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Silencio, se está negociando

Sànchez y Torra, en julio en los jardines de Moncloa

Hace unos días se aprobó en el Senado la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales y Garantía de los Derechos Digitales. Con ella se permite a  los partidos políticos elaborar bases de datos que tracen un perfil ideológico  a partir de las redes sociales y de webs a las que regalamos, con total inconsciencia, nuestros datos. También autoriza a los partidos a enviarnos propaganda electoral de forma electrónica. Es por eso que a esta ley se la conoce por la del  spam electoral. No quiero entrar a analizar o valorar este asunto sino proponer un pacto, un quid pro quo a los políticos ya que nos van a coser a mensajes y consignas en nuestros buzones de entrada.

Hagamos un pacto por el que partidos y líderes políticos dejen las redes sociales. Déjenlas de lado por favor, por lo menos durante un tiempo, el que dure el buen propósito de tomar decisiones difíciles. Porque se tienen que tomar decisiones firmes y con muy mal marketing así a primera vista, si queremos salir de algunos hoyos en los que estamos.

Estoy harta de que las redes sociales marquen la política, el periodismo etc. Yo soy usuaria, claro que sí, pero deberíamos consensuar un espacio, un contexto para estas redes y no salir de ahí. No son el oráculo de la opinión ciudadana, no son muestra de nada. No son el foro para emitir comunicados y posturas oficiales etc. No me sirve, por ejemplo, que Macron en la crisis de los chalecos amarillos estuviera sin hablar desde el 1 de diciembre, en el consejo europeo, y en toda una semana con el país incendiado de protestas, se limitase a publicar un tuit apoyando la actuación de las fuerzas de seguridad. No es aceptable.

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21D, la tormenta perfecta

Imagen de CNN cubriendo la crisis de Catalunya 2017

21 de diciembre de 2007. Era el día anunciado por el entonces presidente Zapatero para la llegada del AVE a Barcelona, tras 12 años de obras, incidentes y retrasos. Hubo algunos más. Agujeros y derrumbes de un obra gestionada en los principales tramos de su recorrido por el Ministerio de Fomento de Álvarez Cascos trasladaron la inauguración hasta febrero del año siguiente. Jalones de la historia de la normalidad española, perpetuamente asaltada por zancadillas con olor a corrupción. La principal distancia, sin embargo, es la que habla de los cambios drásticos operados en una década en las relaciones entre Catalunya y el Estado. De cómo un Estatut con todos los parabienes legales, fue repudiado, recurrido, servido en píldoras de ponzoña a la españolidad más recalcitrante, por un PP con afán recaudatorio de votos. El apoyo al independentismo pasó de apenas el 10% al 48%.

21 de diciembre de 2018. El AVE llegará a Barcelona, sí, y esta vez, de nuevo, cargado de huestes del “a por ellos”, regados, alentados, por una derecha que se ha dividido, multiplicado, en tres para no desperdiciar un solo voto. En el conjunto de España, naturalmente. Lo anunció de alguna manera el nuevo viejo líder del PP. Pablo Casado dijo que " 3.000 radicales antisistema de toda Europa, algunos de ellos armados, se aprestan a acudir a Barcelona para participar en la rebelión contra el Gobierno español”. Si se aprende a leer en las trazas de las fake news más que a anuncio suena a amenaza. Son esperados algunos, pocos, italianos, “suficientes para acompañarlos y que no se pierdan”, me dicen. De donde sí van a llegar es de la España ultra. Casado dice que "armados algunos", Casado dice que “para participar en la rebelión contra el gobierno español”. Hay que oír la letra, más que la música.

En Barcelona, este viernes 21, la previsión del tiempo anuncia la tormenta perfecta. Se cumple un año de las elecciones celebradas bajo el artículo 155 decretado por Rajoy. Electoralmente, dejó resultados similares y la misma sociedad dividida. Un 21 de diciembre aquél, poco después del referéndum del 1 de Octubre, considerado ilegal por el  gobierno del PP y sus apoyos, y que fue reprimido con dureza por las Fuerzas de Seguridad.  Imágenes que dieron la vuelta al mundo. Y nada las puede borrar. Después, también, de la salida a escena del Rey, el día 3, crispando los ánimos y marcando el camino. De ruptura. Desencuentros y dolor en este año completo que confluyen este viernes con un cúmulo de expectativas cercadas por circunstancias condicionantes.

