Focos

Qué hay en juego en Ucrania

EE.UU. ha intervenido activamente diseñando el cambio de Gobierno en Ucrania, y así lo refleja una filtración reciente

Washington ha subrayado la importancia de los 5.000 millones de dólares invertidos en Ucrania para obtener las “aspiraciones europeas” del país

El gas ruso, la geopolítica y los intereses de la OTAN hacen de Ucrania un escenario clave

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La secretaria de Estado estadounidense adjunta de asuntos europeos, Victoria Nuland, con los tres líderes de la oposición (de dcha a izq): Yatseniuk, Klitsko y Tiagnibok

La secretaria de Estado estadounidense adjunta de asuntos europeos, Victoria Nuland, con los tres líderes de la oposición (de dcha a izq): Yatseniuk, Klitsko y Tiagnibok

Ucrania está marcada por una profunda corrupción que inunda todos los aspectos de la cotidianidad de sus habitantes. 

“Si quiero tener garantías de que voy a cobrar una ayuda por desempleo, sé que debo sobornar a alguien”, me contaba recientemente una mujer ucraniana.

Corrupción y pobreza

El pago de dinero negro a algún funcionario para obtener una ayuda estatal, una pensión o un visado que permite la entrada en países de la Unión Europea es algo habitual en este país reinado por una oligarquía que apuesta por Occidente o por Moscú en función de sus intereses.

La pensión media es de unos 140 dólares al mes. El sueldo medio mensual es de unos 290 dólares, una cantidad claramente insuficiente en una nación donde hasta el médico pide una “recompensa” por sus servicios. Además, el país experimenta una enorme brecha entre ricos y pobres.

Por eso no son pocos los ucranianos que viajan a la UE en busca de salarios con los que poder mantener a su familia. Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones, en septiembre de 2011 el 14,4% de los ucranianos -es decir, 6,5 millones- eran emigrantes, y la población se estaba reduciendo en 330.000 cada año a causa de la marcha de personas en busca de trabajo en terceros países.

Esta situación económica y social, mezclada con la corrupción y con el poder de una oligarquía que goza de gran impunidad, es clave para entender el caldo de cultivo en el que se generan las protestas. Muchos ucranianos tienen razones más que suficientes para protestar y para desear un cambio real en su país. El riesgo que corren es pensar que la Unión Europea será la solución a sus problemas.

La oferta europea

Por otro lado, la UE nunca ha ofrecido a Ucrania un acuerdo de integración, sino un simple pacto de “asociación y libre comercio”. Dicha oferta, que se iba a firmar el pasado noviembre, fue finalmente rechazada por el Gobierno de Yanukóvich, lo que provocó la organización de las protestas en Kiev, convocadas por la oposición política. Yanukóvich argumentó que dicho acuerdo pondría en peligro sus relaciones comerciales con Rusia y pidió a cambio una compensación económica que la UE se negó a entregar.

La oferta de la Unión Europea a Ucrania contemplaba la eliminación de aranceles y de barreras comerciales a los capitales de la UE. Iba acompañada de la promesa de “ayudas económicas” a cambio de que Ucrania adoptara una serie de duras reformas dictadas por el Fondo Monetario Internacional, organismo que está obligando a países como España a bajar sueldos, aplicar recortes y eliminar o reducir ayudas y subsidios.

Ucrania es además un importante socio comercial para Rusia, país al que destina más de un cuarto del total de sus exportaciones. El Acuerdo de Asociación propuesto por la UE habría abierto el mercado ucraniano a la Unión Europea: los productos comunitarios habrían podido entrar sin aranceles en un mercado con 45 millones de consumidores potenciales, perjudicando a los productos ucranianos, sin capacidad para competir frente a los de la UE. 

En noviembre, tras el rechazo de Kiev al pacto comercial con la UE, Rusia anunció para Ucrania un crédito de 15.000 millones de dólares y estableció un tercio de descuento sobre el precio de sus importaciones de gas.

