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Ya estamos todos

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Pablo Iglesias, en el acto de su regreso en el Reina Sofía

Ha vuelto Pablo Iglesias y se nota. En una campaña donde todo se desplaza hacia la derecha extrema y los debates no alcanzan ni siquiera la altura de las polémicas y peleas del Sálvame, resulta reconfortante y un alivio contemplar a un candidato que pretende correr claramente por la izquierda, sin pedir permiso y sin pedir disculpas.
Después de un interminable desfile de oradores, que le confirió al acto un aire al festival de Eurovisión, el deseado se subió a la tarima morada el sábado al atardecer y demostró dos cosas. La primera es que vuelve en plena forma y con ganas de dar la batalla. La segunda es que tiene muy claro que debe tratar de hacerse con el espacio que está dejando a su izquierda Pedro Sánchez.

En su estrategia de ocupar el espacio que le ha dejado libre Albert Rivera, empeñado a su vez en ir a la derecha para quedar como sea por delante del Partido Popular, los socialistas juegan a situarse en el medio de todos los extremos. Entre el independentismo y el neoespañolismo, entre la extrema izquierda y la extrema derecha, allí están ellos, los siempre moderados y sensatos socialistas. Piden el voto para acabar con la polarización, aunque dan pocas pistas sobre cómo piensan hacerlo. No ofrecen políticas, venden una actitud: la derecha extrema promete pistolas y los socialistas prometen diálogo.

Iglesias ha visto el hueco y parece disponerse a plantear una campaña en clave ideológica, con más mensajes y contenidos y menos tocar la guitarra con María Teresa Campos. Haría muy bien. Para todos quienes queremos una campaña donde se confronten ideas y visiones del mundo y se hable de políticas sanitarias, educativas, energéticas o medioambientales, solo puede constituir una buena noticia. Solo puede ayudar a dar cierta altura política y moral a una precampaña que abochorna por su banalidad y prueba, una vez más, que la mayoría de los candidatos están firmemente convencidos de que sus electores no saben pensar, solo saben sentir y cuanto más fuertes las emociones, mejor.

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¿Y tú, de qué tribu eres?

El pleno del Congreso de los Diputados

Uno de los juegos de navegador para multijugador más famoso del mundo se llama Guerras Tribales (Tribal Wars). Fue creado en Alemania hace algo más de 15 años y va camino de contar con cerca de 50 millones de guerreros que luchan virtualmente entre sí. Según sus instrucciones, el objetivo de Tribal Wars es "atacar, saquear y conquistar a tus oponentes en tiempo real, sin dejar de defender tu reino contra los atacantes" y considera como estrategia recomendable la de "unirse con otros jugadores para formar una tribu y declarar la guerra a tus enemigos". No cabe mejor descripción del actual panorama político español en este período electoral.

Explicaba con toda la razón Iñaki Gabilondo en su entrevista en eldiario.es que algunos partidos en España se han acostumbrado a prometer iniciativas que no pueden cumplir porque requieren grandes acuerdos que a la vez rechazan. Es una contradicción en toda regla. Es imposible abordar los principales problemas que tenemos ante nosotros con una exigua mayoría parlamentaria. Un ejemplo claro es el conflicto catalán, donde cualquier vía de resolución pasa por encontrar un terreno de entendimiento entre los principales partidos en Catalunya y, a la vez, por una solución que sea asumida por una amplia mayoría de los españoles.

La discusión actual se ciñe absurdamente a lo que es seguro que no se va a producir: ni la independencia, ni un referéndum de autodeterminación, ni un 155 permanente. No hay una mayoría amplia que sustente esas alternativas. Discutimos sobre ellas como si fueran viables a corto plazo. Hay líderes, tanto en el independentismo como en el españolismo, interesados en mantener el enfrentamiento y que se alargue la imposible hipótesis de la independencia, bien como aspiración o bien como amenaza. La presencia de Puigdemont en Waterloo dejará de tener sentido el día que el secesionismo catalán alcance un acuerdo de convivencia dentro de la ley con el resto de los partidos catalanes contrarios a las tesis independentistas. Lo mismo ocurre con las posiciones maximalistas de la derecha española. Si no hay enfrentamiento abierto en Catalunya, toda su campaña electoral actual carecería de fundamento alguno. Necesita seguir afirmando que hay pactos ocultos, aunque nadie los vea, y llama compañeros de gobierno a socialistas e independentistas, aunque no lo sean.

