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Un fascismo impregnado de franquismo y estulticia

Rocío Monasterio y Pablo Casado charlan en el Congreso.

No hay duda ya ni en la primera semana: el mayor obstáculo para el Gobierno es un bloque granítico que suma las fuerzas conservadoras del país, se hayan presentado o no ante las urnas. Su peso es impropio de una democracia consolidada porque no se corresponde con las preferencias políticas de la mayoría. Así, vemos que las derechas no han ganado en ninguna de las últimas y múltiples convocatorias electorales pero están incrustadas con notable desproporción en órganos clave.

Los primeros pasos del Ejecutivo de coalición van renovando las cúpulas de las Fuerzas de Seguridad, se vive el acoso –más que el enfrentamiento en la terminología periodística- de la judicatura conservadora, la empresarial da "toques" y la política es un fiero desbarre, tanto o menos que la mediática a su servicio. La sociedad entre tanto vive preocupada por ese escenario y por el ascenso de la ultraderecha que está impregnándolo todo. ¿Hay motivos?

La "letra pequeña” del barómetro del CIS de diciembre nos dice que la mayor parte de los españoles se autoubican en el centro y el centro izquierda, hasta casi un 59%.  En 2011, se situaba a la derecha más del 50%, entre el 5 y 8 de la tabla. Otro aspecto es la subjetividad con la que se vive la propia adscripción ideológica. Ahora, prácticamente solo los votantes de Vox se sienten de derecha máxima. Y no se pierdan a cerca de un 10% que no saben de qué son. 

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Los hijos no pertenecen a nadie, tampoco a los padres

El único partido en democracia que tiene varias causas abiertas en Fiscalía por presuntos delitos de incitación al odio es el mismo que defiende la libertad de los padres de sacar a sus hijos de clase cuando en estas se hable de derechos humanos. Vox ignora (o quiere ignorar) que el que los padres tengan la patria potestad sobre sus hijos no significa que les pertenezcan y puedan decidir por ellos a su propia conveniencia.

Los hijos son una responsabilidad, no una propiedad, y es el Estado el que está obligado a velar por su protección, para que sus derechos (los de la infancia y la adolescencia) se respeten. Este reparto de roles –obligaciones (Estado), responsabilidades (progenitores) y derechos (menores de edad)– no es invento de la ministra Celaá, tampoco del PSOE ni de Unidas Podemos. Es, ni más ni menos, fruto del ordenamiento jurídico sobre el que se basa todo nuestro sistema de protección a la infancia y adolescencia desde los años 80. Esto significa que cada progenitor es responsable (en forma prioritaria e igualitaria) de asegurar el desarrollo y bienestar de sus hijas e hijos, y de que estos disfruten plena y efectivamente del ejercicio de sus derechos. No son los derechos de los padres los que están en juego con el veto parental, sino los de los niños. Plantearlo de otra forma es tratar a estos como sujetos pasivos sin voz ni derechos, es usurparles la titularidad de su vida, tratarles como objetos.

Nuestro sistema de protección se basa en la lógica de los derechos humanos, que reside en la Convención de los Derechos del Niño (ratificado por España y de obligado cumplimiento), y superó hace ya muchas décadas otra lógica, la del Derecho Romano. En aquella, los miembros de la familia eran propiedad del pater familias, es decir, el padre tenía plena autoridad y derecho para disponer de la vida de sus hijos e hijas, sin necesidad de contar con su opinión ni de atender a sus intereses y necesidades. Es precisamente esta idea del pater familias (idea que también abrazó el franquismo) la que busca rescatar Vox con su defensa de un "derecho fundamental" que en realidad no existe.

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Dejad a los niños en paz

La portavoz de Vox, Rocío Monasterio, en una imagen de archivo. / Europa Press

Lo que Vox llama el 'pin' en las escuelas es otro 'pin, pan, pun' reaccionario para ir contra nuestros derechos y libertades, señalando a los más débiles, que son los niños. Ha costado muchos años y esfuerzos avanzar para tener una enseñanza pública, donde los chavales puedan hablar con normalidad de que hay niños que pueden tener deseos sexuales por otros niños o por otras niñas. Para educar en esa diversidad y en esa convivencia no hay que pedir permiso a los padres. Simplemente, hay que tener categoría humana, no deseos de hacer política rastrera con ello.

