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21D, una oportunidad de...¿Qué?

Los catalanes están llamados a las urnas el próximo 21 de diciembre

Muy bien pues. "Elecciones" para los partidos políticos es el equivalente a las cajas de cartón por los gatos: se pondrán dentro corriendo sin saber qué hay en el fondo. No pueden resistirlo, es su razón de ser. Sin elecciones no hay cargos electos. Sin cargos electos no han asesores, ni cargos elegidos discrecionalmente en las Administraciones Públicas. En fin, no money, no party. Los partidos, sin elecciones, dejan de serlo. Pensándolo bien, la comparación con los gatos quizás es un poco exagerada. Los gatos todavía pueden sobrevivir sin cajas. 

Una semana después de la Declaración de la República en diferido, el 155 se disfrazó de - tachán - elecciones anticipadas. El 155 es un monstruo sin forma identificable, que es la no-forma que toman los peores de los monstruos. Algunas veces muta en forma de amenaza de porra y barrotes; otras se reviste, radiante y constitucional, en la representación del pacto como el Único medio para conducir la minoría tumultoso y delirante hacia su propia salvación. Es difícil saber qué es el 155. De momento, sólo hay una cosa clara: es un instrumento político en manos del Ejecutivo más anti-sistema y corrupto que ha existido desde que existe la democracia. (Nota: democracia no es un código binario, sino gradual. Basta ya de decir que "España es una democracia", como si el trabajo ya estuviera hecho). Por su parte, la fiscalía - a por ellos oé oé - anuncia que - más dura será la caída- quieren acusar a todos los Consellers por, atención: rebelión, sedición, y malversación de fondos. Estos días lo que con más debate está generando por su desproporcionalidad es el delito de rebelión. Al tanto, pues, que no sea premeditado: acusarlos de rebelión para desestimar los cargos y parecer que son moderados para encarcelarlos, "sólo", por sedición y malversación. Aunque a veces el cálculo racional parece una herramienta abstracta para el Gobierno de España. 

Hablábamos, sin embargo, de las "Elecciones del 155". Por partes: el muy mal llamado (pero muy bien encontrado en términos de naming) "bloque constitucionalista" - recordemos que el Monstruo del 155 está muy cuestionado por expertos constitucionalistas - liderado por Inés Arrimadas considera una alianza para restablecer la paz, la normalidad y blablablá. Es curioso esto de hacer alianzas anormales para volver a la normalidad. Es igual. Ni suman ahora ni sumarán para tener una mayoría alternativa. Sólo hay dos resultados posibles en estas elecciones. Técnicamente tres, pero dos en realidad. Veremos cuales.

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Catalunya y el espíritu de resistencia

Miles de personas piden ante el Parlament la liberación de "presos políticos"

La encarcelación de ocho miembros del Govern Puigdemont significa para una mayoría social en Catalunya un impacto emocional y político demoledor. El 2 de noviembre del 2017 ya figura en el calendario como una de las fechas más negras en la relación entre Catalunya y el Estado español. Uno de aquellos días que marcan un antes y un después. Que abren heridas tan profundas que parecen incurables. Que difuminan las equidistancias, porque ante la contundencia de la prisión, los argumentos se reducen a libertad, sí o no. Un inmenso desastre.

Desde Catalunya, es imprescindible explicar a la opinión pública española que la detención de buena parte del Govern despierta un sentimiento de indignación muy amplio y transversal, que trasciende en mucho a los independentistas convencidos. Buena parte de la ciudadanía considera que la acción de los poderes del Estado es ‘contra’ Catalunya, no sólo un intento de frenar la apuesta del independentismo. La prisión a un gobierno elegido democráticamente es percibida como un intento de humillar el sentimiento de identidad nacional que comparten millones de catalanes. Es el desenlace a la decisión de abordar un problema político con los únicos argumentos de la ley y la fuerza. Es, como denuncian muchos juristas, el resultado de retorcer los procedimientos legales por parte, una vez más, del Gobierno del Partido Popular.

Es verdad que el independentismo, con el Govern al frente, ha tensado las costuras legales del Estado. Aquí, en muchísimas ocasiones, hemos denunciado su cadena de errores. El mayor de ellos, desafiar al Estado sin tener el apoyo de una mayoría social incontestable. Pues bien, los poderes del Estado, con sus ansias de venganza, pueden haber configurado esta mayoría en torno al rechazo al artículo 155, la liberación de los presos y, por encima de todo, en la exigencia de respeto. Porque así es percibido mayoritariamente el 2 de noviembre, como el día que el Estado culminó un larguísimo proceso de falta de respeto a las aspiraciones catalanas.  

