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Entrevista

Gregorio Morán: “En los medios convencionales estamos en el peor momento de la democracia”

El periodista asturiano publica 'El cura y los mandarines', un retrato sin contemplaciones de los intelectuales en la Transición y su rentable acomodo en el poder

“La canonización del Régimen del 78 fue un error. Los autoelogios ya olían a pescado podrido”

"Después de 1976 hubo un periodismo peleón, pero con el PSOE llegó el final de ese periodismo. Y en la cultura el PSOE lo compró todo"

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Gregorio Morán en la presentación de 'El cura y los mandarines'

Gregorio Morán en la presentación de 'El cura y los mandarines'

Dice el periodista Gregorio Morán (Oviedo, 1947) que, después de El cura y los mandarines, que acaba de salir a la venta por Akal, tras ser cancelado in extremis por Planeta, no abordará el periodo político y cultural entre 1996 y la actualidad.

“Porque después de 1976 hubo un periodismo punzante y peleón, pero con el PSOE llegó el final de ese periodismo. Y en la cultura el PSOE lo compró todo. El PSOE fue un cáncer cultural. Por eso es un periodo que me interesa mucho menos aunque lo esté sufriendo mucho más”, afirmó el martes ante un grupo de periodistas. Su análisis, que va desde 1962 a 1996 se detiene, por tanto, en cómo los intelectuales pasaron de ser firmes opositores al régimen franquista en los sesenta a convertirse en reaccionarios en los ochenta.

Para ello parte de la figura del cura Jesús Aguirre –después duque de Alba– para dar un repaso muy crítico a intelectuales como Víctor García de la Concha, exdirector de la RAE y actual director del Instituto Cervantes. Esa precisamente fue una de las claves de que Planeta echara el libro para atrás cuando ya estaba casi en las librerías. “Se trata de censura económica, no política, porque estaba a punto de salir el Diccionario de la RAE. Es lo mismo que ocurre con el Banco Santander o Endesa, nadie se mete con ellos porque son los grandes patrocinadores culturales de este país”, sostuvo. Pero también añadió: “La canonización del Régimen del 78 fue un error. Los autoelogios ya olían a pescado podrido”. De esos barros estos lodos que precisamente sí analiza en esta entrevista con eldiario.es.

Este libro nació de la pregunta sobre qué pasó con aquellos intelectuales que eran transgresores y contrarios al régimen franquista para volverse reaccionarios a partir de los ochenta. ¿Ha hallado la respuesta?

Encontrar una respuesta válida no sé yo porque cada mandarín es un mundo. Pero sí hay algunos puntos de coincidencia. Sobre todo la actitud del poder hacia ellos en los años sesenta, que es una actitud de oposición. Hay un elemento que es clave y es que el franquismo duró muchísimo. Ahora parece como si la Guerra Civil hubiera durado 40 años y el franquismo, tres. Y no, es al revés. El momento en el que se detecta el cambio es hacia finales de los sesenta. A partir del estado de excepción de enero de 1969, que en general nunca aparece en los libros de Historia. Siempre se dicen muchas boberías sobre mayo del 68. Yo lo viví aquí en Madrid y no influyó para nada. Pero enero de 1969 sí. Fue nuestro mayo del 68 en negativo, porque fue un estado de excepción en toda España después del asesinato del estudiante Enrique Ruano, que por cierto su confesor era Jesús Aguirre.

Usted se centra en los intelectuales, pero la sociedad española en general vivió un giro parecido: de transgresora y opositora, buena parte pasa a ser conservadora, neoliberal y votante del PP.

Sí, sí, parte de esas clases medias formadas en el franquismo, sectores populares también. Es verdad, pero la sociedad ya era conservadora incluso entonces. Es decir, en los años sesenta, lo que diferenciaba a los sectores intelectuales de la sociedad era total. En Barcelona no existía tanta distancia como en Madrid, pero aquí era total. Por lo tanto, la involución de la sociedad no  se notó tanto. ¿Por qué? Porque la única vez que les dejaron votar, que fue el 15 de junio [de 1977], votaron, en general a la UCD y a Adolfo Suárez, y cuando eso se fue al carajo votaron al PSOE, unos chicos como ahora podían ser los de Podemos. Además, acababa de pasar el golpe de Estado del 23F.

