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Estamos de acuerdo: 'golfa' es un insulto

Miles de mujeres se manifestaron en defensa del feminismo por las calles de Sevilla.

"El feminismo punitivista puede hacer caer por tierra una gran cantidad de conquistas", decía Rita Segato en la cuarta edición del Encuentro Latinoamericano de Feminismos a finales del año pasado. Para la escritora, antropóloga y activista feminista argentina la clave en la búsqueda de justicia está en "el proceso de ampliar los debates" y no en el de perseguir "la sentencia como una cosa", como fin último.

Comparto la posición de Segato. La "búsqueda de justicia" desde el feminismo no puede fiarse ciegamente de un modelo de justicia tan estrechamente ligado a una lógica patriarcal donde la forma de juzgar y condenar penaliza la población más vulnerable, con menos recursos, a la que disiente o entorpece que el orden establecido funcione o, sencillamente, a la que no se la ve ni como sujeto de derechos. La justicia institucional no siempre es justa ni tampoco repara a las víctimas. Es precisamente por esto que desde el movimiento feminista se reivindica otra forma de hacer política, de mirar la vida. El feminismo no ha venido a reforzar las estructuras patriarcales sino a transformarlas, a subvertirlas en aras de la igualdad.

Es con esta perspectiva feminista y desde un análisis jurídico, desde donde no puedo estar más que en desacuerdo con la condena que hemos conocido esta semana a tres hombres, por un delito de odio, a seis meses de cárcel y una multa de 1.080 euros por llamar "golfas y guarras" a las manifestantes del 8-M. Sin duda ninguna estamos ante una manera despreciable y machista de arremeter y menospreciar a las mujeres que se concentraron en la Plaza Nueva de Sevilla con motivo del 8M, pero (y siempre en base a la información publicada) estos hechos no creo que puedan enmarcarse en el tipo penal de discurso de odio que recoge el artículo 510 del Código Penal.

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Undangarin socializa

Urdangarin en su primer permiso.

Qué tiempos aquellos cuando el escándalo de Urdangarin y la infanta acaparaba la actualidad. Ahora, por esas cosas del destino, Iñaki sale por primera vez de la prisión, coincide con el disgusto de la repetición electoral, y el caso queda prácticamente para los breves. El yerno de don Juan Carlos fue condenado a 5 años y 10 meses de cárcel por corrupción, entró el 18 de junio del año pasado y sale para hacer voluntariado.

Qué tiempos aquellos cuando la prensa contaba ese informe de Hacienda, según el cual, Nóos y sus empresas satélite facturaron más de 16 millones de euros a más de 100 entidades públicas y privadas. O cuando la Agencia Tributaria cifró en 5,8 millones de euros lo que Urdangarin y su socio, Diego Torres, percibieron del Instituto "sin ánimo de lucro". Y es que para algunos el dinero vuela. Y el tiempo también. Iñaki ya pisa la calle.

Qué tiempos aquellos cuando el fiscal pedía 19 años y medio de prisión para Urdangarin. O cuando fue condenado a 6 años y tres meses por la Audiencia de Palma. O cuando el Tribunal Supremo lo rebajó hasta los 5 años y 10 meses. "Es una condena benévola y de saldo", dijo quien había sido el juez instructor, José Castro. Mejor le fue a la infanta, pues le salió a devolver más de 300.000 euros. Responsable a título lucrativo, pero la fiscalía le había hecho pagar una fianza de 587.000 y finalmente la multaron con 265.000 euros.

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No seas un Sánchez

En estos días me pasa lo que me suele pasar cuando intento encajar mi ideario de izquierda, mi feminismo y mi antirracismo radical como migrante del sur en el reino de España: que nada encaja. No sin sufrimiento, en todo caso. No es fácil encajar esta indignación profunda por el maltrato de los medios a una política de la valentía y el compromiso de Ada Colau con la decepción que me produce la violencia que ejerce su ayuntamiento, por ejemplo, contra el colectivo de trabajadores del top manta, también con ella en el gobierno de Barcelona. Nadie mejor que Colau debería saber lo que es ser perseguido.

Me imagino a los jefes de El Mundo, viendo que no venden ni una rosca en Cataluña, haciendo una llamadita a sus subalternos especializados en corazón y prensa rosa: oye, que la Colau se dispara, que se sale de su pueblo y se mete a la política nacional, que viene fuerte esa feminista, esa bisexual, esa okupilla, ¿cómo le paramos los pies? Ah, sí, ya sé. Inventémosle un romance con el del barco salvador de negros, disfracemos el ataque canalla de noticia de famosos. ¡Buenísimo! Manos a la obra, usemos unos cuantos eufemismos cínicos, algo de putofobia y listo, tenemos la historia de la señorona que le regala millones del erario público a cambio de sexo al barbado y crístino patrón del Open Arms y de lo que quieras. Porque a la mujer, será alcaldesa, pero le gusta meterse en esos jardines. Finalmente, está casada y tiene dos hijos, pero la muy puta defiende las relaciones abiertas y el trabajo sexual, le gustan los hombres y las mujeres y, para colmo, apoya el #MeToo, es más, osó contar que a ella de adolescente también intentaron violarla dos veces por la calle. Cómo estaría vestida, pues, seguro iba por ahí en minifalda y borracha. Así se las gastan en el siglo XXI y en plena eclosión feminista los medios-operadores políticos de poderosos intereses económicos desde sus propias cloacas patriarcales, para sugerir lo que quieren decir en realidad: "La muy puta de Colau financia la migración ilegal junto al radical y traidor a la patria del Open Arms".

