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Fotogalería | 'Wwoofers': la historia de los voluntarios rurales

El wwoofing o voluntariado de trabajo en granjas ecológicas nació en 1971 y llega a más de 40 países de todo el mundo, entre ellos España, con iniciativas como Los Portales en Castilblanco de los Arroyos (Sevilla).

Los wwoofers reciben a cambio alojamiento, manutención y aprendizaje en experiencias comunales.

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'Wwoofers', voluntarios rurales de agricultura ecológica.

WWOOF… ¿de dónde proviene ese exótico nombre? De World-Wide Opportunities on Organic Farms. De ahí el apelativo, 'wwoofers', que no son otra cosa que voluntarios rurales que trabajan en granjas ecológicas en cualquier rincón del mundo. Ofrecen sus manos, su trabajo -regido por leyes de voluntariado-, y a cambio reciben formación en agricultura y ganadería sostenible. Y alojamiento y manutención en ecoaldeas y otro tipo de explotaciones. Vida saludable, experimentación en un entorno natural, conocer gente. El 'wwoofing' –creado en 1971– se practica en más de 40 países. De Brasil a Camerún, Nepal, Suecia, Argentina, India, Francia, Costa Rica, Japón, Noruega, Taiwán, Reino Unido… y España. En Castilblanco de los Arroyos (Sevilla), en plena Sierra Norte, en Los Portales.

'Wwoofers', voluntarios rurales de agricultura ecológica.

La comunidad está a apenas 50 kilómetros del centro de Sevilla, en las estribaciones de Sierra Morena. Tiene unas 200 hectáreas de extensión, 40 cultivadas y el resto en estado natural, cubiertas de jara y encinas y recorridas por ciervos y jabalíes. La granja se creó en 1984 con objetivos como el desarrollo de "agricultura ecológica, educación integral en la naturaleza, energías limpias, medicinas suaves, sicología profunda". Acoge a 25 habitantes permanentes en un espacio abierto a visitantes que pueden acudir a talleres y cursos temporales. O como 'woofers'.

'Wwoofers', voluntarios rurales de agricultura ecológica.

Las granjas están listadas en organizaciones que intermedian, resuelven dudas y gestionan el "marco legal", que cubre un seguro personal. Los 'wwoofers', de cualquier edad, aterrizan finalmente entre métodos de cultivo ecológico. Comer, trabajar, deliberar… todo puede hacerse en grupo y disfrutar así de una vida comunal, caso de Los Portales. Tres semanas de estancia, mínimo, y 30 horas de trabajo voluntario a la semana, son la contraprestación.

'Wwoofers', voluntarios rurales de agricultura ecológica.

"Cada vez hay más 'woofers', el 'wwoofing' está en auge", dice Meryl, belga, habitante permanente de Los Portales que llegó a Castilblanco "hace 30 años, cuando lo único que había era una casa de pastores". La recesión económica, apunta, hace visibles opciones como ésta. "Con la crisis recibimos mucha gente, se nota muchísimo. La gente está desesperada y busca salidas. Hay quien llama y dice 'queremos vivir con vosotros'. Pero no es fácil hacer este cambio. Si no tienes dinero, aquí tampoco lo vas a tener". ¿Llegan interesados en crear comunas? "Sí, es un sueño bonito pero no es tan fácil, hay que experimentar un año por lo menos, dejar la ciudad, vivir en el campo… es una elección de vida que necesita tiempo".

'Wwoofers', voluntarios rurales de agricultura ecológica.

En la granja fomentan el uso de energías renovables y han construido infraestructura solar, eólica e hidráulica que cubren "el 70% de las necesidades energéticas", cuenta Jeremy, francés e integrante de la comunidad. Prueban el mantenimiento con "técnicas de bioconstrucción" y la producción agrícola se destina casi en su totalidad para el autoabastecimiento. Excepto el "pan antiguo" que venden en pueblos del entorno y en mercadillos artesanales de Sevilla y elaboran con un tipo de trigo, Chamorro, autóctono de Andalucía "y que está en peligro de extinción". "Es nuestro tesoro", afirma. En menor cantidad hacen queso, aceite "y la cosmética".

