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Nuestra mirada a los resultados del 24M

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Las del pasado domingo eran unas elecciones muy esperadas. Los comicios europeos celebrados justo hace un año supusieron un punto de inflexión con la irrupción de Podemos como partido revelación. Después llegaría el auge de Ciudadanos que quedó muy patente en las elecciones andaluzas celebradas el pasado 22 de marzo. En este camino, el tercer hito eran las elecciones autonómicas y locales como la gran cita para medir fuerzas y calibrar en qué medida se consolidaba o desvanecía la pulsión de cambio reflejado en la apuesta de una buena parte de los electores por los nuevos partidos, frente a los tradicionales.

Ha habido pocas sorpresas respecto al panorama que dibujaban los sondeos. Se ha producido un importante cambio en el mapa electoral por el fuerte retroceso del Partido Popular y el aumento de la fragmentación política con la entrada de las nuevas formaciones (Podemos, Ciudadanos y candidaturas ciudadanas) en Parlamentos regionales y ayuntamientos. Se confirma así la tendencia hacia un sistema más pluripartidista y un horizonte de pactos postelectorales en un país en el que los gobiernos de coalición han sido muy poco frecuentes.

Pero tras las grandes titulares con los que se condensan los resultados del domingo emergen muchas preguntas: ¿Ha resistido el bipartidismo el empuje de los nuevos partidos?; ¿ha vivido el PP una debacle similar a la que sufrió el PSOE hace cuatro años en los comicios autonómicos y locales?; ¿qué apoyo han encontrado las fuerzas nacionalistas catalanas en las elecciones locales?; ¿en qué medida hay una fractura entre el voto urbano más favorable a los nuevos partidos y el voto rural con mayor fidelidad al bipartidismo?; ¿cuál el alcance de la fractura generacional en el voto?; ¿cuál es la correlación de fuerzas entre los nuevos partidos que disputan el voto de los descontentos?; o ¿en qué medida estamos transitando hacia un nuevo modelo del sistema de partidos o, por el contrario, hacia una reconfiguración de éste?

En los próximas semanas y meses todos intentaremos dar respuestas a estas cuestiones. Lo que ofrecemos a continuación es una primera mirada a los resultados del 24-M estructurada en cinco puntos.

Emerge una derecha más fragmentada, y el sistema de partidos se reconfigura, más que se rompe

Una de las novedades de estas elecciones es que emerge con representación en casi todo el país un partido que compite por el electorado de centro derecha con el PP. Así, por ejemplo, en las elecciones autonómicas donde mayor porcentaje de votos ha logrado la formación liderada por Albert Rivera es en las Comunidades que han sido tradicionales graneros de votos del PP: Comunidad Valenciana, Región de Murcia, la Comunidad de Madrid, La Rioja y Castilla y León (ver cuadro 1). Una parte del electorado desencantado del PP se ha podido abstener, pero los ligeros descensos en la participación registrada en algunos de los bastiones históricos del PP apuntan a que una parte de los votantes del PP han optado por Ciudadanos.

De esta forma, en estos comicios se ha puesto de manifiesto que hoy la oferta política por la izquierda es más amplia, pero también por la derecha. Para los populares la potencial consolidación de Ciudadanos puede suponer un gran reto si este partido, como parece, recaba el apoyo de los votantes de derecha más jóvenes y es percibido como una fuerza política moderada. Al mismo tiempo, sin embargo, en un contexto de elevada fragmentación política, Ciudadanos puede ser para los Populares un posible aliado necesario para gobernar.

Cuando irrumpió Podemos en la escena política, surgió el interrogante de si la competición política iba a cambiar, pasando a plantearse en términos ideológicos a hacerlo como una pugna entre la ciudadanía y las élites y una nueva y una vieja forma de hacer política.

Con Ciudadanos como actor en el tablero ya se vislumbraba que la competición iba a volver a ser más ideológica, aunque los nuevos partidos insistan en que la batalla electoral es entre una nueva y una vieja forma de hacer política.

