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Decálogo del ultranacionalismo populista

El populismo se ha extendido en todo el mundo a través de diversas fórmulas adaptadas al entorno en el que se desenvuelve. Vox se ha convertido en un caso paradigmático de lo que es un movimiento ultranacional populista. Sin embargo, las bases de su modelo no nos resultan extrañas. En los pilares fundamentales de su discurso, podemos apreciar las similitudes con el defendido por otras formaciones en nuestra historia reciente dentro y fuera de nuestro país. Veamos algunos rasgos destacables:

1- Creación de una realidad paralela virtual que da sentido a su alternativa. El mundo que se describe es absolutamente irreal y se centra en dar por hecho circunstancias y condicionantes absolutamente distorsionados. Se produce una falacia en toda regla. Se presentan como la respuesta consecuente a una serie de falsedades que aparecen como supuestas verdades indiscutibles que, por supuesto, no se someten a una mínima revisión que acabaría con todas ellas, una tras otra.

2- Apropiación de los símbolos colectivos de identificación nacional. Para ellos, enarbolar la bandera, defender el valor de la nación y reivindicar los sentimientos patrióticos son virtudes que forman parte de una propiedad privada y exclusiva. Su exhibición frontal, casi pornográfica, pretende demostrar que si no secundas sus postulados no estás en contra de sus ideas, sino que lo estás contra los símbolos que pretenden ridículamente robarte.

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Pactos, tres en uno: amarrar, matizar y continuar

No se puede dudar de la capacidad de Pedro Sánchez – en todas sus versiones, pasadas, presentes y futuras – para sorprender a propios y extraños. Quizá incluso para sorprenderse a sí mismo.

Tampoco se puede dudar de su capacidad para generar, respecto de cualquier asunto o cuestión, argumentos de lo más curioso, insólito, osado, incongruente o ilógico. Y de hacer que tales argumentos sean repetidos una y otra vez por su gente más cercana.

Esto es lo que ha ocurrido, una vez más, con el tan traído y llevado pacto entre los grupos parlamentarios de PSOE, UP y EHBildu, en el marco de la votación en el Congreso de la quinta prórroga del estado de alarma. Pacto en el que, como es bien sabido, se acordó, entre otros extremos no menos relevantes, la derogación "íntegra" de la reforma laboral, en referencia a la de 2012.

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No enredes con la geometría variable si no sabes aguantarla

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Se da en primero de movilización política. Una manifestación tiene éxito si consigues que se sumen los demás, no sólo los tuyos. Por eso triunfaron Nunca Máis, el No a la Guerra, o el 15M, porque trascendieron mucho más allá de sus convocantes originales y congregaron a gente que jamás se había apuntado antes, incluso a muchos votantes del gobierno de turno. Por eso las manifestaciones motorizadas de la ultraderecha han sido, sin ningún género de dudas, un fracaso; porque sólo han conseguido sacar a los suyos, incluso puede que únicamente a los muy suyos.

Por mucho que las caceroladas más anunciadas y promovidas mediáticamente de nuestra historia se hayan querido presentar como un movimiento de vecinos, o a quienes las han criticado se les haya tildado, a la vez y en abierta contradicción, como progubernamentales, radicales ultraizquierdistas y antisistema, la verdad siempre acaba encontrando su camino. Tal vez ocurra lo mismo con muchas de las cosas que se han dicho y oído respecto al ya mítico pacto con Bildu.

A lo mejor les sorprende leer esto, pero creo que el principal error del Gobierno no fue pactar con Bildu, incluir la reforma laboral o ponerle un plazo que todos sabemos era simbólico. El verdadero traspié consistió en rectificar el acuerdo y hacerlo a medianoche. La equivocación no reside en jugar a la geometría variable, la verdadera falta consiste en hacerlo sin estar listo para aguantar las presiones y el esfuerzo que exige.

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Hemos entregado nuestro hogar a los cazadores furtivos

Un elefante en la sabana africana

Todos los amantes de la naturaleza somos africanistas. Más allá de su impresionante biodiversidad, nada de lo que ocurre en nuestro continente de origen, el lugar donde el ser humano echó a andar, nos es ajeno. Por eso llevamos tan mal la alta traición que estamos cometiendo con África.