Ser perseguido es eso. Pero también lo es mandar a la policía para luego afirmar, como dijo Colau en una entrevista reciente, que no persigue a las personas sino al comercio ilegal. Eso, me temo, es usar otro terrible y doloroso eufemismo. Claro que se persigue a las personas, éstas sufren violencia policial mientras se enarbola la bandera de 'refugiados welcome', como se hacía en el Madrid de Carmena.

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Almeida se enfrenta, pero poco

José Luis Martínez-Almeida y Javier Ortega Smith, durante el minuto de silencio por la última mujer asesinada en Madrid.

No pido a José Luis Martínez Almeida que se eleve para enzarzarse a golpe de pancarta con Javier Ortega Smith en pleno acto del Ayuntamiento destinado a demostrar el dolor por la muerte de una mujer delante de sus hijos. Resultaría desagradable, perdería y además acostumbro a deplorar la violencia como método de negociación. Pero sí que el alcalde de Madrid plante cara de verdad al que llega de matón para afirmar una vez más que la ideología de género es parte de una conspiración femenina azuzada por la "campaña publicitaria de la izquierda" y que allí se recuerda la violencia intrafamiliar o si no, se revienta el acto.

"A mí me gustaría que me hubierais comunicado que veníais con otra pancarta", dijo el alcalde al de Vox. Como el que recrimina a su socio que se presente en bermudas en un consejo de administración o hable con la boca llena en una comida de negocios. Una mera cuestión de protocolo. Porque son socios. Y les une lo fundamental, el fondo.

"Sabes que no comparto la ideología de género ni el feminismo del 8 de marzo", intentaba conciliar Almeida después de repetir muchas veces 'Javier, Javier' para intentar cortar la verborrea del de Vox a base de intercalar que claro, que la violencia intrafamiliar es el problema, pero que un 20% de las muertes violentas son de mujeres y que no era el día para olvidarlo.

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Un pueblo exhausto

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Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante ronda de consultas para la investidura

"La miré sin comprender, aunque como un nadador solitario y exhausto la verdad poco a poco se fue abriendo paso en el mar negro de mi ignorancia"

Roberto Bolaño

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De nuevo ante el vacío

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Congreso de los Diputados.

Más allá del discurso de las culpas, que ojalá se agote pronto porque no lleva a parte alguna, el horizonte político español sigue marcado por la misma incógnita que existía hace cuatro meses, o hace cuatro años. La de cómo se puede lograr la estabilidad, siquiera durante dos o tres años. Ninguna de las hipótesis sobre los resultados del 10 de noviembre la despeja. Tras las elecciones se podría volver perfectamente a las andadas del periodo esperpéntico que empezó el 28 de abril. Y terminar igual de mal.

Aunque todo indica que ese es el panorama general, en las últimas semanas algunas novedades lo han modificado parcialmente. Las más destacables son las tres siguientes: 1) Un pacto entre las dos izquierdas, el PSOE y Unidas Podemos, ya no es posible y no parece que vaya a serlo en el futuro previsible; 2) Ciudadanos ha dejado de ser bajo cualquier concepto una referencia de centro equilibrador; 3) La ultraderecha ha perdido sus opciones de ser un actor principal en la escena. A eso habría que añadir una confirmación: los partidos nacionalistas catalanes están fuera del juego político español y nada puede sustituirlos a la hora de cumplir la función decisiva que desempeñaron durante varias décadas.

Esos factores, cada uno en su medida, están en la base de lo que se ha venido a llamar "bloqueo" y que no es sino la incapacidad de la realidad política española para asumir el fin del bipartidismo, es decir, el protagonismo de nuevos actores independientes en las grandes decisiones, la primera de las cuales es la formación del Gobierno. La actitud de los dos partidos tradicionales, el PSOE y el PP, sigue siendo sustancialmente la misma de siempre en lo que se refiere a la conquista del poder: ambos consideran que ese es asunto suyo. Y la de los nuevos, Unidas Podemos y Ciudadanos, sigue demasiado marcada por el espíritu que animó su éxito inicial: el de sustituir a su referente antagónico en el protagonismo de la izquierda y en la derecha, el PSOE y el PP respectivamente.

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"La voz más alta". Una victoria del #MeToo que también es del periodismo

Cartel promocional de 'La voz más alta'.

