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Los ejecutivos globales avisan en Davos del miedo a una burbuja en la IA y sitúan a España entre sus mercados preferentes

Imagen de archivo de la torre de oficinas de PWC en Fráncfort (Alemania). EPA/MAURITZ ANTIN

Ignacio J. Domingo

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La tradicional encuesta que la firma de servicios profesionales PwC publica en la inauguración de la cumbre de Davos (Suiza) corrobora que los máximos ejecutivos de las empresas —la mayoría con una indiscutible vocación global y negocios transfronterizos— no comparten el comportamiento que han reflejado las bolsas en 2025. El sondeo concede notable credibilidad a la existencia de una burbuja especulativa en la inteligencia artificial (IA) y sitúa a España entre los destinos preferentes de los grandes directivos globales.

La tradicional encuesta de esta Big Four, puublicada este lunes, está respaldada por una muestra de 4.454 consejeros delegados de 95 mercados —el 35%, responsables de negocios con entre 100 y 1.000 millones de ingresos anuales— y fue realizada entre octubre y mediados de noviembre. Recoge que más de la mitad de los encuestados —el 56%— asegura no haber visto incrementos en sus beneficios e ingresos ni recortes de costes por la aplicación de planes de inversión de la IA en sus cadenas de valor.

La IA ha catapultado a máximos históricos (5 billones de capitalización) a la estadounidense Nvidia, la firma con más capacidad para fabricar chips de alta gama que abastecen el negocio tecnológico de la computación cognitiva hasta la cúspide del sector privado. El diferencial entre esa pujanza bursátil y la eficiencia real de los proyectos empresariales es justo el temor que manifiestan los analistas. Críticos con el espectacular rally alcista de los valores con sello IA en 2025, recomiendan a sus clientes sondear las cuentas de las empresas y fondos que componen sus carteras y vigilar sus movimientos inversores para eludir posibles correcciones bruscas en 2026.

Aun así, casi un tercio de los consultados por PwC (el 30%) declara haber elevado sus tasas de retorno de ingresos y flujos financieros por sus inversiones en IA en los últimos doce meses. Y una cuarta parte (el 26%) dice haber registrado reducción de costes. Pero solo el 12% dice haber conseguido simultáneamente crecer y ganar eficiencia.

Otro rasgo revelador del sondeo de la consultora en Davos, que va por su vigésimonovena y que en esta edición lleva el elocuente título de Liderando la incertidumbre en la era de la IA, es que los consultados no se sienten cómodos con el clima económico actual. Únicamente el 30% se declara muy confiado en aumentar los ingresos de sus compañías en los próximos doce meses, 8 puntos menos que la muestra de 2025 y lejos del máximo del 56% de 2022. La cota de 2026 es la más reducida desde que comenzó el ciclo de negocios post-Covid, en el tránsito entre 2020 y 2021.

El patrón de comportamiento con el que los CEO abordan este ejercicio resulta doblemente revelador. Por un lado, reconocen que La IA no compensa aún sus milmillonarias inyecciones de capital. O, dicho de otro modo: reconocen que genera valor cuando se despliega a escala, pero que precisa una intensa integración en procesos internos clave de las compañías y se apoya en unas infraestructuras de datos, una gobernanza de riesgos y cambios organizativos profundos.

El panel de encuestados deja, en consecuencia, un primer aviso a navegantes: la innovación de la tecnología IA avanza más rápido que la capacidad de muchas empresas para absorberla.

En segundo término, los consultados vislumbran una mayor debilidad coyuntural. El retroceso de la confianza en la economía refleja un entorno de riesgos superpuestos. El 31% de los directivos considera que su empresa está muy expuesta a pérdidas financieras significativas por ciberataques, proporción que mantiene un aumento constante en las últimas ediciones de esta encuesta. Además, el alto voltaje geopolítico añade otro poso de duda. Así lo manifiesta el 20% de los CEO’s, que atisba peligros derivados del proteccionismo y los aranceles recíprocos que ha instaurado la Administración Trump. Un 29% anticipa que los gravámenes de Donald Trump reducirán sus márgenes netos, aunque la mayoría espera impactos limitados.

