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La culpa es de las abolas

Marcha en Bilbao contra la trata de personas, en Euskadi.

Decía ayer Gabriela Wiener en un artículo-exabrupto que la culpa de todo es de las abolas. Nunca dejará de sorprenderme la ira que se gastan algunas contra nosotras y que jamás vemos aflorar ante la noticia, casi cotidiana, de la policía rescatando a mujeres esclavizadas o ante las filas de puteros abriendo sus braguetas para que una mujer depauperada y con la mirada perdida les chupe la polla en una rotonda. Ni ante los negocios que se cierran en prostíbulos, ni ante los niñatos que acuden en manada a los puticlubs y que luego dejan en las páginas web sus calificaciones sobre las bocas y las vaginas de las "perras", ni ante los políticos que se premian unos a otros con volquetes de putas, por no hablar de los países cuyas mujeres y niñas pobres literalmente no tienen más opción vital que ser prostitutas. Eso nunca genera la misma ira en las regulacionistas que la que generamos las abolicionistas. Es, como poco, extraño.

En su exabrupto, lleno además de inexactitudes, Gabriela Wiener descubre con pasión a la puta; a esa figura fantasmática que recorre la literatura y que tantos y tantos escritores y pensadores han descubierto antes que ella. La puta como esa figura romántica, libre, empoderada, destinada a derribar las barreras de la moral conservadora que todas las feministas denostamos. Esa figura mítica y consoladora (en todos los sentidos) destinada, en realidad, a servir de pantalla para ocultar a las verdaderas putas.

Siempre que alguien descubre a esa puta como epítome de alguna liberación no puedo dejar de sorprenderme de la fuerza propagandística de esa imagen. Siempre que alguien descubre la fuerza transgresora de la prostitución me sorprende su capacidad para ocultar la realidad, que no es otra que el hecho de que desde su origen la prostitución ha estado siempre institucionalizada, regulada, protegida e incentivada por todos los poderes conocidos (Iglesia, Estado y ahora industria global) y que sólo comienza a problematizarse cuando unas mujeres del siglo XIX, las sufragistas, se escandalizan y se rebelan ante las leyes británicas que pretendían obligar a las putas a pasar un humillante examen médico.

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Vox en Sevilla

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Miembros de la dirección de Vox

El acto que celebró Vox en Vista Alegre hace unas semanas tuvo un enorme impacto mediático. El que tuvo lugar el domingo pasado en Sevilla con la finalidad de hacer la presentación de los cabezas de lista de las candidaturas en las ocho provincias andaluzas para las elecciones del 2 de diciembre no diré que ha pasado completamente desapercibido, porque algún reflejo a tenido en la prensa andaluza, especialmente en la del Grupo Joly, pero no ha recibido la atención que merecía fuera de Andalucía. 

Y sin embargo, lo que ocurrió este pasado domingo es más expresivo de las expectativas de Vox en el ciclo electoral que se va abrir el 2 de diciembre, que lo que ocurrió en Madrid hace unas semanas. El de Vista Alegre fue un acto en el que Vox echó el resto y convocó a ciudadanos de todo el Estado. El de Sevilla fue un acto ordinario de un partido que concurre a unas elecciones autonómicas. Y lo que hizo ese domingo Vox no está en condiciones de hacerlo en Andalucía ni el PP ni Ciudadanos. 

Sé bien que un acto de partido no es una encuesta, pero también sé que es un indicador de la competitividad con que un partido se presenta ante los ciudadanos. Cuando un partido es capaz de iniciar una campaña electoral con un acto como el que organizó Vox en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla, es que no va simplemente a comparecer ante los electores, sino que va a competir con los demás con la finalidad de obtener representación en el Parlamento. Vox no viene a concurrir sino a enfrentarse, sobre todo al PP, para estar en el Parlamento de Andalucía. 

