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Los yonquis de la prisa y el pobre erizo

Erizo

Me pasó hace unos días. Era una carretera rural y estaba atardeciendo. Las viejas señales de tráfico, oxidadas y amarillentas tras décadas de intemperie, mostraban el límite de velocidad con un número treinta apenas apreciable. De un gris claro casi blanco, como si pidieran ir lento en voz baja.

A ese ritmo de marcha el motor eléctrico silenciaba el paso del coche hasta hacerlo casi de puntillas. Con las ventanillas bajadas se escuchaban perfectamente los sonidos del campo: los primeros grillos, el canto lejano de un chotacabras, los cencerros del rebaño volviendo al aprisco. Calma. Serenidad.

Concentrado en la conducción, prestando la máxima atención al frente pero disfrutando del sonoro silencio de la naturaleza, no lo vi llegar hasta que se me echó literalmente encima y empezó a fusilarme a ráfagas de luz.

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Pasar a la Historia como un Juan Valera

Portadas de enero de 2017 de National Geographic.

En la sala de Feminismo y Medios de la Tate Modern de Londres, en la que la  obra de artistas como Ana Mendieta o Zanele Muholi denuncia la violencia machista o critica la constricción de los géneros, tuvieron que colocar unos carteles que advertían de que el contenido puede molestar. Un guardia me explicó que, como los trabajos incluyen desnudos y sangre, varios visitantes de diversas sensibilidades han reaccionado mal, así que es mejor avisar. Despreciar o quejarse de lo que no se tiene intención de entender ni es nuevo ni encarna la resistencia: se hace en la Tate, al lado de parte del arte más rompedor del mundo, y en todos los lugares, desde las redes hasta los parlamentos.

Cuando las condiciones de un proceso se llevan al límite es cuando se pueden analizar más claramente los resultados. Por eso estos días había cierto consenso en que los senadores argentinos que votaron por el 'no' al aborto pasarían a la Historia sencillamente como los que retardaron lo que está condenado a ocurrir: que sea ley. En el momento en el que hay miles de mujeres al día en peligro de morir por infecciones vaginales producidas por perejil se ve de forma nítida quién está entorpeciendo el curso lógico de los hechos.

Algo más de un siglo antes de mi visita a la Tate y de la votación argentina, a Emilia Pardo Bazán no la dejaban entrar en la RAE por ser mujer, siendo uno de los más insistentes en la cerrazón Juan Valera. La anécdota es de sobra conocida: el escritor le espetó que en el sillón de la Academia no cabría su culo. Cuando la contó brillantemente en Twitter hace un par de años la usuaria Chokocriskis, salió de ella un meme –lo que antaño llamaríamos dicho– que le ridiculiza: "Que vives con tu madre, Juan Valera".

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Horror vacui

Vista de la sección del viaducto que se desplomó en Génova (Italia) este martes

La catástrofe ocurrida hace unos días en Génova nos trae imágenes dispuestas a ser atendidas. Hay una que da verdadero vértigo por ser la de un camión al borde del “horror vacui”, una imagen que nos lleva a pensar que, en Europa, el infierno es una realidad que se desploma bajo las ruedas de los coches y el progreso viene a ser una herencia mal repartida. Con estas cosas, el camión encarado al vacío es la viva imagen de la agonía histórica de nuestro continente.

Veo la imagen y, de seguido, se me viene a la cabeza la parábola que cuenta el detective Sam Spade en la novela El halcón Maltés, cuando se refiere al episodio de un tal Flitcraft, un tipo corriente que un buen día sale a la calle y, muy cerca de él, una viga se desploma desde lo alto de un edificio en construcción y casi le aplasta. El tal Flitcraft se salva por unos centímetros y eso le hace sentir “como si le hubiesen quitado la tapadera que cubre la vida, permitiéndole ver su mecanismo” escribe Dashiell Hammett, ofreciéndonos una metáfora que se abre a nuestros ojos como una lata de sardinas, dejando al descubierto la crudeza del término real pringado en la grasa del término imaginario. Algo así.

Todo esto viene a cuento para repetir lo de siempre, es decir, que la inseguridad de un continente enfermo no es culpa de los emigrantes que vienen a buscarse la vida entre nuestros cadáveres, para nada, sino de los diferentes Estados de la Unión Europea que han sido absorbidos por las fluctuaciones de un capitalismo agonizante, cuya  consigna común es la manoseada coletilla del “aquí todo tiene un precio”; el mismo precio que un buen día pagó el personaje de Dashiell Hammett después de salvar su vida por azar o como se llame eso y decidió emigrar a no sé sabe bien dónde.

