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¿La paz social de Andalucía cuesta 680 millones? ¡Póngame dos!

Cada vez que oigo que la trama de los ERE en Andalucía se montó en su origen para "mantener la paz social", pido la cuenta, y corro a mirar la factura para ver cuánto ha costado. 680 millones, dice la sentencia que este martes ha condenado a varios ex dirigentes de gobiernos socialistas. Entonces me digo como el del chiste, aquel del mendigo que pide un euro para un bocadillo, y un listo le dice "toma dos euros y me traes otro para mí". ¿La paz social de Andalucía cuesta 680 millones? ¡Pues póngame dos!

La expresión apareció literal en algunos documentos de la Junta que modificaban el sistema de subvenciones, o aumentaban el dinero destinado a ayudar a las empresas en crisis, en base a ese argumento: "el mantenimiento de la paz social". En unos años, recordemos, en que la crisis económica arreciaba y grandes empresas cerraban o despedían por cientos.

Y la misma "paz social" ha sido evocada por los hoy condenados repetidas veces, cuando declaraban en el juicio o ante la prensa: la intención fue buena, era necesario ayudar a los trabajadores afectados por cierres y reestructuraciones, y evitar así un mayor daño social. Una noble idea, bienintencionada, que se habría echado a perder por culpa de unos cuantos caraduras que destinaron el dinero a otras cosas; esa es la versión exculpatoria de los socialistas. Este martes, tras oír la sentencia, el mismo PSOE andaluz insistió en defender la honradez de sus ex presidentes: ha quedado probado que no se enriquecieron, no montaron una trama para forrarse, sino para una buena causa que acabó torciéndose, dicen.

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La situación creada tras el ERE al Régimen del 78

Griñán y Chaves durante el juicio de los ERE

La sentencia de los ERE se aúpa en la actualidad como "tema del día", cuando no deja de ser una evidencia más de la descomposición del llamado Régimen del 78. Durante cuatro décadas, se fue afianzando una forma de gobernar en ciertos territorios como si fueran cortijos regentados por una camarilla caciquil con ínfulas de virreinato. Ocurrió en Andalucía, sin duda, o en el Madrid, Valencia, Galicia o Castilla del PP, o en la Catalunya de los Pujol, por citar algunos que no todos. Lo hicieron amparados por complicidades y silencios. Añadiendo corrupciones a gran escala y de la mayor bajeza –se aprovecharon hasta de colegios o discapacitados- como la Gürtel del Partido Popular. Sin limpiar tampoco instituciones pringadas. La sentencia de los ERE andaluces es pues una condena a ese Régimen endogámico y enquistado, cuyos actores se permiten aún dar lecciones y seguir el baile del "y tú más" en el que diluyen responsabilidades. Y no puede ser. Esto se ha acabado, hay que limpiar a fondo y emprender un tiempo nuevo. Contra su férrea oposición.

Los principales responsables de los desmanes de ese tiempo son los que ahora quieren seguir marcando el debate político. Escuchar los bramidos de Aznar, González, Margallo, Leguina, Corcuera, Rodríguez Ibarra y de su desprestigiada corte mediática, da idea de la impúdica benevolencia con la que se juzgan a sí mismos. Muchos de ellos sí tenían cargos de responsabilidad cuando el mal camino se trazó.

Ahora toca durante unos días, unas horas, abofetearse con las sentencias, pero el tema de fondo es otro, por eso utilizan el más fácil. Toda esa morralla beneficiaria de intolerables desvíos en nuestra democracia se ha propuesto tumbar el gobierno progresista de PSOE y Unidas Podemos antes de que nazca. Todos gozan de privilegios sobre el resto, todos tienen mucho que callar y han callado, por cierto, demasiado. Desde la jerarquía católica española, a los jarrones chinos y tazas de muestrario políticos, a sus periodistas y medios de propaganda. ¿Cuándo les han oído quejarse siquiera de la pobreza, los recortes sociales, el ascenso de la ultraderecha que ya marca su impronta contra las mujeres y hasta contra los niños? ¿Saben que ese Vox, al que lejos de denunciar amparan, se desmarca hasta de la Convención de los Derechos del Niño de la ONU?