La injerencia extranjera

Un análisis de lo que ocurre en Ucrania se quedaría cojo si no tuviera en cuenta el enorme protagonismo de actores internacionales, los intereses de Estados Unidos, la UE y Rusia. 

En un artículo publicado en diciembre ya mencionaba la postura de alguien tan influyente en la política estadounidense como el analista y asesor Zbigniew Brzezinski, empeñado desde hace tiempo en destacar el papel fundamental de Ucrania.

De hecho, antes de que estallaran las protestas, Brzezinski ya subrayaba la importancia de actuar en Ucrania para impedir una mayor integración del país en la órbita rusa, sobre todo después de que el Gobierno ucraniano se comprometiera, al igual que Armenia, a unirse a la Unión Aduanera que Rusia forma ya con Kazajistán y Bielorrusia.

Hace tan solo unos días Brzezinski escribía: “Saludo al heroico pueblo de Maidán. Ahora debéis trasladar vuestra valentía histórica en herramientas políticas efectivas”.

El gas, la cuestión militar y la geopolítica

Ucrania es clave en un plano tanto militar como geopolítico y económico. Algo más del 75% de las exportaciones de gas ruso van destinadas a países de la Unión Europea, y de ellas, más de la mitad pasan por territorio ucraniano. A su vez, Ucrania depende casi por completo del gas ruso.

Además, Ucrania, con el segundo ejército más numeroso de Europa tras Rusia, es la pieza del puzzle que le falta a la OTAN en el territorio fronterizo con Rusia, donde la Alianza Atlántica se expande hasta Lituania y Polonia y donde Washington implementa su escudo antimisiles, con intención de mantener a raya a Moscú.

Por lo demás, la exrepública soviética es un importante enclave militar que permite a Moscú tener acceso al mar a través de la península de Crimea, donde se encuentra la base militar de la flota rusa en el Mar Negro.

  EE.UU. planeando el futuro Gobierno de Ucrania

Hace tan solo dos semanas un vídeo filtrado por Internet - que ha pasado algo desapercibido teniendo en cuenta su carácter esclarecedor- mostraba una conversación telefónica entre dos altos diplomáticos estadounidenses. En dicha grabación , la secretaria de Estado estadounidense adjunta para asuntos europeos, Victoria Nuland, debatía con el embajador estadounidense en Kiev, Geoffrey Pyatt, sobre cómo facilitar el éxito de la protesta contra el Gobierno ucraniano.

El diálogo filtrado desvela que Washington tiene una implicación mucho mayor en Ucrania de la que muestra públicamente. Nuland y Pyatt hablan en esa conversación sobre los líderes de la oposición que deben estar o no en el futuro gobierno. Ambos acuerdan que su hombre es Arseni Yatseniuk, líder del partido Patria, al que pertenece la ex primera ministra Yulia Timoshenko (y del que también es integrante el ahora nombrado presidente en funciones, Alexánder Turchinov).

En la conversación Nuland y Pyatt descartan a Vitaly Klitschko, líder de otro partido de la oposición. Klitschko, exboxeador, cuenta con el apoyo explícito de la Unión Demócrata Cristiana de Angela Merkel. En la conversación filtrada, Nuland dice: “No creo que Klitschko deba entrar en el gobierno. No creo que sea necesario, no creo que sea una buena idea”.

Ambos mencionan que hablarán con Klitschko. Nuland informa a Pyatt de que en los próximos días la ONU podría nombrar a un nuevo enviado especial para Ucrania y que esto ayudará a “soldar” el plan ante lo que considera la inacción de la Unión Europea. De hecho, Nuland dice:

“Sería estupendo, creo, para ayudar a soldar esto y tener a la ONU ayudando a soldarlo, y ya sabes, que se joda la Unión Europea”.

 “Exactamente”, contesta el embajador.

