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Si no creyera en lo que duele

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Silvio Rodríguez hace "soñar" al público en un concierto solidario en Madrid

Silvio Rodríguez en un concierto en Madrid EFE

En 1979 el cantautor y poeta cubano Silvio Rodríguez escribió 'La Maza', un tema que se publicaría en el disco Unicornio tres años después. Yo tenía un año. Nadie puso en mi casa ese disco en aquel momento ni tarareó nunca esa canción mientras me acunaba.

Cuando mi hermano mayor se fue a la ciudad a estudiar a la Universidad, todos lo despedimos con un orgullo que no nos cabía en el pecho. Estábamos orgullosísimos y muy contentos, pero justo cuando el tren se perdió de vista en el andén y sin previo aviso, a mí se me abrió un agujero, un vacío. Mi hermano mayor, que me explicó quién era el hombre aquel en dos dimensiones que salía en las camisetas, mi hermano mayor que me había descubierto a Queen o a los Celtas Cortos se iba y yo tenía que poner algo en el vacío que había dejado. En definitiva, tenía que hacerme mayor yo también. Y yo me hice mayor con Silvio.

Un día, un sobre acolchado en el buzón, un cassette grabado, una carta de mi hermano que a 300 kilómetros me decía "escucha esto". No sabría definir esa sensación. "Si no creyera en la balanza, en la razón del equilibrio, en la esperanza, en algo puro". La voz quebradiza. Frágil. La palabra más precisa. Mi hermano me había hecho el mejor regalo que nadie me ha hecho nunca. No sé cuántas veces escuché aquel cassette aquel día y los que vinieron después. Mientras, mi pobre madre pensaría que entre Kurt Cobain y Silvio Rodríguez su hija iba camino de una etapa oscura, reflexiva y taciturna y solía repetir "quítame al triste un ratito, anda, hija".

Años después, y con el telón de fondo de la II Asamblea Ciudadana de Podemos Andalucía, 'La Maza' se me metió en la cabeza sin remisión y no puedo parar de tararearla. Es como si mi cabeza fuera la cantera y la maza se hubiera propuesto convertirla en una montaña de cantos y de piedras. Hasta que un día entre idas y venidas de autobuses y trenes me paré a pensar. "Si no creyera en la locura y en el delirio", ¿qué, sino la locura y el delirio, nos llevan a decidir caminar seguros y sonrientes justo hacia el punto de mira de personas tan poderosas? "Si no creyera en lo más duro, en lo que duele, en lo que lucha". Eureka. Por eso me está golpeando esta canción en medio de nuestro debate. Nos toca decidir en qué creemos y para qué somos.

"¿Qué cosa fuera la maza sin cantera?"

De la cantera se saca el canto, un canto polisémico que a Silvio le sirve para hacer música pero también para construir. La cantera es el pueblo. Si Silvio no hubiera creído en el pueblo hubiera sido una amalgama de hombre y guitarra, "un amasijo hecho de cuerdas y tendones / un revoltijo de carne con madera / un instrumento sin mejores resplandores / ¡qué lucecitas montadas para escena!", Estamos sobre las tablas de esa escena. Tenemos que estar, nos corresponde por derecho propio y porque ya está bien que la escena la monopolicen siempre los mismos. Pero si la guía no es el afuera, si la guía no es "lo que duele, lo que lucha", si la guía no es el pueblo, su construcción, su empoderamiento, su protagonismo... son lucecitas y artificios nada más. Sin movimiento, sin ensayos perfeccionados a cada paso de una sociedad diferente, el Partido, el Parlamento, las tribunas; podrían no ser más que "un revoltijo de carne con madera".

Pero se me siguen alineando los versos desde el rincón oscuro donde los guardé un día para escuchar otras cosas. "¿Qué cosa fuera la maza sin cantera? / un testaferro del traidor de los aplausos / un servidor de pasado en copa nueva / un eternizador de dioses del Ocaso". No sólo no hay que dejarse deslumbrar por las tribunas, los focos y los flashes de la política profesional, sino que hay que evitar que por el camino a una le cambien las lealtades y los principios o se corre irremediablemente el riesgo de repetir la historia del "traidor de los aplausos" y de las servidoras de "pasado en copa nueva", como Felipe… como Susana. Y en ese camino de traiciones, puertas giratorias y puñaladas, acabar eternizando a los dioses del ocaso del Ibex 35.

Pues bien, esto es para mí en esencia "Por una Marea Andaluza", una iniciativa para recuperar la movilización que construyó sentido común alternativo en esta tierra y que dio lugar a Podemos -sin las mareas, las plazas y las huelgas este proyecto no hubiera nacido- y recuperar los debates programáticos y de principios para que, cuando nos toque gobernar, que nos tocará, no seamos ni unos traidores ni unos servidores de pasado en copas nuevas.

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