Un niño o una niña van a ser homosexuales, lesbianas o bisexuales por más que en Vox se empeñaran en lo contrario. Los gustos, orientaciones o condiciones sexuales de los chavales no los decide la extrema derecha. En los últimos tiempos, hemos visto a sus dirigentes, como Rocío Monasterio, llevarse las manos a la cabeza como si las charlas en los colegios condicionaran la orientación sexual: "A nuestros niños se les obliga a cursillos donde dicen que tienen que probar a ser niña y probar nuevas prácticas sexuales". Esto, además de ser mentira, es una estupidez: uno no es homosexual por haber ido a un cursillo.

No hace falta ser arquitecto, aunque se haya ejercido sin el título, para saber que un curso que explique la diversidad sexual a un niño no le incita a la "zoofilia", ni a ser lascivo, picaflor o chorradas varias que tenemos que oír. Ni esos talleres son así, ni determinan orientaciones o conductas. En Vox consideran que, ante la posibilidad de que los hijos puedan ser "adoctrinados", los centros educativos deben pedir autorización a los padres, por si la charla complementaria en horario de clase es "contraria a las convicciones" del progenitor. Como si un hijo de un padre facha, homófobo y machista no tuviera derecho a ser educado en derechos humanos, libertad, diversidad y convivencia.

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Lo que hay detrás del Megxit

Meghan Markle y su marido Harry

A unos días de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, los artículos más leídos y los debates más intensos en la prensa británica son los que se refieren a la salida de Meghan Markle y su marido Harry de la Casa Real. Puede parecer superficial, sobre todo comparado con la ruptura para los trabajadores, los estudiantes, los visitantes o los empresarios de la isla a partir del 31 de enero. Pero la rebelión de Meghan y Harry cuenta una historia mucho más esencial de lo que parece a primera vista.

Refleja la peor parte de la sociedad británica -el clasismo, el racismo, el machismo, la brecha generacional, la mezcla de desprecio y complejo frente a los americanos, los delirios de grandeza y la influencia de la prensa de baja calidad. Estos rasgos se entremezclan con los motivos del resultado del referéndum sobre el Brexit y la deriva de la política actual, y no son tan distintos de las dinámicas que hemos visto en otros países.

Los males arrastrados durante décadas en la prensa tienen un papel especial. El origen no ha estado en Facebook ni en ninguna otra plataforma maléfica: el Brexit, igual que el Megxit, no se entiende sin el mal funcionamiento de la prensa tradicional.

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Qué es ser racializado

Rita Bosaho / EFE

En 1961 John Howard Griffin publicó el libro 'Black like me', donde contaba su experiencia viajando durante seis semanas por Luisiana, Mississippi, Alabama y Georgia. Viajar como un señor blanco por los estados sureños de Estados Unidos significaba que tenías preferencia en los asientos de los autobuses, mejor espacio en los lavabos y la opción de comer en los buenos restaurantes. Pero Howard Griffin hizo aquel viaje tras pasar por un tratamiento que oscureció su piel. A ojos de la sociedad pasó a ser un hombre negro, y se le trató como se trataba a los negros en aquella época: con las peores condiciones sociales, económicas y políticas.

Cuento esta historia a raíz de la polémica generada tras la renuncia de Alba González a encabezar la Dirección General de Igualdad de Trato y Diversidad Étnico-Racial. Su sustituta es Rita Bosaho, primera diputada negra en la historia del Congreso. En el centro de todo este debate está un concepto que en los últimos años ha ido ganando presencia hasta ahora ser blandido por unos y otros para justificar o atacar el nombramiento de Bosaho y la renuncia de González: ¿Qué es ser racializado?

De entrada todos somos racializados. Todos formamos parte de alguna categoría racial o étnica por la que el resto nos identifica: blancos, negros, asiáticos, gitanos... Racializado no es la forma políticamente correcta de decir 'negro', sino que es una manera desde la que describir la categoría racial. Es una categoría más como pueden ser el género o la sexualidad. Estrictamente una persona racializada es alguien que recibe un trato favorable o discriminatorio en base a la categoría racial que la sociedad le atribuye.