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Elizabeth, una muerte que incomoda a los que no quieren ver

Una madre sostiene a su hija durante las concentraciones del pasado 14 de junio, día en el que el Congreso argentino votó sí al aborto

Elizabeth tenía 34 años y un hijo de dos. Elizabeth no se llamaba así, pero eso ya no importa. Ese pequeño, del que tampoco sabemos el nombre, se quedó sin madre el miércoles después de que los médicos de un hospital de Buenos Aires no fueran capaces de salvarla. Le quitaron el útero de urgencia, pero demasiado tarde. La infección era imparable. Había intentado hacerse un aborto casero con una rama de perejil.

Romina tenía 30 años y cuatro hijos. Llegó al hospital el sábado por la noche con todos los signos de haber tenido un aborto, aunque negó estar embarazada. En el centro, también en Buenos Aires, comentaban que pudo haber mentido por temor a las consecuencias legales. Solo una semana antes, el Senado había votado que interrumpir un embarazo seguía siendo un delito en Argentina.

No sabemos si Elizabeth creía en dios. De seguro amaba a su hijo. Y tenía poderosas razones para no querer otro. Sabemos que vivía en un barrio humilde a las afueras de la capital. Y que le faltaban información o dinero, o las dos cosas. La exclusión y la desesperación empujan a las mujeres a la muerte, por mucho que la senadora Mariana Morales se atreviera a asegurar en el debate que “las pobres no abortan”, sino que “salen a laburar para mantener a sus hijos”. La pobreza las empuja, y una clase política irresponsable las sentencia con alegatos religiosos.

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Rescatando a Llarena

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Pablo Llarena

Hasta la fecha el sufrido contribuyente español se ha visto abocado a rescatar bancos y concesionarios de autopistas varios, pero no se había dado el caso hasta el momento de que se nos pidiera que rescatáramos a un juez. Sin embargo, eso es exactamente lo que está sucediendo. El magistrado Llarena, con el dudoso apoyo de su amigo Lesmes, el amo del calabozo del CGPJ, pretende que se utilice dinero público para pagar la representación legal de Pablo Llarena en un pleito civil en Bruselas y, además, que en caso de que éste se pierda y sea condenado, se utilice el dinero de todos para pagar la indemnización, que sería simbólica, y hacer frente a las costas, que no lo serían tanto.

Ya saben, era esa demanda civil presentada por Puigdemont y los ex consellers Serret, Comin, Puig y Ponsatí de protección del honor por manifestaciones privadas realizadas por el magistrado en conferencias (patrocinadas por BMW, en FAES y en universidades de verano) en las que se habría vulnerado su derecho a la presunción de inocencia por parte del juez que instruye su caso. Esa demanda civil que le partía la caja a Llarena y al resto del mundo y que el entonces juez decano de Madrid consideró que no debía ni de hacerle llegar. Esa demanda que ha seguido su curso legal y que mantiene su citación para septiembre. Lo que era una coña y una ocurrencia hace dos meses ha terminado poniendo en marcha mecanismos inauditos para el rescate de Llarena. Con el dinero de todos. Y ojo a eso. Porque lo que se sustancia en Bruselas -lugar de residencia de los demandantes- es si el magistrado Llarena, que en sus escritos judiciales considera presuntos autores de un delito de rebelión y malversación a los catalanes, ha cometido un ilícito civil al dar por hecho en manifestaciones privadas que lo han cometido. Se preguntarán ¿y qué tiene que ver el CGPJ y el Ministerio de Justicia y, sobre todo, nuestro dinero con lo lenguaraz que sea Llarena o lo que se le escape el subconsciente cuando va por ahí de gira? Pues eso mismo me pregunto yo y me parece que también Justicia debe de estudiar muy bien la situación antes de tomar una decisión que pudiera suponer una mala utilización de fondos públicos, ya que esto tiene un nombre muy feo. Ya saben.

