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Dos hombres y un destino

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Sánchez e Iglesias en el Congreso de los Diputados.

El movimiento de Pablo Iglesias este lunes por la mañana, después de oír la entrevista a Pedro Sánchez, fue cambiar la foto de Telegram y poner a Lester Freamon. El actor de la serie 'The Wire' se caracteriza por la estrategia de "saber esperar". Si preguntas por este movimiento anecdótico en el teléfono móvil de Iglesias, te dicen: "Seguid el rastro del dinero y tened paciencia". En Unidas Podemos consideran que "resistir será ganar".

La dirección de Unidas Podemos cree que Pedro Sánchez terminará aceptando los términos que plantea Pablo Iglesias, porque al presidente en funciones "no le queda otra". Piensan que PP y Ciudadanos no le echarán una mano y Sánchez no arriesgará su presidencia volviendo a las urnas. Consideran que el PSOE debe adaptarse y respetar que los votos de Podemos valen una representación proporcional en el gobierno, sin vetar a nadie.

Pablo Iglesias cree que Pedro Sánchez terminará aceptando que Unidas Podemos esté en el Consejo de ministros "sin vetos". Para el PSOE, eso es un eufemismo para no decir "con Iglesias dentro". Los socialistas consideran que lo que está en juego es que el líder de Podemos entre en el gobierno, aunque él no lo diga públicamente. Es "el elefante", justo la imagen que Pablo Iglesias tenía antes en su Telegram: el gran tabú que estaba dentro de la negociación, aparentemente sin verlo, ni mencionarlo.

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El (presunto) espionaje de Estado y las humildes personas

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Se queja Josep Borrell, ministro en funciones de Asuntos Exteriores, de que el independentismo catalán ha organizado una campaña de desprestigio contra su persona ante las instituciones europeas. “Contra mi humilde persona”, ha dicho, literalmente, en su intervención de cierre de las jornadas de la Escuela de Verano socialista. La verdad es que, echando la vista atrás, puede decirse que a su desprestigio en Catalunya y en Europa el propio Borrell ha aportado bastante gasolina. Pero el colmo es que su queja se produzca en pleno escándalo sobre el (presunto) espionaje de su Ministerio a las delegaciones de la Generalitat en el exterior; es decir, a sus embajadas en Alemania, Reino Unido y Suiza. Su (también presunta) humildad más bien parece un cinismo de especial gravedad: estamos hablando de intervenir cuentas de correo electrónico ajenas; en este caso, de la Administración catalana.

Una vez más, no hay límites, ni políticos ni legales ni judiciales ni morales, en la represión españolista del soberanismo catalán. Lo mismo se aplica el artículo 155 que se amenaza con su indefinición, que se muele a palos a la ciudadanía, que se encarcela a políticos y agentes sociales, que se escenifican juicios donde queda en evidencia la parcialidad de jueces y fiscales, que se hackea (presuntamente) un gmail. No limits, my friend, la cloaca es la cloaca. Por eso Moncloa dice que no hay nada “censurable” en que la Abogacía del Estado incluya “información reservada” en la documentación que ha aportado a la causa para el cierre de las delegaciones catalanas. En pomposos términos de Estado se denomina así, información reservada, a lo que hablando en la plata de la calle se conoce como espionaje. Que te espíe el correo tu novio, tu jefe o cualquiera es un delito tipificado en el Código Penal que llega a estar castigado con penas de prisión. Que (presuntamente) te espíe el Ministerio de Exteriores es, según Isabel Celáa, portavoz del Gobierno en funciones, que el Gobierno ejerza “su competencia”. La indefensión es total.

Borrell dice que no hay espionaje porque no hay embajadas. Un mero juego dialéctico para eludir la gravedad de la cuestión. Con ello, jugando con las palabras, viene a ratificar que vale todo, que no hay límites en lo que respecta a la represión del proceso soberanista catalán, al que él llama -al mejor estilo de Ciudadanos, PP, Vox y Mario Vargas Llosa- “defensa de la unidad de España”. Para los intereses de esa unidad se vale además el Ministerio de Asuntos Exteriores de un cuerpo diplomático cuyos embajadores expresan opiniones personales, subjetivas y hasta insultantes, y que el Gobierno ha añadido también, sin el más mínimo recato, a la documentación entregada al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya. Que el resultado del espionaje se aporte como prueba procesal aboca a la ciudadanía y a sus instituciones a un abismo de abuso de poder.

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Nos toman por tontos

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. EFE

Los líderes políticos españoles llevan dando vueltas en la misma rotonda desde hace cuatro años sin que nadie encuentre una salida y nos tienen atrapados a todos los demás en este tiovivo infernal.