El "que se joda la UE" de Nuland plantea una fricción entre Washington y Alemania. A ojos de la diplomática estadounidense, algunos actores de la Unión Europea han querido evitar tensiones con Rusia y han optado por no ser contundentes en la pelea por Ucrania. Estados Unidos ha asumido el papel más activo en la estrategia diseñada para expulsar a Yanukóvich e impulsar un giro de Kiev hacia el Oeste.

Para rematar la conversación filtrada, Nuland informa a Pyatt de que el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, está dispuesto a intervenir en la cuestión ucraniana para “conseguir los detalles” y para un “atta-boy” [expresión coloquial que se usa para dar ánimos, procedente de “that`s the boy”, que se puede traducir como “bien hecho”, en este caso se entiende que es para animar a alguien en privado].

5.000 millones de dólares estadounidenses

El pasado diciembre también Victoria Nuland ofreció una conferencia en el Club Nacional de Prensa en Washington, y en ella mencionó la enorme inversión que EE.UU. ha hecho en Ucrania -más de 5.000 millones de dólares- para conseguir “sus aspiraciones europeas”:

“Desde la declaración de independencia de Ucrania en 1991, Estados Unidos ha apoyado a los ucranianos en el desarrollo de instituciones democráticas, mientras promovían la participación de la sociedad civil y el buen gobierno, todo ello necesario para alcanzar sus aspiraciones europeas. Hemos invertido más de 5.000 millones de dólares en ayudar a Ucrania a conseguir estos y otros objetivos.” (Minuto 7:27 del vídeo)

Esa cantidad mencionada por Nuland es la entregada por Washington a diversos grupos no gubernamentales y programas de asistencia en Ucrania.

Los objetivos de Estados Unidos se van cumpliendo. Yanukóvich ha sido expulsado y Yulia Timoshenko, la candidata de Washington en 2004, encarcelada posteriormente por abuso de poder y corrupción, ha sido puesta en libertad, un hecho celebrado por el presidente de la Comisión europea, Durao Barroso o por la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton.

Un guión escrito de antemano

La población ucraniana tiene multitud de razones para protestar y exigir un país diferente. Pero la prioridad de quienes se han erigido como representantes de eso que algunos llaman 'revolución' no parece residir en la lucha por un modelo político y económico más justo. Sus intereses son otros.

Lo que se ha buscado hasta el momento ha sido un simple traspaso del poder de unas oligarquías a otras, partidarias estas últimas de un acercamiento a la UE y por tanto a EEUU. Prueba de ello es cómo, tras la caída de Yanukóvich, se está poniendo en práctica de forma ordenada un guión claramente escrito y planeado de antemano.

Según dicho guión, el Gobierno de Yanukóvich, al servicio de los intereses de una oligarquía, dará paso a una Ucrania cuyas prioridades son aproximarse a Bruselas y al FMI y aceptar la imposición de duras medidas económicas. Eso no es precisamente una revolución. Ucrania se encuentra atrapada entre varias derechas -una de ellas, la ultraderecha-, cada cual con objetivos ajenos a los intereses de la mayoría de la población.

El FMI entra en escena

Quedan diversas incógnitas por despejar, entre ellas, los entresijos de las conversaciones entre militares, oposición política y actores internacionales, así como el papel real del Ejército ucraniano, que se ha definido como neutral en un momento en que el Gobierno de Yanukóvich necesitaba su respaldo.

De lo que no hay duda es que los planes frustrados en noviembre serán ahora retomados. Tanto Reino Unido como Alemania ya han anunciado que reclamarán un paquete de “ayudas” para Ucrania del Fondo Monetario Internacional. Estados Unidos también ha expresado “su fuerte apoyo” a Ucrania para solicitar ayuda financiera al organismo financiero internacional.

En Washington hay sin duda satisfacción: las crecientes ambiciones de Putin han sufrido un varapalo y se intensifican los esfuerzos por ampliar la influencia política y económica occidental en la región. Los planes van saliendo según lo esperado. Poco importa que para ello se haya contado con la inestimable ayuda del fascismo ucraniano.

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