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Las Palmas de Gran Canaria, la ciudad desconocida

Joven surfeando en las Canteras con la ciudad al fondo.

Las Palmas de Gran Canaria es una ciudad desordenada y moderna. Fundada a finales del siglo XV no ha cesado en su crecimiento siempre vinculado al poder estratégico y económico de su puerto hasta llegar a ser la ciudad que hoy conocemos. Este desorden urbano se debe, sobre todo al éxodo rural y al auge de la inmigración peninsular en el desarrollismo franquista donde la ciudad se vio obligada a acoger a decenas de miles de nuevos habitantes en diversos barrios construidos ad-hoc. Barrios –en su mayoría- carentes de personalidad,  en los cuales no se ha respetado la arquitectura tradicional, plagados de edificios de diferentes estilos y alturas carentes de todo concierto.

El barrio de San Antonio muestra una arquitectura colorida y ecléctica.

El barrio de San Antonio muestra una arquitectura colorida y ecléctica. PABLO SUÁREZ

Pero no todos los nuevos núcleos de población surgidos al albor de los años 60 se pueden calificar de esta manera. Hay ciertos lugares que han logrado crear una identidad propia e incluso se han convertido en iconos estéticos de la ciudad. En este grupo se encontrarían los barrios de San Nicolás, San Juan o San Roque. Situados en las laderas de las montañas que franquean a la parte baja de la ciudad, estos barrios son asentamientos autoconstruídos por obreros y agricultores en búsqueda de un futuro mejor. Suponen una visita interesante si eres amante dela fotografía dado el colorido de sus fachadas y las increíbles panorámicas de la ciudad que desde sus atalayas se obtienen.

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Sevilla, alegrías para la vista y el paladar

Ambiente en el recinto de la Feria

Por más que nos suene familiar y que haya trajes de faralaes en cualquier tienda de souvenirs de España, nada se compara a visitar Sevilla durante la Feria. El recinto ferial en el barrio de los Remedios es una explosión de luces, colores y música. Si bien quien más vive la fiesta son los habitantes de la ciudad, que gozan entre cientos de casetas particulares, el Ayuntamiento promueve casetas abiertas a todos los públicos, con música en directo y donde se puede bailar, comer tapas y tomar el clásico rebujito a muy buen precio. Vale especialmente la pena pasear por el recinto ferial, acompañar la diversidad de ambientes de las casetas y contemplar el desfile de indumentarias especialmente producidas para la ocasión.

Sevilla

Concierto en una de las casetas públicas de la Feria

Pero no todo en Sevilla es la Feria (ni dura todo el año), así que subiendo por la orilla del Guadalquivir desde el recinto ferial vamos a parar en la calle Betis, una parada fundamental para disfrutar de pescaítos, chocos, calamares, bravas o berberechos. El tapeo en la orilla del río es un éxito asegurado, sobre todo con el buen tiempo, pero si ya tienes suficiente, incluso hay restaurantes italianos donde variar el menú. Sus fachadas coloridas están llenas de encanto, pero no deberían distraernos de las vistas al otro lado del río. Si conseguimos lugar en una de las terrazas podremos comer con vistas a la Torre del Oro, desde donde salía una cadena que cruzaba el río para proteger el puerto, la Giralda, el campanario de la catedral construido sobre el antiguo minarete de la mezquita, o la Maestranza, la plaza de toros especialmente agitada durante la Feria.

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El patio de una pensión en el barrio de San Bernardo

Al otro lado del Guadalquivir, cruzando el puente de Triana, una construcción de hierro de mediados del siglo XIX, se encuentra el centro de la ciudad y el Museo de Bellas Artes, imprescindible para los amantes del arte. Inaugurado también a mediados del XIX, el museo es el referente del barroco sevillano, pero también incluye obras de la misma época de todo el continente. Encontramos un gran colección de obras de pintores referentes como Francisco de Zurbarán, Bartolomé Esteban Murillo y Juan de Valdés Leal.

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El perfume de Catalina de Médici y los tres David de Michelangelo

Vistas de Florencia desde el Piazzale Michelangelo.

A veces algunos rincones engañan. Tras una pequeña entrada que pasa desapercibida se encuentra en Florencia un lugar con siglos de historia, increíblemente bien conservado y cuidado, que ofrece todavía hoy algunos productos que se remontan a la era de la revolución científica, al s.XVII, e incluso a centenares de años atrás. Un espacio que sigue exhalando el aliento de la sabiduría de los frailes dominicos. Un rincón que nos permite, por ejemplo, acercarnos con la imaginación al cuello de Catalina de Médici, la reina consorte de Francia, y respirar su fragancia, poniéndonos unas gotas del Acqua della Regina, que ella patentó y puso de moda en muchas cortes. Porque sí, ya en el s.XVI los personajes más notorios de la sociedad apostaban por el negocio de los perfumes y el humanismo también promovía el arte de las fragancias.