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Ni el vestido de flores de Ayuso pudo con el régimen saudí

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en su visita a Arabia Saudí por la Supercopa

Sorprendentemente, Isabel Díaz Ayuso no ha logrado acabar con el veto a las mujeres en los estadios de fútbol en Arabia Saudí. Tres días después de acabar la Supercopa, justo después de que cámaras, reporteros y futbolistas hayan retornado a sus democráticos países, la vida sigue igual en el reino, tal y como muestra un vídeo de la Cadena Ser en el que se ve que las gradas de los estadios vuelven a confinar a las mujeres a espacios reservados y peores que los de los hombres.

Ni el desembarco de deportistas, periodistas ni la mismísima llegada de la presidenta de la Comunidad de Madrid sin velo, algo que por otra parte se ajustaba perfectamente al protocolo marcado por la monarquía absoluta, ha logrado cambiar el mundo para decepción de los esperanzados y libertadores occidentales. La revolución social suele costar más tiempo y sufrimiento que lo que cuesta coger un avión y volar invitado a un palco vip.

Esta noche @IdiazAyuso ha hecho más por los derechos y libertades de las mujeres que el feminismo de las bonitas y de los bonitos. Enorme. pic.twitter.com/Aaebimx8SJ

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La cúpula judicial declara la guerra abierta

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El Consejo General del Poder Judicial.

Acaba de empezar la guerra de la justicia. Tres días después del primer Consejo de Ministros del nuevo Gobierno. Y las primeras escaramuzas indican que va a ser una guerra sin cuartel. La cúpula judicial que desde hace años dirige los movimientos políticos de ese conglomerado, tantas veces en sintonía con los intereses políticos del PP, no está dispuesta a rendirse y sí a utilizar todos los medios a su alcance para batir al Gobierno. La suerte de este depende en buena medida del resultado de ese enfrentamiento. Y no cabe hacer previsiones fáciles sobre el mismo.

Entre otras cosas, porque la cúpula judicial no está sola en su enfrentamiento con el Gobierno. El PP ya ha anunciado bien a las claras que va a secundarla. Vox también. El partido de Pablo Casado sabe que se juega mucho en ese envite. Si el Gobierno logra sacar adelante su propósito y consigue que los tribunales dejen de ser un actor político principal, tal como ha ocurrido desde hace unos cuantos años, la derecha no solo habrá perdido un aliado fundamental, sino que algunas de las mayores aberraciones de los gobiernos de Mariano Rajoy, instrumentadas por sus jueces afines, quedarán al descubierto y el discurso político del PP quedará vacío.

A primera vista, el bloque jurídico-político de la derecha tiene las de perder. Porque su montaje, aunque parezca sólido, y lo es, es al tiempo frágil. Necesita mantener activas todas sus piezas, perder alguna de ellas puede ser el principio del desmoronamiento final. Y para que eso no ocurra requiere de algo que ya no tiene, el apoyo de un gobierno del PP.

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Pujol y Cifuentes en televisión

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Cifuentes, en 'Sábado Deluxe': "Vivo de alquiler con lo justo, a ver si otros políticos pueden decir lo mismo"

Imagínese que tiene ante usted a la expresidenta de la Comunidad de Madrid Cristina Cifuentes, dispuesta a responder a sus preguntas. ¿Sobre qué le preguntaría?Independiente de la opción ideológica de cada uno y de la opinión que se tenga de ella, parece lógico conocer su opinión sobre su dimisión, sobre el estado del proceso judicial sobre el denominado "caso Master". Pedirle su postura sobre la acusación de un delito de falsificación de documentos públicos en el marco de una de las piezas de ese caso, o sobre las acusaciones que pesan sobre ella por su presunta participación en la financiación irregular del PP de Madrid, mediante la adjudicación de contratos amañados de la cafetería de la Asamblea de Madrid. También sería de interés conocer su opinión sobre ese vídeo en el que aparecía sustrayendo unas cremas de un centro comercial, y que precipitó su dimisión. Y que diese nombres de los responsables de que apareciese ese vídeo tantos años después y en ese preciso momento.

