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El bostezo se contagia

Rajoy decide cómo quiere gobernar y si humilla al PSOE, mientras se juzga la corrupción que le rodea

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Mariano Rajoy al finalizar su discurso en la segunda votación para la investidura.

Mariano Rajoy al finalizar su discurso en la segunda votación para la investidura.

Ni en un fumadero de psicotrópicos hubieran imaginado que, en la España de 2016, en mitad del juicio de la Gürtel, Esperanza Aguirre se iba a permitir aconsejar a un mancillado PSOE que elija a una lideresa "joven y limpia" para no hundirse; que Cospedal se ofrecería como salvadora de los socialistas de Castilla-La Mancha, y que Mariano Rajoy podría elegir entre la abstención del PSOE para gobernar o aceptar sus plegarias para no humillarlo más en unas terceras elecciones.

Es el mundo al revés. Rajoy, Aguirre o Cospedal han cambiado el banquillo de los acusados por el de esos entrenadores que aprovechan la rueda de prensa para dar indicaciones al rival al que acaban de darle una paliza robándole el partido... Y, mientras, en el vestuario del equipo derrotado, arrojándose los trapos sucios, a voz en grito y llegando casi a las manos. Es otro episodio de la resistencia mariana. Otra desventura en las filas de una oposición incapaz de derrotarlo. Mariano no entra al cuerpo a cuerpo. Espera atrás y te destroza. Juega en casa, tiene buenos patrocinadores y poder hasta para comprar al árbitro.

Algunos aún se preguntan qué ha pasado en el PSOE. Los de Pedro dicen que vivimos un "golpe" de los poderes fácticos. De los que mueven los hilos políticos y empresariales, con la colaboración de históricos dirigentes socialistas que anunciaron retirada, pero nunca se han marchado. Inasumible para ellos lo del gobierno alternativo. Por el contrario, los de Susana culpan a Sánchez por empecinarse y dicen que lo mejor será hacer oposición durante un tiempo y reconstruirse. Veremos.

Ya lo dijo don Camilo, aquí "el que resiste gana". En eso, Rajoy agranda su leyenda. Con los problemas deja que pase el tiempo y con sus adversarios espera a que se descompongan o a que otros hagan el trabajo sucio por detrás y los machaca. Para don Mariano es todo un éxito. Para nuestra calidad democrática, puede ser una gangrena asumir que, aquí, el que la hace no la está pagando. Circulan demasiado en la calle comentarios como que "mandan los de siempre", que "han pactado los de los ERE andaluces con los de la Gürtel" o que todo esto es imposible cambiarlo.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Dice mucho de la justicia de este país que, tantos años después, aún estemos juzgando la Gürtel. Deja mucho que desear que algunos, como Mariano Rajoy, mandaran tanto en esa etapa corrupta y no declaren ni como testigos. Políticamente, es un hito –imposible en democracias avanzadas– que un presidente aguante en el poder con tanto escándalo y, ahora, incluso pueda perdonarles la vida a los que le acusaron.

Cabría también observar a la sociedad. Podríamos preguntarnos por ese comportamiento condescendiente, ante tanto escándalo de corrupción, recortes sociales o supuestos golpes de mano. Pudiera ser que se asuma que no se puede hacer nada o que mueven los hilos cuatro. Que cala esa táctica de la siesta y que cada vez son más lo que bostezan y pasan. Todos lo hemos visto alguna vez: el bostezo se contagia. Bosteza uno, bosteza otro y algunos quisieran que acabáramos todos bostezando.

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