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La lavanderización de los barrios de Barcelona

Un amigo y yo hacemos colección de los nuevos términos que aparecen, sobre todo en el ámbito académico, pero también en el político, para hacer referencia a determinados procesos urbanos que ocurren actualmente en las ciudades.

El rey de los mismos es gentrificación; creo que no hace falta decir nada más de este concepto. Define aquella dinámica que se produce en determinadas áreas de la ciudad y que consiste en la sustitución de un determinado grupo de vecinos y vecinas de clase social media-baja por otro grupo de clase social más elevada y el consiguiente desplazamiento del primero de éstos. Luego tenemos el de la turistificación, es decir, el referido a aquellas zonas, principalmente urbanas pero no exclusivamente, que ven como su complejidad y su mezcla de usos inicial se ve alterada por una cierta especialización: el monocultivo turístico. Para el término turistificación existen algunos sinónimos, como el de resortización –de resort-. En realidad, todos estos neologismos hacen referencia a procesos interrelacionados cuyo origen se remontan a la estrategia neoliberal centrada en la extracción de plusvalías de las ciudades y de su vida urbana. Así, tras la apariencia neutra de proyectos y planes de dinamización de la economía urbana se producirían efectos colaterales significativos –entre otros la creación de zonas exclusivas y, por tanto, excluyentes-, los cuales vienen precedidos de determinados síntomas, más o menos visibles, y que suponen evidencias del tipo de área y, por ende, de ciudad, que se acaba determinando.

Uno de estos síntomas es la aparición de ciertos establecimientos, comercios y tiendas que, solo unos años antes, resultarían extraños en el paisaje urbano de algunas áreas, calles y plazas. En el caso de Barcelona, por ejemplo, podemos hablar de un incremento sustancial de negocios vinculados al auge turístico de la ciudad condal. Alimentación, inmobiliarias, colmados, restauración, degustación, panaderías, etc., están directamente vinculados a la preeminencia de un sector que se encuentra basado en el consumo de bienes y servicios por parte de unos visitantes temporales, los y las turistas, y en sus necesidades. Sin embargo hay otros, menos evidentes, como las colchonerías o incluso las lavanderías, que parecen resaltar la deriva turística de determinadas áreas de la ciudad.

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La resaca

Interior del Parlament de Catalunya durante el pleno en que se votó la República Catalana

Escribo esto el domingo 29 y hace dos días proclamaron la República Catalana, que duró cuatro horas. Bueno, de hecho no sabemos si se proclamó por una cuestión de cautela jurídica.

Desde entonces noto que mi ciudad está más tranquila, como si las personas hubieran empezado a procesar una dura resaca. El día más épico sólo algunos celebraron la gesta dels estels que anunció Joan Salvat-Papasseït hace casi un siglo. Los demás seguimos con nuestra existencia en medio de un extraño silencio.

Antes pensaba escribir un artículo sobre la irresponsabilidad de los dos bandos. Ninguno ha cumplido con la esencia casi imposible de gobernar para todos desde la idea clave del bien común y ello ha llevado a una sociedad dividida con personas que, mediante banderas, han olvidado a los demás, y cuando quieres imponer tus ideas prescindiendo de más de la mitad del colectivo se cae en el error del extremo que desecha un equilibrio que repercuta positivamente en la mayoría, pues si sólo se legisla para unos pocos más que gobernar pontificas sin pensar en el tan cacareado país, y vale tanto para Rajoy como para Puigdemont.

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La caja de Pandora y el artículo 155

Juncker apela a la unidad y la estabilidad para resolver la situación en Cataluña

La mitología griega cuenta el mito de Pandora, la esposa de Epimeteo -hermano de Prometeo-, que recibió una tenaza como regalo de boda. La instrucción era clara: no abrirla en ningún caso. Pandora, caracterizada por una curiosidad infinita, la abrió; liberando todos los males del mundo, que se esparcieron por todas partes.

Actualmente esta expresión la oímos en multitud de ocasiones. Líneas rojas, botones nucleares, fechas límites y cajas de pandora que no deberían tocarse nunca. Pero, en cambio, ni las líneas rojas ni los plazos temporales son capaces de evitar que la escalada de tensión política entre Cataluña y España continúe. Esta tensión es presidida por el rechazo al diálogo del gobierno Rajoy y por el pacto de Estado para la suspensión del autogobierno catalán: el famoso artículo 155 de la Constitución.