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La mujer que nos traicionó

Militantes rohinyás en un campamento de refugiados

Durante un tiempo, no tan lejano, representó todas las luchas que se podían representar: la feminista, la pacifista e, incluso, la cultural. Durante los más de 15 años que permaneció bajo arresto domiciliario, su figura se sacralizo y los motivos por los que su gobierno le prohibió la libertad de movimiento dejaron de ser un asunto doméstico para convertirse en un tema de la agenda internacional. Aquella magnética mujer no solo cautivó por su presencia, sino porque su oposición pacífica a la opresión, a diferencia de lo que había sucedido con Mándela, Gandhi o Luther King, la encabezaba una mujer. Ella, en sí y por sí misma, representaba mucho más que el hecho de enfrentarse y retar a un régimen militar sanguinario. Como mujer activista, su resistencia y negativa a abandonar su causa, la obligaba a elegir. O se quedaba dentro del orden patriarcal occidental en el que había tejido toda su vida desde muy joven o lo desafiaba luchando contra el gobierno que lo representaba violentamente en su propio país. 

Con dignidad y coraje su historia como mujer representó una ruptura total con la Ley del Agrado a la que nos vemos sometidas históricamente las mujeres en cada rincón del mundo. Da igual que seamos bolleras, heteros, trans, racializadas, migrantes… de nosotras se espera que seamos agradables, buenas madres, estupendas amigas y mejores compañeras. En resumen, que seamos comprensivas, que no demos la nota y que seamos capaces de renunciar a cualquier interés personal en beneficio del orden familiar y patriarcal. Es decir, nada de lo que hizo esta mujer al zafarse de aquel imperativo social y renunciar a regresar al país donde estaba su vida, se había formado, casado y tenía a su gente y familia. Eligió liderar la oposición democrática en su propio país por la vía pacífica y con ello asumir estar casi dos décadas arrestada en su propio hogar y, entre otras cosas, no volver a ver a su marido cuando enfermó y falleció. Renunció a ¿la libertad? Puede que ella la entendiera de otra manera tal y como refleja su frase: "la única prisión real es el miedo y la única libertad real es la libertad de no tener miedo". 

Como símbolo mundial de la lucha por la democracia, la libertad y de la resistencia pacífica frente a la opresión, esta mujer recibió en 1991 el premio Nobel de la Paz y, junto a él, otra decena de importantísimos premios por su defensa de los Derechos Humanos. Entre éstos el que podría ser 'el balón de oro' de Amnistía Internacional (el Premio ‘Embajadora de Conciencia’) y que  la ONG le acaba de retirar porque “ha dejado de ser un símbolo de esperanza, valentía y defensa imperecedera de los derechos humanos". 

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Morir para contar

Una escena de 'Morir para contar' de Hernán Zin.

En 2019 cumpliré 30 años trabajando en esto. Una cifra alta y redonda que para mí solo representa una cosa: me estoy haciendo viejo. Una puñetera mierda.

En este tiempo he disfrutado de mi profesión hasta alcanzar el orgasmo y la he odiado lo suficiente como para planificar infinitas veces la comuna o la casa rural que me permitiera escapar de ella; he conocido a centenares de buenos periodistas y a un número mucho menor, pero más ruidoso, de despreciables mercenarios; he visto la grandeza del que se juega su trabajo y hasta su vida por contar la verdad y la miseria de quienes venden sus almas por un ascenso, un sillón de presentador de informativos, unas cuantas tertulias bien pagadas o, simplemente, por conservar su sueldo.

Hace ya tiempo que estoy alejado de la primera línea, del durísimo día a día y del ritmo esclavo, a veces maravillosamente esclavo, que marca una redacción. Siempre digo que no lo echo de menos y, en general, es así. Veo lo que ocurre en Catalunya, en el Congreso de los Diputados, en las cloacas del Estado y lo único que siento es cabreo y mucha pereza al ponerme en el lugar de los colegas que tienen que informar puntualmente sobre todos estos frentes. Aquel hervor que sentía en la sangre ante cualquier noticia que me tocaba cubrir ha desaparecido casi por completo. Pensaréis que estoy enfermo, y seguro que es así, pero el cosquilleo solo regresa cuando veo en mi televisión imágenes de barrios devastados por las bombas, de milicianos armados agazapados en una trinchera, de civiles sufriendo las consecuencias de un nuevo conflicto bélico.