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#MeTooEscritoresMexicanos

El escritor macho no es único en su especie, pero del resto de machos le diferencian tres cosas: su tendencia a definir tu aspecto físico con metáforas alambicadas, su capacidad para entender mejor que tú la literatura y el mundo en su esencia, y a veces, solo a veces, su manía de disculpar el comportamiento de algunos Escritores Machos Alfa, véase Ted Hughes o Antonio Machado, o véase Pablo Neruda o J. D. Salinger, porque la persona y la obra cómo van a ser lo mismo, ¡revanchistas!, ¡joder!

El escritor macho es, por lo tanto, un animal fiel a los suyos. Un animal de compadreo, que solo busca el conflicto cuando sospecha que otro escritor macho le puede quitar un premio, o que otro escritor macho le ha arrebatado la atención del editor macho al que los dos veneran. Que en la vida no se puede tener todo lo sabe el escritor macho.

Pero que las féminas no forman parte de eso a lo que llama todo, también es su causa.

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Pérdida de talento en la política

Prsentación de candidaturas al Congreso y al Senado del PSRM

Desde hace unos lustros, se puede apreciar en nuestras democracias -en España pero también en otros entornos especialmente europeos, como demuestra la clase política británica ante el Brexit- una pérdida de talento político, pese al acceso a esta actividad de las generaciones mejor formadas. Una razón de esta pérdida podría ser el sistema de selección, más que de elección, de los políticos. La llegada a niveles más altos de representantes de las organizaciones de juventudes de distintos partidos ha producido que hayan ascendido personas que no han hecho otra cosa en la vida, que no han tenido carreras propias, sino que han sido apparatchiks en toda su carrera profesional. Pero eso ocurrió ya hace unos años. Hay tres o cuatro (si contamos la escisión de Íñigo Errejón de Podemos) partidos nacionales que no existían antes. Ni Pedro Sánchez, ni Albert Rivera, ni Pablo Iglesias, ni Santiago Abascal entrarían en esta trayectoria; sí Pablo Casado. Es decir, que esa puede ser una razón para una parte de las tropas, no tanto para los mandos.

Por otra parte, la división en el PSOE entre sanchistas y anti-sanchistas y la consiguiente depuración en las listas electorales, puede contribuir a descapitalizarlo, como también a Podemos con la separación entre iglesistas y errejonistas, o en el PP con el destierro del sector marianista/sorayista. Dicho esto, el enfrentamiento de Sánchez con las Juventudes Socialistas en su camino al poder le ha llevado, una vez en el Gobierno, a recapitalizar el PSOE con jóvenes profesionales de valía, de muy distinto origen, que nutren los puestos de asesores y otros.

Un factor esencial de la descapitalización política es que los partidos, como bien explican José Antonio Gómez Yáñez y Joan Navarro en su interesante opúsculo Desprivatizar los partidos, se han privatizado en los últimos años -especialmente a partir de mediados de los 90-, privatización que rápidamente ha alcanzado a las nuevas formaciones. Las primarias, generalizadas, pueden contribuir a esa desprivatización, pero habrán de cambiar, a la vista de lo visto. Aunque los aparatos en general las dominen, también han servido para catalizar en ocasiones rebeliones de los militantes (como ocurrió destacadamente con el regreso de Sánchez al frente del PSOE). Las primarias más importantes para cargos públicos de elección deberían estas abiertas no solo a los militantes, sino a todos, o al menos a los simpatizantes. Hoy por hoy, no hay verdaderas alternativas a lo que hay en muchas de las formaciones. Parece como si unos hiperliderazgos dejaran yermo el terreno para que nacieran esas otras opciones. El sistema inevitablemente más presidencialista en el que se ha convertido el español (y casi todos los europeos) lo fomenta. Los candidatos a presidentes (nacionales o autonómicos) sienten una relación directa con los ciudadanos, dado que no son elegidos directamente, pero tiran de los electores, junto a la propia marca de los partidos.

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Las máscaras de Bal

El líder de Ciudadanos Albert Rivera, y Edmundo Bal Francés, número 4 por Madrid, en un Encuentro Ciudadano a principios de semana en Madrid

"Como un héroe enmascarado que al final de la función se aparta la careta y reniega de su heroísmo"
Juan Manuel de Prada. Las máscaras del héroe

Corren tiempos de mala épica en el panorama político. Los líderes recurren a lo que pueden, sea un morrión oxidado o algún héroe de saldo. Todo cabe en las listas de aluvión mediático que se confeccionan a medida de lo que va surgiendo. Así es como ha llegado Edmundo Bal a ser candidato de Ciudadanos, cabalgando sobre su leyenda de justiciero ajusticiado del procés. Una leyenda que se ha forjado él mismo, según parece a fuerza de construir relato en una relación con la prensa que siempre fue muy fluida. Demasiado, al decir de los que no son periodistas.

