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La farola y el paracaidista

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez

Vaya por delante mi aprecio y mi respeto al cabo primero que tuvo la mala suerte de chocar contra una farola de la Castellana, mientras intentaba llevar la bandera de España ante el palco de autoridades, en el desfile del 12 de octubre. Ni me alegro de la desgracia, ni creo que nadie pueda reprocharle nada. Pero, sin querer y contra su voluntad, nos ha proporcionado una metáfora tan simple y poderosa sobre qué está pasando hoy por aquí que sería hasta impropio renunciar a emplearla. A fin de cuentas, que al menos la desgracia sirva para aprender algo, como solemos decir siempre para consolarnos.

Empieza la semana fantástica de esta campaña. La semana donde todos tienen depositadas sus esperanzas para lanzar la escapada definitiva que deje atrás a sus competidores. La sentencia del procés llegará aguardada por unos como la ocasión soñada para presentarse ante los votantes como el verdadero y original paladín del constitucionalismo, presto a batirse en duelo con firmeza y prestancia frente a los taimados independentistas. Otros la esperan como la cornucopia de abundancia que pondrá fin a las penurias de división, cansancio y desmovilización que les abruman desde hace meses. 

Deberían andarse todos con cuidado. No vayan a esnafrarse contra miles de votantes hartos de verse tratados como farolas, a las cuales se enciende y apaga o se cambia de sitio a conveniencia de unos y otros. Rara vez se ve venir el hartazgo civil. Lo normal es tropezarse con él.

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Vandalismo intelectual

Vivimos días de especial convulsión. Todo parece haber coincidido para complicar aún más el espíritu de convivencia cordial que algunos echamos de menos. No se trata de caer en el buenismo simplista. Es puro pragmatismo. Se solucionan mucho mejor los problemas mediante el acuerdo que mediante el conflicto. Así pues, lo más útil que podríamos hacer es desterrar la imposición unilateral de nuestras ideas como norma de conducta. Todo acuerdo necesita entender y aceptar las razones de aquellos que piensan distinto a nosotros.

Peter Ditto, profesor de la UCI (University California Irvine), mantiene una interesante teoría respecto a la capacidad de la gente para entenderse en el debate público. Según su planteamiento, el problema es que creemos que pensamos como científicos, cuando en realidad lo hacemos como abogados. La diferencia es muy significativa. Un científico no prejuzga. Analiza los datos en su laboratorio y según lo que descubra, obtiene una conclusión. Un abogado actúa a la inversa. Parte de la conclusión a la que tiene que llegar y se dedica a buscar argumentos que la respalden. Aquí surge el error. Amontonamos juicios supuestamente presentados como argumentos políticos con la única pretensión de reforzar aquello que pensamos de antemano.

En Estados Unidos, se considera que el nivel de polarización actual es el más alto desde la Guerra de Secesión, que terminó en 1865. Apenas hay territorio compartido entre republicanos y demócratas. Recientes estudios del Pew Research Institute concluyen que "si la campaña electoral de 2016 se desarrolló en un contexto de intensa división partidista y animosidad, hoy los sentimientos negativos entre los seguidores de los partidos se han profundizado respecto a los de la formación contraria". Una de sus últimas investigaciones pone de manifiesto que el 55% de los republicanos califica como personas inmorales a los demócratas. Por su parte, un 47% de los demócratas opinan lo mismo a la inversa. Estos índices han subido alrededor de 10 puntos en los últimos tres años, desde la llegada de Trump a la presidencia.

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Mi 1 de octubre a pesar de la sentencia

La Guardia Civil requisa material electoral en la votación del 1-0 en Catalunya.

He esperado unos días. Quería contar un 1 de octubre tranquilo y he esperado porque tienen preferencia (ética) quienes vivieron y/o padecieron en Catalunya una violencia que todavía hoy sigue siendo inexplicable. Y porque en Catalunya y seguro que en muchos otros lugares del Estado estamos aguantando el aire hasta que salga la sentencia. Y eso a pesar de que tantos presos, presas y juicios después seguimos sin saber quién dio la orden de machacar a una ciudadanía pacífica (ahora ya, se mire por donde se mire, este es un hecho innegable) que había decidido ejercer su derecho a voto en un referéndum.

