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'Eden': Ascenso y decadencia del DJ

La última película de la consagrada directora francesa Mia Hansen- Løve es el '24 hour party people' de la escena house parisina de los noventa

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Félix De Givry, el alter ego de Sven Hansen-Love

Félix De Givry, el alter ego de Sven Hansen-Love

Con Un amour de jeunesse, Mia Hansen- Løve dió por terminada una trilogía indefinible y muy autobiográfica basada en heridas todavía sin cerrar, en la traición, el perdón y en la dolorosa adolescencia. Con 27 años ganó en Cannes el Premio del jurado en Una cierta mirada por El padre de mis hijos. Todo está perdonado fue su debut. La joven cineasta francesa se convirtió en una figura de culto empujada por su propia infelicidad "que hacía cine para para ordenar su vida" Eden es otra cosa, un punto y a parte en su precoz filmografía.

Eden es un viaje por la escena house de París en los 90 y en los 2000 en el que Daft Punk creció y se convirtió en un dúo mítico. Ningún cineasta se lo ha tomado tan en serio. La razón es Sven Hansen-Løve, el hermano de Mia, coguionista del film y una de las figuras claves de esa escena . Sven se ha metido hasta las trancas en este proyecto que, exceptuando algunos lugares comunes y elementos inventados, es un reflejo de su propia juventud. Las raves, las primeras grabaciones caseras, su ascenso como Dj, primero en fiestas, luego en pubs de moda, luego en Nueva York y siempre rodeado de amigos, coca, luces, sudor, vinilos, chicas, deudas, resacas, peleas y también mucha soledad.

Y sin embargo, Eden no es una (otra) película generacional. De lo que ella quiere hablar es del paso del tiempo, de los sueños, de perseguir lo que deseamos, del doloroso fracaso y de la parte fea de esta escena parisina que trajo al mundo formas distintas de relacionarnos entre nosotros, de drogarnos, de sentir el arte.

Perdido en la música

Eden no va a tener la misma trascendencia, pero es ya el 24 hour party people de la escena house parisina. El estilo de Mia es mucho más pausado, incluso contemplativo que el de Winterbottom, pero ambas películas desarrollan el alzamiento de una escena musical concreta a través de uno de sus protagonistas. El filme británico retrata el Manchester de Joy Division, New Order y Happy Mondays a través del sello Factory Records creado por Tony Wilson. Con un ritmo endiablado y una narración al estilo del falso documental el espectador sigue las peripecias de este cazatalentos y promotor interpretado por Steve Coogan. Desde el descubrimiento de los Sex Pistols hasta  las hordas de gente que acudían a bailar a la Hacienda, y después la debacle personal, empresarial y artística. Éxito y decadencia.

Cuando Paul, el alter ego de Sven  Hansen-Løve, pincha en el PS1 del Moma en Nueva York acaricia el éxito con los dedos. Es un espejismo, claro. Lo siguiente es bajar en picado, asimilar el fracaso, ser testigo de cómo todas sus amantes (hasta la divertida Greta Gerwig) han sentado la cabeza mientras él sigue agarrado a una música que cada vez golpea con menos intensidad la noche de París. La electrónica se transforma en algo extraño para él, ya solo queda sitio para Daft Punk o David Guetta. En Eden esta segunda parte de caída libre tiene título, Perdido en la música

Félix De Givry, el alter ego de Sven Hansen-Love

Félix De Givry, el alter ego de Sven Hansen-Love

A propósito de Sven Hansen- Løve

En la película Daft Punk son interpretados por Vincent Lacoste y Arnaud Azoulay y su presencia deslumbra sobre todo en esa maravillosa secuencia en la que en medio de una fiesta estos dos jóvenes desgarbados comprueban el efecto que sus mezclas tiene en la gente. Miran los platos con respeto, están nerviosos, comienza a sonar Da Funk y todos se vuelven locos. Ellos se susurran al oído, disfrutan, la cámara de Mia se aleja y lo que sigue ya es historia.

En lo último de los hermanos Cohen, la figura del músico Llewyn Davis se inspiraba en un cantante real, Dave Van Ronk, que como muchos otros en los 60’ frecuentó el Greenwich Village de Nueva York para tocar sus canciones ante un público ávido de historias de perdedores, de humo de cigarro y de vasos de whisky. Era el nacimiento de otra escena musical. En un momento de la película Llewyn Davis termina de tocar y tras beber un trago se marcha del local justo cuando están presentando al siguiente músico, comienzan los acordes de Farewell y la voz nasal de Bob Dylan lo inunda todo. El universo se resquebraja porque aunque el personaje de Davis aún no lo sepa, Bob Dylan no dejaría sitio para nadie más.

Los Daft Punk de 'Eden'

Los Daft Punk de 'Eden'

Mia Hansen- Løve utiliza las figuras de Daft Punk en Eden  de la misma forma que los Cohen utilizaron a Dylan en A propósito de Llewyn Davis. La cámara de la directora sigue constantemente a Paul a través de planos secuencia  en los que se puede oler el sudor del público saltando y vibrando con las interminables sesiones de garage y house, sentir la sed, las luces que deslumbran y experimentar incluso los efectos de las drogas. Los años pasan y Mia va colocando a Guy-Manuel de Homem-Christo y Thomas Bangalter (o sea, Daft Punk) en diferentes momentos de la película para subrayar que ellos se quedarán todo el éxito mientras los demás, como Paul, tendrán que lidiar con el riesgo, las deudas, los escasos medios para medrar en la industria, las falsas promesas y la evolución de los gustos musicales que los puristas calificarían de funesta. 

Y sin embargo, y a pesar de toda esa melancolía que rebosa en el estilo de Hansen- Løve, a pesar de todos los dramas, las fiestas, las rayas, las resacas o las pérdidas,  Eden culmina con serenidad. Todos hemos aprendido algo.  

Los verdaderos Daft Punk, antes del casco

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