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Armageddon climático

Policía Local de Murcia ayudando durante la gota fría en la Región de Murcia

“Pasados siete días, yo haré llover sobre la tierra 40 días y 40 noches y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice”

Génesis, 7

La lluvia cae sin compasión. Los ríos, las ramblas, las corrientes buscan su salida natural sin importarles qué dañan, a quién matan, que bienes destruyen. Le hablamos a Alexa o pensamos en robots sexuales pero jamás hemos sido capaces de controlar los elementos. Las fincas de los ricos se han destrozado y las vidas de la gente humilde se han visto arrasadas, pero va a resultar que el cambio climático es una ocurrencia de la extrema izquierda. ¡Hay que joderse! No hay perdón para los que piensan que no hacer nada es la mejor de las ocurrencias. No hay perdón para los oligarcas que no son conscientes de que ellos mismos pagarán en sus carnes y en sus fincas y sus propiedades y sus yates y sus industrias el llanto de la tierra.

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El acoso online que silencia a las mujeres de la prensa

Una acreditación de prensa y un bloc de notas sobre un periódico

En los mítines de la campaña presidencial de Donald Trump, la escena se repetía. Algún hombre merodeaba cerca de las mesas para periodistas al final del gimnasio o colegio de turno -los lugares de los mítines de campaña no son muy glamorosos- preguntando con aire de pocos amigos por alguna periodista que había visto en Twitter. A veces, había insultos escritos en las hojas de papel para reservar el sitio antes de que llegáramos. En otras ocasiones, el acoso iba más lejos. 

Una colega, periodista política, me contaba cómo le habían llegado a su dirección personal esvásticas y otros símbolos antisemitas. Para ella, como para otras periodistas, el acoso había empezado en Twitter y otras redes sociales que protegen el anonimato y se benefician del asalvajamiento de sus foros.

En aquella campaña que marcó un hito de acoso a la prensa en Estados Unidos también había colegas hombres insultados online o en vivo, pero el comportamiento más crudo y más dado a ataques y amenazas personales era contra las mujeres. Algo documentado en todo el mundo y habitual también en España. 

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Eutanasia

La ley de eutanasia, la primera admitida a trámite en esta legislatura

Con la Guerra Civil, la religión católica consiguió en España su golpe maestro. Tras bendecir la cruzada contra el ateísmo, el catolicismo se instauró de manera oficial en todos los rincones de nuestro doliente país.

Hasta ese momento, la carta magna de la Segunda República declaraba el carácter laico del estado. Resulta curioso que, por primera vez, con motivo de la Guerra Civil y después de siglos de enfrentamiento, moros y cristianos se aliasen para luchar contra el ateísmo. Los moros que ayudaron a Franco a ganar la guerra olvidaron, de golpe y porrazo, batallas recientes en zona rifeña para unirse a las sotanas y a sus miserias. Desde aquel momento, hasta el día de hoy, la religión católica ha venido a condicionar nuestros actos, convirtiendo la libertad en pecado. Sí.

Entre otras cosas, el catolicismo, como toda religión basada en el sufrimiento, no admite el derecho soberano de elegir el instante en el que un individuo decide poner punto final a su vida. De esta manera, el sufrimiento inútil es aceptado como una manera de sacrificio. Por ello, y por si quedase alguna duda al respecto, el símbolo de la cruz figura en las habitaciones de los hospitales. La cruz que cuelga en las paredes de los centros sanitarios nos da a entender que el martirio de la agonía es algo muy respetable por haberlo padecido un hombre que sufrió su tormento por la humanidad. Una ficción, la de Cristo, que determina nuestra esclavitud.

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El cambio climático no es esto, pero si no reaccionamos será peor

Imagen de archivo de un fuerte temporal de lluvia en Valencia

Atribuir los graves daños y la lamentable pérdida de vidas humanas que han causado las fuertes tormentas de estos días al cambio climático no es correcto. Hay que diferenciar claramente tiempo y clima. El tiempo es una escena: el clima es la película entera.

La aparición de una depresión aislada en niveles altos (DANA), lo que comúnmente hemos venido llamando gota fría, es una escena clásica de la peli "El clima Mediterráneo". Una escena que se repite a menudo cuando se acerca el otoño.

