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La ruina amenaza la memoria histórica que pervive en el ‘Hospitalillo’ de Tarancón

La ARMH de Cuenca, Amigos de las Brigadas Internacionales y Brunete en la Memoria inician una nueva campaña para evitar su destrucción

Hay papeles del Patronato que aún están en los juzgados debido al proceso judicial por la presunta destrucción de documentos del Ayuntamiento anterior

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Estado actual del ¡Hospitalillo' de Tarancón (Cuenca) / EFE

Estado actual del 'Hospitalillo' de Tarancón (Cuenca) EFE

Hace cinco años que un grupo de historiadores e investigadores españoles iniciaron una campaña para salvar de la demolición al Hospital ‘Santa Emilia’ de Tarancón (Cuenca), conocido como el ‘Hospitalillo’. La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) de Cuenca, los Amigos de las Brigadas Internacionales y Brunete en la Memoria consiguieron que este edificio se mantuviera en pie para recordar lo que un día sucedió entre sus muros. Fue un antiguo hospital con un refugio antiaéreo anexo que se convirtió en eje fundamental tras el Sitio de Madrid durante la Guerra Civil.

Cumplió también un papel esencial durante en el otoño y el invierno de 1936, al principio de la contienda y durante la primera mitad de 1937, con una gran conexión con las Brigadas Internacionales, que lo usaron como refugio, como albergue, como hospital y como lugar de paso hacia Madrid. En este hospital fue donde exhaló su último suspiro en 1943 el último fallecido procedente de la cárcel de Uclés.

“Es la única vez en la historia que Tarancón juega un papel importante de encrucijada, por su situación y porque afectaba al control de evacuación, era el eje de centros sanitarios republicanos, y aparece citado en memoriales de brigadistas”, explica Máximo Molina, de la ARMH de Cuenca.

Hace cinco años, los colectivos que luchan por su permanencia consiguieron el compromiso público de la alcaldesa de entonces, María Jesús Bonilla (PP), de adoptar cuantas acciones fueran necesarias para su conservación. Pero no fue así. El edificio está en ruinas, el equipo anterior de Gobierno tapió las puertas tanto del edificio como del anexo refugio antiaéreo, y tampoco después de las elecciones municipales de 2015, con el nuevo alcalde, José Manuel López Carrizo (PSOE), la situación ha cambiado. El proceso se encuentra ensombrecido por las acusaciones a Bonillla de destrucción de documentos sobre el Hospitalillo, y muchos de los documentos que prueban su valor histórico están en sede judicial.

Publicación norteamericana dedicada a Tarancón / Cortesía de Ray Hoffman

Publicación norteamericana dedicada a Tarancón / Cortesía de Ray Hoffman

Ahora, estos tres colectivos, y ante el “silencio continuo” del Ayuntamiento, quieren iniciar una nueva campaña para reactivar la importancia de que el edificio sobreviva. Denuncian ante todo que la situación es “surrealista” debido a que el edificio pertenecía a una familia que lo cedió a un Patronato en 1922 formado por “hombres ricos del pueblo”,  que todavía existe pero que no se reúne ni hoy en día “se sabe bien quién lo compone”.

“Mientras, el hospital está en un estado ruinoso”, cuenta Máximo Molina. “No sabemos muy bien qué pasa. No hay nadie que lo evalúe y tase el estado en el que se encuentra. Hay rumores de que no tiene capacidad para el uso para el que fue concebido, pero lo que parece es que nadie quiere hacerse cargo del tema y mientras tanto, el edificio se derrumba”, lamenta, llamando a la necesidad de recopilar toda la información posible para que “toda esa memoria no muera”.

De momento, estos colectivos mantienen este objetivo promoviendo encuentros y visitas al Hospitalillo. El próximo mes de octubre acudirá una nueva visita de estadounidenses para conocer los pormenores de la historia del edificio. Se trata de una de las muchas visitas que realizan expertos memorialistas, historiadores y familiares de brigadistas, aunque “no pueden acceder al interior del hospital por el estado en el que se encuentra”.

Por eso, ahora buscan sumar apoyos para esta nueva campaña, que hace cinco años dio sus frutos. Conscientes de que la Ley de Memoria Histórica es “papel mojado” confían en que ciudadanos del pueblo, de la comarca y de la región se unan a la causa y no quede también en el olvido el vestigio histórico de un pueblo al que el escritor húngaro Ludwig Detsinyi dedicó estos versos:

“Pero llegará la hora de escribir, 

nuestra palabra en la Historia.

No olvidaremos ninguna herida,

el pueblo de España les llevará a juicio.

 

Alguna vez se cerrarán las heridas.

Cuando la Humanidad elimine a los enemigos, 

las obras por la que murieron serán libremente, 

por hombres libres, reconstruidas”. 

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