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El dilema naranja

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Albert Rivera

El apoyo independentista a la moción de censura le abrió a Ciudadanos un espacio para devorar al PSOE desde el centro izquierda jacobino, como ya había hecho con éxito en Catalunya. La estrategia de Pablo Casado de intentar cortar el paso a Vox copiándole la agenda de derecha extrema le ha abierto a Ciudadanos un espacio para devorar al Partido Popular desde el centro derecha liberal. Todo serían buenas noticias y resultaría perfecto si no mediara un pequeño inconveniente: no se puede ir a por ambos nichos electorales a la vez, igual que uno no se puede mover al mismo tiempo hacia la derecha y hacia la izquierda. Ciudadanos debe elegir y las opciones son mutuamente excluyentes.

Para crecer a costa del PP necesita poder acordar y gobernar con los populares. Para medrar a costa del PSOE necesita poder acordar y gobernar con los socialistas. El problema es que ambos rivales lo saben y ambos le van a forzar a elegir: o uno u otro. Ni populares ni socialistas le van suministrar gratis total una especie de bufé libre de alianzas, donde los naranjas puedan comer cuánto quieran, dónde quieran y siempre que les apetezca.

Si Rivera y los suyos optan por crecer a costa del PSOE necesitan, además, recuperar el tono más sensible en lo social y más intervencionista en lo económico que les llevó a definirse incluso como un partido socialdemócrata. Si, en cambio, prefieren ir medrar a costa de los populares, van a tener que reforzar aún más un discurso económico liberalizador. O bajas los impuestos o mejoras los servicios públicos, ambas cosas al tiempo ya no cuelan. La bandera de España puede tapar muchos dilemas programáticos, pero no todos.

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Felipe VI defrauda con su último look

Si en nuestra anterior columna abordábamos el espinoso asunto del vello en los senadores, hoy tenemos que volver a la ropa, al Congreso y a la Corona.

Ayer Su Majestad Felipe VI volvió a castigar a sus admiradores con un conjunto de chaqueta y pantalón que parecía declarar la imperiosa necesidad de un referéndum por la República. Lo peor es que habíamos visto ese traje no menos de diez veces (y las diez gritamos de espanto). Parece mentira que un monarca europeo de su talla, literal y figurada, siga apostando por el clasicismo más aburrido. ¿Acaso le ha robado la ropa a su padre? ¿Es que nadie le aconseja? ¿Es que quiere acabar con la monarquía a base de bostezos?

El de Su Majestad es un estilo que recuerda al del Josep Borrell más lánguido, ese que aplica la anglofilia a todo menos al armario. Basta con echar un ojo a esas corbatas que pasea por Europa y que pasaron de moda ya al primer pespunte. ¿Qué os pasa, chicos, es que no entendéis que “estilo” no es solo una pestaña del Excel?

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Salir a correr o salir corriendo

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Una mujer camina por una galería comercial vacía

Os habrá pasado. Si sois mujeres. Habéis llegado a casa apretando el paso, corriendo incluso, con el aliento entrecortado. A veces, más tarde, cuando ya te sientes segura, llegas a dudar de lo que ha pasado. ¿Seguro que aquel hombre te estaba siguiendo?, ¿de verdad te hubieran hecho algo esos tipos si hubieras seguido tu camino con tranquilidad?, ¿por qué no se te ocurrió hacer esto o lo otro?, ¿la policía no está también para esto?

He perdido la cuenta de las veces que me he tenido que escabullir de hombres. Hombres que me cortaron el paso por la calle, o que me siguieron y persiguieron, o que me tocaron o lo intentaron, o que incluso se me abalanzaron. La última experiencia fue hace no mucho. Llegué a casa alterada y diría que avergonzada. Qué carrera tan estúpida cruzando la plaza me había pegado. El móvil en la mano, incapaz de usarlo para nada que no fuera apretarlo con fuerza. Yo, la feminista, cómo no me enfrenté a ellos, como no fui capaz de pedir ayuda, como no se me ocurrió en ese momento marcar el 112.

Al día siguiente, me levanté ansiosa y con mal ánimo. Me miré al espejo. Basta, Ana, basta. Que no quiero sentir miedo en mi propio barrio ni mucho menos cargar con culpa o apuro alguno. No me quiero exigir ser valiente, solo quiero ser normal. Quiero salir a correr, que no salir corriendo. Ese mismo día volví a la esquina de la calle donde me había topado con esos tipos la noche anterior. Como un animal que marca su territorio. Esta calle es mía y punto. No es que no tenga miedo, es que me niego a abandonar lo que me pertenece: las aceras, las esquinas, los bares, los rincones, también los poco iluminados. Se dice fácil; no lo es tanto.