Otra cosa es la intensidad y la recurrencia con la que esa escena, ese fenómeno meteorológico concreto, se manifiesta y hasta qué punto llega la gravedad de sus consecuencias. Y eso sí que puede estar llevándonos a cambiar de peli.

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El procés nunca fue limpio

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Diada, año 8. Pequeños detalles a la espera de la gran sentencia

Se puede definir el procés como el proceso secesionista catalán iniciado con la Diada del 11 de Septiembre de 2012 y finalizado el 27 de octubre de 2017 con la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) y la consiguiente aplicación del artículo 155 por el Gobierno Central.

El procés fue promovido por políticos que juraron el Estatut y por ende la Constitución, están acusados de delitos que se juzgan en el Tribunal Supremo por desobedecer y desacatar el ordenamiento jurídico vigente.

No aceptan ninguna culpa, ni ser juzgados, ni una eventual sentencia adversa. Y lo que es peor ignoran al resto de catalanes a los que han perjudicado gravemente. ¡Han roto Cataluña en dos!

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Hay dos Españas en una, y no son las de Machado

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¿Es posible aún el acuerdo? ¿Se han volado ya todos los puentes para que haya un nuevo Gobierno? ¿Hubo alguna vez voluntad de acuerdo entre Sánchez e Iglesias? ¿Ha sido todo puro teatro? ¿Han existido intentos de mediación? ¿El problema es el PSOE y Unidas Podemos o es entre Sánchez e Iglesias? Sobran preguntas y faltan respuestas. Las que tenemos se antojan escasas. Demasiadas dudas y una sola certeza: que hay dos Españas en una. Y no son las de los célebres versos de Machado. Hay una dentro de la Carrera de San Jerónimo y otra que habita fuera. La primera no se ha enterado del mandato que salió de las urnas el 28 de abril. La segunda, impávida ante un duelo de relatos por ver quién carga con la culpa del fracaso, pide acuerdo en todas las encuestas. Y no será porque los partidos no las escudriñen cada día.

Hace menos de cuatro años asistimos a un espectáculo no idéntico, pero sí muy parecido. Entonces ya alguien sugirió que a las siguientes elecciones, a las que se repitieron en 2016, deberían haber concurrido 350 personas distintas a las que se sentaban en aquel momento en el Congreso. Era una forma gráfica de decir que quienes nos representaban habían quedado inhabilitados para hacer política por no afrontar la tarea que les encargaron los españoles que fueron a votar el 20 de diciembre de 2015.

Si la política funcionara con los códigos de responsabilidad y objetivos con los que actúa el mundo de la empresa, deberían irse aquellos a quienes se les mandata para una tarea y no son capaces de cumplirla. Mucho más cuando existe el agravante de la reincidencia. Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias ya fallaron una vez. Y están a punto de hacerlo una segunda. En 2016, el líder de Unidas Podemos se negó a apoyar con sus votos el "pacto del abrazo" que suscribieron los dos primeros, después de que Mariano Rajoy se diera mus ante el encargo de Felipe VI para afrontar la investidura. Hoy son Sánchez e Iglesias quienes no se ponen de acuerdo. Rivera esta vez ni está ni se le espera, pese a que la suma de sus votos a los del PSOE es la que hubiera bendecido sin duda el Ibex 35 y la UE. No quiere hablar con Sánchez más que de la aplicación de un nuevo 155 en Cataluña y, si acaso, un poco de Venezuela y de ETA. 

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La factura de una decisión equivocada

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Pedro Sánchez ante su decisión. EFE

En todas las decisiones trascendentes hay que valorar los antecedentes y las consecuencias. Ninguna persona responsable se limita a reacciones viscerales sin tenerlos en cuenta. Pedro Sánchez, el candidato a la presidencia del Gobierno, volvió a dar un puntapié al pariente pobre que nunca aceptó a su mesa. La cadena de desprecios, tras vetarle -como él mismo no hubiera aceptado de nadie-, culminó este jueves con el rechazo a la última propuesta de Pablo Iglesias para la formación de gobierno en apenas minutos y ratificada este viernes por la portavoz... en funciones de partido. Los corifeos pueden vestirlo de seda y verosimilitud, pero no tiene soporte alguno si de lo que se trata es de formar un Ejecutivo progresista, tal como pidió la mayoría de los votantes.

