¿Caerá España en recesión?
Hasta hace poco mi respuesta a esta pregunta era: "Probablemente sí". Por varias razones. La primera es que la economía española, por su nivel de apertura al exterior (recordemos que las exportaciones representan el 34%, la inversión extranjera el 50%, y el endeudamiento exterior neto es del 77% del PIB), es muy dependiente de lo que pasa en las grandes economías del G7. Y, justamente, en esos países los indicios a favor de una posible recesión en los próximos doce meses son significativos.
EEUU se está desacelerando. El chute fiscal de la bajada de impuestos introducida por el presidente Trump en 2017 se está diluyendo y la guerra comercial y tecnológica con China está haciendo mella. Esto ha hecho que la curva de tipos se haya invertido. Es decir, este verano las letras del tesoro americano de tres meses están ofreciendo una rentabilidad mayor que el bono a diez años. Esto es una anomalía. Normalmente la rentabilidad de la deuda pública es mayor a largo plazo por la incertidumbre de no saber qué pasará en el futuro, pero si los inversores piensan que la incertidumbre es sobre todo acuciante a corto plazo, piden una mayor prima de riesgo a corto.
En los últimos 60 años, la curva de tipos americana solo se ha invertido en nueve ocasiones y en ocho de ellas se produjo una recesión un año después. Por lo tanto, las probabilidades de que esto pueda ocurrir son muy altas. Si uno analiza además los ciclos de crecimiento, llega a una conclusión parecida. La economía americana lleva expandiéndose más de diez años (concretamente, 122 meses) y esto es un récord absoluto en la época moderna.
Leonardo DiCaprio es el algoritmo de Tinder
Hacía calor y apoyábamos los codos encima del mantel como si nuestros omóplatos pesasen lo mismo que dos bloques de hormigón. A mí ese día me preocupaba la plaga de cucarachas que había reaparecido en mi edificio y a Julia que desde que se cortó el pelo solo le salía gente extraña en su portal de citas. Mi amiga, bella hasta la extenuación, se hizo Tinder siguiendo mi consejo: "Pruébalo, tú tienes el control. Cuando te harte, te marchas y punto".
Tras descargarse la aplicación que quienes no han usado se imaginan como el hotel de los solteros pelagatos de Langosta, Julia quiso completar su volantazo vital con un cambio de look. Entre una cosa y otra transcurrió exactamente una semana.
En siete días las conversaciones interesantes desaparecieron de la misma forma que lo hicieron esos 40 centímetros de pelo. La diferencia es que los nuevos especímenes no valían ni para donarlos. Barrer, acumular y tirar a la basura. El contraste era abismal y, si no se hubiesen cruzado El algoritmo del amor y Judith Duportail en nuestros caminos, habríamos pensado que se debía a la sequía vacacional y al aumento de idilios de verano. Pero no. El libro explicaba que el azar es solo un espejismo en la era de Tinder.
¿Investidura o falsa investidura?
Las direcciones de PSOE y de Unidas Podemos se encuentran ante la disyuntiva de negociar y acordar una investidura de verdad, que permita la formación de un Gobierno de legislatura, o la de, con apariencia de negociación o sin ella, no llegar a un acuerdo para la formación de Gobierno, aunque ello no implique la no investidura de Pedro Sánchez.
La no investidura y la consiguiente repetición de elecciones no es una opción. No debería serla para ninguno de los dos partidos. En todo caso, no debe serla para Unidas Podemos. No sé si es verdad esa leyenda que corre de que el presidente en funciones se siente tentado con base en la estrategia diseñada por Iván Redondo de ir a la convocatoria de elecciones, pero, sea verdad o no, Unidas Podemos no debería dejarse arrastrar jamás en esa dirección. El voto negativo de Unidas Podemos a la investidura de Pedro Sánchez no puede ser en ningún caso la coartada del PSOE para convocar elecciones.