Se podría esgrimir (y se esgrime) que es ilegal convocar un referéndum pero en cambio nadie puede culparnos por haber participado en él. Yo voté el 1 de octubre, junto a mi hija, mi madre y mi abuela: cuatro generaciones de mujeres. Y voté en un ambiente festivo, tranquilo, rural, bonito, cordial y alegre.

Y después he esperado unos días más. Porque estamos todas y todos conteniendo
el aire hasta que salga la sentencia. Las presas y los presos podrían pasar 15 años en
prisión y en Catalunya esta es una losa que nos oprime. Hace días que en las
redacciones, las radios y las calles no hablamos de otra cosa. Y hay gente mayor que no quiere ver la tele, me dicen, tienen miedo.

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Maldito veroño

El autor buscando setas en un bosque de los Pirineos

La crisis climática se está manifestando también en la pérdida de esas pequeñas cosas que nos han unido desde siempre a la naturaleza. Como la de ir a buscar setas.

Escribo estas líneas recién llegado del bosque, con la cesta vacía y el ánimo afligido. Un paseo perturbador en esta nueva otoñada fallida, como las anteriores, trasfiguradas en eso que algunos llaman ocurrentemente 'veroño', aunque a decir verdad maldita sea la gracia.

El bosque del que les hablo es un frondoso y húmedo pinar del Prepirineo catalán, al que suelo acudir cada año por estas fechas para recolectar nízcalos y rebozuelos: Siempre desde el máximo respeto al entorno, sin afán acaparador, disfrutando en la naturaleza y marchándome sin dejar rastro.

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Este Estado crea su odio

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Cargas en calle Sardenya con Diputació a la salida del colegio Ramon Llull (Robert Bonet)

El poder se ejerce por las buenas o por las malas y el modo de ejercerlo tiene consecuencias distintas: afección o rechazo, afecto u odio. Este Estado fue fundado por los militares rebeldes y tuvo su primera capital en Burgos, pero tuvo una inflexión cuando Franco diseñó su sucesión y los cambios para adaptarse a su contexto político, la integración en la OTAN y el Mercado Común.

La Transición se hizo con algunos pactos tutelados por la Monarquía y el Ejército, en los que se integró la Catalunya de "Llibertat, amnistia i estatut d'autonomia" y garantizó la continuidad de las estructuras profundas del Estado y de la economía pero también abrieron aire, dieron juego social y permitieron aliviar presión, excepto en el País Vasco, donde la respuesta al régimen militar fue también una respuesta militar que no podía vencer a un Estado y prolongó la violencia, asesinatos, cárcel y tortura.

Finalmente hemos llegado aquí, este Estado sólo tiene la respuesta de la violencia para las reclamaciones democráticas de la mayor parte de la población en Catalunya. Porque su reclamación de votar en un referéndum catalán es ampliamente mayoritaria como acreditan encuestas y la misma composición de su parlamento y además es democrática, porque con independencia de que tenga efecto legal o no, la acción de votar nunca puede ser delito bajo un Estado democrático.

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Reflexiones de una mujer española sobre un paracaidista colgado de una farola

El paracaidista colgado en la farola durante el desfile de las Fuerzas Armadas.

Nadie esperaba que el pasado sábado 12 de octubre, Día de la Fiesta Nacional de España, durante el desfile militar que desplegaba su solemne parafernalia ante reyes y princesas vitalicios y presidentes y ministros en funciones, se produjera un acto de psicomagia propio de Jodorowsky. Un paracaidista descendía hacia el palco real, surcando, con patriota pericia, un cielo tan nublado como el horizonte político del Estado. No era un paracaidista más, sino el que portaba, apretándola con reciedumbre también patriota entre sus piernas, la enorme bandera rojigualda que habría de aterrizar –retórica como un símbolo, abstracta como una patria, ella misma una y grande, firme como una sentencia– ante la complacencia del poder español, dispuesto con sus mejores galas a la icónica exaltación.