De todos los libros que despertaron mi pasión por ella destaco El primer antepasado del hombre, de Donald Johanson, donde el gran paleoantropólogo norteamericano narra el hallazgo de Lucy: el famoso esqueleto de australopiteco descubierto en Etiopía y datado en más de tres millones de años.;

"La mañana del 30 de noviembre de 1974 me desperté al amanecer, como suele sucederme cuando estoy en una expedición sobre el terreno". Así arranca el relato de una jornada que cambiaría para siempre nuestra historia: la historia del ser humano.

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Portugal, una sociedad avanzada

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Marcelo Rebelo de Sousa, presidente de Portugal, haciendo la compra en un supermercado.

Esta foto del presidente de la Republica Portuguesa en pantalón de deporte y haciendo cola para entrar a comprar en un supermercado ha hecho las delicias fuera de Portugal, no así en su tierra, donde la mayoría de la población considera normal que los servidores públicos traten de su vida domestica y a la parte que resta de esa mayoría simplemente no le interesa quien compre las patatas, los plátanos y el yogurt en cada casa, sea ésta la de un político o la de una estrella de TV. A veces la educación tiene estas cosas, implica no inmiscuirse en lo que es ajeno a las funciones propias de la representación política, ésas sí bien claras, delimitadas por leyes y objeto de escrutinio democrático. Donde, por supuesto, no entra la compra en el supermercado, por más que llame la atención en España. Varias veces, en los lejanos 90, vi al presidente Jorge Sampaio empujando el carrito de la compra y Sampaio, al contrario que Marcelo Rebelo de Sousa, no es expansivo y coloquial, simplemente usaba la normalidad que algún día habrá que adoptar en España, ahora que ya no existe el terrorismo y los coches oficiales con corbatas a juego no molan tanto.

Por supuesto, la naturalidad de la foto y los elogios que han recibido miembros del gobierno y de la oposición de Portugal por su comportamiento durante los días duros de la pandemia no se pueden traducir como ausencia de turbulencias en la vida política portuguesa: las hay y no son pequeñas. En breve, según todos los oráculos, habrá una crisis de gobierno en Portugal no atribuible a maniobras oscuras sino a la propia dinámica de la política. Se da por hecho que saldrá del gabinete el todopoderoso ministro de Finanzas –y presidente del Eurogrupo- Mario Centeno, tras la polémica desatada por un préstamo legal, aunque inoportuno y mal explicado, a un banco en venta, el Novo Banco, antes Banco Espíritu Santo, que quebró hace seis años porque sus dueños y gestores se creyeron que eran Alicia en el país de las maravillas, donde todo les estaba permitido y todo hicieron. Ahora, mientras los antiguos dueños enfrentan penas de prisión y condena social, el banco surgido de aquellas cenizas acaba de recibir un crédito del estado, uno más, de 850 millones de euros. No era el momento para hablar de créditos bancarios, por eso el primer ministro Antonio Costa trató echar balones fuera en el parlamento argumentando con auditorias y plazos futuros cuando el crédito ya estaba otorgado y había pasado los trámites legales de rigor. Evidentemente saltaron todas las alarmas políticas y mediáticas, el escándalo estaba servido, era ignorancia impropia de un gobernante o mentira más impropia todavía, urgía aclarar y se aclaró porque la política es el arte de conciliar lo que parece imposible, así que Costa y Centeno se sentaron a trabajar y salieron de la residencia oficial con un comunicado conjunto, asumiendo errores de interpretación y dejando clara la situación. Hasta estuvieron a punto de darse un abrazo rompiendo la distancia social impuesta para todo hijo de vecino… El problema existió, la solución también existía, Centeno saldrá del gobierno cuando se presenten los presupuestos generales del estado, tal vez dirija el Banco de Portugal, lo importante es que el asunto se abordó sin desenterrar hachas de guerra y avanzado en vez de retroceder.