Pero en el caso de los intelectuales no fue así porque ahí había una ruptura en los años 60 y en los 70 comienza a haber un acercamiento. También estaba la conciencia de que Franco no se moría. Eso es terrible. Yo ahora con esta edad me acerco más a entender aquello.

Para algunos intelectuales como Javier Gomá, los problemas de nuestra democracia tienen algo que ver con el hecho de que no tuviéramos la historia democrática de otros países como Francia o Alemania.

Cuando uno dirige la Fundación March se convierte en un intelectual de diferente tipo a un profesor universitario. Es decir, yo tengo una opinión muy modesta de la capacidad analítica de Javier Gomá. Siento una cierta irritación hacia este tipo de figuras que todo el mundo recoge porque es el que concede las becas. Esa opinión de nuestra frágil y joven democracia me parece una chorrada. Y si en vez de decirlo Gomá, lo dice un profesor cualquiera, no le hacen ni puto caso. Pero si llevas la Fundación Juan March se dice que es un hallazgo intelectual de altura.

El problema nuestro no es que la democracia sea joven, sino cómo se llegó a esa democracia. Hay países que tienen problemas mayores que los nuestros, como Italia, y tuvieron más tiempo. El problema es que hubo parcelas enteras en las cuales no entró la Transición como, por ejemplo, la Universidad o la Fundación Juan March.

Portada de 'El cura y los mandarines', el libro de Gregorio Morán

¿Y cree que se ha roto o se está rompiendo el Régimen del 78? ¿Y por qué es así ahora?

En primer lugar, no se ha roto. Una cosa es que se está intentando poner en cuestión y superarlo. Y esto es porque hay una generación que es la tuya, que no tiene ninguna obligación de mantener el canon. Es más, que interpreta que el canon ha jodido su vida, y es verdad. El canon ha provocado la crisis. Esa idea de que la clase política era sabia… Ahora se dice mucho, “político corrupto”, pero durante muchos años se dijo que estos políticos eran los más listos de Europa. Cuando el futuro analice a Zapatero se dirá, “pero estos, ¿estaban locos todos para poner a un tipo como este de presidente? Pero si no tiene ni zorra idea”. Era un vendedor de humo profesional.

Luego pusimos a Rajoy.

Sí, sí. Pero Rajoy es un registrador de la propiedad. Es decir, es otra cosa. No hará ninguna aventura. No se le ocurrirá decir, “y ahora vamos a repartir no sé cuántos euros a cada uno de los ciudadanos”. No. Rajoy siempre se quedará corto. Pero es que Zapatero se pasó tres pueblos con los brotes y demás. El problema de Rajoy es la derecha, pero ese es otro tema. Él es un registrador de la propiedad y el problema, claro, es que la propiedad está muy afectada.

Lo que ha ocurrido con este libro, con Planeta, con Víctor García de la Concha, ¿son coletazos de la Transición? ¿Sus últimos intentos por demostrar que mandan?

Eso quisiera yo. A lo mejor son nuestros últimos coletazos. No lo tengo nada claro. Esta es una diferencia capital entre Podemos y yo. Yo pienso, como dicen los gallegos: todo es empeorable. Yo no creo que estén dando los últimos coletazos. Primero, porque después de tantos años diciendo quién daba y quién no daba los últimos coletazos, y resulta que éramos nosotros los que estábamos dando los últimos coletazos… Por ejemplo, con la muerte de Franco. ¿Qué iba a significar aquello? Pues lo que significó fue más miedo. Ahora resulta que todo el mundo tomó champán. Mentira bellaca. Pero ese es el canon que se os ha vendido a vuestra generación. Yo era militante [del PCE] entonces, y sé lo que significó aquello. Todo el mundo tenía preparado hacer una huelga general a la muerte de Franco, pero cuando sucedió no sólo no hubo ni una sola huelga general, sino que la gente estaba absolutamente acojonada.