Este escenario —precisa la encuesta— requiere de una permanente reconversión que demanda resiliencia activa: cambios constantes en un contexto internacional mutante, sin trayectorias definidas o que inviten al optimismo, alejadas del multilateralismo y las reglas de la globalización que han regido la economía mundial en el último cuarto de siglo. Las fronteras sectoriales se reconfiguran a medida que aparecen nuevos riesgos geopolíticos y retos competitivos relacionados con los avances tecnológicos y la productividad. Todo ello ha alterado ya la lógica tradicional de los negocios. Un 42% de los CEO afirma que su empresa ha empezado a competir en sectores alternativos a los suyos en el último lustro. Mientras, para el próximo trienio otro 44% espera la inmersión de sus compañías en procesos de fusiones o adquisiciones con corporaciones ajenas a su industria original.

No se trata —aseguran— de diversificaciones oportunistas. Las compañías que obtienen una mayor proporción de ingresos en nuevos sectores presentan márgenes más elevados y más confianza en su evolución a futuro. En un entorno de reconfiguración industrial, permanecer dentro de los límites históricos del sector se parece cada vez más a una estrategia defensiva. Aunque, al mismo tiempo, apelan a la cautela por las tensiones geopolíticas. Así, un 32% de los CEO admite que la atmósfera del orden global se ha enrarecido tanto que les hace menos proclives a grandes inversiones.

Una prudencia que, no obstante, acarrea costes. Las empresas con más prudencia —aquellas que no planean adquisiciones relevantes y reducen su apetito inversor— crecen, de media, dos puntos porcentuales menos y registran márgenes tres puntos inferiores a sus competidoras más emprendedoras.

Destino preferente

El sondeo sitúa a España como destino inversor preferente para los CEO. El mercado español aparece como uno de los destinos que ganan peso en el radar inversor de estos grandes directivos globales, aunque aún en un segundo escalón inferior al de EEUU o las grandes economías de Europa.

Un 8% de los CEO encuestados por PwC que planean inversiones internacionales sitúa a España entre los tres principales destinos en los próximos doce meses, frente al 6% del año anterior, lo que supone un avance moderado pero significativo, dada la creciente fragmentación geopolítica y la reordenación de las cadenas de valor. España se sitúa así por delante de mercados europeos periféricos y en cotas de atracción de capital similares a la de países como Francia o Singapur, lo que refleja una mejora relativa de su gancho inversor en términos de estabilidad, infraestructuras y acceso a mercados regionales, resalta el informe.

Los expertos de PwC precisan que este posicionamiento refuerza la idea de que la globalización no está retrocediendo, sino redistribuyéndose. Para los CEO consultados, la decisión de invertir en España se inscribe en una lógica de diversificación de riesgos y búsqueda de plataformas regionales, más que en grandes apuestas concentradas.

El hecho de que España gane peso mientras otros destinos tradicionales se estancan sugiere que la cuarta economía del euro se beneficia de un equilibrio relativo entre pertenencia al núcleo europeo y menor exposición directa a tensiones comerciales o geopolíticas extremas. Todo ello, tras un 2025 histórico para la Bolsa española, en el que el Ibex 35 cerró como el selectivo europeo más rentable al dispararse su cotización un 50%, su mejor registro anual en más de tres décadas (tan solo por detrás del índice financiero surcoreano), en un ejercicio en el que el volumen negociado en el parqué español subió un 24% y alcanzó el máximo de seis años, con 525.300 millones de euros.

No obstante, el informe de PwC también deja implícito que este atractivo tiene también ciertos factores coyunturales asociados a planes de contingencia empresarial en los que los directivos priorizan la agilidad en la toma de decisiones, la seguridad regulatoria y la capacidad de reinvención, así como la competencia por la captación del capital, “buscando que sus inversiones sigan siendo intensas y dinámicas”.