No nos engañemos: los políticos siempre han jugado con las palabras y siempre han pensado que a los ciudadanos es mejor no decirles toda la verdad. Eso no es cosa de la nueva política; ahora bien, lo de estas últimas semanas está superando todos los límites.

Vivimos en el bloqueo permanente y lo peor es que nos toman por tontos. Ciudadanos queriendo los votos de la ultraderecha pero sin que se note; el PSOE de Sánchez calificando ahora de honorables a los socialistas a los que llamaban traidores hace tres años por abstenerse ante Rajoy; Casado olvidándose de que dijo que no impediría un gobierno del PSOE si se daban las circunstancias que ahora tenemos; Podemos intentando darle un barniz de dignidad herida a una estrategia legítima pero que pasa pura y simplemente por conseguir ministerios, porque creen que se juegan su futuro; y Vox, a lo suyo, soltando su veneno político contra los colectivos más desprotegidos.

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La investidura no es negociable

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Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en la Moncloa

La dirección de Unidas Podemos debería haber entendido desde la noche del 28A, pero, sobre todo, desde la del 26M, que la investidura de Pedro Sánchez no podía ser objeto de negociación. Tenía que haber dejado claro desde el primer momento que Pedro Sánchez contaría en todo caso con los 42 escaños de Unidas Podemos. Esta era la condición previa de cualquiera de las negociaciones posibles para fijar una línea de dirección política del país a lo largo de la legislatura, en la que una mayoría clara de la sociedad española integrada no solamente por el conjunto de la izquierda  pudiera reconocerse.

Estamos donde estamos y venimos de donde venimos. La sociedad española el 28A rechazó con claridad la alternativa del 155, que era el punto de encuentro de las tres derechas para el futuro inmediato. Una suerte de estado de excepción autonómico permanente era el escenario que se contemplaba por Casado, Rivera y Abascal en el caso de que hubieran podido formar Gobierno tras el 28A. Nada nos permite pensar que no sigue siendo una alternativa en la que sigan pensando, aunque tras la decisión del Tribunal Constitucional, los márgenes para su aplicación son algo más estrechos de los que ellos tenían en la cabeza. La integración de Catalunya en el Estado sigue siendo el problema más importante con el que tiene que enfrentarse la sociedad española.

Quiero decir con ello que la amenaza del 155 sigue estando ahí y que no hay nada más importante en esta legislatura que crear las condiciones para que esa amenaza no forme parte del escenario de la política española. Hay que formar un gobierno con el que puedan tejerse las complicidades suficientes como para que no se pueda volver a pensar que de esa manera se puede dirigir democráticamente la sociedad española, en la que conviven "nacionalidades y regiones" muy diversas.  

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Alguien tiene que decirlo

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Pablo Iglesias y Pedro Sánchez

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias pueden estar completamente seguros de una cosa: sus electores no votaron esto que está pasando, menos aún lo que amenaza con pasar. Menos esta certeza absoluta, todo lo demás es relativo. A partir de ahí, deberían pensar con cuidado sus pasos.

¿Tiene razón Pedro Sánchez al reclamar que el presidente tiene derecho a elegir a los miembros de su gabinete y que han de ser personas de su confianza, que entiendan las renuncias y compromisos que se contraen al formar parte de un gobierno? Sin duda. ¿Tiene razón Pablo Iglesias al demandar que en un gobierno de coalición no debe haber vetos y ambas partes deben tener un margen de autonomía suficiente para tomar sus decisiones? Por supuesto que sí. Pero esto no va de tener razón, va de llegar a acuerdos y compromisos entre razones diferentes. Además, ninguno de esos argumentos constituye realmente un problema que ya se esté produciendo en la realidad del Gobierno. Solo son excusas.

Si ambos creen que ir a una repetición de elecciones ofrece un resultado preferible a comprometerse con el otro y llegar a un acuerdo que no satisfaga a ninguno pero cumpla las expectativas de sus votantes, alguien tiene que decirles que se equivocan y que cometerían un error de dimensiones catastróficas. 

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Llenarse la boca con la palabra 'libertad'

Parte de las mujeres trans que lideraron la marcha de Las Ramblas de 1977.

Creo que lo que diferencia al que es víctima del que es sencillamente victimista es la capacidad de sobrevivir creando. Me refiero a que mientras las víctimas sacan fuerza para expresarse, ser creativas, y narrar el mundo aunque el mundo no las escuche, los victimistas solo saben nutrirse de las supuestas debilidades del otro, además de utilizar sus privilegios en su propia contra y a fuerza de negarlos.

