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Évole: "Hay portadas de periódico que en la contraportada no te dicen que es falso"

Jordi Évole explica que su falso documental sobre el 23F pretendía plantear un juego con el espectador

"Teníamos miedo de que el espectador pasase por ese zapping y dijera: 'Hostias, hoy no hay Salvados', y se fuese a otro lado"

"Intentamos también denunciar que 33 años después todavía no se pueden consultar el sumario y los archivos del juicio del 23F"

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Jordi Évole declara que se ha tratado al espectador "como adulto"

Jordi Évole dice que el equipo de Salvados no busca repetir constantemente la misma fórmula.

'Operación Palace' ha sido el programa más visto de la historia de La Sexta, ¿esperaba un éxito así?

Para nada. De hecho, teníamos miedo de que el espectador, que un domingo por la noche está haciendo zapping, se encontrara con algo diferente. Porque lo de ayer no era un Salvados y además se veía claramente por la factura. Había una voz en off, músicas muy estridentes, imágenes de archivo, declaraciones muy recortadas de los protagonistas... Todo eso no es Salvados. Teníamos miedo de que el espectador pasase por ese zapping y dijera: 'Hostias, hoy no hay Salvados'. Y se fuese a otro lado. Hemos flipado mucho, la verdad. No nos lo esperábamos para nada.

¿Le ha sorprendido que gente muy informada, políticos y periodistas que conocían perfectamente lo que sucedió en el 23F, no se diesen cuenta del engaño hasta el final del documental?

Para mí el programa se planteaba como un juego con el espectador. Un juego para intentar que el espectador acabase viendo dónde estaba el gato encerrado. Y mucha gente en el momento de Manolo Summers, que era el minuto 10, pensó que no tenía ni pies ni cabeza.

También quiero decir que sobre esa fecha sigue habiendo muchas incógnitas. Y lo que es una anomalía, que intentamos denunciar aquí también, es que 33 años después todavía no se puedan consultar el sumario y los archivos del juicio del 23F.

Yo no lo acabo de entender. La no consulta de esos papeles alimenta este tipo de teorías. Algunos, como nosotros, decimos que son falsas, pero otros pueden abonarse a teorías más fantasiosas, o no. Porque igual hay quien tiene las claves de lo que pasó, o de más puntos de vista de los que nosotros tenemos.

¿No le preocupa que con todo el lío que se ha montado con el documental, ese mensaje, que era el que quería transmitir, quedase en un segundo plano?

Para nada. No me preocupa eso. Lo que me gustaría era que sirviese para que las altas instituciones reaccionasen y dijesen: "Es verdad, ¿por qué tenemos eso todavía bajo llave? Podíamos ir abriendo estas cosas. Que igual tenemos una ciudadanía mucho más madura de lo que nos pensamos". Creo que una cosa no quita a la otra.

¿No le inquieta también que haya gente que se haya quedado con la versión falsa? En otras entrevistas ha citado el documental francés Operación Luna, que dice que el viaje a la luna es un invento de los americanos que filmó Kubrick. Todavía hoy hay gente que sigue defendiendo que el hombre no viajó a la luna. ¿No puede pasar algo parecido con Operación Palace?

Creo que lo dejamos bastante claro. De entrada, en toda la promoción del programa nunca jugamos a vender que eso era una verdad. Siempre difundimos un mensaje ambiguo. El eslogan era: "¿Puede una mentira explicar una verdad?". Yo me harté de decir la semana pasada que había que verlo hasta el final. Y, efectivamente, la gente se quedó hasta el final y vio que desvelábamos que era todo falso.

Y no sólo eso. Luego hicimos un debate que también tuvo un gran seguimiento en el que, de entrada, nos disculpábamos tanto Iñaki Gabilondo, que estaba en esa mesa, como yo. Creo que toda la noche estaba muy estructurada para ir desde la ficción hacia la realidad. Creo que al menos a todo el mundo le quedó bastante claro que todo lo que contamos era falso. Al menos dijimos que era falso. Hay muchos días que hay portadas de periódico que en la contraportada no te dicen que es falso.

¿Y cree que este documental se enmarca dentro del género periodístico?

No, yo creo que no. No es un género periodístico. Puede tener derivadas que entroncan con el periodismo, como cuestionarse muchas de las cosas que leemos, que se publican, que aparecen en un informativo... Puede denunciar cosas que tengan que ver con el periodismo, como, por ejemplo, que cunda la alerta en los espectadores de que, en un momento de gran alud informativo, hay que saber separar el grano de la paja. O, como dice Gabilondo, en momentos de inundación cuesta mucho encontrar el agua potable. Hay que tenerlo en cuenta. Si ha servido para eso, bienvenido sea.

El colectivo más crítico con tu trabajo han sido los periodistas. Algunos han asegurado que esto pone en riesgo la credibilidad de la prensa. ¿Cree que existe este riesgo o que el riesgo para la credibilidad del periodismo viene de otros sitios?