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Vox: entender para combatir

El presidente de Vox, Santiago Abascal, en un acto del partido en Pamplona.

Entender la realidad es una condición imprescindible para intentar transformarla. Desconocerla o negarla es el camino más directo a su perpetuación. Esta es una enseñanza recibida de mis maestros sindicales que me viene al pelo para el debate sobre el fenómeno Vox.

Desde su primera aparición en las elecciones andaluzas hasta la irrupción como tercera fuerza parlamentaria, se vienen realizando todo tipo de análisis académicos, periodísticos y políticos sobre su naturaleza, su ideología, sus votantes. También sobre qué debemos hacer para combatirlos o cuál es el tratamiento que deben darle los medios de comunicación.

A mi entender, buena parte de estos análisis son un tanto simplistas, especialmente los que se produjeron después de las elecciones andaluzas, que expresaban sobre todo desconcierto y trazo grueso. Pretender que una fuerza política que ha obtenido más de 3,6 millones, el 15% de los votantes, responda a una sola causa parece poco creíble, como lo es pensar que la diversidad de sus votantes se refleja en el perfil mucho más compacto de los 52 diputados elegidos.

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Assange y Suecia: 'Lawfare' para silenciar periodistas

Julian Assange a su llegada al Tribunal de Magistrados de Westminster.

Hoy Suecia ha cerrado la investigación contra Julian Assange de forma definitiva y luego de nueve años y tres meses de tenerla abierta, y con ello, de ser una herramienta que le ha mantenido en detención arbitraria. Ha cumplido su misión: hoy Julian Assange permanece confinado en una celda 23 horas al día, en la prisión de máxima seguridad de Reino Unido, donde solo están peligrosos criminales y sin contacto con más personas que sus carcelarios.

El Departamento de Justicia de Donald Trump está pidiendo que se le condene a 175 años en una prisión de máxima seguridad. Por el delito de publicar. Por el delito de exponer la verdad al mundo de crímenes de lesa humanidad y corrupción sistémica de dicho país. Por ejercer periodismo fuera de suelo americano. Periodismo independiente, que no cedió a presiones políticas ni embargos económicos. Periodismo global, que alcanzó cada rincón del planeta con más de 125 medios unidos en la publicación de la más completa documentación de cómo funciona la diplomacia americana alrededor del mundo.

El precedente del caso Assange sería devastador. Pondría en riesgo el ejercicio del, ya de por sí temeroso, tímido y precario periodismo de investigación, a nivel global. Precisamente en tiempos donde los países más poderosos del mundo están gobernados por oligarquías de extrema derecha o por regímenes totalitarios. El caso Assange nos dejaría a todos más indefensos, desprovistos del poder que da la información.

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Esta columna la escribe una niña de 8 años

Alicia Rubio, diputada de Vox, duda de que existan los niños homosexuales y trans.

Hace unas semanas pasó por casa una peque de 8 años. Forma parte de esa familia biográfica que todas y todos tenemos, de esa gente querida que nos encontramos en la vida y que es parte de nuestra historia, de nuestra biografía. Nos pusimos a merendar y le pregunté que cómo le había ido el día en el cole. Me contó algunas cosas sueltas y, acto seguido, ella preguntó qué había hecho yo. Le conté que había estado dando clase. "¿Sobre qué?", insistió. "Sobre los derechos que tenemos las personas", le dije. "¿Y sobre los derechos de los niños también?", quiso saber. "¿Y qué derechos crees que tenéis los niños?", le dije retándola a ver que me decía mientras recogíamos la cacharrería que habíamos desplegado para merendar.

Tras su primera y sorprendente respuesta, decidí coger un boli y pedirle que me fuera diciendo los derechos que ella creía que tenían las niñas y niños. Es esa lista la que hoy da forma a esta columna. He esperado hasta este miércoles, día en el que se celebra el treinta aniversario de la Convención de los Derechos del Niño para 'cederle' este espacio a una niña de 8 años. No solo porque tenga muy claro cuáles son algunos de los derechos que tienen los que son como ella, sino porque las niñas, niños y adolescentes tienen voz y capacidad para hablar por sí mismos.