'Wwoofers', voluntarios rurales de agricultura ecológica.

A las ocho de la mañana en la terraza. Es el punto de encuentro. Los 'wwoofers' arrancan la jornada. De lunes a viernes, bajo el influjo "del calendario biodinámico". "Tengo un amigo que fue 'wwoofer' el año pasado y me dijo que era una buena experiencia y que aprendió mucho", señala Guilhem, de 23 años y natural de Toulon, al sur de Francia. Ingeniero, en proceso de creación de una empresa, "pero tengo que esperar unas respuestas". Acude al 'wwoofing' "en un momento de mi vida en que no tenía grandes cosas que hacer". Cada día, dice Guilhem, tiene una nueva tarea en la huerta ecológica. "No hay un día de hacer la misma cosa, me gusta aprender y conocer gente nueva. Vine sin esperar nada, solo aventura y ver qué encontraba y lo que he descubierto me encanta".

'Wwoofers', voluntarios rurales de agricultura ecológica.

Carlos, 37 años, de Estrasburgo (Francia): "Llegué buscando contacto con la naturaleza, por un interés en la comunidad, en las ecoaldeas, de ver cómo funcionaban desde dentro este tipo de granjas ecológicas". Es su primera experiencia como 'wwoofer'. El voluntariado, aclara Meryl, "no es una forma de irse de vacaciones, sí de irse de viaje y conocer una aventura". Carlos ratifica: "No lo veo como un periodo vacacional, sino como formación, es un servicio que presto y que me devuelven. Aquí estoy aprendiendo".

'Wwoofers', voluntarios rurales de agricultura ecológica.

"Hemos venido juntos", dice Sandra (35 años, de Extremadura) señalando a Carlos. "He vivido muchos años en Madrid y conocí esta granja por amigos que me comentaron el proyecto". La experiencia "nutre mucho", subraya. "El entorno natural… desconectarse no era el objetivo, más ir hacia un encuentro con la naturaleza, con otra forma de economía, de relaciones sociales, de descubrir experiencias sostenibles que en la ciudad es bastante inviable mantener, otras formas de vivir sin que medie tanto el dinero".

'Wwoofers', voluntarios rurales de agricultura ecológica.

Los 'wwoofers' comparten una casa común y la noche del sábado una "cena especial". Sirven vino, hay música… importante el aspecto lúdico en un lugar "sin tele y una conexión a internet difícil de conseguir". Hay biblioteca, "inglesa y española", y sesiones dominicales de cine. Stephen, francesa de 35 años nacida en Nantes, repite experiencia. "Vine hace tres años, mi hermana pequeña vive aquí y me habló de la granja. Me gustó y disfruto por verla". Todos los días, sostiene, son de aprendizaje. "Todo es muy profundo, estamos lejos de todo, vemos la forma de vivir fuera del consumo, cómo se puede vivir sin consumir tanto, más sencillo, de lo que nos dé la tierra".

'Wwoofers', voluntarios rurales de agricultura ecológica.

"Cuando vivía en Triana estaba más a gusto que la mar, tocaba la guitarra y el sitar y en la ciudad conoces a gente de todo el mundo". Claudio, 28 años, sevillano y 'wwoofer' reincidente. Conoció el voluntariado rural de casualidad, buscó en internet… "He estado en otras tres granjas, primero en Asturias y otras dos en Cataluña". Lo urbanita tiene "cosas buenas" pero ahora opta por "campo". "Si se divide en dos opciones, descarto ciudad", ratifica. Lleva un mes trabajando como cabrero. "Aquí estoy agustísimo, por mí me quedaba, ahora las cabras están llegando, es gracioso verlas entrar, parece que van a las rebajas, saben que les voy a abrir y les espera el grano dentro". Sigue con su guitarra, "tocando flamenco o blues". Ahora en el campo, "un lugar que viene bien para conocerse a uno mismo".

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