Pues bien, el pasado 11 de enero Cifuentes fue al programa Sábado Deluxe, de Telecinco, donde fue entrevistada por Jorge Javier Vázquez y otros "periodistas". "Estoy encantada", dijo, por acudir a ese "espacio de éxito y entretenimiento". Aquí recopilo algunas de las preguntas que le hicieron en el programa: ¿Quién ha sido tu verdugo?¿Qué ha sido lo más duro?, ¿Qué es lo que más te ha indignado de los bulos que han circulado sobre tu persona? ¿Los bulos contra ti vienen de los periodistas o de tus enemigos políticos? Le preguntan también por la vinculación sentimental con Ignacio González (sin citarlo). ¿Recuerdas ese día que estás en tu casa y te derrumbas? ¿Tus hijos lo pasaron peor que tu marido? ¿Te representa este Partido Popular? ¿Te suena la serie 'El Ministerio del Tiempo'? ¿No crees que Génova se ha convertido en el Ministerio del Tiempo? ¿Por qué no has ido a 'Supervivientes'?

No hay más que ver los titulares que dio la entrevista en Telecinco para comprobar lo penosas que fueron las preguntas.

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John, Paul, George y Ringo

La música de The Beatles empezó a estar disponible en streaming a nivel mundial hace cuatro años.

Que alguien me los explique. No las veinte veces que estuvieron en el primer lugar del Billboard o por qué son los músicos que más álbumes han vendido -más que Elvis, más que Michael Jackson. Tampoco las más de 2.500 adaptaciones de 'Yesterday', el tema más versionado de la historia. O las razones por las cuales 'She loves you' fue el single más vendido en Inglaterra entre 1963 y 1977 -¡14 años!- hasta ser destronado por otra canción, de -¡qué coincidencia!- Paul McCartney, ya en 'Wings'. Que alguien me explique por qué no me los puedo sacar de la cabeza, ni de los oídos, desde que tengo uso de razón.

The Beatles han sido la banda sonora de mi vida, tanto que no puedo decir cuándo fue la primera vez que los escuché: siempre han estado ahí. Y si en la infancia no pasé de los primeros álbumes, en la adolescencia los escuché todos con obsesión. Y en tantos años aún no me explico por qué son inolvidables, por qué no puedo dejar de escucharlos, por qué compré discos compactos si ya tenía los casetes. O por qué siempre vuelven a mi lista de reproducción (ya que dejamos de usar casetes y discos compactos).

Quizás la respuesta esté en la ciencia. Hace nueve años, Nature Neuroscience publicó un artículo donde cinco científicos contaron sus investigaciones sobre el efecto de la música en las personas. Ahí explicaban que ese estímulo abstracto puede hacernos sentir eufóricos o ansiosos, igual que nos harían sentir recompensas tangibles. Que escuchar música que nos gusta nos hace segregar dopamina, el neurotransmisor del cerebro responsable del gusto, la seducción y del placer. Es decir, oír nuestra canción favorita nos hace sentir igual que cuando comemos algo que nos gusta mucho o le damos un beso a la persona de quien estamos enamorados. Los científicos comprobaron que obtenemos placer de la música, una recompensa abstracta, al igual que obtenemos placer de estímulos biológicos más básicos y tangibles, como la comida o el sexo. Cuando leí sobre aquella investigación concluí que The Beatles son mi chocolate musical. Pero sigo sin explicármelos del todo: hay muchos músicos que me hacen feliz o me hacen llorar con sus canciones. Otros tipos de chocolate para el oído.

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Empresas: el tamaño sí importa

La economía va a ocupar un espacio central en las políticas de un Gobierno de coalición que se ha comprometido con ambiciosos objetivos sociales, conocedor de los límites que impone la situación económica y los márgenes que ofrece la Unión Europea y la zona euro.

En contra de una interesada opinión publicada, la plural composición del ejecutivo, lejos de ser un problema, constituye una oportunidad para avanzar de manera simultánea en la reversión de la reforma laboral del PP y en el impulso de reformas estructurales largamente aplazadas.

En el centro de esa agenda reformista (las izquierdas no deberían dejarse robar esta bandera) se sitúa un nivel de empleo aún escaso y de baja calidad y ello tiene repercusiones en muchos ámbitos. Comenzando porque contribuye a mantener e incrementar los brutales niveles de desigualdad social y es un claro factor de ineficiencia económica. Además, con empleo precario es imposible garantizar la sostenibilidad financiera de la seguridad social, condición necesaria aunque no suficiente de unas pensiones dignas y revalorizadas periódicamente.

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