El paracaidista hizo un giro con el que rubricaría su acrobacia maná y, como si hubiera sido arrastrado por un súbito viento tramontano, se comió una farola. El patriota quedó colgando de aquel poste, enredado en la bandera. Y la bandera quedó colgando del patriota, como un guiñapo. Si la psicomagia sirve, dice Jodorowsky, para desbloquear traumas, y convenimos en que el españolismo está ejerciendo un bloqueo que es traumático, el leñazo contra la farola es psicomagia en estado puro.

Vaya por delante que no soy de las que se ríen con las caídas, tropezones y choques. Nunca me han hecho gracia esas escenas tan populares, reales o ficticias, en las que la gente sufre esa clase de pequeñas humillaciones que, por otra parte, nos hacen por segundos tan humanos. Ni siquiera me gusta ese Charlot ni mucho menos el humor amarillo, aunque adoré en la infancia a aquel cegato Rompetechos de los tebeos de Ibáñez (que hablaba, por cierto, con farolas a las que confundía con policías, en aquel entonces, franquistas). Creo que son residuos de mi educación cristiana y reivindico esa compasión: sentí empatía por el cabo primero Luis Fernando Pozo.

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Juicio del Coño Insumiso: la sentencia las absuelve y el juez opina

Procesión de 'coños insumisos' en las calles de Sevilla por el Día de los Trabajadores. | JUAN MIGUEL BAQUERO

El juez no ha apreciado escarnio a los católicos, ni ofensa a sus sentimientos. Tampoco considera que haya una incitación al odio, la discriminación o la violencia contra ellos, entre otras cosas o principalmente porque la acusación no realizó "ningún esfuerzo específico para sostener" la existencia del delito de odio. Ha quedado probado que la procesión del Coño Insumiso salió a las calles de Sevilla a protestar y no a ofender. Las tres mujeres acusadas por la asociación Abogados Cristianos de Valladolid hicieron uso de su derecho a la protesta "en el contexto social propio de aquellas fechas (...) que era el intenso debate social sobre el contenido del proyecto sobre la reforma de la regulación del aborto que, impulsado por el Ministerio de Justicia", dicta la sentencia. Hasta ahí, todo claro.

Ahora bien, hay algo en la sentencia que una la lee y la alegría por la absolución a las tres activistas feministas que llevan cumpliendo pena de banquillo desde hace tres años sabe amarga. Cuesta comprender que, para su fundamentación jurídica, sean necesarias algunas apreciaciones que se asemejan más a un juicio (de valor) paralelo sobre el comportamiento de las acusadas que a una descripción lo más objetiva posible de los hechos. Es como si el magistrado tuviese una necesidad inexplicable de dejar clara cuál es su opinión sobre los hechos y las tres mujeres activistas. De esta forma nos encontramos que cuando habla de que una protesta puede gustar o no, el magistrado desliza la posibilidad de que dentro de la libertad de expresión también están el que la protesta sea "una mamarrachada o no".

En la sentencia queda claro que al juez no le ha gustado nada de nada la performance –"prescindible y gratuita en sus formas" y "poco glamurosa", llega a decir. Tampoco le parece bien la actitud de las acusadas, a las que no se sabe si advierte o vaticina, haciendo alusión expresa a ellas y a "las personas que las jalean y acompañan", que de seguir así, terminarán traspasando los límites de las normas penales. Podría decirse que el magistrado no solo tilda de vulgar (algo completamente subjetivo) la performance, sino que siembra sospechas sobre la posibilidad de que las activistas y las mujeres del movimiento feminista de Sevilla terminen delinquiendo tarde o temprano. Nada tranquilizador y un puntito estigmatizante.

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El Supremo hace un vestido

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"En los carteles han puesto un nombre que no lo quiero mirá (...) Francisco Alegre tiene un vestido que entre suspiros yo le bordé"

Manuel López-Quiroga. Pasodoble español

No he estado en la recepción de la Fiesta Nacional y, afortunadamente, este año he tenido que sobrellevar menos vuelos rasantes de aviones sobre mi morada. Es curioso que en los días de ensayo pasaran más y más bajo que ayer en el propio acto. No he estado pero creo profundamente en la profesionalidad de mis compañeros que cuentan como Manuel Marchena se ha dolido de las filtraciones de la sentencia de su vida "que son inevitables".