La Unión Europea, mientras tanto, se apresura a negar la apertura de su propia caja de Pandora: la desintegración de sus Estados miembros. Juncker afirmó que no quería una Europa con 90 Estados. Pensar que el caso catalán abre la puerta a un efecto dominó me parece irreal y poco representativo de la situación actual. No hay ningún otro territorio en la Unión Europea -salvo Escocia- en condiciones de plantear un proyecto político como el del movimiento independentista en Cataluña. ¿Quién dispone de una mayoría independentista en su asamblea legislativa? ¿Qué nación sin Estado europea ha sido capaz de mantener una movilización popular constante y sostenida durante tanto tiempo? Todo ello acompañado por mandato popular del 1-O y por la represión del Estado. Es absurdo pensar, pues, en un hipotético efecto contagio.

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27-O, el día de la incertidumbre

Rajoy pide en el Senado no entrar en "discrepancias menores" ni errores pasados

Nunca teníamos que haber llegado hasta aquí. Al día de la declaración unilateral de independencia (DUI) y del artículo represor del 155. El conflicto. La incertidumbre absoluta. La fractura. La culminación de la escalada de errores cometidos por las dos partes. El Partido Popular, con Ciudadanos, cree que tiene la gran ocasión de derrotar y humillar a los soberanistas. Y sabe que es la victoria sobre Catalunya, la venganza. El sueño del nacionalismo español.

Y aquí, el independentismo ha decidido culminar su plan, sin mayoría social, sin tener en cuenta los daños. Embarcando a toda la ciudadanía sin un mandato democrático. Porque el soberanismo ni ganó el plebiscito del 27-S, ni, desgraciadamente, el 1-O fue un referéndum con garantías. Lo más triste es que con esta fragilidad, lo más probable es que los propios soberanistas hayan frustrado la oportunidad de la independencia para varias generaciones.

Unos y otros dicen: “No nos han dejado más salida que la independencia o el artículo 155”. Falso. Los sectores más duros de uno y otro lado buscaban este desenlace desde hacía mucho tiempo, muchos años. Ya están ahí. Han desperdiciado cualquier oportunidad de diálogo. Querían el conflicto y ya lo tienen. Pero debemos recordar, una vez más, que la máxima responsabilidad es, con nombres y apellidos, de Mariano Rajoy Brey. Que ha tratado siempre a Catalunya como un instrumento para ganar votos en España y para esconder sus miserias de corrupción. Y que apenas hace unas horas, eligió el “a por ellos” cuando el President Puigdemont abrió una vía de pacto, jugándose que los halcones independentistas le acusaran de 'traidor'. Rajoy optó por la dureza. Como el 1-O, cuando ordenó la represión, la violencia policial contra los que querían votar. O cuando impulsó el proceso que llevó a la cárcel a Jordi Sánchez y a Jordi Cuixart.

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Maslow no tiene razón

Rufián nos saluda desde Turquía mientras que #Francoland se convierte en Trending Topic. Hay helicópteros que sobrevuelan el cielo y su ruido no nos deja pensar, trabajar o descansar. La sensación de que cada día podemos ser pisados por unos, empoderados por los demás. La idea del "sobre la marcha" que dice mi padre o la "tiranía del flow" que dice mi hermano, nos hace no planificar. Procrastinar por el bien común. Todos a una, todos juntos, en cualquier momento, cuando el bip bip del telegram o del whatsapp nos anuncie que debemos estar de nuevo en la calle. Pase lo que pase.

El estado de alerta permanente- comprensible y necesario- está dejando los equipamientos culturales vacíos: los teatros han perdido más de un 30% de público en dos semanas, la venta de libros, según la editorial Planeta en un artículo publicado en Economía Digital que recogía un teletipo de la agencia EFE, relata una caída de un 25% en Cataluña, los cines tampoco venden entradas y los restaurantes no tienen comensales.