¿Ha cambiado el miedo de bando ahora?

Yo creo que sí. En eso sí que es diferente. Tu generación ha introducido una variante que es la que concede mayores esperanzas. El miedo ya no es lo que era.

Quizá porque no hay mucho que perder.

Exacto. No hay nada que perder. El miedo será el de vuestros padres, o el de los que viváis en sus casas. ¿Por qué son los nietos los que están sacando los cadáveres de las cunetas? ¿Dónde están los hijos?

Ese debate sí se dio en Alemania.

Sí. El debate aquel se llamaba además, ‘La historia que no quiere pasar’. Yo estuve en Alemania y viví bastante intensamente aquella polémica. En Alemania hay muchísimos libros de hijos de nazis que explican el comportamiento de sus padres. En España no hay ninguno. Es más, como hagas un libro te pueden meter una querella importante, como ocurrió en un caso en Asturias. En Valdedios, donde por cierto hizo el seminario Víctor García de la Concha en la posguerra, hubo un hospital psiquiátrico. Y [durante la guerra] cuando llegaron los nacionales se desmanteló y liquidaron a todo aquel que pillaron. Esto lo publicó un historiador asturiano. Y uno de los hijos de los psiquiatras asesinos puso una demanda y ese libro tuvo que ser retirado.

Ya que se remite a la memoria histórica no sé si ha leído lo que ha dicho Javier Cercas sobre que este movimiento se convirtió en un negocio, en una industria.

Puede ser. Hombre, él es uno de sus protagonistas. No le tengo especial simpatía. Solo he leído de él el primer libro y me pareció infecto. Sobre todo porque no tiene ni idea de quién era Rafael Sánchez Mazas. Pero es otra de las cosas con la que la gente se quedará turulata en el futuro: ¿y este escritor, qué escribía? Yo te podría decir seis escritores de mi época a los que hay que buscar en la Wikipedia y ni aparecen. Y eran grandes figuras.

Usted ha dicho que ahora los escritores escriben novelas a partir de personajes reales, y casi no hay ficción. ¿Qué significa esto?

Que la realidad es una cabronada. La realidad te obliga a muchas cosas, y es mucho mejor contar una historia humana. Es lo que en periodismo llamamos una “percha”. Tú tienes una percha y sobre ella escribes una historia. Eso está en el ABC del periodismo. Pero ahora se han cambiado las tornas y el sueño dorado de todo escritor es ser periodista, tuitero y entrar en las tertulias. Eso les fascina más que el trabajo oscuro de un escritor. Escribir en los suplementos dominicales de los periódicos les parece mucho mejor.

Antes era al revés. El sueño de todo periodista era ser escritor. Ahora eso ha cambiado y es, sencillamente, un problema intelectual, porque es más cómodo, más fácil. Por ejemplo, La fiesta del chivo, de Vargas Llosa, es el reportaje más acojonante que he leído, pero como novela es una mierda, porque no es una novela.

Otra cosa que ha dicho: cuando el PSOE triunfa en 1982 apenas tenía militantes y tuvo que rellenar sus listas como fuera. Aquí sí encontramos una similitud con Podemos, que de hecho, no sabemos si se presentará a las municipales.

Absolutamente. Con un detalle, precisamente Podemos no se presenta a las locales para no caer en lo que le pasó al PSOE. Coinciden en que no tienen gente, pero como saben lo que le pasó al PSOE no lo quieren hacer. El PSOE rellenó todas las listas y claro, cuando rellenas todo entra todo y eso te puede hundir. ¿Cómo entró Roldán, que llegó a director de la Guardia Civil siendo un delincuente?