El pasado 12 de agosto se puso a disposición de las audiencias de Movistar el último de los episodios de la miniserie 'La voz más alta', un biopic sobre Roger Ailes. Fallecido en 2017, con 77 años, Roger Ailes fue el fundador de Fox News, canal de ideología ultraconservadora soporte de presidentes como Nixon, Reagan, Bush o Trump. Pero su carrera terminó tras varias denuncias de abuso sexual. Es sobre esto último sobre lo que más se han centrado los análisis y críticas de la serie, por eso yo me centraré en destacar la forma en que revolucionó la televisión y la comunicación política. Porque Ailes estuvo detrás de las campañas que llevaron al poder a los últimos presidentes republicanos.

La serie de Movistar se basa en el libro del periodista Gabriel Sherman 'The Loudest Voice in the Room', publicado en 2014 para el que entrevistó a más de 600 personas relacionadas con el directivo de Fox.

Roger Ailes descubre en 1996, cuando toma el control del canal de noticias de Fox, la clave del éxito en la televisión de información política: apelar a las más primitivas emociones patriotas, promover la ira contra el adversario ideológico, mentir descaradamente, utilizar la máquina del fango contra los políticos enemigos, abandonar cualquier criterio periodístico para trabajar en connivencia con el poder político y utilizar solo analistas a medida de tu ideario. "No seguimos las noticias, creamos las noticias", deja claro ante sus periodistas.

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¡No nos representan! ¿No nos representan?

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 Oigo por aquí a mucha gente harta, aburrida, enfadada, que ante el bloqueo político y la repetición de elecciones recuperan un grito de hace ya ocho años: "¡No nos representan!". Incluso les oigo decir que haría falta convocar de inmediato "otro 15M". Vale, pero ya les aviso de que tengo todas las tardes ocupadas en los próximos diez años: si convocan otro 15M, no me llamen, gracias.

No digo que no haya motivos para ese hartazgo, aburrimiento, enfado: cuatro pasos por las mismas urnas en cuatro años; además de siete visitas a Zarzuela de candidatos, tres investiduras y dos mociones de censura. Normal que te salga gritar que "¡no nos representan!"

¿No nos representan? Pues no lo sé. Voy a dudar un rato en voz alta.

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Nuevas elecciones, la carrera interminable

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Sánchez abandona Zarzuela tras reunirse con el rey

Exhaustos llegamos a la convocatoria de nuevas elecciones. Una decisión previsible a la vista de cómo transcurría el proceso, de la que hemos hablado tanto que ha exprimido hasta el tuétano los argumentos. Y las consecuencias que cabe esperar. Nos quedan los estados de ánimo y las realidades que subyacen. Un escenario donde, en servicio al establishment, se huye de la izquierda aunque lo manden los votos. Y en el que la principal característica de los líderes políticos -salvo escasas y relativas excepciones- es la mediocridad.

Verán, me dormí y me desperté de forma intuitiva con la imagen de la carrera por la playa en Carros de fuego, la mítica película de 1981 encumbrada a la gloria por la música de Vangelis. Pies desnudos sobre la arena y el agua, que siguen después por pistas regladas y salvan obstáculos y continúan corriendo. Con placer o con dolor. El esfuerzo y el talento, la pugna. Duelo épico y bélico. Hombres solos, como solía suceder. Los atletas británicos de Carros de fuego llevan varias décadas desplazándose al ritmo acelerado del salto de sus pies. Con una meta: el éxito, quizás la conquista. Forrest Gump, en cambio, echó a correr un día simplemente para huir, para olvidar. Sin rumbo. Sin tiempo.

Llevamos en España 5 meses corriendo, sin avanzar. Desde el 28 de abril. No, desde que empezó aquella carrera. No, desde que hubo un cambio de gobierno por procedimiento excepcional y absolutamente justificado. No, desde 2016. No, desde 2015. Con las navidades encima, los turrones en la mochila y un plumífero por si acaso. Hemos atravesado nieves, vientos, brumas, lluvias, calor sofocante, dulces primaveras y cálidos otoños. Alcanzamos una meta y se desmorona. Se impone volver a emprender la marcha, llegamos y se cae también. Y otra, pero se aleja conforme nos acercamos y hay que continuar corriendo. La carrera interminable, mientras se orillan los problemas de la gente común.

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Violencia machista con cinco víctimas

José Luis Abet, el autor confeso del triple asesinato de su expareja, su exsuegra y su excuñada, a su llegada este martes al juzgado de Caldas de Reis (Pontevedra) EFE/Óscar Corral

Esta vez han sido cinco las víctimas de violencia machista con un solo asesino. De una tacada tres asesinadas y dos víctimas más.

El criminal confeso, José Luis Abet, asesinó a su ex mujer, a la madre de su exmujer y a la hermana de su exmujer; lo hizo todo delante de sus dos hijos, de siete y cuatro años.

La contabilidad oficial nos hablará de una víctima de violencia machista: la que fue la mujer del asesino y madre de los dos testigos de la matanza.

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