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El fascismo se construye con gente como Pablo Motos

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Pablo Motos y Santiago Abascal en El Hormiguero

Tuve que ver El Hormiguero por primera vez en muchos años. Ya lo había sufrido en alguna que otra ocasión por motivos profesionales. Representa todo lo que humanamente rechazo en los medios de comunicación: exaltación del machismo, superficialidad, una exhibición de testosterona anacrónica y una apelación sutil a esa cultura del esfuerzo liberal falaz y acientífica. El programa fue completamente prescindible en términos periodísticos, porque no es una entrevista, con risas y chanzas y momentos de apuros de Abascal al intentar definir su verdadera política en cuestiones delicadas, más por su incapacidad para expresarse que por las preguntas del presentador, que mostraban un miedo cerval a la reacción pública. La que había habido y la que pudiera haber después. Si algo logró la campaña de boicot a El Hormiguero fue limitar a Pablo Motos en su humor trasnochado hasta mostrarle superado y atemorizado. 

La entrevista de Santiago Abascal en el Hormiguero fue para la extrema derecha la mejor noticia electoral desde que se conformó como partido. Mucho más que sus mítines repletos, que ya han demostrado un escaso rédito cuantitativo en las urnas. Pablo Motos se ha convertido en el mejor propagandista del fascismo patrio. No importa lo que él crea, importa lo que ha logrado. Será en parte responsable de cualquier éxito de este partido, de cualquier medida que a partir de ahora logre sacar adelante, del ambiente de miedo que rodea la vida de colectivos LGTBI por la presencia mediática acrítica de esta gente que pretender devolverlos al armario. Pero no lo reconocerá, porque montado en su soberbia solo mirará los excelentes resultados de audiencia.

Pablo Motos intentó excusarse por la entrevista y las reacciones de protesta por la presencia de Santiago Abascal diciendo que VOX existe, que tiene 530 concejales, 57 diputados autonómicos y 2 diputados en el Congreso [sic]. Aseguró que lo entrevistan porque en su programa no se casan con nadie. Ese, justo ese, es el problema. La actitud de los tibios y conniventes, los cobardes, liberales de saldillo, que creen que frente al fascismo no hay que tomar partido. La de aquellos que equiparan a partidos que representan la tolerancia y el respeto a la vida de todos los individuos, frente a discursos de odio que consideran que los gays o las personas migrantes son ciudadanos de segunda. Son estos personajes el aceite que permite al engranaje del odio funcionar y tomar velocidad hasta hacerse imparable.

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Banderas de cordura

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Fiesta Nacional 2018

Nos llega el 12 de Octubre -Fiesta Nacional de España oficialmente- en un momento caldeado al máximo. La tradición de este día marca exaltar los símbolos patrios y abuchear a todo progresista que se acerque al evento. Sobre este día planean además dos grandes temas: la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco -enterrado con honores desde hace 44 años- y la sentencia del procés que enaltece con particular fervor al ultranacionalismo español. Y solo es el marco de un momento político denso y explosivo. Uno envuelto de banderas que -a veces y a algunos- impiden ver más allá.

Pedro Sánchez metió en la coctelera estos ingredientes previstos y los que se han ido añadiendo para repetir elecciones, jugando a la ruleta rusa con sus resultados de abril que le dieron mayoría relativa. La campaña se nos ha llenado de España, más España, Más país, más bandera, más derecha, más ganas de serla o parecerla, más apariencia, menos fondo. Más desvergüenza en algunos casos enjuiciando la realidad.

El monstruo crece entretanto en este caldo de cultivo. El franquismo, el fascismo por tanto, la ultraderecha, vive días de gloria en España. Con un prior atrincherado en su delirio amarrado a la tumba del dictador, saltándose las leyes que le obligan. Con líderes de una ideología antidemocrática, xenófoba, machista, irracional, torpe, paseándose por los medios y hasta haciendo gracietas y encontrando el sonrojante apoyo de los equidistantes en apariencia. Este año y con el traslado de Franco justo en medio, la fiesta de este 12 de octubre va ser especialmente sonada.

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