Podemos sí que apenas ha dicho nada acerca de la cultura. ¿Podría pasar algo parecido a lo que ocurrió entonces con la cultura y el PSOE? De hecho, usted ha dicho que el PSOE fue un cáncer cultural.

Es que ellos tienen un temor… Parten de profesores de universidad y sería el mayor error del mundo porque en el momento en el que pasas a la condición de intelectual dejas de ser político. Y lo que la gente quiere es que te dediques a la política. Está muy mal visto ser un intelectual. Yo me acuerdo cuando Tarradellas, aquel presidente de Cataluña, estaba en una cena donde había un amigo mío, Antonio Senillosa, que era un buen lector, un hombre conservador, de derechas, que le dijo: “Oiga, señor Tarradellas, tenemos un presidente en España, que es Adolfo Suárez, que no ha leído un libro en su vida”. Y le dijo Tarradellas: “Mejor, imagínese si llega a leer libros”.

¿Y usted, que viene del PCE, empatiza con Podemos?

A tenor del miedo que le tienen y los ataques que les lanzan, eso es sano. Si les funciona o no, yo ya soy mayor. Pero a mí me parece muy bien que se acabe con la casta. Además, esa actitud de algunos intelectuales de decir, “pero estos chicos, qué programa tienen”, y yo digo, “qué programa tiene el PSOE o el PP”. ¡Pero si lo tienen para no cumplirlo! Cuando hablan del programa económico de Podemos, pero vamos a ver, ¿quién nos ha hundido? No sé cómo [el PP y el PSOE] tienen ese desparpajo para decirlo. ¡Pero si son ellos los que nos han metido en una crisis económica del carajo! ¿Y ahora reprochan a estos chavales que no tienen programa económico?

Prácticamente ningún escritor –el otro día sí lo dijo Juan Goytisolo- ha mostrado su apoyo a Podemos.

Nadie, nadie. Y yo al final me voy a animar porque les están pidiendo unas cosas a unos tipos que acaban de salir que no les han pedido a ninguno de los otros. Es verdad que estos no les van a dar nada, pero me parece una desvergüenza. O cuando dicen, en el PP y el PSOE, que estos no tienen experiencia de gobernar, pero ¿y vosotros? Si habéis dejado esto como un erial. El día que tengan poder no serán como vosotros, serán otra cosa.

Por cierto, ¿cómo vivió el 9N? ¿Qué le pareció?

La situación en Cataluña es muy complicada y cada vez más. No hay ningún peligro de choque de trenes. Solo hay un tren que ha salido de allí y tratándose de Rajoy llegará a la estación, chocará contra los postes que hay allí y no sé sabe muy bien qué pasará. Pero la situación, intelectualmente, allí es absolutamente desastrosa. Empieza a ser una cosa que algunos habíamos vivido ya algunos años antes. Eso de que todas las conversaciones eran sobre lo mismo.

¿La caída de Pujol significa también la caída de determinado régimen?

Debería significar, pero no significa nada. Te basta con que te cuente esto: el día del remedo de referéndum, en la cola que iba a votar Pujol hay un tipo que grita, ¡vergüenza, vergüenza! Y los tipos de la cola afrontaron al tipo diciendo que Pujol merecía un respeto y que hiciera el favor de callarse. Con eso te lo digo ya todo.

Usted acaba de sufrir, como dice, “la censura económica” de su libro. ¿Cree que la situación de los medios tiene ahora más presiones, menos libertad?

En los medios escritos convencionales estamos en el peor momento de la democracia. Los digitales están en otra galaxia. Pero, nunca, desde la muerte de Franco se había estado peor. El problema es que el poder está en el papel. Los cambios hay que forzarlos en el papel. Es importantísimo lo virtual, pero el poder y el futuro del poder están en el papel. Los digitales no podrán sustituirlo. Pueden hacer lo que están haciendo ahora, porque si no, esto sería una ruina. En Madrid, de todas formas, hay bastante más polémica entre los medios de comunicación que en Cataluña porque allí CiU lo compró todo.

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