Más escenas de la vida social y política portuguesa que contrastan con las caceroladas y la tensión española y ponen de manifiesto que los problemas se pueden resolver sumando en vez de con la terrible resta que tanto nos asustaba en la escuela, "si fulanito tiene 7 y menganito le quita 4", y tan traumática sigue siendo desde entonces. Ocurre que en Portugal habrá elecciones para la presidencia de la republica el año próximo, o sea, ha empezado la campaña aunque todavía estemos en estado de alarma por la pandemia. Lo normal en los procesos electorales es que cada partido presente su candidato, pero puede ocurrir que quien ejerce la función se haya granjeado las simpatías de los ciudadanos, independientemente de sus opciones ideológicas. Pasó así con el socialista Mario Soares, que en la reelección para el segundo mandato recibió el voto del partido antagónico, el PSD, y ocurre ahora con Marcelo Rebelo de Susa, que siendo del PSD será votado por el partido socialista, con Antonio Costa a la cabeza entre otras altas autoridades de la nación, que ya le han manifestado su respaldo. ¿Se entiende este comportamiento en la dura España? ¿Y si añado que el voto del primer ministro al presidente se hizo público en una reunión de apoyo a la industria, ambos rodeados de personas variopintas, en cordial convivencia, con cámaras de TV y sin protocolos? Con la naturalidad con que los días suceden a otros días. Claro que tras la aparente espontaneidad hay estrategias de comunicación, pero, insisto, son estrategias que convidan a sumar, que ya tenemos otros problemas que nos restan vida y armonía. Más tarde vendrá la campaña, habrá otras candidaturas, se discutirá porque la vida, afortunadamente, es plural, pero esa escena de convivencia interpartidaria, y más en época de pandemia, marca una forma de estar en la vida.

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Intelectuales de cal y lejía

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Manifestación de Vox en Madrid contra el Gobierno

El día que Julio Anguita reapareció en un mitin político en marzo de 2015 en Málaga lanzó una petición que sonaba más a lamento que a exigencia. Apelaba a los intelectuales, al compromiso con su pueblo: "Apelo a los intelectuales, ¿dónde puñetas estáis, que no os comprometéis para sacar de la inmundicia a nuestro país? ¿Dónde están aquellos intelectuales que con José Ortega y Gasset firmaron el manifiesto por la República? ¿Dónde estáis? ¿Estáis al lado de vuestro pueblo? ¿Al lado de qué estáis? ¿Del mercado, de la competitividad, del euro?".

En España hay una serie de intelectuales, plumillas y personajes de todo cuño que enarbolan lo que podría considerarse la doctrina "Chaves Nogales", que no es más que la perversión del cronista que confunde mirar con objetividad los hechos con poner en igualdad de condiciones al agresor con la víctima, al golpista con el demócrata, al criminal con el garante de lo colectivo. En definitiva, que quieren ser Chaves Nogales pero no son más que cobardes que no soportarían una campaña de difamación y amenazas de la extrema derecha. Se pretenden intelectuales elevados pero no son más que acojonados. El miedo es libre, pero cuando se quiere esconder en una ficción de dos Españas intolerantes que no les permite expresarse produce sonrojo y conmiseración.

Quieren ser incluidos en la Tercera España, ni con los hunos ni con los hotros, ni con los que enarbolan proclamas de odio ni con los que defienden una sanidad gratuita, de calidad y para todos sin importar el origen o la cuenta corriente. Porque esa es la dialéctica de nuestros días y la que exige compromiso. Con la solidaridad o con la barbarie. El trampantojo de equiparación que necesitan construir para no mancharse es la marca de distinción que les permite vivir en un mundo de superioridad y soberbia, mientras otros tienen que mirar a ambos lados de la calle cuando salen a comprar el pan. Este tipo de intelectual con querencia de proximidad al poder, que calienta y produce grandes beneficios, suele, además, intentar insultar al que se posiciona y compromete con el calificativo, para ellos despectivo, de combativo. Como si fuera una mácula que le separase de la verdad y los hechos, cuando no hay más clarividencia ante el momento histórico que poner pie en pared cuando la intolerancia avanza.

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Nuestra vida en almoneda

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"Ni follan ni se quitan de encima"

Dicho popular andaluz

Si no ha sido ahora, no será nunca.

