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La mano que mece la nuca

Rajoy es la mano que ha entregado a Rato. Su detención es un montaje para hacernos creer que su lucha contra la corrupción es implacable

El presidente es un peligro para su partido. Le ha echado la mano al cuello porque se hunde. Solo hay que empujarle un poco más para que apriete

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Esa mano: esa mano que todos hemos visto agarrando la nuca de Rodrigo Rato antes de entrar detenido en el automóvil de los agentes de Aduanas; esa mano que le coge del cuello para obligarle a bajar la cabeza, que le fuerza a agachar la frente, doblar la rodilla y humillarse; que le lleva del pescuezo como si fuera una pieza de caza y le introduce en el coche como si lo ahogase en el agua; esa mano que se posa suave pero firme en su cogote para acogotarle, que le acompaña pero también le empuja, que parece que le acaricia pero le apresa como la garra de un ave carroñera; esa mano que no es necesaria, porque no va esposado, pero que está ahí para marcarle como a un delincuente al que ha atrapado la pasma, para señalarle ante el ojo público de las cámaras… Esa mano es la mano de Rajoy que le lleva al cadalso: es la mano que mece la nuca de Rato antes de ahogarlo.

Es la mano de Rajoy la que está detrás, como la del ventrílocuo que mueve el muñeco, es su mano la que mueve los hilos de las marionetas en un guiñol que quiere hacer creer al espectador que el PP es tan implacable en su lucha contra la corrupción que no se detiene ni frente al “artífice del milagro español”, cuyo único milagro ha sido la multiplicación de las cuentas y los bancos (78 cuentas en 13 bancos diferentes). Cuando la semana pasada se publica que Rato podría haber regularizado fondos ilícitos en la amnistía fiscal, su incómoda presencia desde el hundimiento de Bankia y las tarjetas 'black', se convierte en un lastre insoportable en plena campaña con el que Génova no puede cargar. Así que idean la manera de deshacerse del cadáver ante las cámaras para apuntarse el tanto y evitar de paso que caiga en manos de la Audiencia Nacional, donde el juez Andreu investiga sus otras causas y puede alargar un proceso que desangraría al partido durante meses.

Se escenifica un ajusticiamiento público sumarísimo. El Ministerio de Hacienda de Montoro organiza el registro urgente del domicilio del amigo de Aznar a instancias de un juez del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y la fiscal general nombrada por Rajoy, dejando al margen a Andreu y Anticorrupción. Después se avisa a los periodistas para que lo graben y a continuación salen los populares a contarnos que los presuntos delitos de Rato “son asuntos personales” (aunque evada el dinero de todos), que “la justicia es igual para todos” y que “el Gobierno no ha obstaculizado las investigaciones”, como si fuera un mérito cumplir con sus obligaciones. Fin del montaje y a esperar que cuele. Por lo pronto no han podido evitar que el caso caiga en manos de la Audiencia Nacional. Tampoco parece que se lo haya tragado casi nadie. Puede que algunos no sepan que ha sido Rajoy el verdugo pero muy pocos se creen que el PP sea inocente.

La clave de esta historia y de lo que pasa en Génova es esa mano que se posa sobre la nuca del “mejor ministro de la democracia”, como hasta ayer le llamaban. Esa mano es una advertencia para el que sepa interpretarla. Es la mano de Rajoy que te protege la cabeza pero te obliga a inclinarla, es la mano de Rajoy que, para evitarse el golpe, te da el golpe de gracia. Así es la mano dura de Rajoy, una mano blanda que te da una colleja disfrazada de caricia, una caricia de Judas, una última caricia en la nuca antes de meterte una bala. Te rompe el cuello para salvar el suyo.

Rajoy es la mano que mece la cuna del PP. Se ha vuelto peligroso para los suyos porque está dispuesto a matar a quien le amenace. Primero Gallardón, después Ana Mato, ahora el eterno aspirante, el presumido, el intocable, Rodrigo Rato. Qué se habrá creído, ya no se dará tantos aires. Se equivocó Aznar al pensar que Rajoy era inofensivo. Lo suyo, como le dijo a Bárcenas, es aguantar. Aguantó, derrota tras derrota, hasta que llegó su hora y está dispuesto a aguantar hasta que no quede nadie. Ha puesto la mano sobre la nuca del PP. Le ha echado la mano al cuello de su partido porque se hunde. Solo hay que empujarle un poco más para que le ahogue. 

Javier Gallego es el director del programa de radio www.carnecruda.es, que se emite los martes y jueves en directo de 12 a 14 h. Hoy entrevista al actor, poeta y editor Viggo Mortensen.

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