En las elecciones andaluzas ya se puso de manifiesto que Podemos podía ocupar el espacio de IU y Ciudadanos el de UPyD. Y estos comicios han servido para constatar esta tendencia. Nos encontramos nuevamente con cuatro jugadores a nivel nacional que ahora son el PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos. La diferencia respecto a la etapa anterior es que ahora los partidos que conviven con el "bipartidismo" tienen más fuerza que la que han tenido tradicionalmente IU y UPyD.

El PSOE: ¿Mejor ser fuerte o tener suerte?

El primer hecho sencillo pero poco observado es que, como muestra el gráfico, en el periodo 2007-2015 el PSOE ha perdido más votos que el PP, es decir, el saldo de la crisis sigue siendo peor, en términos de atractivo electoral, para aquel partido. El segundo, menos sencillo, pero más observado, es que el bipartidismo languidece, aunque no vayan a extinguirse los dos partidos que lo conforman.

¿Es mejor ser fuerte o tener suerte? Esta era la pregunta de un artículo de hace 25 años que discutía el significado del poder de decisión y los índices numéricos que miden el poder de coalición de los partidos ( Is it better to be powerful or lucky?). El PSOE ha perdido votos pero, merced a su posición en el tablero y a la fragmentación de los demás, ha ganado poder de coalición.

En esto parece encontrar motivos para sonreír, aunque la respuesta que está escrita en la gramática profunda de los partidos es que es mejor ser fuerte. Y hay razones para creer que esa es la respuesta correcta, aunque entendamos que para el que no es fuerte, bienvenida sea la suerte, es decir, el conseguir cosas sin que se deba particularmente a los actos propios.

Sin ser agoreros, el PSOE debería preocuparse: hablar de reducir la brecha con respecto al PP mueve a la sonrisa, pero tal vez más a la ajena. No es verdad que lo importante sea "quién gana" y esas cosas que dice el partido del gobierno, pero tampoco da igual quedar terceros, o quintos. Lo que nos lleva al bipartidismo.

Lo cierto es que en las elecciones locales estaba más claro que en ningún sitio, porque la norma venía siendo o empate o victoria del PP que anticipara su victoria en las generales. En estas elecciones tanto el PSOE como el PP mejoran con respecto a las elecciones del Parlamento Europeo de 2014, un hecho notable, aunque sea modesto (el PSOE sube unos dos puntos y el PP casi uno). El hecho de que hasta el PP suba nos debe prevenir contra posibles espejismos. El sistema de cuatro partidos ya se ha mostrado viable, cuando se instale en el Congreso, seguramente, le dará la vuelta a todo. Y lo que ha salido de estas elecciones es que nadie tiene ya derecho natural a ser (al menos) segundo.

¿Mejoran las candidaturas municipalistas a Podemos?

De las 50 capitales de provincia, Podemos ha estado presente con su participación y apoyo en 26 candidaturas ciudadanas a nivel municipal. En solo 21 de esas 26 ciudades también concurría a las elecciones autonómicas (las 5 ciudades restantes corresponden a CCAA en donde no se votaba para elegir parlamentos autonómicos –Barcelona, por ejemplo).

Una comparación de los resultados entre las candidaturas ciudadanas apoyadas por Podemos (que no incluye a todas las candidaturas ciudadanas o plataformas de confluencia del tipo "Ganemos") y los resultados de Podemos para las autonómicas (en la misma ciudad) podría ser una primera evaluación de la potencialidad de cada una de las "dos almas de Podemos": una más horizontal inspirada en el espíritu del 15M, reflejada en la confluencia de dichas plataformas, y otra más vertical y centralista dirigida – manu militari- por sus más altos dirigentes.

El gráfico muestra el saldo a favor (positivo) o en contra (negativo) de Podemos respecto a las candidaturas ciudadanas (en puntos porcentuales). Solo en 5 de las 21 capitales de provincia en las que Podemos apoyaba a candidaturas ciudadanas municipales, éstas lo hicieron mejor que Podemos (en la misma ciudad) por su propia cuenta. Estas son Madrid, Burgos, Alicante, Guadalajara y Zaragoza.

El caso de la ciudad de Madrid es el más sonado. La candidatura de Manuela Carmena por Ahora Madrid consiguió más de 230 mil votos que la candidatura de Podemos encabezada por José Manuel López en la CAM. Más de 14 puntos porcentuales. En las otras cuatro ciudades la diferencia porcentual no ha ido más allá del 5% a favor de las candidaturas municipalistas, y en número de votos no han resultado nada relevantes. Madrid, pues, es más la excepción que la regla para valorar el triunfo de las candidaturas ciudadanas a la luz de los resultados de Podemos por vía libre.