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El Tribunal Supremo como juez de conveniencia

El Tribunal Supremo no puede ser jamás un juez de conveniencia. Ningún juez puede serlo. Pero el Tribunal Supremo menos que ninguno, sencillamente porque es Supremo. Las decisiones de todos los demás órganos jurisdiccionales, sean individuales o colegiados, pueden ser recurridas. Las del Tribunal Supremo, no. En consecuencia, el vicio que aqueja a la actuación de todo  juez de conveniencia resulta en el caso del Tribunal Supremo radicalmente incorregible.

En consecuencia, cuando se hace uso del Tribunal Supremo como juez de conveniencia no solamente se vulnera el "derecho al juez ordinario predeterminado por la ley", como ocurre en cualquier otro supuesto de juez de conveniencia, sino que se vulnera además el derecho a la segunda instancia que es un elemento constitutivo del proceso penal de todo Estado democrático digno de tal nombre.

Esta es la razón por la que el Tribunal Supremo únicamente puede conocer en primera y única instancia de la conducta de aquellas personas aforadas ante él. Tiene que haber una atribución expresa e inequívoca de la competencia, para que el Tribunal Supremo pueda actuar como juez de primera y única instancia. La interpretación de la competencia del Tribunal Supremo en estos supuestos, dada la incidencia que tiene en el ejercicio de los derechos fundamentales, tiene que ser siempre una interpretación restrictiva.

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La herencia de Mariano Rajoy

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El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy

Que el PP dirigido por Mariano Rajoy fue una fábrica de independentistas se convirtió en una suerte de lugar común entre los comentaristas políticos de los años de Rajoy en la Moncloa. Y la evidencia empírica de que disponemos lo corrobora. Cuando Mariano Rajoy es investido presidente del Gobierno en 2011, la opción independentista era extraordinariamente minoritaria. CiU, con el tándem Artur Mas y Durán Lleida, mantenía una sólida hegemonía dentro del nacionalismo, que se había traducido en las elecciones autonómicas catalanas de otoño de 2010, unos meses después de la sentencia del Tribunal Constitucional (STC) 31/2010, en una mayoría de 62 escaños en el Parlament. Artur Mas no llegó a tener la mayoría que tuvo Jordi Pujol en las elecciones entre 1984 y 1992, pero sí superó su mayoría desde 1995 (60 en 1995, 56 en 1999, 46 en 2003 y 48 en 2006). Cuando Mariano Rajoy llega a la presidencia del Gobierno tiene como interlocutor en Catalunya un gobierno nacionalista pero autonomista, que prefería aprobar los Presupuestos con el apoyo del PP antes que con el apoyo de ERC. Un partido que jamás había llevado la independencia en su programa de gobierno y al que nunca se le había pasado por la cabeza la convocatoria de un referéndum.

El salto de la autonomía a la independencia por parte del nacionalismo catalán se ha producido íntegramente durante los años de gobierno de Mariano Rajoy, que ha sido incapaz de enviar la más mínima señal de que se podía abrir una vía de diálogo para encontrar una salida a la situación en Catalunya tras la sentencia del Tribunal Constitucional 31/2010. La ausencia de cualquier horizonte de naturaleza política, acabó conduciendo al nacionalismo a abandonar la vía autonomista y transitar hacia la independencia. La utilización de manera casi exclusiva del Tribunal Constitucional como instrumento para hacer frente a las demandas nacionalistas contribuyó a que éstas no hicieran más que aumentar.

Hasta tal punto fue así que, a partir del 9 de noviembre de 2014, fecha del primer referéndum, ya no fue suficiente el recurso al Tribunal Constitucional, sino que se tuvo que recurrir también a la Fiscalía de Catalunya y General del Estado y a los Tribunales: tribunal Superior de Justicia de Catalunya, Audiencia Nacional y Tribunal Supremo. La activación de la “coacción federal” prevista en el artículo 155 sería la consecuencia inevitable de la negativa a enfrentarse con el problema en términos políticos. A través de la aplicación que se impuso del 155 se acabaría consagrando la “vía judicial” penal como la única a través de la cual se podía dar respuesta al nacionalismo catalán.

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Ofendiditos por la ciencia

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Caricatura de Charles Darwin.

Son tiempos arriesgados para el humor incómodo, irreverente, negro y ácido, alejado del policorrectismo cada vez más imperante en nuestro país (y otros muchos). Hace tan sólo unos meses, la polémica se desataba por un monólogo sobre gitanos del humorista de Pantomina Full, Rober Bodegas. Por dicha actuación, al comediante le llovieron centenares de críticas, acusaciones de racismo e, incluso, amenazas de muerte. El último episodio que ilustra el humor como profesión de riesgo en la sociedad actual ocurrió con la imputación de  Dani Mateo por sonarse la nariz con la bandera de España en el Intermedio. La Alternativa Sindical de Policía le denunció por los presuntos delitos de odio y ultraje a símbolos nacionales. Anteriormente,  cuatro marcas habían decidido retirar su publicidad a Mateo y al Intermedio por el controvertido sketch y las furibundas reacciones que había originado.

