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Sobre la actualidad

La actualidad es como estar en un andén por el que pasan sin parar trenes a velocidades vertiginosas y a veces alcanzamos a distinguir algo a través de las ventanillas

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 La actualidad, con sus urgencias, oculta otros asuntos que también ocurren ahora pero que parecen invisibles ante semejante avalancha.  La actualidad es como estar en un andén por el que pasan sin parar trenes a velocidades vertiginosas, a veces alcanzamos a distinguir algo a través de las ventanillas pero, normalmente, nos quedamos sólo con un conjunto de formas imprecisas desdibujadas por su velocidad. La actualidad obliga a su consumo inmediato, las noticias pasan veloces, caducan en días o en horas o en segundos y son rápidamente engullidas por el negrísimo  agujero de la historia. Los trenes, cuando pasan a grandes velocidades, generan un efecto de succión que parece atraer hacia ellos a las personas que están cerca. Con la actualidad ocurre algo parecido, succiona la atención y el interés, aturde y oculta lo demás. Y como los trenes no dejan de pasar pues es fácil quedarse atrapado en ese lugar desde el que vemos desfilar sin interrupción las cosas que son actuales.

La actualidad no está sólo en los medios de comunicación. También nuestra vida cotidiana está repleta de hechos informativos relevantes, de noticias que compartimos a través de nuestros canales de comunicación personales con la familia y los amigos. La actualidad es eso que parece que es importante justo ahora, eso a lo que hay que prestar atención hoy, eso que debe preocuparnos o alegrarnos en este preciso momento, eso que no puede esperar.  La actualidad suele estar estrechamente vinculada con lo novedoso y con lo efímero. La actualidad es actualidad precisamente porque introduce algo nuevo (y que, previsiblemente, tendrá consecuencias significativas) y porque tiende a la volatilidad.

Así, las cosas que pensamos que podremos disfrutar mañana porque todo apunta a que mañana volverán a suceder, las que ya conocemos porque sucedieron ayer y no parecen encerrar nada nuevo, acaban quedando en un segundo plano. Por eso la actualidad, tantas veces, desplaza sin descanso asuntos esenciales a los que, precisamente porque pensamos que los conocemos, porque son previsibles y porque estamos convencidos de que se van a repetir, no prestamos tanta atención. Ya les prestaremos atención mañana, pensamos. Pero el problema es que la actualidad no se detiene nunca y mañana y pasado mañana seguirá ocurriendo lo mismo.

Así, respirar o existir (hechos repetitivos, conocidos, rutinarios y, por lo tanto, alejados de la actualidad y aburridos) acaban quedando en un segundo plazo, como si no tuvieran importancia, como si no pudieran causar alegría o como si no debieran ser celebrados. Pasa lo mismo con el abrazo a los padres, la compañía de los amigos o el hecho de que haya una persona, si es que la hay (oh, milagro), que quiera compartir de forma cotidiana su vida, su tiempo y su cuerpo con nosotros (y que nos apetezca, claro). Lo mismo sucede con la mera observación de todo lo que acontece, con la capacidad para comprender cosas o con la habilidad para comunicarnos. Esas cosas esenciales, previsibles y repetitivas sólo se ponen temporalmente en un primer plano cuando salta la noticia de una enfermedad, una muerte, un buen amor  o un nacimiento. Entonces sí, por unos instantes, lo esencial es actualidad y centramos entonces en lo esencial toda nuestra atención. No suele durar mucho tiempo esa lucidez, es como una ventana que se abre, un neblina que se levanta, un polvo que se posa sólo un momento para dejarnos ver con un poco de claridad la verdadera forma del camino.

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