Pensar que el riesgo de la credibilidad del periodismo lo ponemos nosotros con un falso documental me parece que es coger el rábano por las hojas. Es, como decía un profesor mío del colegio, como si el dedo señala a la luna y miramos el dedo. Porque creo que el riesgo de la credibilidad hoy lo ponen muchas otras cosas, muchas noticias que se publican, se comprueba que no son verdad y no hay ninguna rectificación por parte del medio. Eso es lo que pone en riesgo el prestigio de la profesión. Nosotros contamos la historia falsa que al final dijimos que era falsa. Otra cosa hubiese sido haber continuado con esa mentira durante días y de aquí a una semana desvelar que era falso.

¿Va a ser este programa un cambio en el formato de Salvados o es sólo una excepción?

Es una excepción que aparte se ha querido desmarcar mucho de lo que es el formato original del programa. No es comparable, es un documental superclásico.

¿Hace cuánto pensó en hacer este tipo de documental?

Hace tres años, cuando un verano volvimos de vacaciones, hablamos con el equipo sobre un documental que echaron en la 2 sobre la Operación Luna. Lo habíamos visto varios y se nos ocurrió que podíamos aplicar ese mismo estilo y género a algo como el 23F. A partir de ahí nos pusimos a trabajar. La verdad es que Salvados nos quita mucho tiempo para hacer rarezas. Finalmente conseguimos ese tiempo el verano pasado, en julio lo rodamos y un mes antes hicimos toda la preproducción.

Hablándolo con el equipo, lo comparábamos con el balance que se hace de un grupo de música. Nosotros hicimos un disco de rarezas, y eso no quita que luego vuelvas a tu estilo más tradicional. Además, confío en el criterio de los espectadores, que tienen mucho más del que muchas veces nos podemos imaginar.

Yo creo que el domingo el espectador fue tratado como adulto. Les dijimos: confiamos tanto en ti que vas a ser capaz de decodificar esto. Y eso no quita que, cuando la semana que viene vean el Salvados que hemos grabado con Pedro J., que nadie piense que no es Pedro J. Tiene suficiente criterio para distinguir una cosa de la otra.

¿Está ya grabado el programa con Pedro J.?

Sí.

¿Le ha preguntado sobre la teoría de la conspiración del 11M?

Por supuesto. Él ya no sostiene que fue ETA. Ahora es otra cosa. Me lo pasé muy bien. No le conocía y tuvimos momentos de toma y daca, subidos de tono en algún momento, pero la entrevista tenía que tener ese tono crítico.

Dice que este documental es un disco de rarezas con respecto a su trayectoria, pero –siguiendo con el símil– no es tan distinto de las maquetas. ¿Cree que esto ha llamado tanto la atención porque viene de un cambio de trayectoria en las últimas temporadas de Salvados, más periodísticas? ¿Cree que ahora es más Jordi Évole, el periodista, que El Follonero?

Lo de El Follonero es una etapa ya pasada que me ha permitido hacer lo que estoy haciendo. Pero es una etapa totalmente pasada. Lo de ayer fue un experimento, una rareza. Para nosotros, lo cómodo como equipo es instalarnos en lo que estamos haciendo y acomodarnos en eso. Yo puedo seguir durante algún tiempo más haciendo el Salvados más clásico, el de coger un tema que pensemos que preocupa al ciudadano y denunciar según que cosas pasan, hablar con los que tienen la sartén por el mango y decirles lo que piensa la ciudadanía.

Podemos seguir con ese estilo o, por ejemplo, hacerle una entrevista monográfica como la que hemos hecho a Pedro J. y queremos hacer a otros personajes. Moverse de ahí es riesgo, pero yo prefiero arriesgar. No me quiero quedar con ese patrón porque funcione. Queremos experimentar y arriesgar y hacer cosas que nos apetezcan y en las que creamos. Y, de verdad, creemos en el formato que hicimos el domingo. No es una cuestión de frivolidad, hay algo más detrás, hay inquietudes que yo intentaba explicar y que espero que se entiendan.

Y después de experimentar, volveremos a lo que es la base de Salvados, de la materia de nuestros programas, que es lo que hemos visto en los últimos tres años del programa. Y que, por cierto, este martes cumple seis años. Desde el primer Salvados recibimos un burofax para que no se emitiese una entrevista que habíamos grabado y que una empresa de comunicación quería censurar. Es día nos saltamos el burofax y la emitimos. Nos salió más o menos bien.

Luego hicimos un programa sobre la Iglesia y tuvimos que vernos con grupos ultracatólicos que presionaban a las empresas que ponían publicidad en nuestro programa. Y consiguieron que tres de esos grupos nos retiraran la publicidad. Siempre hemos andado y transitado por esa línea del riesgo, de probar dónde pueden estar los límites. Y los riesgos tienen peligros, pero yo prefiero correrlos y el día que dejemos esto y nos dediquemos a otra cosa, digamos: ¿de verdad hicimos lo que nos pedía el cuerpo? Si la respuesta es sí, es que valió la pena.

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