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Un fantasma recorre el 26J: el fantasma de Europa

Si las cuestiones europeas quedan ausentes de la campaña, no solo estaremos haciendo trampas sino que nos costará mucho más exigir explicaciones y responsabilidades cuando suenen teléfonos con prefijo de la Troika

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A pesar de ser una anécdota personal, me consta que no me ocurre solo a mí. En Bruselas, al finalizar una entrevista, es habitual que el o la periodista de turno me pregunte siempre lo mismo: ¿por qué se habla tan poco de Europa en la política española? ¿Cómo es posible que la UE estuviese tan ausente durante la campaña del 20D? Sinceramente, nunca sé muy bien qué responder. El pasado lunes por la noche tras el debate a cuatro me encontré a mí mismo haciéndome la misma pregunta: ¿Cómo es que en El Debate la escala europea apenas apareciese tangencialmente?

Una parte importante de nuestra legislación ha pasado por alguna institución europea, cuando no ha nacido directamente de ella. En algunas áreas como la Agricultura o el Medio Ambiente más de un 70% de las leyes tienen origen europeo. En campos como el comercio internacional es la UE quien negocia tratados multilaterales como el TISA o bilaterales como el TTIP (con EE UU), el CETA (con Canadá) o los EPA (con algunas regiones y países del Sur Global). Por no hablar de herramientas tan fundamentales como la política monetaria, directamente transferida al Banco Central Europeo. Asuntos demasiado importantes como para que no estén mas presentes en los debates políticos cotidianos. Incluso en las propias elecciones europeas, terminamos hablando mas en clave estatal que de modelo o proyecto Europeo.

Pero es que, además, el gobierno que salga de las urnas el 26J tendrá que lidiar, durante la próxima legislatura, con cuestiones tan europeas a la vez que decisivas para nuestro futuro inmediato como la crisis de refugio que vive Europa, el proyecto de unión energética a escala continental, la votación sobre el ya citado TTIP o los 8.000 millones de recortes adicionales que la Comisión Europea ya ha anunciado que exigirá al nuevo ejecutivo español como contrapartida de aquel rescate que según algunos nunca tuvo lugar.

Si estas cuestiones quedan ausentes de la campaña electoral, de los programas y debates electorales, no solo nos estaremos haciendo trampas sino que luego nos costará mucho más exigir explicaciones y responsabilidades cuando suenen teléfonos con prefijo de la Troika. Ni la Europa Fortaleza, ni la austeridad ni la deudocracia desaparecerán a base de obviarlas. De hecho, lo más probable es que ese silencio impune abra la puerta a aprobar por carta y a puerta cerrada lo que nunca se discutió ni propuso pública y abiertamente. Ya ocurrió con la reforma del 135 o con el (no)rescate bancario. O dificultará hacerles frente si no nos hemos preparado y concienciado sobre los peligros que acechan a la vuelta de esta segunda vuelta electoral.

Pero es que además de cubrirnos las espaldas, Europa nos sirve como espejo en el que entrever futuros posibles que algunos intentan esconder en el presente. Porque además de anticipo de las políticas-marco que luego aterrizarán en nuestras escalas estatal, regional y municipal, el Parlamento o la Comisión Europea son instituciones en las que PP, PSOE y C’s, por su cuenta o a través de sus respectivos grupos, dan forma desde hace años a esa "gran coalición" que sobrevuela las encuestas y los debates electorales. En un ataque de sinceridad inusual, en la reciente y finalmente fallida ronda de negociaciones para formar gobierno el eurodiputado del PP González Pons dijo no entender "cómo no nos ponemos de acuerdo en España si en Europa votamos el 90% de las cosas juntos". Claro como el agua.

Y por si fuera poco, Europa no es solo la UE y sus recortes, sus leyes y políticas de calado y sus embriones de coaliciones. Las actuales movilizaciones en Francia contra la contrarreforma laboral de Hollande, el referéndum en Reino Unido el 23J o el ascenso de partidos xenófobos y ultraderechistas en numerosos Estados Miembro son solo algunas razones de peso para que Europa este mucho mas presente en nuestra campaña electoral. Aún estamos a tiempo.

No podemos seguir tratando las cuestiones europeas como meros asuntos de política exterior, como un fantasma que todos saben presente pero nadie menciona por miedo a despertarlo. Europa es política doméstica, por lo que no puede quedar relegada a debates específicos ni a anexos en los programas electorales. Porque, además, Europa nos está mirando y ha puesto muchas esperanzas en lo que pueda pasar el 26J. Más nos vale hablar de ello porque ese día también votamos para empezar a cambiar Europa.

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