Todo relato tiene sin duda su contra relato y solamente de su superposición emergen las líneas claras de una posible verdad sobre ese mito del héroe que se construye con mil caras. Lo que no parece tan níveo es que uno de los rostros del héroe sea el de la deslealtad a los códigos de conducta a los que se deben él y los de su estirpe. Sobre esta cuestión ha habido mucho que decir en los chats de la Abogacía del Estado -sí, ellos también tienen de eso- tras producirse el fichaje por Ciudadanos de su excedente compañero. "¡Dónde ya se sabe que no le van a fichar es en Cuatrecasas!" decían alguno de estos sarcásticos mensajes. "Un abogado del Estado es primero abogado y luego del Estado", decía un Bal ya candidato a los periodistas. Ambas caras de la moneda se referían a lo mismo. Un abogado del Estado tiene una doble sumisión deontológica, una la propia del abogado y otra la estatutaria del funcionario que también le afecta. Las declaraciones de Bal a los medios sobre lo que según él sucedió antes de su cese dinamitan el secreto abogado-cliente y lo convierten en pólvora fina de falla electoral. Quien la hace una, la hace ciento. No es una buena tarjeta de visita para futuros viajes a la abogacía de gran pago si le pesara el escaño. Edmundo ve las cosas a su aire. En un tuit en el que publicitaba una de sus entrevistas se adentraba en un mundo proceloso al descubrirnos su afán de "cambiar las cosas para que los servidores públicos trabajen con plena libertad". Ya me imagino, el policía a su aire, el bombero sin jerarquía, el espía a propio encargo y el abogado del Estado ¡haciendo de su capa un sayo!

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Por un "sentido común" democrático

La exprimera ministra británica Margaret Thatcher y el expresidente estadounidense Ronald Reagan, en una imagen de 1990.

Últimamente somos muchas las personas que nos preguntamos por qué opciones políticas como las que representan Trump, Bolsonaro, Salvini, UKIP o Vox, están teniendo amplio apoyo electoral. Opciones de extrema derecha populista, neofascista, xenófoba, misógina, negacionista del cambio climático pero que en lo económico tienen apuestas profundamente neoliberales.

Un lugar común entre los análisis que tratan de explicar el fenómeno es que, gracias a las redes sociales y el uso del Big Data, han sido capaces de conectar de manera sencilla y simple con preocupaciones de una parte importante de la ciudadanía proporcionándoles una base popular que con anterioridad no habían conseguido. Una base popular que, sin embargo, no está llamada a beneficiarse en términos de bienestar de las políticas económicas que estos gobiernos plutocráticos desarrollan. La paradoja es que estas opciones políticas logran el apoyo de grupos de población que a la postre han de sacrificarse por una idea de patria que para que vaya bien y sea eficiente necesita su sacrificio a base de salarios bajos, jornadas imposibles o multiplicidad de trabajos, especialmente en el caso de las mujeres, tras la retirada o privatización de servicios públicos y el abandono de una fiscalidad progresiva.

Con unas técnicas de comunicación casi idénticas que pareciera nos encontramos ante una "internacional" de extrema derecha, utilizan proclamas que se deslizan en nuestras cabezas a modo de un sentido común que simplifica lo complejo. Un sentido común orientado a hacer creer que la libertad es un concepto ajeno a la condición material o socialización de cada persona y que la democracia como gobierno del pueblo, en lugar de ser la mejor fórmula posible de resolver la controversia social (por muy débil que sea, siempre será la mejor de las posibles), es el origen de los problemas. De ahí su constante llamada a "poner orden" frente al desorden de los partidos y del inevitable conflicto de intereses que genera la diversidad en nuestras sociedades.

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¿Los lazos y las armas son noticia?

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La Generalitat quitó el lazo amarillo de su fachada pero mantuvo una pancarta por los presos con lazo blanco.

Durante los últimos días, fechas de vísperas electorales en las que el debate ciudadano y mediático debería girar en torno a programas políticos, dos temas han acaparado la agenda: la presencia o retirada de lazos amarillos en los edificios públicos de Catalunya y las declaraciones de Santiago Abascal, candidato electoral de un partido sin representación parlamentaria nacional, sobre la libre tenencia de armas hechas a una revista de caza. Cualquier ciudadano estará de acuerdo conmigo en que ninguno de los dos temas tiene fundamento alguno para acaparar toda esa atención.

Preguntados la mayoría de los analistas sobre la cuestión, casi todos comienzan diciendo que el asunto no lo merece para, a continuación, no sabemos si por sumisión al medio que le pregunta o simple amabilidad, responden y terminan formando parte del show. Con respecto a los políticos sucede algo similar, no importa si, como yo y muchos de ustedes, consideran que no son asuntos relevantes para abordar en el debate político preelectoral, al final se ven obligados a responder a los micrófonos y se incorporan al teatro.