Así, como relataba el psicólogo humanista estadounidense, Abraham Maslow en su obra A Theory of Human Motivation de 1943, las necesidades del hombre (y la mujer) se inscriben en una pirámide donde hay cinco niveles de necesidades. La base piramidal la soporta las necesidades primordiales: alimentarias, fisiológicas. En el siguiente eslabón están las necesidades de seguridad y protección (casa, salud, trabajo) seguidamente las necesidades afectivas (la amistad, la familia, la pareja). Estas eran para el neoyorquino las necesidades "de déficit", mientras que la autorrealización, el conocimiento, el crecimiento personal son necesidades que llamó "de ser".

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Hasta las narices de unos y otros

Lo diré tan alto y claro como sé: estoy hasta las narices, de los unos y de los otros, y de esta situación estrambótica en la que nos han metido unos y otros. Sí, lo digo desde la trinchera de la equidistancia, esa palabra hoy tan maldita para aquellos que hace años la reivindicaban para situarse a medio camino entre socialistas y convergentes.

Estoy hasta las narices de la apropiación indebida que muchos líderes y creadores de opinión independentistas hacen del concepto “pueblo de Cataluña”, y estoy hasta las narices de su retórica manipuladora. Dejen de hablar de referéndum, porque ni sus mismos observadores internacionales lo consideran como tal, y dejen de hablar de mandato de las urnas porque no hubo ninguno. Frenen la DUI, la DI o como le quieran llamar. Cuando se llega a un callejón sin salida lo más lógico es recular y buscar otra vía. La otra opción es darle al gas y estamparse contra la pared. No, gracias.

Estoy hasta las narices del seguidismo de los medios catalanes respecto a todo aquello que sale de las mentes pensantes y bocas parlantes de los señores y señoras del sí. Defenderemos a los medios públicos en caso de intervención, por supuesto, pero también hay que decir que nunca antes, ni en los años más gélidos del pujolismo, habían sido tan dóciles y acríticos con la gestión del Govern de la Generalitat. Pongo un ejemplo: el Govern dijo que el 1 de octubre los Mossos habían cerrado el doble de colegios electorales (yo prefiero llamarles puntos de votación) que la Policía Nacional y la Guardia Civil juntos, y que lo habían hecho sin ningún incidente. Si esto fuera cierto, ¿cómo es posible que no hayamos visto ni una sola imagen de estos cierres? Muy sencillo. Porque contaron como cerrados por parte de los Mossos puntos de votación que no se llegaron a abrir o bien otros puntos donde el responsable fue a entregar las urnas a la comisaría una vez ya estaba hecho el recuento. Lo sabe todo el mundo. O sea que en realidad los Mossos no cerraron nada, pero en los medios públicos se siguen repitiendo como loros este tipo de cosas (el cuento de las presuntas presiones para que las empresas se vayan sería otro ejemplo), simplemente porque las han dicho los buenos, y luego se ofenden cuando se pone en entredicho su profesionalidad.

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El boicot a las elecciones del 155

Hemiciclo del Parlament de Catalunya

La aplicación del artículo 155 de la Constitución por parte del Estado español se ha concretado, entre otras muchas medidas, en unas futuras elecciones al Parlamento de Cataluña convocadas por el Presidente del Gobierno. Esta posibilidad ha generado incertidumbre en el independentismo por el posible conflicto de legitimidades entre un Gobierno independentista paralelo a un Parlamento unionista.

Porque lo que parece que no sabe si hacer el independentismo es si presentarse a estas elecciones. Evidentemente, después de una DUI, el independentismo no podría reconocer esta convocatoria. Pero el miedo de que un 30-40% de la población catalana la reconociera es real y podría comportar regalar el Parlamento a una mayoría unionista. Y el Gobierno no se puede permitir este regalo mientras se construye un relato de legitimidad propia, con unas instituciones independientes que se tendrán que proteger, incluso quizás con cargos al exilio y con un poder legislativo que quizás se tiene que entregar a la Asamblea de cargos electos.

Y de este miedo salen propuestas que podrían llevar a la derrota. Entre ellas, la convocatoria de unas elecciones constituyentes contrarias a la Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República, votada por el Parlamento, y que prevé un proceso constituyente participativo previo a esas elecciones. Esta opción, planteada por determinados círculos, y que pretendería que la convocatoria “inevitable” fuera controlada por las propias instituciones catalanas, llevaría a la derrota porque renunciaría a hacer efectiva la DUI (y a ver qué éxito tiene). Además, esta propuesta divide y provocaría la confrontación entre partidos y organizaciones independentistas.

