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La bestia

Ada Colau vuelve a la casilla de inicio. La alcaldesa ha caído en la trampa tendida por la oposición soberanista de Trías y Bosch. La ciudad funciona, aunque no sé si es por los Consells de Districte, pues en los plenos de la Casa Gran sólo se discute de la Bestia

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Xavier Trias observa el parlament d'Alfred Bosch en un acte de Junts pel Sí / SANDRA LÁZARO

Xavier Trias observa el parlament d'Alfred Bosch en un acte de Junts pel Sí SANDRA LÁZARO

Es lunes 13 y como siempre que escribo un artículo dedicado al tema sufro por la velocidad de los acontecimientos. De momento todo está tranquilo, pero quien sabe si mañana hemos vivido otro hecho histórico según la lógica causa-efecto consistente en darnos unos días de paz hasta una nueva catarsis colectiva.

En realidad el texto ha cancelado más de una vez su redacción. Quise escribirlo el martes 30 por una serie de sucesos en los que Santi Vila figuraba con letras de honor. Fugado Puigdemont en su progresiva enajenación de la realidad el Conseller dimitido se presentó a un programa de televisión y hablo muy decidido de presentarse como cabeza de lista de su partido mientras optaba por un giro catalanista y criticaba el despropósito de las últimas semanas.

En el PdeCAT su discurso no sentó del todo mal. Marta Pascal dijo no saber nada de la huida belga y quizá hasta llegó a pensar que con Vila lograrían parar su debacle a través de un electorado moderado formado por falsos independentistas y personas deseosas de una vía que hundiera el relato de esos últimos años. A partir de esto hice mi propia quiniela electoral y pensé en un resultado muy ajustado con ERC ganadora con 35 escaños, Ciutadans con 28, El PDeCAT con 24, PSC 20 y las demás formaciones más o menos, con pequeñas variaciones, en la línea de 2015, eso sí, sin mayoría soberanista por el leve descenso de la CUP. Puigdemont estaba amortizado y regresábamos a la táctica del Peix al cove.

Este orden ideal saltó como un castillo de naipes el jueves 2 con el encarcelamiento de los Consellers que optaron por ir a Madrid. Santi Vila pasó una noche en prisión y al salir ya era, dentro del exitoso léxico de todo este asunto, un traidor, con lo que sus opciones de encabezar la lista caían en picado por otro rebrote de la deriva pasional, con protestas enfurecidas, redes ardiendo y todo lo que ya saben aumentado, porque a partir de ese instante el President cesado pasó a ser el mejor posicionado para intentar capitalizar la indignación, una medida absurda porque en su campo muchos consideran su actitud muy imprudente.

Como es sabido las tres formaciones independentistas concurrirán por separado a los comicios. Ayer, recuerdo que en estas palabras es lunes, Vila acudió a otro célebre programa y titubeó más que con el marido de la entrevistadora. Aún así no puedo quitarme de la cabeza que su propuesta es un oasis de sensatez en esta época de ardores desenfrenados y abstractos furores, por eso el entre otrora llamado Procés es la mejor entrega por episodios del milenio. Si la antigua Convergencia no la sigue, la propuesta, no visualicen el culebrón, es porque, como le pasó a Puigdemont el 26 de octubre, es víctima del contexto, que me ha dado por llamar la Bestia por su enorme capacidad de desbaratar cualquier lógica política y ampliar hasta grados superlativos la irresponsabilidad imperante.

Tuvimos otros ejemplo en otra clave. La votaciones sobre renovar o no el pacto de gobierno municipal con el PSC hicieron que Barcelona en Comú rompiera con la formación liderada por Jaume Collboni. Las bases, que también son las ciudadanos que se inscribieron para poder votar, sancionaron la disolución de un acuerdo comprensible desde el sentido común y condenable para algunos porque el PSOE, que no todo el socialismo catalán, ha apoyado el 155.

Ada Colau vuelve a la casilla de inicio y quien escribe tiene la sensación que la alcaldesa ha caído en la trampa tendida por la oposición soberanista de Trías, empapelado en el Paraíso, y Bosch, el único que en tertulias cree estar en una República. La ciudad funciona, aunque no sé si es por los Consells de Districte, pues en los plenos de la Casa Gran sólo se discute de la Bestia.

La lástima de todo esto, como a lo largo del último lustro, son las oportunidades perdidas. Hace menos de diez días Colau cosechó la mejor nota de un mandatario barcelonés en las encuestas y de ir todo normal, palabra extraña en esta era ida, revalidará su cargo, pero eso ahora no es lo importante. Durante un buen trecho del Procés mantuvo una equidistancia basada en desarrollar sus políticas sociales, gobernando para todos y sosteniendo un referéndum con garantías. Desde ese sábado en que recibió a los otros alcaldes y usó la expresión un sol poble se ha decantado, pese a su supuesta ambigüedad, hacia el lado soberanista desde una perspectiva meramente electoral, y lo mismo puede decirse de la votación convocada. Puede realizar, supongo que es lo que hará, una serie de pactos puntuales con todas las formaciones del Consistorio, pero aún así el espíritu de izquierda, con cierta inspiración maragalliana, se ha desvanecido en un magma inconcreto, más bien una ratonera muy peligrosa, porque no creo que el 21D, así lo confirman las encuestas, suba su número de escaños en el Parlament, sancionada con toda probabilidad por un electorado bastante numero que aprobaba su posición de no estar ni con uno ni con otro. En España pasa lo mismo, con Pablo Iglesias extraviado en el marco actual e Iñigo Errejón desaparecido. Muchos lo echan de menos.

El tercer hombre de estas semanas se llama hice algo, pero en realidad no, hemos jugado con vosotros. Benet Salellas, ese gran intelectual, dijo que el país no estaba preparado para la República, y varias personas de ERC lo han confirmado, hasta Rufián dijo en la cadena amiga que se sentía catalán, español y europeo. En la capital del reino Forcadell acató el 155 y explicó que lo del 27 de octubre era simbólico. Su cambio de opinión, y el probable de sede judicial, hará que los Consellers queden libres, aunque desde mi punto de vista es posible que sus carreras políticas estén terminadas, bien por inhabilitación, bien por la coherencia que se exige a quien ha pasado años dando la matraca con la independencia y, ops, de repente acepta la Constitución y el 155, en pack. En esto también incurre el nuevo frame de moda. De República e Independencia saltamos a Llibertat y tiro porque me toca.

Hoy Puigdemont, que debe ver muchos lobos y sus orejas, ha dicho que existen otras vías que no son la independencia. Ahora me ha dado por pensar que si alguien que no sigue a la Bestia lee esto creerá que le cuento una fábula surrealista. No, es la realidad, mezclada demasiado tiempo, como una gran burla aceptada por un porcentaje interesante de catalanes, con trucos de magia a partir de una organización impecable y una campaña de marketing sensacional que convierte una jornada de fiesta para los estudiantes en huelga general, en casa me enseñaron que era otra cosa centrada en mejoras para la clase trabajadora, llena la calle de carteles y hunde la economía de un país desde la nada, que es donde estamos. Si alguien entiende esta broma irresponsable que me la explique, pues no le encuentro la gracia.

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