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Nosotras y las otras

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Publicidad de prostitución en el parabrisas de un coche

Un fantasma recorre el movimiento feminista, el fantasma de la puta. Si hay algo que nos parte en dos esa es la puta. Ahora el gran peligro es que la puta demandante de derechos termine de facto legalizando la prostitución en España. Sería el acabose. Tremendo peligro. Porque todo el mundo sabe que la prostitución en España es ilegal como las drogas. Así que no hay nada que abolir por ahora. Bueno, sí, eureka, un sindicato de personas que se consideran trabajadoras y sujetos políticos. Esa es la gran idea que han tenido el feminismo del PSOE, la Fiscalía y las tres mil firmantes del manifiesto por la ilegalización del sindicato Otras. Atención, porque hay que hacer un anuncio: el feminismo abolicionista español se acaba de pasar al bando de los antiderechos. Hablamos de oponerse a la libre sindicalización, algo que está indicado en la Declaración Universal de los derechos humanos desde 1948 nada más, y que se consiguió con sangre, sudor y lágrimas de trabajadores y trabajadoras explotadas y esclavizadas. Se fueron al pedo las feministas abolas, se desmadraron, se les fue la olla, se fueron a la re-mierda.

Digamos que no son abolicionistas, sino solo malas compañeras. Caída la careta ya no tienen que fingir que les importan las putas. No les importan una mierda las putas como no acepten abandonar su medio de vida y dejarse tutelar por la ONG abola de turno. Será por eso que poco o nada ha cambiado para las prostitutas en tantos años de feminismo abolicionista y hegemónico. ¡Y así les parece raro que quieran organizarse! Se les pide que sigan como hasta ahora, que se queden calladitas, les perdonan la vida cada vez que les aconsejan que se asocien en las sombras, que sigan simulando ante la ley que trabajan en otra cosa y así se las condena por más siglos a la clandestinidad. De paso invisibilizan a todo el resto de trabajadores sexuales. Y lanzan su putofobia desde sus puestazos, desde sus salarios, desde sus derechos ganados, desde su legalidad europea. ¿Y tú qué tal? ¿Qué tal si pedimos lo mismo para ti? ¿Qué tal si tu trabajo a mí me parece peligroso, que perpetúa el paternalismo, o sea el machismo, y la violencia, o sea el silenciamiento y la invisibilización de muchas? ¿Propongo abolirte? ¿Por qué no abolimos mejor el matrimonio, la iglesia o la policía, como proponía Angela Davis el otro día, opresión con fachada de legalidad?

Acaso les escuece que quieran conseguir algunos derechos para la vida, por ejemplo el derecho a llamarse trabajadoras, porque eso contradice la tesis abolicionista de que la prostitución es violación, es decir, todas estas inconscientes mujeres, todas, las de la trata y las que no están en la trata, las autónomas, las autogestionadas y las dependientes, las pobres y las de lujo, están siendo todas violadas sin darse cuenta y deben correr a los brazos de mamá abola y blanca y asistencialista. No veo ninguna diferencia con la misoginia de toda la vida. Tampoco se organizan en realidad, son los lobbys puteros los organizados. Siempre hay alguien detrás moviendo los hilos de la puta, la puta no piensa con la cabeza porque tiene el coño ocupado. A Otras le llaman sindicato proxeneta. Para las abolas las putas que trabajan en España y levantan la voz son todas proxenetas. Mira, me pongo más negra de lo que soy. Me pongo más puta de lo que soy. Y me pongo más putera de lo que soy. Y soy putera porque le voy a las putas, le voy a sus deseos, a sus problemáticas y a su urgencia de derechos.