Estábamos en que Llarena y los demás reían a mandíbula batiente hace dos meses por la demanda y que éste desestimó rápidamente la recusación que se le hizo por considerar que tenía pleito con estas personas, lo cual es motivo legal para abandonar el caso. ¡A él no le interfería nada! Hace unos días, sin embargo, el juez presentó una petición de amparo ante el CGPJ al encontrarse perturbado en su independencia. ¿Y cómo puede uno no tener interés alguno y desestimar una recusación por un tema y semanas después afirmar que ese tema le perturba tanto que precisa amparo? Pues ya ven. Voy a intentar explicárselo. El imperturbable magistrado se ha dado cuenta de que el procedimiento civil belga sigue adelante y que podía optar por estar representado o en ausencia. Esto último no permite ninguna defensa así que ¿tenía que contratar un abogado y pagarlo de su bolsillo? Vaya faena. Además, pensándolo bien, incluso podía perder y aunque las indemnizaciones ascendieran a cinco euros, el pago de las costas incluyendo los honorarios de los abogados podía dispararse a un pico. Con el bolsillo propio amenazado, Llarena ha pedido sopitas. Estas sopitas no eran de fácil cocción. Me cuentan que el propio Lesmes afirmó en la Permanente que tuvo una conversación con la Abogada General del Estado para ver cómo se podía hacer que fuera la Abogacía la que se hiciera cargo de la situación. Esta le dijo que así, sin que se excitara la cuestión desde el Consejo, iba a ser más bien imposible. Así que, se pusieron a excitar y la excitación ha consistido en la utilización espuria de la figura del amparo que está pensada para preservar la independencia judicial respecto a otros poderes del Estado.

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17A, un aniversario con algunas lecciones

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Homenaje en Las Ramblas a las víctimas de los atentados de 2017. EFE

Muchos catalanes despiden a sus seres queridos con música. Nunca falta El cant dels ocells del que el chelo de Pau Casals arrancó el bajo más profundo, como en la muerte hace el dolor. Y acaban con la esperanza de la vieja tonadilla de Jaume Sisa que nos recuerda, porque es verdad, que cualquier noche puede salir el sol.  Música, flores y un poema de John Donne, leído en los ocho idiomas de los muertos en los atentados del 17 de agosto con acentos transversales. Sensibilidad y sencillez en el homenaje a las víctimas del terrorismo  en las Ramblas de Barcelona y Cambrils al cumplirse el primer aniversario. 

Un acto frío y constreñido en la parte oficial.  Desde el alba, las autoridades mediáticas pedían cautela. Había que evitar “el acoso al rey”, convertido el mensaje en información. De cada tres frases de las retransmisiones una nos recordaba que "no habría discursos para no politizar el acto" y que "el protagonismo era de las víctimas". Nos lo recordaban una y otra vez, una y otra vez. En los informativos posteriores también, con la misma cadencia. Cuando desde la petición de cautela a cada gesto era una politización. No hablar, no decir, no hacer. Por exigencia en el caso de la derecha genuina. 

La nota de color, rojigualda, la han puesto quienes querían convertir el momento en un acto de extraordinaria placidez. En las televisiones en general no se han oído las increpaciones a la periodista Gemma Nierga. 

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El anuncio de una España enferma

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Página web de Todocolección

¿Creen que en Alemania alguien se atrevería a subastar la ropa de un prisionero de un campo de concentración nazi que su abuelo, miembro de las SS, se llevó de Polonia como “recuerdo”? Contesten ustedes mientras yo les cuento lo que he encontrado en una conocida web española de venta de objetos para coleccionistas. 

El anuncio incluye cuatro fotografías en las que se muestra un abrigo de pequeñas dimensiones bastante deteriorado. En la principal se ve la prenda perfectamente enmarcada. Quien se tomó las molestias de colocarla con un fondo blanco, un marco de madera y un cristal protector, completó el bodegón situando algunos billetes viejos y varios documentos asomando de sus bolsillos. Las otras tres fotografías ofrecen detalles para que el posible comprador sea consciente de que se trata de una prenda antigua y muy desgastada. 

El texto del anuncio aporta la información que nos falta: "Excepcional documento histórico. Rebeca y chaqueta procedente de campos de concentración Nazi en Polonia. No poseo ningún documento que verifique su procedencia y/o autenticidad. Sólo información por parte de mi abuelo que participó como voluntario en la División Azul y afirmaba que perteneció a un niño gitano de 4 años procedente de Italia recluido junto a su madre en un campo de concentración en Polonia durante 1942 o 1943. Las piezas están en un marco acristalado y decorado con 2 billetes originales de 5 pesetas, una partida de nacimiento y el libro de familia original de mi abuelo que participó como voluntario en la División Azul. Medidas del cuadro: 75x55 cm".

