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Los lazos de nunca acabar

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Operarios colocan una nueva pancarta en el Palau de la Generalitat

Aunque están integradas mayoritariamente por jueces o magistrados, las Juntas Electorales no son órganos judiciales, sino órganos administrativos. Constituyen la Administración Electoral del sistema político ordenado jurídicamente por la Constitución de 1978. Es una de las piezas que mejor ha funcionado en dicho sistema político. La vigilancia del proceso electoral, la garantía del ejercicio de las libertades públicas en el transcurso del mismo y la regularidad del escrutinio que permite la proclamación de unos diputados y senadores electos sin sombra de fraude alguna, se han impuesto de manera indiscutida.

Las Juntas Electorales gozan, en consecuencia, de un merecido prestigio. El mejor elogio que puede hacerse de ellas, como de los buenos árbitros de las competiciones deportivas, es que su presencia pasa desapercibida. Así ha sido en todas las elecciones celebradas hasta la fecha. Incluso en las generales de 1989, en las que en las Provincias de Murcia y de Pontevedra, las decisiones de proclamación de candidatos electos por las Juntas Electorales fueron anuladas por las Audiencias Provinciales respectivas, el Tribunal Constitucional acabó anulando las sentencias de dichas Audiencias y dando por bueno el trabajo de las Juntas Electorales Provinciales.

Es importante que lo sigan manteniendo. Con la crispación que hay en la vida política española, pocas cosas serían más corrosivas que la pérdida de confianza en los árbitros electorales. Para ello es importante que ejerzan las funciones que tienen atribuidas con celeridad y determinación. No pueden titubear en el ejercicio de las mismas, porque el titubeo se traduce en merma de autoridad.

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El Estado siempre empapela

Alguien dijo que uno de los principales errores de estrategia del independentismo catalán fue el de menospreciar la fortaleza del Estado, quizás confundiendo la política del gobierno de Rajoy, con lo que es el estado en sí.

Esta es una discusión antigua, que viví en mis primeros años de periodista, con el tema del GAL. Recuerdo una mítica entrevista de Iñaki Gabilondo a Felipe González, en la que lo va acorralando a preguntas, cargo por cargo para determinar qué era y qué no era Estado. Obviamente estaba en juego la denominación de terrorismo de estado y González intentaba esquivar responsabilidades.

Hemos visto también la diferencia entre Estado y Gobierno en el juicio contra los líderes independentistas del "procés". Ni el presidente, ni la vicepresidenta, ni el ministro de interior parecían saber u ordenar nada en los hechos de finales de septiembre, principios de octubre que ahora se juzgan. Una vez más el secretario de Estado parecía ser quien estaba al mando. Algo poco coherente con la situación de rebeldía y violencia que la fiscalía pretende probar. Igual que la Generalitat, una institución del estado, funcionó perfectamente con la aplicación del artículo 155. La maquinaria funciona aunque siga sin un gobierno que gobierne..

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El sueño de los robots produce monstruos

Un robot con pantalla, controlado a distancia por un médico, comunicó a un paciente que su muerte era inminente. Ocurrió en un hospital de California, en el Centro Médico Kaiser Permanente en Fremont, ante la estupefacción del paciente y su nieta, que se encontraban en la habitación. La calidad del sonido era baja, por lo que la nieta tuvo que repetir en sus propias palabras lo que había dicho el robot a su abuelo, con problemas de audición, para que así pudiera enterarse. Posteriormente, la nieta declaró a los medios: "Iba a perder a mi abuelo. Sabíamos que esto iba a pasar y que él estaba muy enfermo. Pero no creo que nadie deba recibir las noticias de esta manera. Debería haber sido un ser humano".

El hospital ha reaccionado publicando la siguiente declaración: "En nombre de Kaiser Permanente y de nuestros cuidadores en Fremont, ofrecemos nuestras sinceras condolencias. (...) Nuestro personal de atención sanitaria recibe un extenso entrenamiento en el uso de la telemedicina, pero la tecnología de vídeo no se usa como un sustituto para las evaluaciones en persona y las conversaciones con los pacientes. En cada aspecto de nuestros cuidados y especialmente al comunicar una información difícil, lo hacemos con compasión de forma personal. Esto es una circunstancia muy inusual. Lamentamos defraudar las expectativas del paciente y la familia en esta situación y usaremos esto como una oportunidad para revisar nuestras prácticas y estándares en el equipo de atención médica".