Pensaba en esta diferencia durante las últimas semanas en las que algunas situaciones descorazonadoras han poblado nuestra actualidad. Como el bochorno de Ciudadanos en el Orgullo madrileño, tratando de apropiarse como partido de aquello por lo que millones de personas llevan décadas luchando y siglos sufriendo. No hace falta que explique la hipocresía de sus reclamos porque los aspavientos exagerados de sus dirigentes ya han dado la vuelta al mundo. Pero tal vez merece la pena volver a detenerse en esa idea desenfocada de "libertad" con la que nos han intentado comer la cabeza en los televisores durante los últimos años, una libertad egomaníaca y autocomplaciente, capaz de opacar por completo las realidades terribles de los otros. Ahora que los educadores en materia LGTBIQ+ de la Comunidad de Madrid van a estar señalados con un circulito rojo vete tú a saber con qué propósitos censores, me pregunto dónde están las bocas que tan fácilmente se llenan de la palabra libertad. Dónde están las que presumen de trabajar por todos y para todos. Por qué les gusta tanto relamer sus heridas falsas, en vez de sentir compasión, cercanía o solidaridad por las que realmente rezuman miedo.

Es victimismo, sí.

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Basta de tirar residuos por las ventanillas

El semáforo se puso en rojo y me detuve tras un taxi. Al poco su conductor bajó la ventanilla, extrajo el brazo y vació el cenicero del coche dando unos ligeros golpecitos en la puerta para que cayeran las colillas y la ceniza, que quedaron sobre el asfalto de la calzada.

Sin tiempo a dar crédito a lo que había visto, el semáforo se puso en verde y echamos a andar. Este incidente ocurrió hace muchos años, antes de los móviles, por lo que en aquel momento solo pude tomar nota de la matrícula del taxi para dar parte a la Guardia Urbana.

Al siguiente semáforo vi que se abría la puerta trasera del taxi y descendía de su interior una clienta indignada que, a grito pelado, puso al taxista de vuelta y media. Yo también detuve mi vehículo y me bajé para unirme a la recriminación y anunciar a la clienta mi intención de dar parte a la policía, algo de lo que finalmente dijo encargarse ella.

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La Semillera

Aunque nos quieran hacer creer lo contrario, el capitalismo es un sistema enemigo del pequeño comercio. La relación compra-venta, en su distancia más corta, resulta absorbida por la expansión de un comercio global que se establece de manera uniforme en puntos de venta denominados franquicias. De esta manera, a la vez que dinamiza el ciclo de distribución de productos multinacionales, asfixia el esfuerzo del pequeño negocio familiar. Esa es la tendencia. 

Sin irnos más lejos, sirva como ejemplo la franquicia del Starbucks establecida en Madrid en la calle Virgen de los Peligros, esquina Alcalá, donde en los tiempos de Valle-Inclán se levantaba el famoso café Fornos, establecimiento típico de la capital que albergaba a toda la bohemia de la época. En el mismo sitio donde el poeta Pedro Luis de Gálvez paseaba el cadáver de su hijo recién nacido dentro de una caja de zapatos, hoy quedan los adolescentes a tomar muffins de vainilla industrial y café en vasos de cartón con pajita. Lo hacen mientras se empantallan y atontan con sus teléfonos móviles. El capitalismo, en su afán destructivo,  tampoco deja intacta la función vital que cumple la memoria. 

Todo esto viene a cuento porque hace unos días nos enteramos de que una librería agoniza, otra más, víctima del capitalismo y de sus huestes bárbaras, armadas con los números rojos de la ruina. La librería, en cuestión, está situada también en Madrid, en la calle Carranza y se llama La Semillera. Bonito y evocador nombre para un espacio abierto en cuyo fondo asoma un pequeño jardín con sus sillas y sus mesas dedicadas al acto más revolucionario que se puede llevar a cabo en estos momentos: la lectura.

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El tiempo que te quede libre

Valentín Fuster

De tanto en tanto, es común toparse a media mañana con alguien que dormita en su coche, detenido en el aparcamiento de algún polígono industrial. No le damos importancia. No hay porque pensar en Jean-Claude Romand, el protagonista del libro El adversario, en el que el escritor Emmanuel Carrère relata la historia de este falso médico que durante años engañó a su familia y a su entorno con un empleo inexistente. O, al igual que en El empleo del tiempo, película de Laurent Cantet, en la que un asesor pierde su empleo e inventa un puesto en Naciones Unidas al que se supone que acude regularmente.