Se trata de la Officina Profumo-Farmaceutica di Santa Maria Novella, la perfumería-farmacia más antigua de Europa.

Interior de la Officina Profumo-Farmaceutica di Santa Maria Novella.

Interior de la Officina Profumo-Farmaceutica di Santa Maria Novella. ALICIA FÀBREGAS

 

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Artistas, peregrinaciones gitanas y la opulencia de los papas, en la Provenza

Playa de dunas de Saintes-Maries de la Mer.

Vestigios romanos, villas medievales, luchas papales y una naturaleza para ser disfrutada se conjugan en el sur de Francia, en la Provenza. Seguramente todo ese atractivo sensorial y cultural, además de gastronómico, con una gran variedad de quesos y vinos, es lo que sedujo a varios artistas que se enamoraron de esta zona, como Van Gogh, Picasso o Cézanne.

Igual algo de esa magia es lo que ha convertido a una de sus poblaciones en un lugar místico que recibe el mayor peregrinaje gitano de Europa. Miles de kalé, lovari, sinti, kalderash y manouche de todas partes del mundo llegan el 24 de mayo a Saintes-Maries de la Mer para rendir homenaje a su patrona, Santa Sara Kali, la virgen negra. Durante el año está guardada en la cripta de la Iglesia Nôtre Dame de la Mer, un templo fortificado, cubierta de mantos de diferentes colores que los gitanos le confeccionan como ofrenda. El 24 la sacan en una gran fiesta y, en procesión, la llevan hasta el mar, una playa de dunas que se conserva todavía bastante virgen y que pertenece al parque natural de la Camarga, y allí acaban muchos metidos en el agua.

El nombre de Saintes-Maries de la Mer, santas marías del mar, proviene de una leyenda que dice que María Salomé y María Jacobé, junto con su esclava Sara, llegaron allí en barco después de un largo viaje desde la Tierra Santa, huyendo de los ataques contra los cristianos.

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La Toscana, escenario de una secreta guerra entre templarios y asesinos

Los campos de la Toscana en primavera.

Cuenta la historia que desde hace 2000 años se libra una guerra secreta entre asesinos y templarios, dos bandos enfrentados que buscan cambiar el curso de la humanidad. Un relato oscuro que tiene como escenario uno de los sitios más bellos de Italia: la Toscana.

Los templarios pretenden crear un mundo donde reine la moral cristiana y todos los ciudadanos estén sometidos a su férreo control. La Orden de los Asesinos cree que los hombres deberían regirse por el libre albedrío y no estar dominados por un poder tan duro y lucharán hasta la muerte para conseguirlo. Esa es la narración en la que se basa el famoso videojuego Assassin’s Creed, los cómics y la película que se estrenó el pasado 2016. A través de sus personajes y de los caminos que deben ir tomando, la saga nos transporta a diferentes lugares y nos explica su historia.

El segundo episodio del juego se sitúa en el Renacimiento y tiene como escenario, entre otros lugares, San Gimignano y Monteriggioni, dos pequeños pueblos amurallados espectaculares por donde perderse y disfrutar de todos sus rincones, palacetes y plazas.

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Un paseo por la ría de Bilbao: historia de una transformación

Vistas del Casco Viejo de Bilbao.

El 22 de octubre de 1993 se colocaba la primera piedra de lo que sería el Guggenheim de Bilbao. El espacio elegido para emplazar el icónico museo de arte contemporáneo diseñado por el arquitecto Frank Gehry fue un antiguo muelle de uso portuario e industrial. Como resumiría la cadena EiTB en el parte de noticias de ese día, este era el símbolo de que el pasado industrial le daba “paso al mundo cultural del Bilbao metropolitano.”

Vista del puente de La Salve y el museo Guggenheim desde la margen derecha de la ría.

Vista del puente de La Salve y el museo Guggenheim desde la margen derecha de la ría. TANIA CUBILLO

Esa piedra significaba el principio del fin de un área metropolitana donde las siluetas de los astilleros ya cerrados y las fachadas de unos desconchados Altos Hornos todavía delineaban el paisaje urbanístico. Industrias que desde finales del XIX habían marcado el ritmo de la cultura y memoria colectiva a los dos lados de la ría del Nervión y que durante los noventa se eliminaron para poco a poco dejar paso a las delicias arquitectónicas que conforman el Bilbao de hoy en día. Esta rehabilitación sería aclamada a nivel europeo y mundial si bien conllevó largos años en los que paro, huelga y heroína estuvieron a la orden del día. La ría, arteria aorta depurada, ha sido siempre el primer testigo de la transformación. Propongo dar un paseo por sus meandros para descubrir ciudad e historia de Bilbao.

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Burdeos, con denominación de origen tranviario

El Palacio de la Bolsa.

Cuando se habla de Burdeos, viniendo de una ciudad como Barcelona, se tiene que empezar por el final. Es decir, por lo que a priori uno diría que es más superfluo y banal, y que seguramente más de una crónica sobre la capital de la Aquitania deliberadamente obvia. Es decir, se tiene que empezar hablando del tranvía.