Este suceso ilustra perfectamente uno de los principales riesgos del uso de la telemedicina: la deshumanización de la práctica médica. Al igual que un bisturí, la telemedicina es una herramienta más de la medicina. Como tales utensilios, su buen o mal uso son los que van a determinar si suponen un beneficio o un perjuicio para las personas. En "Futuro de la fusión entre la medicina e Internet" explicaba que la telemedicina se presenta como una potente herramienta que hace posibles la atención médica y las cirugías a distancia, el seguimiento y análisis remoto de las constantes vitales de pacientes o, quizás en el futuro, la predicción de epidemias.

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Esclavos del like

Una joven accede a una red social desde el móvil.

La celebrity Kim Kardashian, que alcanzó la fama como carne de reality show y cuyo trabajo actual consiste en anunciar y exponer perfumes y marcas de maquillaje, anda muy preocupada por una psoriasis. Y, como no, lo cuenta en su Instagram con fotos incluidas.

Para demasiada gente, y más entre los jóvenes, figuras como Kardashian se convierten en su referente y redes como Instagram o Facebook son el escaparte en el que exponen su vida a la aprobación de los demás. Esta gente se siente presionada para crearse una identidad pública y expansiva tal y como la tienen los famosos que ven en los medios de comunicación. Esa exposición, como ya dijo Zygmunt Bauman, sería su equivalente a la revista '¡Hola!', templo referente de culto a la celebridad. Necesitados de autoestima, y a modo de revista de celebridades para pobres, el formato de las redes se convierte en la plaza pública donde se te saluda, se te sonríe o se te aplaude como antes sucedía en una discoteca, una plaza del pueblo o un paseo por el bulevar del centro de una ciudad. Un "me gusta" ha pasado de ser un gesto de simpatía de alguien hacia ti —o a tu mensaje concreto en la red— a un signo de integración social y, posteriormente, una obsesión para muchos jóvenes necesitados desesperadamente de reconocimiento en un mundo, el virtual, en el que se sienten más desenvueltos que en el real.

El resultado, los medios nos dan ejemplo a diario, son personas esclavizadas por su perfil: subiendo fotos cada vez más espectaculares (con menos ropa, en lugares más insospechados, con selfies con compañías más envidiables), respondiendo diligentemente a los reconocimientos de los demás para mantener su fidelidad, compartiendo sus "éxitos" para seguir promoviendo su maquina de autoestima. En definitiva, personas inseguras que hacen lo imposible por no parecerlo.

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Contraargumentar… ¿Hasta dónde?

Santiago Abascal (Vox), Cristiano Brown (UPyD) y Pablo Casado (PP) en la manifestación de Colón.

Creo que estamos llegando al punto de la obsesión al tratar de responder y contraargumentar cada una de las provocaciones y barbaridades que dicen los Abascales y Casados. Es cierto que mientras al primero le florecen cada vez más capullos (primaveralmente hablando) que son la prolongación de sí mismo, al segundo le veo cada día más solo y con escasa creatividad.

En todo caso, salta a la vista que buscan, quieren y NECESITAN que los medios y las redes sociales hablen de ellos. Cuanta más atención y crispación capten, para ellos, es mucho mejor. Les da igual que esta notoriedad los lleve a mínimos en su valoración pública como líderes políticos. No buscan ese tipo de popularidad. Son como termitas que viven gracias a cada minuto y artículo que les dedicamos (como este) y del desgaste emocional que nos genera tener que aguantar, a estas alturas, cómo (por ejemplo) Susanna Griso entrevista y da carrete (aunque sea para enfrentarse) al Sr. Paz y sus disparates contra las personas que somos LGTBI. Qué necesidad, de verdad. ¿Dónde está el valor informativo ahí?

Está claro que en esta carrera por ser el más nombrado, a Casado se le ve algo más estresado que a Abascal. Normal. Hace tiempo que se ha perdido entre los distintos papeles de líder que cree tener que representar para agradar al gran Aznar. Entre otras cosas, Casado se ha lanzado a ofrecer pactos y acuerdos a precio de saldo porque no puede permitirse perder un voto más. Le da igual alejarse de la línea roja que acaba de fijar el Partido Popular Europeo, que ha dicho que nada de guiños ni manos tendidas al populismo de la ultraderecha.

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El algoritmo mata la democracia

Un superordenador

Aún no ha empezado la campaña pero estamos en campaña. Llevamos años en campaña y esto no cambiará. Hay que acostumbrarse, no lamentarse. El siglo ha despertado y trae realidades nuevas, cambiantes, líquidas y también inaprensibles. O no lo son y simplemente se ha complicado infinitamente la posibilidad de saber quiénes somos, qué hacemos, quién nos dice qué y con qué efectos. En todo caso la democracia tal y como la conocemos sólo puede basarse, todos lo hemos estudiado, en una opinión pública informada y libre. Sólo un ciudadano con acceso a los datos reales y pertinentes para formar libremente su criterio es el ciudadano de una democracia liberal. Hasta ahora hemos peleado mucho para que la información pudiera fluir de forma libre y sin censuras pero ahora nos encontramos con el problema no sólo de un excesivo flujo sino de que nos hemos quedado sin guardias que ordenen el tráfico o, por ser más precisos, hemos dejado que sea el capital el que se otorgue esa función a sí mismo.