La conclusión es clara: el debate político no lo establecen los líderes políticos, menos todavía las inquietudes de los ciudadanos, forma parte de la competencia y autoridad de los medios. Así, la absurda idea, no porque yo no la comparta, sino porque nadie se la plantea en España, de que la gente pueda llevar armas libremente se convierte en debate mediático nacional, aunque sea solo un comentario de un tipo que no representa a nadie, y no representa a nadie porque, a día de hoy, no es ningún cargo público representativo de nadie. Ni tampoco el asunto está anunciado formalmente por su partido, es eso, una ocurrencia. Pero es que, anteriormente, lo que ocupó a los medios, fue otro señor de Albacete que dijo algo de los homosexuales y el holocausto y se llevó todos los titulares y debates de tertulianos, tantos que ha acabado dimitiendo de candidato.

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Los grifos de Londres se secarán en 25 años

La frase del titular puede parecer demasiado catastrofista, sino fuera porque ha sido pronunciada esta semana por un viejo diplomático poco dado al alarmismo: Sir James Bevan, director ejecutivo de la Agencia Británica de Medio Ambiente.

Con el inquietante título de 'Escapar de las fauces de la muerte, o como asegurarnos suficiente agua en 2050' su discurso en la conferencia anual de Waterwise, la principal ONG del Reino Unido dedicada al problema del agua, ha centrado buena parte de las informaciones aparecidas esta semana con motivo del Día Mundial del Agua (22 de marzo).

Para el máximo responsable de medio ambiente en Reino Unido las compañías de distribución de aguas van a tener que afrontar un difícil reto en los próximos años: atender el aumento de la demanda ante una población creciente, en un escenario de cambio climático que va a reducir la disponibilidad del recurso notablemente.

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Al vent

Los Bravos durante una de sus actuaciones musicales.

Tarantino tiene nueva peli y en el tráiler aparece una canción interpretada por Los Bravosun 'grupo yé-yé', como se decía entonces, formado por músicos españoles y cuyo cantante era un alemán que berreaba en inglés con voz poderosa. Hasta aquí, nada que desconozcamos.

La fórmula de Los Bravos funcionó a finales de los años sesenta poniendo música a los guateques de la época junto a grupos como Los Canarios o Pop Tops, conjuntos imprescindibles en "las boites" de entonces. Ya puestos, no sobra decir que hace cincuenta años, Los Bravos triunfaban en yanquilandia. Cantaban en la lengua 'del Imperio' y hacían canciones para anuncios de Coca-Cola.

Uno de los temas que llegó a las listas de éxito en Estados Unidos fue Bring a Little Lovin', el mismo con el que Tarantino nos anuncia su última peli. El citado tema traducido al castellano −Dame un poco de amor− daría título a otra película, en este caso española, protagonizada por Los Bravos y dirigida por José María Forqué. El tema fue compuesto por el grupo australiano The Easybeats.

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Las armas de la red

Tarrant, momentos antes de comenzar el ataque en Christchurch

A finales de los años ochenta, cuando vivía en Buenos Aires, solía ver, al cruzar la Plaza de Mayo, delante de la Casa Rosada, al solitario corresponsal de la CNN con los auriculares calzados en su cabeza y micrófono en mano, encarando a una cámara mínima, montada en un trípode y operada por un camarógrafo que, a su vez, atendía a un pequeño equipo con el que enviaban la señal al satélite. A veces me demoraba observando su trabajo y alguna vez, incluso, conversé con ellos en algún momento de descanso. Unas décadas después, la cámara está en el bolsillo de todos y la pantalla, también. Incluso en la de los terroristas.

Casi todos, el 11 de septiembre de 2001, vimos, en directo, atravesar el segundo avión en la torre sur del World Trade Center. El primer avión lo vimos después, en diferido, como la apertura de un relato que aún retenemos. "Aquel segundo avión parecía afanosamente vivo, y animado por la maldad, y absolutamente extranjero. Para los millares de personas que estaban en la Torre Sur, el segundo avión significó el fin de todo. Para nosotros, su fulgor fue el fogonazo mundial del futuro que nos aguardaba" (Martin Amis, El segundo avión).

Amis reflexiona sobre razón y religión en su libro y en esa dirección apunta el futuro que señala, pero valdría la pena situarse en otra torre, la del Empire State, donde se encontraba la cámara que, creyendo registrar los daños causados por el primer avión, en buena parte, inocente aún de la intención destructiva de los terroristas, ve, esa cámara, su campo invadido por un segundo avión que se lleva por delante el nuevo siglo, milenio incluido.

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