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Los coches eléctricos pueden dar disgustos a España

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Dos operarios montan una batería eléctrica en una factoría de automóviles

La iniciativa del gobierno de prohibir la matriculación de vehículos contaminantes a partir de 2040 y su circulación diez años después conecta plenamente con las decisiones que se están tomando en el resto del mundo. Aunque aquí lo único que parece preocupar es la polémica política cotidiana y de muy corto alcance, los medios más influyentes del planeta llevan mucho tiempo dedicando un espacio preferente a las revoluciones ecológica, económica  e industrial que conllevan e impulsas esos movimientos. El gobierno camina, por tanto, al ritmo de los tiempos. Lo que no está tan claro es si España está en condiciones de afrontar los retos que esos cambios suponen. Sin embargo éstos son inevitables.

Y se están acelerando. Son ya unos cuantos los máximos dirigentes de la industria automovilística que declaran sin ambages que su futuro está en el coche eléctrico, que los de gasolina y gasoil terminarán dejándose de producir. Y crecen exponencialmente las inversiones que esos fabricantes están planificando para apuntarse a ese futuro. Hace menos de dos meses que los ministros de industria de la UE acordaron reducir en un 35 % las emisiones de los vehículos de aquí a 2030. La respuesta de los fabricantes ha sido la de multiplicar por diez, de 25.000 a 255.000 millones de euros sus planes de inversión para poder fabricar coches eléctricos más eficientes y baratos que los actuales.

Con una frecuencia creciente las grandes multinacionales anuncian nuevos modelos eléctricos: el Taycan de Porsche, el I Pace de Jaguar, el EQ de Mercedes, el Mini E de BMW. Algunos de ellos no entrarán nunca en la cadena de producción y sirven sobre todo para confirmar que esas marcas están a la altura de las circunstancias. Y no sin esfuerzo, porque esos prototipos cuestan mucho dinero.

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Señor Restauración

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

“Ay, en ese minuto / corazón mío, un sueño / con sus alas terribles te cubría”

El sueño, Pablo Neruda

A veces sueño que sueño, quizá por estar despierta. A veces las cosas se confunden, se amontonan, olvidas si las oíste o si poblaron ensoñaciones tremendas. Ahí me muevo cuando les hablo de esa posible quimera que son los planes para conseguir que todo lo establecido vuelva a confiar en este Pedro Sánchez, alejándolo de aquel supuesto outsider de la mochila que se metió a la izquierda militante de su partido en un bolsillo, pero que hizo saltar las alertas de los aparatos y de las castas. Ahora preside un Gobierno que brilla, con esa pátina esperada por muchos de vuelta a las esencias y hay quien dice, quien cuenta, que existe en bambalinas todo un proyecto para convertirle en el artífice de una segunda Restauración. Que él arroja sobre su propia espalda la responsabilidad de volver a dar estabilidad a la monarquía, de apaciguar Catalunya y de regresar, después de este viaje desenfrenado por la nueva política, a las esencias del pacto de la transición que tanta estabilidad nos trajo. Lo dicen, o lo sueño, y les miro raro. Cuando uno es periodista lo primero que aprende es a desconfiar de todo y de todos. ¡Pero qué me cuentas! No tengo nada contra Sagasta, claro, Práxedes Mateo era paisano y el único riojano que ha llegado a jefe del Gobierno y, además, era de los progres pero ¿un nuevo Sagasta? Y de Cánovas, ¿quién hace? ¿Casado?

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Historia de un bulo: ningún restaurante vegetariano tailandés fue clausurado por servir carne humana

Información del Daily Mail

El día lunes 5 de noviembre, mi feed de Twitter empezó a llenarse de tuits de distintos medios, todos con variaciones de un mismo titular: “Cierran un restaurante vegetariano que servía carne humana”.