Hace poco, una crónica de Esteban Hernández en El Confidencial, muestra otro aspecto, muy distinto, de quienes lejos de ver pasar sus horas sin conseguir articular con ellas ningún sentido, están obligados a tributar su tiempo para facilitar el compromiso laboral. Cuenta Hernández que, en la Avenida de Bruselas de Madrid, en el polígono industrial del Distrito Telefónica, buena parte de quienes allí trabajan, llegan sobre las siete de la mañana, aparcan el coche y, arropados con una manta, duermen hasta la hora de entrar a trabajar. Llegar a las siete y media, advierte la crónica, implica no conseguir donde dejar el coche.

Estos trabajadores, al contrario de los protagonistas de las obras antes mencionadas, no han perdido el sentido del uso del tiempo, están, por el contrario, entregando un capital que amplia la brecha de las diferencias de clase.

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Es la correlación de fuerzas, estúpidos

Precursoras de la movilidad sostenible

Me despierto, desvelada, en mitad de la noche. 5:30 a. m., 28 grados. No está mal. En realidad no estoy desvelada, en realidad me ha despertado el rumor, la orquesta seca de los aparatos de aire acondicionado encendidos de un par de mis vecinos, comunicándose entre sí en el patio de luces. Digo yo que mis vecinos se echarán algo encima, aunque sea fino, si no quieren sufrir una de esas muertes absurdas, muerte por enfriamiento de lomos o por asesinato imaginario, al más puro estilo Max Aub: Lo maté por dormir con el aire acondicionado puesto. Yo duermo sin sábana y no solo me ha despertado el ruido, sino el cabreo. Me siento a escribir acompañada por el zumbido de la estupidez humana. La misma que deja los monopatines eléctricos en medio de la acera. ¿La movilidad alternativa era esto? Me pregunto mientras retiro del camino un monopatín y lo dejo en la calzada de muy malos modos, día sí, día también. Una señora airada que viene detrás de mí me dice que nunca había tenido más impedimentos a la hora de moverse con su silla de ruedas por la ciudad. ¿Cómo sería un Madrid (Sevilla, Pamplona, Puertollano) Central ampliado no sólo sin coches, sino sin estupidez humana?

Es la misma estupidez y si sigo por este camino, esta columna se la tendré que dedicar a Javier Marías, que asola (según me han contado, aún no puse un pie en la arena) las playas de motos acuáticas más allá de las boyas en todo el litoral. Me lo cuenta una amiga que acaba de volver del Cap de Sant Antoni (Denia), donde la oferta turística de vehículos a motor se ha disparado, poniendo en peligro a un montón de gente que antes se bañaba alegremente y hasta se atrevía a nadar, (dios mío, nadar, mover brazos y piernas, ¡no!, libremente) por ese espacio público tan alucinante que son las playas. Pero mi amiga no compra mi argumento de la estupidez humana. Dice que eso no explica nada, que es un argumento vacuo (lo siento, Marías). Mi amiga estudió sociología y me hace de vez en cuando comadresplaining (y yo se lo permito porque es mi amiga y porque ha estudiado). Dice que se trata de una correlación de fuerzas. Que las gentes de las motos de agua están defendiendo su derecho a elegir. La correlación de fuerzas hace que su relato, por el momento, sea ganador. Es el ejercicio de su libertad. Aham. 

Isabel Díaz Ayuso, opositora a candidata a presidenta de la Comunidad de Madrid, dijo el viernes que Madrid Central se ha cargado El Rastro. Me encanta la inclusión de El Rastro como sujeto político con derecho a vivir su esencia. Ella, Díaz Ayuso, apuesta por "un Madrid Central que no perjudique al que vive allí, al comerciante, al padre que tiene que llevar a sus hijos al colegio, a los hosteleros que se han visto gravemente perjudicados, al Rastro…". Imagino al señor Rastro de manifestación junto a hosteleros, comerciantes y padres enfurecidos. Hay otro ser que enciende el medidor de estupidez humana (ríete del pactómetro de Ferreras) que tengo instalado junto al escritorio: el padre que se siente con el derecho a llevar a sus hijos en coche hasta la mismísima puerta del colegio. Vivo en una de las lindes del Rastro, señora Ayuso, por cierto, zona APR desde 2006, impuesta por Gallardón-Ra II, y nunca he visto más animación en mi calle que los domingos cuando la cortan, las vecinas sacan las sillas a la acera, las niñas se ponen a jugar en la calzada y las terrazas se llenan, en concreto la del Gibraltar, donde Mohamed y sus primos ponen orden en la cola para que haya mesas para todos. ¿Quién no quiere tomar un delicioso tajine sin coches pasando al lado?¿Quién no quiere vivir?

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