¿Tenía otros planes Pedro Sánchez? ¿En qué día y a qué hora dados sus cambios de opinión? Los que por cierto se reparten por las hemerotecas y nunca ha explicado. El caso es que el PSOE no dispone de votos suficientes para gobernar, le faltan muy pocos y los que puede obtener no los quiere. Y se empieza a ver con buenos ojos, los corifeos también, una alianza entre PSOE y PP para después de las nuevas elecciones. El mismo PP al que echó la moción de censura por su insoportable corrupción. ¿Cabe más? En serio, ¿cabe más?

No se fían de Unidas Podemos, dicen, pero se fían del PP de Casado y sus máster y carreras exprés. De Ayuso y su gobierno de la provocación, del insultante reto a la cordura, escaparate orgulloso de la impunidad. El PP de Cayetana Álvarez de Toledo y todo lo que huela a ultra, trampa e involución. El PP con los peores resultados de toda su trayectoria vendría en un paquete con Ciudadanos y lo que quede de Vox. Con la ideología de Vox, que ha sacado del armario el corazón ultraderechista de esta derecha. Con un Albert Rivera que quiere emular el "Minority Report" de Spielberg para encarcelar a quién él decida, "sin esperar a que se cometan los delitos": el sueño dorado de todo dictadorzuelo.

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A cara o cruz

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Uno de los dos, Sánchez o Iglesias, tiene que ceder algo para que no haya elecciones. Al menos lo suficiente para que se pueda iniciar una negociación como la que hasta ahora no ha habido. En eso radica el intríngulis del momento. Puede ocurrir. O no. La solución es a cara o cruz. Ninguna declaración pública de ningún dirigente vale para atisbar por dónde irán los tiros. Porque todas ellas están únicamente destinadas a hacerse el bueno de cara a la opinión pública. El resultado final será un cara o cruz que se alcanzará a puerta cerrada.

La batalla por hacerse con "el relato", porque su decisión final quede justificada ante los suyos, en primer lugar, y ante sus electores potenciales, en segundo, está dando ya sus últimas boqueadas. Pero sus resultados han cambiado un tanto de signo en los últimos días respecto de las semanas anteriores.

Porque mientras la venta del producto que hace Pedro Sánchez ha ido perdiendo un tanto de eficacia porque genera demasiadas preguntas sin respuesta, la fuerza con que Pablo Iglesias sigue defendiendo sus pretensiones está logrando que estas empiecen a dejar de parecer un emperramiento radical sin más y que más de uno se plantee que puedan ser razonables. O cuando menos, no rechazables de entrada.

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Esperando la condena del procés

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Los doce acusados en el banquillo del Tribunal Supremo

Tras el casi siempre soporífero acto que todos los años abre el curso judicial, el Salón de los Pasos Perdidos del Tribunal Supremo acoge un pequeño cóctel en el que, alrededor del rey, se juntan los políticos, jueces, fiscales y altos funcionarios que cortan el bacalao en el mundo de la justicia y que aprovechan el encuentro para saludarse después de las vacaciones, intercambiar chismes y hablar más bien poco de los problemas reales de la Justicia.

Tradicionalmente el interés de los periodistas suele estar en el corrillo del rey, que traslada algunas impresiones sobre la situación política del momento, pero este año la escena era distinta. Frente al escudo de España que preside la estancia, rodeaban al monarca una decena de informadores, mientras que en el otro extremo de la sala, bajo las pinturas de Alcalá Galiano que representan las virtudes de la Justicia, casi una treintena acechaba al presidente del tribunal del procés, Manuel Marchena.