Cierran un restaurante vegetariano en el que se servía carne humana https://t.co/dsvJUo4J1B pic.twitter.com/6C7P7vmqGv

— La Vanguardia (@LaVanguardia) November 5, 2018

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Crónica perpleja de la España en cueros

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Pedro Sánchez y Pablo Casado en el Congreso ZIPI/EFE

Flota en el aire un descrédito de la política que suele resaltarse más cuando no gobierna la derecha de todas las letras. Potente. Va por barrios e intereses. Por ojos tuertos, de los de mirar. Hay cronistas, solventes además, a quienes molesta que la nueva generación de políticos sean guapos. Tal cual. Otros espantos más responsables indican que algo pasa. Personalmente estoy experimentando la sensación de conectar la tele, una radio o una web y ver a Pablo Casado pongamos por caso, no solo, y sentir que me hacen engullir una tarta de merengue con chantilly después de haberme comido un pavo entero relleno de salchichas.

Puede ser peor. Abrir la puerta y encontrarse al propio Pablo Casado con su sonrisa Colgate vendiéndonos la Biblia de los testigos de la España franquista.  Ha anunciado su intención de ir casa por casa buscando el voto, no invento nada. Mientras su fiel Teodoro García Egea nos hace una demostración de lanzado de huesos de aceituna al tiempo que recita poemas épicos de la dictadura: "España es el limpio orgullo de la historia de la raza", "el Padre Nuestro que rezas por la mañanas y el rojo y gualda que pone ese nudo en tu garganta".

Pedro Sánchez entretanto se desdecirá de algo. Y, ya puestos, aconsejará a Theresa May que repita el referéndum del “brexit” a ver si ahora sale bien. Posibilidad que será cortesmente rechazada, incluso no tan cortesmente: "Londres responde a Pedro Sánchez que " nunca aceptará un segundo referéndum sobre el Brexit". 

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Black Friday en Podemos

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El líder de Podemos, Pablo Iglesias, junto al secretario general de Podemos en la Comunidad de Madrid, Julio Rodríguez

Aviso a navegantes. No tengo una opinión formada sobre los conflictos que ahora mismo sacuden a Podemos en Madrid, en Galicia o en Catalunya. Quienes vayan a leer este artículo en esa clave pierden su tiempo y van a acabar más cabreados aún de lo que esperaban, que seguro que ya era mucho. Ignoro si todo es culpa del presunto liderazgo alfa de Pablo Iglesias, de las ambiciones y expectativas personales de líderes alfa locales, quienes también se consideran necesarios en un mundo sobrepoblado de contingentes, o que, simplemente, los Monty Python tenían razón; ni siquiera me parece relevante discernirlo.

Tampoco me consta que existan graves divergencias ideológicas y, si concurren, conviene reconocer que las llevan con mucha discreción y sin preocuparse en exceso de explicarlas en público, para que todos podamos formarnos una opinión fundada. Tampoco me sorprende, y mucho menos me preocupa, que se estén reproduciendo en Podemos dinámicas y hábitos propios de los viejos partidos. Siempre he sostenido que, si existiera algo mejor que los partidos para hacer política, Dios ya lo habría inventado. En cuanto a lo de vieja y nueva política, siempre me ha parecido una cuestión de edad y de márquetin. Antes o después íbamos a volver dónde siempre retornamos cuando la cosa se pone seria: nuestras viejas derecha e izquierda.

Cuando la batalla orgánica se convierte en la gran prioridad y la guerra a ganar a toda costa, normalmente, se debe a dos situaciones. O se trata de una fuerza marginal y para qué van a preocuparse por cuanto pase en un mundo exterior que les ignora y no les necesita. O se trata de una fuerza con perspectivas notables de acceder al poder y mantenerlo y ampliarlo, que es cuando a todo el mundo le entra la prisa por repartir el mando cuanto antes.

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