Sin cambios en los apoyos al proceso soberanista

Muchos catalanes recordarán el 24M como el día en la que Ada Colau se hizo con la alcaldía Barcelona. Y no es para menos. La victoria de BCN en Comú representa la primera fotografía de las fuerzas emergentes alcanzando el poder. Quien sabe si en el futuro veremos más. Por ahora, la conquista se está produciendo de "abajo arriba", desde los municipios, pues en el nivel autonómico, el mapa seguirá del color bipartidista: muy probablemente las autonomías acabarán teniendo gobiernos minoritarios a cargo de los partidos tradicionales.

El éxito de la plataforma BCN en Comú ha sido superar en cierto grado la lógica soberanista y conseguir arañar votos de la órbita catalanista. Así, el "efecto Ada Colau" podría a priori sugerirnos que la cuestión soberanista está perdiendo fuelle y que la separación hermética entre comunidades nacionales se está agrietando. Pero se trata de una conclusión, a nuestro entender, precipitada.

Lo ocurrido en Barcelona no puede extrapolarse al resto de Cataluña. La suma de las fuerzas soberanistas a nivel de toda Cataluña se ha mantenido inalterada en torno al 45% (vean el gráfico). Así el 24M no parece añadir nada nuevo: el apoyo a los partidos soberanistas no se aleja mucho de los alcanzados en procesos electorales anteriores y en lo que auguran las encuestas en unas eventuales elecciones autonómicas. Aún siendo muy conscientes de que  las elecciones locales no son totalmente equiparables a unos comicios autonómicos, la fotografía que nos deja el 24M no parece mostrarnos cambios inequívocos sobre el peso del soberanismo en Cataluña. En definitiva, la derrota del independentismo es más simbólica (la pérdida de la capital catalana) que numérica (votos). 

Aumenta la concentración geográfica del voto

Se ha convertido en un cliché decir que en este nuevo escenario multipartidista, los votantes son menos fieles a unas determinadas siglas y los partidos han de acoger en su seno a electorados cada vez más heterogéneos. Al menos en un sentido, esto no es en absoluto cierto. Si observamos la distribución geográfica del voto, lo que observamos es que la distribución de lo voto (al menos a determinados partidos) está cada vez más concentrada.

Un ejemplo de esto es el PP en Madrid. El gráfico muestra el porcentaje de votos perdidos en cada distrito por el PP en las elecciones autonómicas respecto a las de 2011, y lo correlaciona con el nivel de renta familiar media en ese distrito (aunque es cierto que Cifuentes ganó a Aguirre en la capital, las diferencias en porcentaje de voto entre las dos listas son mínimas).

Lo que se observa es que hay una correlación fortísima entre el nivel de ingreso medio de las familias en el distrito y la magnitud de la sangría de votos experimentada por el PP el 24M respecto a 2011. Mientras que en los distritos con rentas familiares más bajas (que ya eran los distritos menos favorables al PP), Cifuentes pierde hasta el 40% de los votos obtenidos por el partido en 2011, las pérdidas son considerablemente menores en los distritos más "pudientes".

Las consecuencias de esto son evidentes: el Partido Popular es ahora un partido con un electorado aún más escorado hacia los barrios más ricos: el 27% de los votos del PP en la capital proceden hoy de los cuatro distritos con mayor nivel de renta (Salamanca, Retiro, Chamartín y Chamberí, donde vive sólo el 17% de la población del municipio).

Habrá que contrastar la validez de la hipótesis de la concentración geográfica del voto en otros partidos y contextos, pero algunos datos apuntan a que el fenómeno del PP en Madrid no es en absoluto aislado. Si se confirma que los partidos han mejorado (o han empeorado menos) allí donde eran comparativamente más fuertes, y han empeorado (o han mejorado menos) allí donde eran más débiles, deberíamos dedicar más tiempo en los próximos meses a pensar sobre las consecuencias de la polarización que este patrón inevitablemente conlleva.

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