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Memoria de elefante

Sorprende como algunos de los debates actuales respecto a la UE son decepcionantes copias de lo que ya habían planteado las altas esferas europeas en los años ochenta y noventa

El prejuicio europeo en la designación de candidatos persiste; Europa como opción por defecto, como segunda opción

Las elecciones europeas en 2014 serán una buena oportunidad para ver hasta qué punto los partidos plantean nuevas lógicas

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Una de las coletillas más utilizadas cuando se pretende ningunear al Parlamento Europeo es asimilarlo a un ‘cementerio de elefantes’. Más allá de la desacertada generalización –muy lejos de su rol legal y político-, lo cierto es que la Eurocámara ha arrastrado durante años la reputación de parlamento ‘segundón’, en consonancia con la teoría acuñada por Reif y Schmitt de elecciones ‘ de segundo orden’. En ocasiones el cargo de eurodiputado ha sido utilizado despectivamente como un exilio para las figuras políticas venidas a menos, disgustadas por tener que decidir sobre el futuro de todo un continente en vez del de ‘su’ país.

Las memorias publicadas por el que fuese Presidente del Parlamento Europeo, el español Enrique Barón Crespo ( Más Europa, ¡unida!’, RBA, 420 páginas) se leen como una sugestiva contraposición a esa imagen. Es un álbum de fotos en el que los recuerdos personales son al mismo tiempo instantáneas de aquellos momentos que han marcado el futuro del continente. Del relato emana esa sensación de conexión invisible, de destino entrelazado entre la sociedad española que forjó la Transición y el devenir del proyecto europeo.

Barón Crespo inicia la narración en los años 50, los de la postguerra y autarquía. Unos años en el que el turismo extranjero fue una especie de primera adhesión a Europa por la ‘puerta de servicio’. Años también en que ciertas experiencias vitales fueron representativas de todo un período. Una primera manifestación. La toma de conciencia política a través de pequeñas ventanas abiertas a esa historia sepultada por el régimen. Las detenciones, la represión. El ‘Contubernio de Munich’ en 1962 que reunió por primera vez a la oposición española desde la Guerra Civil y que fue organizado bajo la égida del Movimiento Europeo. El acto, como incide Barón Crespo, ya ligó a Europa con la democracia a ojos de muchos ciudadanos.

Un recorrido que en el caso del político socialista le llevó al Parlamento Europeo después del ministerio de Transportes, Turismo y Comunicaciones durante el primer gobierno de Felipe González. En Bruselas, presidió el Parlamento Europeo entre 1989 y 1991, período excepcional marcado por la caída del muro y las negociaciones de reunificación alemana. Entre 1986 y 2009, período en el que Barón ejerció diferentes cargos en el Parlamento, la Unión Europea se transformó por completo. Con especial énfasis en tres puntos: el Tratado de Maastricht en 1992 con la implementación de la codecisión legislativa entre el Parlamento Europeo y el Consejo de Ministros; la implementación del euro; y la introducción de la Carta de los Derechos Fundamentales en el Tratado de Lisboa como parte del derecho primario europeo. Hubo también múltiples fracasos, como la inacción durante la guerra de Yugoslavia.

Sorprende como algunos de los debates actuales son decepcionantes copias de lo que ya se planteó en las altas esferas en los años que documenta el autor. Por ejemplo la necesidad de dotar a las instituciones supranacionales de una mayor capacidad de acción en materia fiscal y monetaria, con el fin de evitar situaciones demasiado heterogéneas en el seno de la incipiente eurozona. O por ejemplo la batalla a principios de los 90 para salvaguardar la norma del equilibrio presupuestario en Europa. Norma que por primera vez ha roto el Consejo Europeo este año al acordar un plan presupuestario para 2014-2020 con unos créditos de compromiso distintos de los de pago. Aunque hay un elemento que no ha cambiado: el liderazgo y la supeditación de las decisiones políticas europeas al ritmo del Consejo Europeo, institución intergubernamental donde se coordinan los jefes de Gobierno.

La lectura de las memorias de Barón Crespo estimula la reflexión análoga sobre los motivos que empujan a un representante político a trabajar en las instituciones comunitarias. Y también sobre las lógicas políticas que influencian el modo de designación de los candidatos a puestos comunitarios. Algunos de esos puestos han sido en los últimos años desatendidos y en ocasiones menospreciados. El prejuicio europeo persiste. Europa como opción por defecto, como segunda opción. Sin embargo, en la mayoría de casos, esos puestos están bajo la responsabilidad de equipos que creen en su trabajo, más allá de todo impacto mediático.

A falta de unos medios de comunicación y unos representantes políticos que participen de forma más recurrente y profunda sobre la confrontación política a nivel supraestatal, son las webs –incluso las institucionales- las que se han convertido en el espacio privilegiado para el escrutinio público y la rendición de cuentas. VoteWatch, EPNewsHUB, o European Parliament, son algunos ejemplos.  

Las elecciones europeas en 2014 serán una buena oportunidad para ver hasta qué punto los partidos plantean nuevas lógicas, ‘europeas’, a la hora de escoger a sus candidatos. Ya sea mediante el envío de elefantes europeístas, u cualquier otro zoon politikon.


Artículos relacionados

Elogio de la política, La Vanguardia, 07.03.13

2014, hacia la Europa parlamentaria, Agenda Pública, 17.11.12

 

Links de interés

Website a favor de primarias europeas
PSE: Resolution, Selecting our common candidate in 2014, adopted by the PES Council on 24 November 2011

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