Cuatro o cinco empresas establecidas a nivel mundial tienen el poder de decidir qué vemos con seguridad y qué no vemos porque se pierde en el fárrago del tráfico. Esa es la realidad. No son ya los sistemas los que nos censuran sino que es el modelo de negocio de unas pocas empresas, ni siquiera de la mayoría, que se han atribuido no sólo el derecho a hacerlo sino que se han asegurado de que su decisión no tendrá consecuencias ni responsabilidad. Algo inaudito. Ninguna empresa periodística ha tenido jamás el poder de ser irresponsable. Ninguna.

El problema no son los algoritmos sino la mente humana que los diseña. Lo hace perfectamente para lograr sus objetivos que son mantenernos cuanto más tiempo mejor en sus dominios aprovechando los conocimientos que tienen de nuestro funcionamiento cognitivo y de los sesgos que traemos de serie. El algoritmo tiene su lógica y nos la impone a nosotros como individuos y a nuestros sistemas sociales y políticos por ende. Un importante e inteligente empresario de este país me decía hace poco: “¿por qué todo el mundo ha asumido que esas concretas empresas pueden imponernos su modelo de negocio a todos?, porque es su modelo de negocio y no otra cosa”. Su modelo de negocio no nuestra libertad ni nuestra democracia ni nuestro modelo de mundo.

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Se está jugando con fuego

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Santiago Abascal, Pablo Casado y Albert Rivera

"Son trucos electorales, del tipo de los que hizo Steve Bannon para Trump". "No hay que darles pábulo, eso es lo que ellos quieren". Además de la sorpresa y la indignación, esas son las reacciones que están provocando las barbaridades que salen de la boca de las gentes de Vox. Sí, no hay que exagerar, ese tipo de cosas suelen pasar en las campañas electorales. Pero si el sentido de lo que dicen las huestes de Santiago Abascal empieza a coincidir con los mensajes del PP, cabe preocuparse un poco o bastante más. Y eso es lo que está ocurriendo.

Porque Cayetana Álvarez de Toledo ha afirmado que el procés es un golpe de estado más grave que el 23-F y eso, aparte de ser una mentira flagrante, también conlleva la clara pretensión de reducir la importancia de la intentona de Tejero, Milans y otros muchos más, un baldón que pesa sobre la derecha española. Y porque hace unos días, Pablo Casado reverdeció la teoría de la conspiración en torno a los atentados de Atocha y prometió que cuando sea presidente del gobierno reabrirá otra vez el asunto. Como si eso no fuera un desacato a la justicia, que sentenció en firme sobre la cuestión. Y solo para borrar el error garrafal que entonces cometió Aznar.

Y porque en la campaña de las elecciones andaluzas el hoy líder del PP avanzó ideas sobre la inmigración que no distan mucho de las Vox. Es cierto que no ha vuelto a sacar el tema, pero lo dicho dicho está y puede volver a decirse de nuevo. Lo mismo que sus críticas, incoherentes y confusas pero críticas a la postre, a las leyes contra la violencia de género y de protección de los derechos de la mujer.

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Otra justicia

Protesta frente al Palacio de Justicia de Pamplona, en Navarra

Estábamos alrededor de una sencilla mesa con comida, cuando Silvia Federici dijo: ¿Pero qué se pide aquí? Aquí no en el bar, aquí en España. ¿Qué está pidiendo el movimiento feminista en España?, nos increpó la autora de Calibán y la bruja. Algunas de las que estábamos comenzamos a contestar que pedía justicia, una que no fuera patriarcal, que escuchara y fuera empática con las víctimas. ¿Cárceles, penas, sentencias?, repreguntó visiblemente incómoda Silvia Federici. Nosotras la miramos, nos miramos y bueno, un poco sí va de esto la cosa, asentimos, aunque no solo de eso. Federici vive en Estados Unidos, donde hay pena de muerte, y una de sus causas colectivas es luchar contras las prisiones y reivindicar una justicia no punitiva desde el feminismo.

Tratamos de balbucear que hasta hace pocos años en España no se reconocía la violencia de género como un tipo de violencia específica. Y nada nos garantiza que no volvamos atrás. Hay un partido que quiere llegar al poder con un programa que pretende negarla otra vez. Que parte del trabajo del feminismo aquí es convencer a la sociedad de que la violencia machista es sistémica y que no puede permanecer más tiempo impune. No es muy distinta de la manera en que el feminismo de Ni una menos, en América Latina, ha enfocado el problema. Que es el Estado, al no poder brindar protección, al que reclamamos para los agresores escarmientos proporcionales a sus daños.