Esta semana Unidas Podemos ha hecho pública su propuesta de negociación para un Gobierno de legislatura. Propuesta abierta, como expresamente se deja dicho, que incluye las cuatro alternativas que en ella figuran, pero que podría cerrarse con alguna otra que se acordara en la negociación. Debería emitir otro comunicado en el que dejara claro que con esa propuesta está ofreciendo al PSOE su compromiso para la legislatura, pero que la no aceptación de su oferta, no comportaría el voto negativo en la sesión de investidura. Simplemente comportaría que el PSOE tendría que ganarse la confianza o "vencer la desconfianza", si se prefiere hacer uso de esta expresión, de Unidas Podemos desde el día siguiente de la investidura. Le ofrecemos gobernar con mayoría parlamentaria durante toda la legislatura. De usted depende aceptar la oferta o preferir gobernar con un grupo parlamentario de 123+1 escaños.
Una situación de impás
Vivimos una situación política tan desconcertante que las informaciones que nos llegan de lo que está ocurriendo no logran convencernos. Y si hartos de tanta incomprensión buscamos una salida, una explicación, nos damos cuenta de que rondan por el espacio mil interpretaciones más de lo que ha ocurrido y de lo que sigue ocurriendo y le damos otro par de vueltas a lo que hemos oído mil veces:
¿Por qué Pedro Sánchez ha repetido a todas horas y en todos los formatos la acusación que tanto ha gustado a ciertos medios de que Unidas Podemos no estaba interesada en debatir contenidos sino solo en reclamar sillones? ¿Acaso no sabe Pedro Sánchez qué poco se consigue en política si no se reclama y defiende desde un sillón? ¿O cree que quienes son poco más que invitados del gobierno tienen más posibilidades de conseguir un objetivo que los propios gobernantes? Defender un sillón es defender la posibilidad de llevar a cabo una reforma o impugnar con éxito una ley injusta.
¿Por qué, si Pedro Sánchez no consigue su mayoría ni siquiera con los votos de Unidas Podemos, se lo echa en cara a Unidas Podemos y minimiza su ayuda en cualquier ocasión? ¿Qué le hace pensar que la culpa es de ellos y no, si acaso de sí mismo, por no haber convencido a unos miles de votantes más?
No en nuestro nombre
Así pues, caminamos hacia una repetición electoral en noviembre, al final de una campaña con la izquierda a bofetadas, dando más declaraciones picantes y portadas escandalosas que en una separación del Sálvame, y la derecha movilizada y entusiasmada porque le regalan una segunda oportunidad cuando ya daba por perdida la legislatura. ¿Qué puede salir mal? Después no vengan llorando, ni diciendo que no les avisaron.
La última vez que, en España, la izquierda no se puso de acuerdo para gobernar y alguien prefirió ir a elecciones porque pensaba que así dejaría al socio convertido en el chico de los recados, era 2016 y la única beneficiada fue la derecha. El empeño de tantos por ignorar los precedentes reales más próximos y refugiarse en modelos y previsiones resulta irracional. Que lo hagan, además, sin más argumento que una colección de condicionales y desiderátums, se antoja pasmoso. Si algo sabemos es que la historia tiende a repetirse y ahora, además, hemos aprendido que lo hace cada vez más rápido.
Cabe suponer que alguien estará argumentando que Mariano Rajoy aumentó su ventaja en la repetición de julio porque era el partido más votado y la gente quería estabilidad, no por su orientación ideológica. Si alguien en Moncloa cree que a la izquierda se le quedaron en casa más de un millón de votantes en 2016 porque lo que querían era estabilidad, y ahora van a salir a votar en tromba a apoyar a Pedro Sánchez porque lo que siguen anhelando es estabilidad, puede que no conozcan del todo a sus votantes y no acaben de entender por qué el electorado progresista se movilizó como lo hizo en abril.
