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La temperatura media en Cuenca ha aumentado en casi dos grados desde 1981

Es uno de los datos que recoge el segundo informe sobre cambio climático en Castilla-La Mancha y que refleja un incremento general en todas las provincias

Los expertos alertan de la “grave combinación” de la falta de lluvias con unas cada vez más altas temperaturas y sin casi heladas

El naturalista Joaquin Araújo critica que el ser humano “se haya permitido el lujo de agredir al agua y al aire en una superflua arrogancia” que ya tiene consecuencias

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Serranía de Cuenca, en una imagen de archivo

Serranía de Cuenca, en una imagen de archivo Foto: Turismo de Castilla-La Mancha

La temperatura en Castilla-La Mancha ha aumentado en todas las provincias de Castilla-La Mancha en más de un grado desde el año 1981 hasta el pasado año 2016. Los datos corresponden al segundo informe sobre el cambio climático en  Castilla-La Mancha elaborado por el geógrafo y climatólogo Jonathan Gómez Cantero y GEOCyL Consultoría en colaboración con la Oficina de Cambio Climático de la región y que se presentará a finales de año. 

Esta variación destaca especialmente en la provincia de Cuenca, donde durante ese periodo la temperatura ha subido en 1,89 grados. En la provincia de Albacete ha supuesto un incremento de 1,55 grados. No se quedan atrás el resto de territorios: en Ciudad Real la temperatura subió en 1,3 grados y tanto en Guadalajara como en Toledo se incrementó en 1,26 grados durante el mismo periodo.

 “Es una barbaridad”, decía el climatólogo Jonathan Gómez Cantero que ha participado en una jornada organizada por CMM, en el marco de su programa de responsabilidad social corporativa ‘Mancha T’ para abordar el impacto de la sequía y del cambio climático en la región.

Carlos Macías, responsable del programa 'El Tiempo' en CMM condujo el acto al que acudieron numerosos estudiantes

Carlos Macías, responsable del programa 'El Tiempo' en CMM condujo el acto al que acudieron numerosos estudiantes

Las consecuencias, explicaba Gómez Cantero, están a la vista: vegetación muy seca en zonas como la Serranía de Cuenca o la falta de alimentos para los ciervos en época de berrea en el Parque Nacional de Cabañeros, tanto en Toledo como en Ciudad Real que ha provocado que sus cuernas se vean afectadas y sean ahora mucho más débiles.

Tomando como referencia  el mismo periodo temporal (1981-2016) pero solo durante los meses de junio, julio y agosto, el aumento de las temperaturas es todavía mayor. Hasta 2,43 grados han subido en Cuenca, 2,16 en la provincia de Guadalajara, 2,14 en Ciudad Real, 1,98 en Albacete y 1,89 grados en Toledo.  

En este año 2017, en Castilla-La Mancha los días calurosos han aumentado en diez. Los expertos miran con lupa la tendencia. No en vano, según los Acuerdos de París de 2015, el “punto de no retorno” sería que la temperatura media del planeta aumentase en más de dos grados centígrados. “Nos sería muy difícil revertirlo”, sostiene Gómez Cantero y de momento esa temperatura ha crecido en los últimos años en 0,89 grados en la media mundial.

Cada vez menos heladas y más mosquitos

Otro reflejo del cambio climático es que las heladas son cada vez menos frecuentes en Castilla-La Mancha y eso tiene repercusiones muy concretas, en particular en lo que tiene que ver con la proliferación de mosquitos. “Las heladas son un gran insecticida”, recordaba Gómez Cantero y si no se producen, los mosquitos no mueren durante el invierno. Ha ocurrido en la comarca de La Sagra toledana donde un periodo de 365 días sin ni una sola helada permite la supervivencia (a destiempo) de esos insectos -especialmente las especies tropicales como el mosquito tigre- que afectan tanto al ser humano como las mascotas y, en el caso de los perros, se multiplican los casos de leishmaniosis.

Hasta 2016, explicaba el climatólogo, “todos los picos de consumo energético se producían en invierno, el año pasado por primera vez ocurrió en verano”. Los fallecimientos en nuestro país por las altas temperaturas han aumentado en personas mayores o con ciertas patologías previas debido, entre otras cosas, a la acumulación de altas temperaturas a lo largo de varios días. “Este verano hemos estado dos semanas con una media de 38 grados”.

La “grave” combinación de más calor y falta de lluvias

A la subida de las temperaturas se suma otro factor como la sequía que, aunque cíclico, resulta “una combinación todavía más grave”, según ha explicado Enrique Sánchez, profesor de la UCLM  y miembro del Comité Español CLIVAR (Climate Variability and Predictability) que investiga los cambios del clima en nuestro país.

¿Qué nos espera? El investigado plantea que, ante todo, “incertidumbre” porque los datos “no son halagüeños” aunque los expertos trabajan siempre con un cierto margen de duda. Lo que sí que tienen claro es que a mediados del siglo XXI lloverá entre un 20-30% menos y habrá dos o tres grados de temperatura si no se pone remedio. Impedirlo, decía Sánchez, “empieza por nosotros, por el agua de nuestro grifo, por evitar el consumo desaforado…”. Cambios en nuestros hábitos consumistas que, reconocía, no podrán hacerse “de repente” pero en los que puede estar la diferencia para evitar sus efectos en el planeta. Y eso “debe también tenerlo en cuenta quien gestiona el agua de los ríos y embalses”, advertía.

El “protagonismo” del individuo para combatir el cambio climático

En esta posición sobre la necesidad del ahorro individual coincidía el naturalista Joaquín Araújo. “En el grifo de tu casa puede estar el futuro de las especies vivas del planeta”, decía para criticar que, cada vez más, “el uso de energía se convierte en bulímico” o el hecho de que “todos los proyectos para combatir el cambio climático se estén incumpliendo masivamente. Todo puede ser aplazado y hemos perdido 50 años”. Por eso abogaba por el “protagonismo” del individuo para combatir el cambio climático.

Araújo cree que lo que hoy refleja el medio natural es “el fracaso de nuestra propia especie”. En su opinión, “el mayor tropiezo intelectual del ser humano es no considerarnos naturaleza. Y no solo lo olvidamos sino atentamos contra ella”. Recordaba que el ser humano es “agua que piensa, respira y se calienta. Somos lo mismo que el clima” para lamentar que “nos hayamos permitido el lujo de agredir al agua y al aire en una superflua arrogancia” que ya nos está costando cara. “La naturaleza se silencia”, en alusión a la progresiva desaparición de insectos y aves.

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