Ella levantó el dedo hacia nosotras y lo movió ante nuestras narices para negar: No, no, eso no. Y comenzó a hablar de la necesidad de buscar otro tipo de justicia, una que no reproduzca las mismas violencias que denunciamos, la misógina, la racista, que en instituciones como el sistema penitenciario son virulentas y nunca tienen un efecto verdaderamente transformador. Hace poco lo vimos con el caso del asesino de su esposa que salió de la cárcel para matar también a su amante y abogada defensora. La posición de Federici coincide con la de Angela Davis, que en su reciente visita a Madrid, también cargó contra la represión policial y carcelaria.

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Desdomesticados

Como especie evolutiva que somos los de la raza humana, que no quiere decir que todos los humanos seamos moldeables, empáticos y resilientes, lamentablemente, todos los que por aquí tenemos una edad recordamos algunos de los castigos que se aplicaban en el colegio hace algunos años. Yo soy de la generación del cara a la pared y el copia mil veces no volveré a contestar mal. Y eso ya suponía una evolución interesante a los castigos que habían sufrido mis mayores, que siempre me explicaron aquello de juntar los dedos de la mano para recibir un reglazo, e incluso aquello tan vergonzante de las orejas de burro para quien no se sabía la lección. Por suerte, hemos evolucionado y en las escuelas de hoy se promueven prácticas que inculquen alguna cosa más que la vergüenza, el escarmiento o el dolor. Síntoma de que somos el mejor de los animales, aunque algunos se calcen las orejas de burro cada mañana, y sin darse cuenta.

La política de nuestros días parece estar haciendo una regresión a aquellos tiempos de la mano dura y el vas a aprender de golpe, y con ella también, arrastra, parte de la opinión pública. De todo lo que tienen las redes sociales, el uso doméstico de la tecnología, lo más malo es que nos acostumbra a la cadena impaciente del impacto-reacción. Todo lo queremos ya, sobre todo tenemos una opinión inmediata, y lo que es peor: muchos sienten la necesidad de compartirla para obtener un feedback igual de poco meditado para que en cinco minutos tengamos el ego empachado. Gustar es muy placentero, por algo somos animales sociales, pero en exceso le provoca diarrea al ego, que va abonando la intolerancia y la severidad. A más likes, más chulos nos ponemos, más perspectiva perdemos, se nos afilan los colmillos y nos sale ese pelaje negro de nuestros antepasados. Nos estamos desdomesticando, con permiso de la RAE. Volvemos al blanco o negro, que tanto nos recuerda a los tiempos del blanco y negro. Menos tolerantes, más severos. Y esa actitud la ha comprado buena parte de la política de hoy.

Todo es muy grave siempre, todo es un atentado siempre, todo es una amenaza siempre, todo es un descaro siempre, todo es un jamás, todo es un yo nunca. Todo es motivo de afrenta siempre, y no hay puentes que puedan unir orillas. Los pocos que hay soportan tanto peso de la política y la opinión pública de lo inmediato, que se caen. El griterío es tal que a los domesticados casi ni se les oye, porque entre que levantan la mano, piden permiso e intentan matizar se les echan encima y su voz se apaga: ya no han podido opinar. Gana la bronca. Estamos perdiendo los matices, el saber estar, el escuchar, el discrepar. Y el construir. Siempre al ataque, como los del pelaje negro. Qué tiempo tan ruidoso.

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15 datos que dicen que la idea de Vox de legalizar las armas es una locura

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El líder de Vox, Santiago Abascal, durante una intervención en un acto del periódico 'La Razón'

Santiago Abascal sigue tuiteando, pero hace tiempo que no responde a preguntas de los periodistas. Eso por supuesto si no contamos con la entrevista exclusiva que acaba de conceder a Armas.es, el autodenominado “periódico líder mundial sobre armas en español”. Allí ha explicado por qué los españoles deberíamos tener derecho a tener pistola y lo ha hecho con una serie de argumentos que son los mismos que ya se han mostrado desastrosos en otros países.

Tengamos un dato claro para empezar: un estadounidense tiene 24 veces más posibilidades de morir de un disparo que un español. Y en los otros dos países donde existe el derecho constitucional a portar armas, México y Guatemala, el ratio de muertes violentas multiplica por 25 o por 50 el que tenemos en España. A partir de ahí, entremos en harina.

“Los españoles honrados tienen todo el derecho a defenderse”

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