Aquí van:

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Psicoanálisis a Vox

Santiago Abascal no ve incoherencia en cobrar las mismas subvenciones contra las que lleva despotricando desde que se remangó para poner España en orden. Rechazarlas, dice, sería un error estratégico, ya que con ese subsidio puede luchar contra los subsidios. La estrategia, de una complejidad casi napoleónica, no presenta una sola fisura.

No es fácil entender a Vox. Se trata de una formación nacida del trauma, lo que, desde un punto de vista freudiano, la convierte en un partido-neurosis. Con todo, hay quien intenta analizarlos desde la teoría política. Esta misma semana, dos periódicos de tendencia conservadora se preguntaban lo mismo de dos maneras diferentes. "¿Cuánto hay en Vox de fascismo?", decía uno. "¿Es Vox fascista?", inquiría otro justo encima del subtítulo: "A los expertos les preocupa más la actitud de los independentistas". Un subtítulo, por otra parte, que bien podría ser sustituido por "A los expertos les preocupa más el cambio climático" o "A los expertos les preocupa más la salud de sus hijos".

Difícilmente puede una obra artística ser comprendida y disfrutada si no se conoce al autor y su contexto. De ahí que Vox, como artefacto posmoderno, resulte indescifrable si no se analiza al detalle la figura del macho dominante.

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No es no, también para ERC

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Hablar de la memoria es a menudo hablar de momentos o de palabras que quedan grabados. Todo depende de quién y cómo, claro, porque en ocasiones esos recuerdos se borran, se cambian, se inventan o se apropian. Es lo que tiene el pasado reciente o remoto. Unos lo olvidan, otros lo modifican, otros lo edulcoran y solo algunos lo conservan intacto. Este último caso es hoy el de los dirigentes de ERC ante la investidura de Pedro Sánchez. 

Gabriel Rufián lo advirtió con rotundidad el 25 de julio: "Septiembre nos complica la vida política a todos y el otoño no será un buen momento para hacer política por motivos obvios". Por manifiesto entendía el portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados que, una vez dictada la sentencia del juicio del procés, los republicanos no tendrían fácil prestar gratis sus votos para que Sánchez pemaneciese en La Moncloa. En julio era posible. En noviembre, todo sería distinto.

Recuerdan una por una cada palabra de aquel momento en el que Rufián, desde la tribuna del Parlamento, clamó para que no se perdiese una oportunidad histórica para la izquierda de evitar que las derechas y Vox, "que aplauden con las orejas", les pasen a todos "por encima". Otra cosa es que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias,  prefieran borrarlas y hacer como si todo fuera nuevo y el camino estuviera expedito para un gobierno de coalición.

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Lo que pudo haber sido y será... (espero)

He tenido muchos sustos las noches electorales, normalmente malos, de los de muerte –entre susto y muerte–. Y los días siguientes ya no había posibilidad de recuperarse, la verdad. El susto era real, sin paliativos y sin futuro, hasta la siguiente ocasión. Y así sucesivamente.

El 10 de noviembre, también fue noche de susto-muerte. Fue noche de la que, conociendo el pasado reciente, con los resultados en la mano, cabía pensar que todo había terminado para la izquierda: un candidato, el más votado, que no iba a poder dormir en un Gobierno de coalición y que, de hecho, no lo formó a tiempo, no abría puertas a una realidad diferente.

La verdad, yo me acosté pensando que habría Gobierno presidido por Sánchez y apoyado – bueno, es un decir – por la derecha, por eso del orden y la estabilidad. Ya lo habíamos vivido, contra el criterio de Sánchez, por cierto, lo que provocó su odisea y su epopeya, cuando el PSOE apoyó a Rajoy en segundas nupcias, como las que se prometían también en esta ocasión, pero cambiando de posición los cónyuges.

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Señores, su día

Cada 8 de marzo, no falla, escucho a algún señor quejarse de que se celebra el Día de la Mujer, pero que no hay un mísero día dedicado al Hombre. ¡Injusticia!