Innovación: la llave de la reconversión empresarial

La innovación aparece como la respuesta teórica a esa necesaria reconversión empresarial, aunque la práctica va por detrás de este relato. La mitad de los CEO dice que la I+D+i es un componente crítico de su estrategia, pero apenas uno de cada cuatro declara tolerar proyectos de alto riesgo, contar con procesos sistemáticos de cancelación de iniciativas fallidas o disponer de estructuras como incubadoras o unidades de corporate venturing; es decir, actividades inversoras realizadas por compañías asentadas que se centra en firmas emergentes o start-ups con gran aportación tecnológica o disruptiva. Apenas un 8% ha implantado de manera consistente la mayoría de las prácticas que favorecen una innovación efectiva.

El resultado es un exceso de retórica y una escasez relativa de impacto. Allí donde la innovación se gestiona como un sistema -con disciplina, incentivos claros y mecanismos de aprendizaje-, los beneficios son visibles: más ingresos procedentes de nuevos productos, crecimiento más rápido y márgenes superiores.

La gestión del riesgo climático sigue una lógica similar. Un 42% de los CEO afirma estar al menos moderadamente expuesto a pérdidas financieras derivadas del cambio climático, cifra que se eleva hasta el 67% en sectores como las utilities (servicios esenciales como gas, luz o agua). Sin embargo, solo un 20% integra estos factores de forma sistemática en decisiones de asignación de capital, y apenas un 24% lo hace en diseño de productos o en reconfiguración de sus cadenas de suministro. Paradójicamente, las empresas que atienden a criterios climáticos en su toma de decisiones ejecutivas muestran más agilidad operativa y rapidez de adaptación, lo que sugiere que considerar estos riesgos no ralentiza la gestión, sino que la hace más robusta.

Grupos de interés

A este entramado de riesgos se suma otro vector cada vez más determinante: fidelizar los grupos de interés. Dos tercios de los CEO, un 66%, reconocen haber afrontado un 2025 con preocupación relevante por parte de grupos de interés en ámbitos como ciberseguridad, uso de datos, IA o sostenibilidad. La búsqueda de confianza mutua entre directivos y sus llamados stakeholders también tiene efectos económicos medibles. Las empresas cotizadas en las que esa relación está más engrasada han retornos para el accionista hasta nueve puntos porcentuales superiores a las que más han generado disputas.

En un entorno de creciente demanda de transparencia en la gestión y escrutinio constante, la confianza entre el consejo de administración, sus accionistas y sus grupos de interés amortigua el riesgo y es un catalizador del valor bursátil.

El informe de PwC concluye con una advertencia implícita: solo una minoría de empresas avanza con decisión en los frentes clave de la reinvención corporativa que reclama el nuevo entorno global. Un 12% ha capturado valor financiero de la IA, un 8% aplica prácticas innovadoras que se pueden calificar de sólidas y algo más del 40% han atravesado las fronteras sectoriales.

Todo ello, en un contexto cortoplacista por parte de los ejecutivos. Los CEO dedican un 47% de su agenda a cuestiones con horizonte inferior a un año y apenas un 16% a asuntos con impacto a más de cinco años.

La urgencia cotidiana desplaza sistemáticamente a la reinvención estratégica. En una economía marcada por la IA, la fragmentación geopolítica y la presión climática, el gran riesgo no es decidir mal, sino no afrontar cambios. “No es la incertidumbre la que está frenando la transformación empresarial, sino el coste de no actuar. Las compañías que avanzan con más celeridad en IA, en innovación y diversificación sectorial lo hacen no porque el entorno sea favorable, sino porque han entendido que la reinvención es hoy una condición necesaria para sostener el crecimiento y la rentabilidad a medio plazo”, destaca PwC.

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