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Tras siete semanas en cartel y gran acogida del público, con 5.100 espectadores, 'La gran cena' se despide de Sala Russafa
Esta semana, Sala Russafa y Arden Producciones cierran la temporada de su nueva coproducción, La gran cena. Una comedia con música en vivo que ha recibido el apoyo de público durante sus siete semanas en cartel. De las 33 funciones realizadas, 26 han colgado del cartel de ‘agotadas las localidades’, frecuentemente con varios días de antelación. Esto supone más del 80%, una estupenda respuesta de los espectadores que ha llevado a que ya no queden entradas para sus últimas representaciones, del jueves 22 al domingo 25 de enero.
“Estamos muy agradecidos al público fiel de la sala y al que se ha sumado estos días, visitándonos por primera vez y compartiendo con nosotros su entusiasmo al acabar la función”, asegura Juan Carlos Garés, director del centro de creación, formación y exhibición de artes escénicas.
El elenco del espectáculo sale al hall del teatro a saludar a los espectadores tras cada representación. Un momento para hacerse fotos y compartir anécdotas con el público. “Hay gente que viene cada año, que nos cuentan que para ellos es una tradición navideña más. Tanto es así que, por ejemplo, ha venido a vernos desde Irlanda una espectadora habitual, que se había trasladado este año y no quería perderse el espectáculo de Navidad. También dos amigas que por tercer año vienen desde París”, comenta Chema Cardeña, director, autor y uno de los intérpretes de la pieza.
Otras anécdotas: la madre que acude, por encargo de su hijo que está estudiando en China y no puede venir este año a ver la función, para hacerse una foto con el elenco y contarle después el espectáculo; o los alemanes que han llegado desde distintos puntos de la costa después de que la obra apareciera en una revista alemana que se edita para la comunidad germana afincada en territorio valenciano. “También han venido muchos jóvenes italianos de Erasmus”, explican desde la sala. Y es que la temática de este año ha despertado mucha curiosidad, con la parodia de tres líderes internacionales fascistas sobradamente conocidos, que se reúnen para celebrar la Nochevieja y poner en práctica la costumbre española de comerse las uvas al ritmo de las doce campanadas (o atragantarse con ellas).
Más necesidad de reír que nunca
El equipo de Sala Russafa admite que siempre reciben mucho cariño del público cuando hacen estas comedias de sátira política que, de alguna manera, emulan la tradición inglesa de la 'pantomima navideña'. Espectáculos que, además, al tener música en vivo y un ambiente festivo, se convierten en una válvula de escape para los espectadores. “Pero este año tenemos la sensación de que hacía más falta que nunca reírse de muchas cosas”, apunta Cardeña, sumando a los comentarios recibidos al acabar las funciones, la gran cantidad de mensajes compartidos en redes sociales.
La gran cena sigue la estela de otros de espectáculos incluidos en la saga ‘Cuentos políticos’ producida por Arden y Sala Russafa para sus campañas de Navidad desde 2014. Espectáculos con música en vivo que empezaron transformando historias muy populares, como ocurría en Alicia en Wonderland, donde su protagonista era una becaria en busca de trabajo; o en Viaje a Nuncajamás, en la que un Peter Pan madurito se veía obligado a volver al país del que escapó para intentar reunificar un Estado que parece a punto de romperse.
La sátira política se ha aliado con otros elementos como los guiños a la actualidad – es el caso de Buscando al Mago de Oz (Oh, EurOZpa!), por ejemplo - o la caricaturización de la historia - como en Mi querida tonta España - para ir conformado un sello propio y reconocible, capaz de fidelizar a un público que cada temporada adquiere con mayor antelación sus entradas.
Los espectadores se ha sumado a la representación, sintiéndose libres para completar frases de los diálogos que hacen referencias a la actualidad política o aplaudiendo y hasta bailando en algunos de los divertidos números musicales en los que las parodias de tres dictadores fascistas y sus acompañantes se sueltan la melena, pasando de Cole Porter a Sara Montiel, Raffaella Carrà y hasta Camela. Porque, en el teatro todo es posible, hasta que un señor sospechosamente parecido a Francisco Franco se marque un “sueño contigo, ¿qué me has dado?”.
Cumplir una función social
En pleno auge de la IA, las plataformas de contenidos y las redes sociales, cuando el siglo XXI parece apretar el acelerador en todo lo referente a cambios sociales, pequeños fenómenos como la aceptación de este y otros espectáculos que cada vez son más protagonistas en el ocio navideño, invitan al optimismo.
“A pesar de todas las trabas, tenemos la sensación de que el teatro cumple su función. Sigue moviendo emociones, nos sirve para divertirnos, pero también para hacernos pensar. Y es una experiencia en vivo única. Aunque la administración apenas apueste por las campañas de Navidad, a excepción de Escalante, la respuesta del público a propuestas como la nuestra y la de otras salas privadas con las que estamos en contacto, nos hace creer que las artes escénicas continúan conectando con la sociedad. Casi 30 siglos después, el teatro sigue teniendo sentido”, comenta Garés, quien invita a los espacios de titularidad pública a sumarse a este momento perfecto para cultivar la creación de públicos e incrementar los hábitos de consumo cultural.
Tras siete semanas consecutivas en cartel, del jueves 22 al domingo 25 de enero subirán al escenario de Sala Russafa para transformarse en los personajes de La gran cena Darío Torrent, Raquel Ortells, Rosa López, Jaime Vicedo, Iolanda Muñoz, Vicent Pastor, el propio Cardeña y el músico Gilberto Aubán. Cuatro últimas funciones para dar las gracias al público y despedir esta comedia que ha reunido a cerca de 5.100 espectadores, todo un hito para una sala de iniciativa privada, con tan solo 175 butacas y la voluntad férrea de seguir apostando por las artes escénicas.
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