasta cuando tratamos de derrotarles.

Puede que haya quien piense que estas críticas pecan de ingenuidad y buenismo y que quienes defendemos las libertades de expresión estamos casados con bellos principios abstractos, pero dejamos de lado el pragmatismo. Nada más lejos de la realidad. Los principios democráticos siempre fueron la ley del más débil. Los ricos y los poderosos ya tienen siempre, por ejemplo, altavoces para hacerse oír. Por eso, las libertades de expresión y la ampliación de los márgenes de nuestros debates públicos nunca son un lujo, un pasatiempo o una cosa de gente ociosa. Son compromisos con los que menos altavoces tienen y más expuestos están al poder de los que mandan y a sus discursos dominantes.

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Qué debe y qué puede hacer el PP

Pedro Sánchez y Pablo Casado, en una imagen de archivo.

El líder del Partido Popular, Pablo Casado, se va a entrevistar con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Hay pocas esperanzas de entendimiento entre ambos, si tenemos en cuenta los precedentes. Lo previsible es que, una vez más, domine la polarización y no se establezcan espacios de acuerdo. Lo preocupante es que sigue siendo urgente encontrar soluciones consensuadas para dar respuesta a los principales problemas que padecemos. La particular situación que vive la derecha complica extraordinariamente la confluencia de intereses conjuntos.

El PP vive una enrevesada coyuntura que complica su estrategia. La primera dificultad radica en que le resulta muy problemático hacer lo que debe, ya que no sabe cuál es el mejor camino para emprender. Además, tampoco es sencillo hacer lo que puede. Las discusiones internas, la amenaza que representa Vox y la falta de un ideario definido y actualizado le impiden ponerse en marcha. El problema es complejo, porque reúne dilemas poco definidos y alternativas de movimientos contradictorias.

Para entender la compleja situación, hay que partir del actual reparto electoral que se dibujó en España el pasado mes de noviembre. La izquierda estatal (PSOE, Unidas Podemos y Más País) sumó 10,4 millones de votos (10.404.234). La derecha (PP, Vox, Ciudadanos y Navarra+), muy cerca de los 10,4 millones (10.395.920). Es decir, quedaron absolutamente igualadas. El reparto por circunscripciones posibilitó que la derecha alcanzara los 152 escaños, por debajo de los 158 de la izquierda. El problema real no está en este bloque empatado que en total alcanza los 310 diputados. La gran diferencia está en los restantes 40 escaños existentes en el Congreso. Esta es la cuestión clave en la que no se pone el foco. El eje izquierda vs derecha está demasiado igualado en España. Lo que determina la balanza es el resto: la España no alineada en los bloques ideológicos tradicionales.

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