A esos señores les tengo dos noticias. La buena es que sí, que existe el Día del Hombre (desde hace más de veinte años). La mala es que no, no es un día para exigir que las cosas sigan como en el glorioso pasado de algunos nostálgicos, donde "las mujeres sabían cuál era su lugar" (y con ello se referían a la cocina, no a la gerencia), la literatura sólo era universal cuando estaba escrita por un hombre y los asuntos serios -conferencias, academias de ciencias- eran tratadas sólo por ellos.

Este es su día, señores. Un día para pensar en la salud, la educación y la vida familiar de los niños. Para pensar en cómo ayudarlos a que tengan opciones de vida para no ser carne de cañón de los violentos, reclutas forzados a guerras ajenas. Un día para pensar en los hombres y en cómo ayudarlos a vivir de una manera más saludable: más actividades al aire libre, menos comidas procesadas. Un día para conversar sobre temas reproductivos: la planificación familiar no es un asunto que le corresponde sólo a las mujeres, el sexo seguro es una prioridad para todos. Un día para pensar en su salud mental de ellos: según la Organización Mundial de la Salud, la tasa de suicidios de hombres es mayor que la de las mujeres en casi todos los países del mundo: la duplica, triplica, sextuplica… Ocurre casi en todos los países, la excepción es China.

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Pablo Iglesias con el partido de Pablo Iglesias

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Pablo Iglesias y Pedro Sánchez

A pesar de todo, que Pablo Iglesias y otras personas de Unidas Podemos lleguen a formar parte del Gobierno de España es una buena noticia para las izquierdas en unos cuantos sentidos. Al líder se le ha acusado hasta la saciedad de personalismo, de arrogancia extrema, de depurar a los disidentes. Muchos y muchas se han apartado de su lado y ha perdido apoyos y poder a nivel territorial. Los detractores también hacen hincapié en los 600.000 votos que la formación ha perdido respecto a las elecciones del pasado mes de abril. Sin embargo, es meritoria la resiliencia y la "perseverancia" que Iglesias ha demostrado en medio del fuego cruzado que no ha cesado desde el nacimiento, hace cinco años, de Podemos. Ha habido de todo: fuego enemigo, fuego amigo y autodisparos al pie. Pero, si todo sale como conviene, está a punto de ser vicepresidente del Gobierno. Incluso en los tiempos de la política de la inmediatez y la sorpresa, esta posibilidad debe causar un asombro positivo entre las filas progresistas (incluida esa militancia socialista que se lo gritaba a Sánchez el 10 de noviembre a los pies del balcón de Ferraz), así como causa estupor y temblores entre conservadores y provoca la cólera de dios entre fachas y ultrafachas.

A falta de otras opciones medianamente aceptables para el PSOE, y ante unos resultados de Vox que a nadie le han extrañado ante la repetición de elecciones, a Sánchez le parece ahora "imprescindible" el acuerdo con Iglesias y así se lo ha hecho saber a las bases en una carta que les hizo llegar este fin de semana. Y las izquierdas deben celebrarlo. Incluso si, como escribió Pablo Iglesias a sus propios militantes en su correspondiente misiva de hace unos días, la coalición con el PSOE conlleva "muchos límites y contradicciones" y que haya que "ceder en muchas cosas". Lo importante es aquello que logre superar esos límites y todas aquellas cosas en las que se consiga no ceder: "Mejorar la vida de la gente desde el Gobierno de nuestro país", dice también la misiva. Nadie lo habría dicho hace cinco años y supone un antes y un después, un cambio real, en la política nacional. A lo mejor sí se puede. Aunque sea poco, aunque sea insuficiente, aunque sea frustrante.

Este gobierno de coalición vendría además a producirse cuando el franquismo colea, acaso, en su estertor final, aunque las urnas parezcan decir lo contrario. La momia del dictador ya salió del Valle, por lo que, más allá del sociológico, del franquismo residual queda un modelo de jefatura del Estado que, tarde o temprano, habrá que revisar. No será temprano, pero será. De ahí, la defensa a ultranza que Vox hace, explícita e insistentemente, de la corona. Pablo Iglesias no viene a tocar ese modelo, sabe que aún no podría hacerlo. Pero es relevante para el futuro del Estado que el republicanismo entre en el Gobierno. Más aún en los tiempos de la política de la inmediatez. Porque quién sabe.

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