Todos los ojos están puestos en el máximo responsable de la Sala Segunda, que lleva todo el verano escribiendo una sentencia que pondrá fin a un ciclo político que se abrió el 19 de diciembre de 2012, cuando Artur Mas y Oriol Junqueras sellaron la unidad circunstancial de la derecha y la izquierda nacionalistas para sacar adelante lo que se llamó el Acuerdo por la Transición Nacional. Lo que venga después de la sentencia será necesariamente distinto porque, si algo ha quedado demostrado a lo largo de los últimos siete años, es el fracaso de la vía unilateral hacia la independencia.

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Todos lo sabían

Berlín y sus cicatrices. Visito la inquietante e interesante colección Feuerle en Berlin. De búnker de telecomunicaciones del régimen nazi a un museo que propicia el diálogo entre el arte contemporáneo y piezas milenarias de China y el sudeste asiático con una remarcable reforma del arquitecto John Pawson. A la salida me dirijo a la próxima Anhalter Bahnhof para coger la S Bahn. Me sorprenden los restos de la fachada de la antigua estación. En un plafón cercano se detalla que desde esta ésta se deportaron 9600 judíos entre 1942 y 1945. Eran como cualquier otro pasajero de la estación. Salvo por el hecho que llevaban la estrella amarilla cosida en la ropa y eran custodiados por los nazis. Era pues evidente que iban arrestados a un destino fatal. “This was clear for all to see”. Todos lo sabían y nadie hizo nada, nos recuerda el plafón. Que lejos nos queda el ejercicio alemán de memoria y contrición en España. Precisamente el mismo día de agosto que descubrí el drama de Anhalter Bahnhof se publicó en el BOE de los republicanos españoles asesinados en Mauthausen y Gusen. Han hecho falta 70 años para recordar.

Italia no es la culpable. Esos días de agosto estamos pendientes en España de la crisis del Open Arms y el Ocean Viking. Apenas hay noticias en Alemania (el drama del Mediterráneo a duras penas aparece en las noticias en el norte de Europa). Todas las miradas apuntan en esos días al caído en desgracia Matteo Salvini por su negativa a abrir los puertos italianos. Mientras recibe críticas de todos los frentes, él repite a golpe de tuit: “Italia no volverá a ser el campo de refugiados de Europa”. Salvini no ha sido más que el alumno aventajado de la derecha populista europea, aprovechándose de la frustración de un país abandonado por la UE en la gestión de la llegada de inmigrantes para reinar en las encuestas. Porque Italia, después del naufragio de Lampedusa de 2013 en el que murieron 300 personas, impulsó por su cuenta la operación Mare Nostrum. Con los gobiernos de Enrico Letta y Matteo Renzi se salvaron centenares de miles de vidas. Pero la UE y los países miembros dieron la espalda al país transalpino. Ni ayuda económica ni acogida de refugiados. Frustrada, Italia finalizó la operación Mare Nostrum. Y la UE pasó de salvar vidas a controlar sus fronteras, externalizando la ayuda a los náufragos a los temibles guardacostas libios. Todos sabían que morirían miles de personas en el mediterráneo. Y no hicieron nada. Sólo reaccionaron un puñado de ONG’s no quisieron ser cómplices y se lanzaron al Mediterráneo.

El fracaso europeo. Salvini obviamente tenia que cumplir la ley y abrir sus puertos al Open Arms. Ahora, de momento, Il Capitano ha quedado fuera de juego. Y deberá responder ante la justicia del secuestro del Open Arms. Pero habrá más Salvinis. En Alemania AfD ha quedado segunda en las regionales de Sajonia y Brandenburgo. Si el nuevo ejecutivo de Ursula von der Leyen no aborda el drama migratorio de inicio e impulsa una nueva operación de salvamiento y alumbra un nuevo acuerdo de reparto que implique a todos los países de la UE, la extrema derecha seguirá campando a sus anchas. Aprovechando los temores de una población desconcertada por el cambio de era en el que estamos sumidos (revolución tecnológica, emergencia climática y crisis demográfica) y por los augurios de una nueva recesión. La UE debe dejar de ser percibida como la culpable de las frustraciones nacionales, superar la lamentable era Juncker (mientras el proyecto comunitario languidecía él se obsesionó con la reforma horaria europea), y convertirse de nuevo en la promesa de progreso, modernidad y derechos humanos que fue en sus inicios.

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