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Una iglesia de Río de Janeiro, en la ruta de fuga de los refugiados sirios

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Una iglesia de Río de Janeiro, en la ruta de fuga de los refugiados sirios

Una iglesia de Río de Janeiro, en la ruta de fuga de los refugiados sirios

Una iglesia católica de Río de Janeiro se ha convertido en un punto de acogida en las rutas de fuga de los refugiados sirios que dejan su país por la guerra y se desplazan a Brasil.

Las historias de bombardeos, de familias separadas por la guerra y de huidas a pie a través de fronteras internacionales se repiten de boca en boca entre los nueve sirios que actualmente están acogidos en la parroquia católica de San Juan Bautista, un imponente edificio decimonónico enclavado en el barrio carioca de Botafogo.

Conmovido por la crisis de los refugiados, el año pasado el sacerdote brasileño Alex Coelho decidió acondicionar una casa en los fondos de la iglesia para acoger los refugiados que le envía la ONG católica Cáritas después de hacer una selección.

"Me puse manos a la obra incluso antes de que el papa hablara de ello", dijo Coelho a Efe, orgulloso de haber acogido hasta ahora a cerca de 40 refugiados, en su mayoría sirios, pero también de países como Irak, Afganistán, Nigeria, Ghana o Ucrania.

El número de refugiados en Brasil se ha duplicado en los últimos tres años, hasta llegar el pasado agosto a un total de 8.400, de los cuales 2.077 son sirios, según datos oficiales.

A su llegada a la parroquia, los sirios son recibidos por un cartel que dice: "bienvenido", escrito en árabe por el padre Coelho, que se ha esforzado en aprender algo de ese idioma para facilitar la recepción de los refugiados.

"Llegan tristes, conmovidos, algunos deportados de Europa. A uno lo apaleó la policía italiana... Cuando llegan les digo que soy su hermano. Eso crea lazos de amistad", dijo Coelho.

Los sirios tienen a su disposición un dormitorio común, una cocinera, una secretaria, clases de portugués y una capilla donde pueden rezar.

Los feligreses de la iglesia aportan donaciones y algunos de ellos, médicos y dentistas, les atienden gratuitamente, y quien puede les ofrece empleo, según Coelho.

Los sirios acogidos en la iglesia dicen que decidieron viajar a Brasil por la facilidad de conseguir un visado, pero la mayoría de ellos pretende llegar a algún país europeo, donde creen que encontrarán más facilidades para encontrar trabajo y para reunirse con sus familiares.

Amad Bas, de 43 años, cuenta que cuatro refugiados intentaron regresar a Turquía desde Brasil con un pasaporte europeo falso para reunirse con sus familias, pero acabaron presos y ahora están pendientes de la Justicia.

"Cualquiera en mi situación haría lo mismo. No consigo hablar con mis tres hijos desde hace un mes y medio", dijo Bas, que lleva seis meses en Río de Janeiro y dejó a su familia en la frontera turca.

Bas es titulado en periodismo y trabajaba como vendedor en Siria, pero no ve perspectivas de quedarse en Brasil porque no habla portugués, lo que le dificulta la búsqueda de empleo.

"Quiero vivir en cualquier país que tenga un hueco para nosotros, donde pueda criar a mis hijos seguros", recalcó.

El joven Sulltan, de 19 años, acaba de recibir su pasaporte de vuelta y preparando su regreso hacia Turquía, un país que considera "una buena alternativa" para quedarse porque conoce el idioma.

Una minoría de sirios sí se aventura a quedarse en Brasil, un país que consideran "acogedor", pero prefieren mudarse a Sao Paulo porque en ese estado reside la mayor comunidad árabe del país y su integración es más fácil.

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