Un mapa de América ardiendo (retuit)
Greta Thunberg cruza el océano para no subir a un avión y eso enfada a los señores, casi tanto como nos enfadábamos algunas de nosotras en 2014 cuando Beyoncé salía al escenario ataviada con un diminuto vestido negro y detrás de su esbelta silueta se proyectaba la palabra FEMINIST. Por qué nos enfadábamos tanto, me pregunto algunos años después, qué podía dolernos de esa escena que hoy es cotidiana. ¡El capitalismo!, decíamos. ¡Lo mainstream!, justificábamos. ¡Que un(a) influencer se apropie de una lucha que es más grande y más poderosa y más honesta de lo que ella será jamás! Odiar el feminismo pop de Beyoncé se nos hacía tan difícil como amarlo. Menuda contradicción alabar el modo en el que un solo cartel luminoso haría que miles de personas atendieran a ese término por primera vez, y menuda contradicción también detestar que con su popularización se desvirtuara la batalla. Era como hacer malabares. Como arrancarnos la costra de una herida pequeña hasta que al fin comprendiéramos que "feminismo" también significaba atender a los diferentes estadios de esta lucha.
Todo lo relativo a Greta Thunberg genera una contradicción parecida: por un lado creemos que algo falla si ella es la protagonista de portadas de revistas de moda en las que sostiene carteles con amables mensajes para salvar el mundo, pero por el otro sabemos que su proeza es grande, pues anuncia y abre los ojos a una lucha que intuíamos urgente pero que estábamos retrasando, como si no fuera con nosotros, hasta que una imagen de América en llamas nos hizo vomitar.
¿Cómo habíamos cerrado así los ojos? ¿Cómo habíamos sido capaces de pensar que con unas bolsas de tela para hacer la compra y dos cubos de la basura debidamente separados en la cocina íbamos a resolverlo todo?
Carta abierta a la ministra Reyes Maroto (y a Teresa Ribera y a Cristina Narbona y a Hugo Morán y a Pedro Sánchez)
Ministra Reyes Maroto, señoras y señores del PSOE, es posible que ustedes sepan que soy muy crítica con su partido. Es posible también que no lo comprendan, ya que ustedes se presentan como una formación progresista, fundada en los valores de justicia social del primer Pablo Iglesias, y seguramente consideran que, en un país cuya derecha es ultra y corrupta, las personas progresistas deben ser menos críticas con sus siglas. Podría aducir otras razones que explican mis recelos, pero voy a centrarme hoy en un asunto que sirve de tristísimo y espeluznante ejemplo. Lo hago, no para abundar en esas críticas, sino, muy al contrario, para tratar de que ustedes comprendan a qué, esencial, se refieren en última instancia. Aún hay ocasiones en las que pienso que ustedes comprenderán. Y que actuarán en consecuencia. Esta es una de ellas.
Hace pocos días, el pasado 18 de agosto, el mundo (este mundo desolador en el que Trump quiere comprar Groenlandia y Bolsonaro deforestar la Amazonía) recibió una noticia que devolvía algo de fe en la especie humana: la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES) de la ONU, cuyas reuniones se celebran estos días en Ginebra, decidió por votación aprobar el documento 44.2, en el que se pide la prohibición del comercio internacional de elefantes africanos vivos, así como su exportación en el caso de que no puedan sobrevivir por sus propios medios: por ejemplo, bebés elefante huérfanos porque los cazadores (furtivos o no, ya saben ustedes...) han matado a su madre. El documento fue presentado por la Coalición del Elefante Africano, de la que forman parte 30 países del área de distribución de este animal, y reclama que los bebés elefante no salgan de África, sino que se creen centros de rescate y santuarios para ellos. Cierto es que los países africanos protectores de los elefantes son los más pobres, a los que la mirada colonialista del mundo desarrollado presta menos atención que, por ejemplo, a un país como Sudáfrica, representado en la convención de Ginebra por gente como la Asociación de Depredadores de Animales. Estarán ustedes conmigo en que poco hay que añadir a semejante nombre.