Burdeos es, ciertamente por méritos propios, la capital mundial del vino, mal que les pueda pesar a otras ciudades aspirantes. Y su desarrollo urbano, en especial a partir del siglo XVIII, lo debe en buena medida al comercio de vino (también al de azúcar y esclavos), en su condición de puerto atlántico situado en el estuario del Garona. Pero lo que primero sorprende al viajero de hoy del Burdeos del siglo XXI es una fabulosa red de tranvías que cosen el centro con la periferia y la periferia con la metrópoli, y que se adentran con insólita tranquilidad por las calles de un casco antiguo donde la presencia de coches se ha conseguido reducir a la mínima expresión.

Tranvía en el centro histórico.

Tranvía en el centro histórico. VÍCTOR SAURA

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Toulouse, la perla rosa y violeta del corazón de Occitania

Airbus, la fábrica de aviones más grande de Europa.

Los colores Toulouse son el rosa y el violeta. El ladrillo de sus edificios le da el tono rosado, un ladrillo fabricado con las arcillas del fondo del río Garonnne. Y su flor típica, la violeta, es el icono habitual en los grafismos para decorar las tiendas en el casco urbano, además de estar presente en helados y caramelos y también en pétalos flotantes dentro de copas de vinos espumantes.

Son dos colores fuertes, que maridan muy bien entre sí. Una armonía cromática en el mismo tono con que se combinan las diferentes vertientes de crecimiento que la ciudad se trazó para ser una marca cada vez más consolidada.

Como destino turístico del sur de Francia, Toulouse va creciendo a pasos lentos pero definitivos. Casi al mismo ritmo en que crece el aranés como segunda lengua en la región. Cuando pensamos en el sur de Francia, se tiene en mente Carcassone como centro neurálgico de diferentes rutas por territorios cátaros, pueblitos pintorescos entre montañas y valles.

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El rey Arturo y el lujo artístico de Cornualles

La costa de Cornualles.

Se dice que frente a los acantilados de la costa de Cornualles, donde rompen las olas del Atlántico, vivió un rey que con la ayuda de un mago, de una espada invencible y de un séquito de caballeros valientes y fieles pasó a la historia como un héroe. Quedó inmortalizado en poemas y sus hazañas pasaron de boca en boca como sucedía con las figuras mitológicas. Es la leyenda del rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, que los escritos sitúan en el castillo de Tintagel.

Todavía no se ha podido confirmar de una forma irrefutable su existencia, pero en el 2016, unos hallazgos arqueológicos demostraban que muy cerca de Tintagel se había alzado durante lo que los ingleses llaman los años oscuros, en el siglo VI, una importante construcción y que es allí donde podría haber vivido ese héroe de leyenda. Las características de ese palacio encajan a la perfección con las que describía el clérigo galés Geoffrey de Monmouth en su Historia Regum Britanniae (Historia de los reyes de Bretaña), los primeros escritos donde se habla de las heroicas hazañas del rey, de su acompañante Merlín, de la poderosa Excalibur y del resto de personajes.

Sea cierto o sea mentira, Tintagel atrae cada año a miles de turistas espoleados por la magia del lugar, que no solo radica en la leyenda, también en lo inefable de sus paisajes.

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Tarifa, entre dos aguas

Playa de Tarifa.

En Tarifa se conjuran el viento, la arena y el mar en un hechizo que tiene algo de magia española y marroquí. Esa punta de la península, la que está más al sur de la Europa continental, te deja descolocado. Igual porque depende de donde pises, te encuentras frente al mar tranquilo Mediterráneo y unos pasos más allá te salpica la bravura del Atlántico. O porque Tánger es visible en los días más claros y parece que esté, como aquel que dice, a un tiro de piedra, en un miraje que acerca en nuestras mentes África a España, aunque la tierra no se mueva.

El azar geográfico le ha dado a esta zona una forma triangular casi metafórica, un reloj de arena que gotea, de un continente a otro, por el estrecho de Gibraltar, arrebatándole tiempo a Europa para dárselo a África a veces y a la inversa otras. Tierra bajo dominio musulmán durante siglos –de ellos viene el nombre que todavía guarda, del caudillo bereber Tarif  inb Malluk que desembarcó allí en el 710- y tierra conquistada por los cristianos después.  Esa mezcla deja huella y todavía coletea. No solo esa, también la herencia que dejaron fenicios, griegos, cartagineses y, especialmente, los romanos, que fueron los primeros que se instalaron allí de una forma más notable y levantaron Julia Traducta.

Todo eso late con especial fuerza en la Isla de las Palomas, porque allí se erigieron las primeras fortificaciones y allí tuvo lugar el desembarco de la avanzadilla de Tarif  inb Malluk. Ya no es una isla, porque un istmo levantando por la mano del hombre en el s.XIX la une a la península, pero mantiene el nombre.

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