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Jeanette Winterson: "Todos los escritores tenemos que tener actitud política"

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Jeanette Winterson: "Todos los escritores tenemos que tener actitud política"

Jeanette Winterson: "Todos los escritores tenemos que tener actitud política"

Jeanette Winterson "ha revisitado" el "Cuento de invierno" de Shakespeare para llevarlo desde 1611 a la crisis financiera de Londres en 2008 porque "quiere escribir" sobre cómo cambia el mundo: "Todos los escritores tenemos que tener actitud política", dice la británica en una entrevista con EFE.

El mundo, dice tajante Winterson (Manchester, Reino Unido, 1959), es "una mierda". "Quizá la gente se está dando cuenta de que ya no podemos seguir viviendo así, ni desde el punto de vista medioambiental, ni tampoco podemos confiar en que el capitalismo mejore las condiciones de la vida de la gente, porque no lo va a hacer", argumenta.

También dice que "se avergüenza", y pide "perdón" por ello, del "brexit", tanto que se ha comprado un "pisito" en París y, si fuese necesario, asegura, cambiaría de nacionalidad.

"En el mundo de la posverdad, curiosamente los escritores de ficción podemos contar la verdad y además podemos hacer que la gente cambie la forma en la que ven las cosas", añade la autora, que actualmente trabaja en una novela que unirá la inteligencia artificial y Frankenstein.

Para la autora de "La pasión" (1986) o "Espejismos" (1989), los escritores tienen que tener "actitud política": "Este es el mundo en que vivimos y tenemos que decirlo alto. Creo que tengo que ser una persona activa, que tengo que actuar en el mundo y al mismo tiempo tengo que vivir en mi imaginación".

Y eso es lo que hace en "El hueco del tiempo" (Lumen), una revisión de la penúltima obra de teatro de Shakespeare, "Cuento de invierno", con la que la escritora inauguró el proyecto internacional The Hogarth Shakespeare para conmemorar el 400 aniversario de la muerte del dramaturgo.

En la tragicomedia de Shakespeare, Leontes, rey de Sicilia, rechaza a su mujer, Hermione, cegado por los celos y perderá no solo a su esposa, sino también a su hija, Perdita, de quien reniega, y a su amigo del alma, Políxenes, rey de Bohemia.

La novela de Winterson combina personajes extravagantes y microhistorias tras la crisis financiera de 2008, en una ciudad estadounidense devastada por las tormentas llamada Nueva Bohemia.

Reconoce que cuando le propusieron desde Hogarth Press, la editorial fundada por Virginia y Leonard Woolf en 1917, formar parte de este homenaje junto a Howard Jacobson, Anne Tyler o Margaret Atwood, entre otros, no tuvo "ninguna duda" sobre el texto shakesperiano que quería "revisitar".

"En el momento álgido de la obra de teatro, hay un niño abandonado. Y yo soy una niña abandonada", cuenta la escritora, que a los pocos meses de edad fue adoptada por Constance y John William, una pareja evangélica con pocos recursos económicos.

En ese ambiente religioso, Winterson soñaba con ser misionera, pero a los 16 años confesó a su madre que estaba enamorada de una mujer, revelación que le costó una tajante respuesta: "O te vas de esta casa y no vuelves nunca más, o dejas de ver a esa chica".

Winterson decidió abandonar el hogar, interpelada antes por su madre con un "¿por qué ser feliz cuando puedes ser normal?", y, después de marcharse y lograr entrar en Oxford para estudiar Filología Inglesa, reflejó esa experiencia en su ópera prima, "Fruta prohibida" (1985).

Más de treinta años han pasado desde la publicación de esa primera novela, que más tarde se adaptó a la BBC y que le valió a la escritora el premio Whitbread Award a la mejor ópera prima.

Ahora, Winterson se encuentra adaptando "Fruta prohibida" para teatro, algo que "puede salir bien, o no, quién sabe".

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