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Iglesias y Rivera buscan un nuevo bipartidismo

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¿Qué es el bipartidismo? ¿Es un mero concepto, es una variante ideológica, es una estrategia, es una constatación, o es una consecuencia? Cuando se han enfrentado, en el último de los debates que he presenciado, Rajoy (PP) y Pedro Sánchez (PSOE), quienes han valorado el resultado final no han sido nada originales al hacerlo. Ha habido conclusiones de tan escaso calado que apenas han ofrecido luz a quienes hemos asistido a él convencidos de que estamos ante un tiempo nuevo. Por si fuera poco los medios de comunicación tampoco han mostrado nada nuevo en sus valoraciones.

Algunos informadores se han apresurado a afirmar que se ha tratado del “último debate del bipartidismo”. ¿Por qué el último debate del bipartidismo y no el último del actual bipartidismo? ¿Alguien duda acaso de que Ciudadanos quiere desbancar al PP, y Podemos quiere hacer lo mismo con el PSOE? Y si tales deseos llegaran a hacerse realidad, ¿no sería el bipartidismo “Ciudadanos-Podemos” el que sustituyera al “viejo” bipartidismo “PP-PSOE”? Así será si llega a producirse lo que se proponen los líderes emergentes.

El debate entre Rajoy y Pedro Sánchez ha sido interesante, quien lo niegue lo hará interesadamente, negando a Sánchez la virtud de que hizo gala: ser incisivo, atrevido, agresivo y exigente. Es curioso que los líderes emergentes, a los que se les está dando más oportunidades que al torero-maletilla 'Platanito', se muestren tan poco originales en sus apreciaciones. Sus reproches son tan procaces como falsos, pero sobre todo son injustos, porque echan en cara que algunos debates se hagan sin su participación mientras que no se acuerdan nunca de los líderes de otras formaciones políticas que no han sido invitados a los debates en los que ellos sí han participado.

¿No sería el bipartidismo “Ciudadanos-Podemos” el que sustituyera al “viejo” bipartidismo “PP-PSOE”?

Pero, para no entrar en nuevas profundidades, me voy a permitir comentar sucintamente las actitudes de los líderes que no intervinieron, es decir Pablo Iglesias y Albert Rivera. Ha dicho Rivera que “ha sido un debate de reproches y del pasado”, ignorando que las estrategias que ha venido usando para abrirse un hueco a codazos sólo ha estado basada en reprochar tanto al PP como al PSOE cuanto hicieron en el pasado. No le ha ido a la zaga Pablo Iglesias, que se ha permitido adelantar que “si el PP se hubiera tomado en serio este debate habría mandado a Soraya Sáenz de Santamaría”, es decir la misma a la que llamó “menina” cuando debatió con ella, haciendo alarde de un machismo inadmisible.

Peor aún, ha criticado los “insultos”, él, que se caracteriza por manejar el lenguaje despectivo e ignominioso hacia los otros con la misma destreza con la que usa el autoelogio desproporcionado. “Que juzgue la gente si estos dos pueden gobernar (España)”, ha dicho. ¡Pues claro! La Democracia es precisamente eso, someter al veredicto de los ciudadanos las intenciones de los concurrentes a unas Elecciones… La gente no solo va a decidir sobre eso, sino que también decidirá sobre la procedencia de que sea él el elegido.

El único resumen del debate en la Academia, y del chismorreo que montó la Sexta, es que hay un bipartidismo esperando que desea sustituir al bipartidismo al que denuesta. Se trata de una mera lucha por el poder… Pero el poder, cuando es perseguido con avidez, y sin principios éticos, constituye una traición para los ciudadanos, para la gente de la que tanto le gusta hablar a PI (Pablo Iglesias Turrión, que no Pablo Iglesias Posse).

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