La noticia publicada fue que la aprobación de dicho documento supondría la prohibición de secuestrar a los elefantes de sus hábitats para ser vendidos a zoológicos y circos de todo el mundo. Se anunció como el paso preliminar para el fin del wildlife trade. Un paso alentador que se convertiría en definitivo, histórico, en la votación de la sesión plenaria del próximo miércoles 28 de agosto. Pero, ante ello, los lobbies depredadores han reaccionado: la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA) quiere seguir arrancando elefantes de la naturaleza para venderlos y mantenerlos cautivos, siempre en lamentables condiciones, en zoos de Estados Unidos, Asia o Europa, y ha pedido que se reabra el debate. Algunos países africanos apoyan su cruel negocio: Zimbabue, por ejemplo, ha vendido desde 2012 más de 100 bebés elefante a zoológicos chinos.
Bichitos, huesos y un poco de mala suerte
"El mal lo causa un bichito. Es tan pequeño, que si se cae de la mesa, se mata"
Sancho Rof. Ministro de Sanidad de España
El riesgo de crisis alimentarias nunca es ni será igual a cero. Máxime cuando nuestra alimentación es cada vez más procesada y, por tanto, nuestro control sobre aquello que ingerimos acaba por resultar imposible. La única forma que tenemos de soslayar esa cada vez mayor complejidad, interdependencia y globalización de nuestros alimentos es la confianza. Sobrevivimos a base de confianza. Esa que nos hace pensar que lo que llega a nuestras neveras está perfectamente listo para el consumo y que hay los suficientes controles y las suficientes garantías de que las personas y los organismos velan por que eso sea así.
El bloqueo del Open Arms: la culpa no es de "Europa"
120 activistas de Amnistía Internacional piden un "puerto seguro" para el Open Arms durante una protesta en el parque del Retiro en Madrid.
La crisis por el bloqueo del Open Arms cerca de la costa italiana ha resucitado uno de los habituales culpables abstractos ante problemas transnacionales: "Europa", ese ente peligrosamente impreciso.
¿Qué es Europa? ¿El continente? ¿Sus pueblos? ¿La Comisión Europea, el Parlamento Europeo, el Consejo y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea? ¿Sus funcionarios? ¿Sus políticos? ¿Un ministro del Gobierno italiano? ¿Un buque con bandera de un Estado miembro de la UE? ¿Los ciudadanos europeos de una ONG?
La tendencia a la abstracción es uno de los rasgos de la cultura europea y cuando se trata de la rendición de cuentas, esto se convierte a menudo en un mal. La responsabilidad y las soluciones están en las personas y en las instituciones concretas, no en entes indeterminados con características y manifestaciones contradictorias. La culpa no es "de Europa", un concepto tan vacío de significado como de eficacia.
Gladiadores y pájaros negros
Por decirlo de buena manera, el mundo antiguo -el del Régimen del 78- se podría quedar vacío si a Pedro Sánchez le saliera del carné. Es decir, cuando decida dar la espalda al Ibex y, con ello, tienda la mano al proyecto social ofrecido por Unidas Podemos, la última intentona de llegar a un acuerdo para formar gobierno de coalición.
Porque al igual que los hijos del franquismo se refugiaron en los partidos políticos recién fundados con la llegada de la democracia, el Ibex vino a suplementar el sueldo de tales "hijos de", una vez que la "carrera política" se terminase. De la misma manera que todos los caminos conducían a Roma, todas las puertas giratorias conducen al Ibex, un conglomerado de empresas que cotizan en bolsa, sobrealimentándose unas a otras y dando lugar a una mafia consentida, extensión de un régimen que sigue estando ahí.
Ante tal abuso de poder económico, Pedro Sánchez se muestra como lo que es, un hombre servil al mercado globalizador aunque lo disimule de boquilla. Sí. Ya sabemos que es una marioneta que habla por boca de su ventrílocuo, Iván Redondo, consultor y mercenario que conoce bien el lenguaje del espectáculo político. La disposición programática de Pedro Sánchez la maneja Redondo como si se tratase de un muñeco de trapo. Cuidadín con esta gente, que es con la que nos jugamos los cuartos.