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Estimado Pedro Sánchez, hoy tengo la necesidad de escribirte públicamente

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Migrantes retenidos en el norte de África

Alex es un amigo. El sábado pasado hablábamos por teléfono cuando los militares le sorprendieron en su casa de Tánger donde vive con otros colegas y su cuñada embarazada de ocho meses. Estaba contándome que había muchas redadas y de repente oí las voces de militares, las mujeres gritando y a uno de sus amigos diciendo “no corráis, no forcéis, dejaos hacer tranquilos para evitar problemas”.

Después se cortó la llamada.

Alex logró comunicar conmigo de nuevo, me dijo que iba en uno de los buses que les desplazan al sur, pero que no sabía a dónde. Muchos transportes repletos de gente. Empezó a reírse cuando le pregunté si iba esposado. “Querida no me preguntes cosas que me dan vergüenza, aquí voy atado junto a uno que no conozco de nada, pero estoy bien”.

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Juristas en el Callejón del Gato

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Imagen de archivo de una manifestación feminista

Sabido es que a principios del pasado siglo existía en el viejo Madrid un callejón próximo a la Puerta del Sol en el que un avispado comerciante había instalado dos espejos deformantes, uno cóncavo y otro convexo, por los que no había "gato" que no se hubiera aprestado a pasar para ver su imagen extraña y alegremente deformada. Sabido es además porque un grande de las letras –Valle-Inclán, mentémoslo sólo para el que no caiga– excentrico, extravagante y lúcidamente esperpéntico, los consagró en sus obras. Cierto es que en Luces de Bohemia, Max Estrella ya nos avanza que "la deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta".

Viene a cuento esta historia hiperbólica y castiza porque cada vez más compruebo que muchas personas con fuerte formación jurídica tienden a pasar la vida por el callejón compuesto de las reglas del Derecho sin darse cuenta que la sociedad, más allá de haberse dotado de ese espejo, por mucho que quieran dotarlo de matemática perfecta, sigue teniendo una existencia real y ontológicamente probada más allá del prisma del Derecho. Pártase de la base de que respeto todos los principios básicos del Estado de Derecho y que defiendo que sin ellos es imposible construir una sociedad justa y democrática. Ahora bien, eso no implica que la realidad se diluya en ellos. Quiero decir con ello que existe el agravio y la ofensa más allá de que el derecho lo establezca como tal. Existe la necesidad, la carencia o la injusticia más allá de los límites fijados por el Derecho. Las leyes, y sobre todo el derecho penal, son el mínimo exigible, pero más allá de él existen injusticias, e incluso cuando estas no se someten a su égida, siguen existiendo.

Viene esto a cuento del revuelo de varios civilistas respecto al decreto ley publicado por el gobierno socialista que, con una nueva redacción del artículo 23 de la Ley de Violencia de Género, permite que "las situaciones de violencia de género que dan lugar al reconocimiento de los derechos recogidos en este capítulo se acreditarán mediante una sentencia condenatoria, una orden de protección o cualquier resolución judicial que acuerde una medida cautelar a favor de la víctima bien mediante informe del ministerio fiscal... También podrán acreditarse las situaciones de violencia de género mediante informe de los servicios sociales, de los servicios especializados o de los servicios de acogida... o por cualquier otro título siempre que esté previsto en las disposiciones normativas de carácter sectorial".

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Fosas comunes (y en común)

Sobre un escenario, ante 500 personas que no deben saber demasiado de los muertos del franquismo, pero sí mucho de los que siguen exhumándose en tantos lugares del Perú, Magaly canta junto a Maria. La primera lo hace en quechua y la segunda, que ha estado haciéndolo en catalán, ahora lo hace también en castellano. Ambas cantan a las fosas comunes y también a las fosas en común. Dicen que cuando Magaly Solier, la actriz y cantante peruana, escuchó "45 cerebros y un corazón" quiso traducirla al quechua y cantarla junto a sus autores, Maria Arnal y Marcel Bagés, durante la Feria del Libro de Lima.

Es difícil que no se te pongan los pelos de punta al ver atravesarse en dos mujeres jóvenes, una andina, la otra catalana, tantos temas que nos abisman y nos reconcilian a la vez, las tragedias del pasado y del presente como un amasijo de piedras secas y húmedas. Es más difícil cuando sus voces de laguna o de verbena, que parecen contener todas las voces del universo, se parten como si fueran dos hermanitas llorando juntas.

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