Estos y otros muchos incidentes, que reflejan una creciente intolerancia hacia el humor más hiriente y descarado, han popularizado el fenómeno de los 'ofendiditos': personas extremadamente susceptibles, con una elevada predisposición a ofenderse y denunciar por las cuestiones más nimias. También algunos han denominado a los millenials como generación copo de nieve, por la mayor vulnerabilidad emocional ante puntos de vista ajenos que desafían los propios en comparación con otras generaciones. Otros se refieren a ellos como "los nuevos victorianos".

Al margen del debate sobre si el humor justifica los medios, lo cierto es que los ofendiditos no se muestran exclusivamente ante el humor zafio. Se trata, en realidad, de un fenómeno que se infiltra también en los demás ámbitos de nuestra sociedad occidental. Como consecuencia, también hay ofendiditos por la ciencia. Es decir, grupos de personas que se escandalizan ante ciertas investigaciones científicas o ante la divulgación de los resultados de estos estudios; llegando hasta el punto de denunciar o incluso evitar el desarrollo o la publicación de dichas investigaciones.

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Aznar es anticonstitucional

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El expresidente del Gobierno, José María Aznar, en una imagen de archivo.

"Tal como está redactada la Constitución, los españoles no sabemos si nuestra economía va a ser de libre mercado o, por el contrario, va a deslizarse por peligrosas pendientes estatificadoras y socializantes, si vamos a poder escoger libremente la enseñanza que queremos dar a nuestros hijos o nos encaminamos hacia la escuela única, si el derecho a la vida va a ser eficazmente protegido, si el desarrollo de las autonomías va a realizarse con criterios de unidad y solidaridad o prevalecerán las tendencias gravemente disolventes agazapadas en el término 'nacionalidades'...". No, no es un discurso de Santiago Abascal en un mitin de Vox. Se trata de un artículo publicado por José María Aznar en La Nueva Rioja, un – funny fact– 23 de febrero de 1979. Por aquel entonces su partido, Alianza Popular, venía de abstenerse y pedir la abstención por un lado y votar 'no' y pedir el 'no' por otro.

Queda claro que, entonces, José María Aznar no entendía la Constitución española. Hoy, cuarenta años después, cuando reclama una intervención "total" y "sin límite de tiempo" en Catalunya, demuestra que continúa sin entenderla y, aún peor, se sitúa en la más abierta inconstitucionalidad. Su opinión sobre quién está dentro de un texto que ni entiende ni respeta vale lo mismo que la palabrería de un curandero frente al diagnóstico de un médico ante un problema de salud.

El artículo 2 del Título Preliminar de la Constitución española, esto es, su parte dogmática, aquella que exige un procedimiento de reforma reforzado, afirma como fundamentos del orden constitucional "la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas". Si la unidad de España no se puede tocar sin que tiemblen o se amenacen los cimientos del Estado, tampoco se puede sobar el derecho a la autonomía sin que tiriten o sufran exactamente igual; mucho menos suspenderlo de manera total e ilimitada.

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El feminismo no necesita una Biblia

Cuando en primaria me preguntaron si creía en Dios no supe qué contestar. La profesora me miró con desdeño y en vez de darme la ficha para dibujar que todos los niños estaban coloreando, me entregó una que tuvo que recuperar de su archivador, y en la que ponía algo que entonces no entendí: "testigo de Jehová".

Después de contárselo a mis padres, jamás volví a esa clase. Ellos pidieron al director del centro que me inscribiera en algo que a mediados de los noventa, en mi colegio de Almería, no existía. Alternativa a la religión éramos el conserje, Toñín −el único y verdadero testigo de Jehová de 1ºA− y yo. Dos veces por semana nos llevaban a la biblioteca, y allí los dos niños raritos mirábamos cuentos o dibujábamos los nuestros propios en una libreta.

Pocas veces le pregunté a mi madre por Dios. Al principio me daba vergüenza responder a mis compañeritas de patio que yo no estaba bautizada o que no haría la comunión. "¿No tienes una Biblia?", creo que me preguntó Patricia, la de los bocadillos de sobrasada y las felpas gigantes. "Mamá, ¿no tenemos una Biblia?", creo que pregunté yo algunas horas más tarde en casa. "Cuando seas mayor, podrás elegir la que tú quieras. Tú decidirás en qué crees y en qué no. Pero lo has de encontrar sola", creo que respondió ella, con una frase grandilocuente y como de película, que lo más probable es que mi imaginación haya deformado con el tiempo.

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