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Estado español contra España

Una confesión, escribo desde la tristeza. Siempre he procurado razonar lo más fríamente posible y me parece peligroso dejar que te lleven las emociones en un espacio conflictual como es la política. No soy independentista ni estoy en contra. Estoy convencido que los pueblos de España no solo podemos convivir sino que además lo hacemos cada día. Convivimos en Catalunya autóctonos de generaciones con los “otros catalanes” de Candel, que Pujol lo asumió en los años 60 y añadió son “catalanes los que viven y trabajan en Catalunya”. Son los otros pero son de aquí sin dejar de ser también de donde llegaron sus padres o abuelos. Convivimos con el resto de España que en gran parte ya no hay “la España de la rabia y de la idea… que utiliza la cabeza solo para embestir” como escribió Machado. ¿Separarnos de la sociedad española para qué? Hace dos semanas estuve en Vitoria. Esta semana dos días en Valencia. La semana próxima en Madrid. Conferencias, debates, reuniones, hablando se entiende. Cordialidad, sintonía, amistad. Y sin embargo,  tristeza. Ayer, sábado, en medio de la concentración de casi medio millón de personas en el centro de Barcelona, sentí mucha tristeza. Como muchos catalanes y creo también del resto de España. Como Xavi Doménech, el líder de los “Comunes” y portavoz en el Congreso de diputados. Estos días nos hacen regresar a la España oficial de hace más de cuarenta años.

No es necesario recordar la lamentable actuación del Tribunal Constitucional una vez se hubo refrendado por referéndum el Estatut de Catalunya (2006) y previamente aprobado por la Cortes Españolas y el Parlament  catalán. Un pacto como lo fue el pacto previo a la Constitución entre el Estado español y la Generalitat de Catalunya. A instancias del PP promovió la denuncia ante el Tribunal Constitucional  y a la vez inició una campaña “popular” contra Catalunya, uno de cuyos artífices fue Rajoy. Se manipuló el TC, la sentencia  fue “interpretativa” y aprobada por 6 votos contra 4. Se recortó groseramente un texto aprobado por el pueblo catalán y por las instituciones representativas del Estado español y de Catalunya (2010). Fue la chispa que encendió la pradera. Hubo una reacción catalana, se consideró humillante,  la indignación fue de muchos y de cada uno. No fue una iniciativa de las instituciones o de los partidos, fue un rechazo que salió de la mayoría de la ciudadanía. Si a penas había el 20 % de independentismo en pocos años llegó al 50%.  La cuestión no era ni la fiscalidad ni el déficit acumulativo de las inversiones de infraestructura, ni el recorte permanente de las competencias, ni los intentos y amenazas gubernamentales de reducir la protección de la lengua. Son cuestiones que se pueden y se deben  pactar. La reacción catalana lo provocó el no reconocimiento, el menosprecio, el abuso de poder, la negación a cualquier diálogo por parte de PP, Ciudadanos y la mayoría de los dirigentes del PSOE.

El gobierno español, el PP y Ciudadanos (C’s) han mantenido una línea agresiva y provocadora a lo largo de estos años. Entre otros ejemplos el gobierno ha acentuado la no ejecución de las inversiones programadas,  el acecho a temas tan sensibles como la educación y la lengua, las amenazas e incluso la judicialización de las iniciativas políticas como la consulta “alegal” (2014) que ha procesado a los principales cargos públicos catalanes. A medida que se presionaba al gobierno y sociedad catalanas aumentaba el independentismo. Una estrategia de provocación que hay que suponer que se deseara la radicalización del catalanismo, muchos que no eran independentistas lo fueron en los últimos cinco años. A la vez se desarrolló una política por los medios de comunicación en especial las tv nacionales y regionales y las tv privadas de ámbito estatal destinada a provocar fracturas sociales que denunciaban todo tipo de discriminaciones tan falsas y absurdas en Catalunya como que no se enseñaba el castellano, que los originarios de otras partes de España serían discriminados, que vivirían aislados del mundo, etc. En el resto de España se han generado rechazos, desafección, aversión en sectores muy diversos, no solo atizados por las derechas políticas también bastantes dirigentes nacionales y regionales del PSOE. Los partidos autodenominados “constitucionales” utilizan a diestro y siniestro el populismo como arma arrojadiza y lo mezclan con el “totalitarismo”. En fin, una falta de responsabilidad de los medios y gran parte de la intelectualidad y del mundo académico, cómplice o silencioso. Aunque el ambiente no les es propicio para defender la causa catalana difícil de entender.

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