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¡Es la economía, estúpido! y es la corrupción moral

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Manos

He dudado si comenzar esta columna por el principio o por el final de lo que estimo se debe hablar. Lo haré por la conclusión, una de ellas, de la cadena que se inicia mucho más atrás. Se nos ha roto el alma –a quienes la tenemos – al ser cuantificada la cifra de 62 ancianos que han muerto en Madrid, solos, en su casa. Los han encontrado los bomberos. Atentos a los lances políticos o similares, no se prestó atención al parecer a todas las señales de alarma previas. Los bomberos de Madrid venían abriendo un 50% más de puertas en la capital desde marzo. Y encontraron dentro personas muertas o enfermas. Muchos ancianos entre ellos. Se sumaban a la masacre ejecutada en las residencias de ancianos. Más de 11.700 de los recluidos en geriátricos han muerto por coronavirus o con síntomas compatibles. La mitad en Madrid. En ellas, algunos pasaron de la cama a la morgue, sin tránsito siquiera por el hospital. En la Comunidad de Madrid han muerto en sus casas durante la pandemia 847 personas.

Es el final, en efecto, de una concepción de la vida basada en el egoísmo y en situar la rentabilidad económica como prioridad absoluta de las sociedades, relegando la búsqueda del bienestar de las personas que las componen.

Andrea Fabra, diputada del PP, 2012

Andrea Fabra, diputada del PP, 2012

Porque vamos ahora, si me acompañan, a uno de los comienzos, que no principios que de esos anda el Poder en la sombra bastante falto. A aquel día de julio de 2012, donde Andrea Fabra, diputada del PP por una familia de relevantes pringados por corrupción, dijo ante un recorte a las prestaciones de los parados: "Que se jodan". En febrero, apenas llegado Mariano Rajoy al Gobierno, ya habían aprobado la Reforma Laboral contra los trabajadores más lesiva de la democracia. Consagró el despido barato, la supresión de derechos laborales consolidados y precarizó de forma alarmante el trabajo en sí. Llegaron los asalariados pobres, sin recursos para afrontar pagos esenciales pese a tener un empleo, y se intensificó el éxodo de muchos jóvenes a los que además se les exigió el voto rogado para poder ejercer su derecho.

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Ideas para mejorar el mundo

Una ciclista en Logroño.

"Cuando los bomberos entraron en la casa a través de una ventana escucharon el sonido de una radio encendida. El ruido los guió hasta una habitación cerrada. Dentro encontraron el cadáver de un hombre tumbado en la cama, como si la muerte lo hubiera sorprendido en mitad de la siesta. Llevaba las gafas todavía puestas y un transistor Sony apoyado en el hombro."

Así encontraron a Chema Candela, periodista deportivo de Radio Nacional de 58 años, como cuenta en esta crónica en El País Juan Diego Quesada, dura, precisa e importante como todo lo que hace este reportero, con algunas historias de las más de 800 personas que han muerto en sus casas en Madrid por la pandemia.

Esto es lo que hemos vivido. Esto es lo que puede seguir pasando mientras no haya remedio contra el virulento virus.

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El PP: ¿destino Bolsonaro?

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Cuando el PP ganó las elecciones en 1996, hasta higiénico me pareció. Estaba harto de la corrupción del PSOE, de los GAL y su desidia en cuestiones como el aborto. Entre 1996 y 2000 no tengo recuerdos políticos, ni buenos, ni malos. Después de dejar a media España asesinada, en la cárcel, "depurada" o en el exilio, la derecha con raíz franquista había vuelto al Gobierno y se comportaba como cualquier otra derecha europea, hablando catalán en la intimidad y sentándose a negociar con ETA.

Con la mayoría absoluta de 2000 empezaron los problemas, como el apoyo a una guerra basada en mentiras, con el 80% de la población en contra. El remate fue el trauma de 2004. La duda era si repetirían mayoría absoluta, no si dejarían de gobernar. Pero el atentado del 11M, pocos días antes de las elecciones, rompió los escenarios con los que trabajaban. En vez de reconocer lo que había pasado, decidieron, en contra de la evidencia policial, construir la versión de que había sido ETA (apoyada por el PSOE en la versión más lisérgica). La frustración llevó al PP a la irracionalidad, a narrativas que no se sustentaban en hechos.

Este delirio vino acompañado con una campaña política sin sentido patriótico, donde todo valía para derribar al Gobierno. Lo acusó de estar tras un atentado terrorista, y a Zapatero de insultar a las víctimas de ETA, sí, al presidente que logró que ETA dejase de matar, o ante la mayor crisis económica desde la Guerra Civil, la mayor vista en el mundo en décadas, votaron para que España se hundiera, que ya la levantarían ellos, según Montoro.

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