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Entre la puta y la Ramoneta

El PP añade dramatismo a la cuestión catalana, pero el Gobierno quiere calmar los ánimos

Los grandes empresarios piden a Mas que no tense la cuerda con Rajoy

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Artur Mas no quiere una Constitución "jaula" y niega una separación total de España

Artur Mas se reúne este jueves con Rajoy en Moncloa. Foto: Efe

“S’ha acabat fer la puta i la Ramoneta”, bramó hace unos días Jordi Pujol cuando decidió que ya estaba bien. Había llegado la hora de dar un puñetazo en la mesa y exigir el pacto fiscal. Si España decía que no, Cataluña se vería abocada a ir más allá, dar un portazo e independizarse.

La versión catalana del “estar en misa y repicando” también se ha oído en boca del PP, concretamente en la de Carlos Floriano, que ayer dijo a CiU que no puede seguir jugando a dos bandas y que la línea roja ya está cruzada. El político extremeño calentó un poco más el ambiente y redujo la cuestión a la herencia recibida. En su opinión, todo es culpa de que Cataluña ha tenido "malos gobiernos" y España también.

El partido le pone dramatismo a la cuestión, pero el Gobierno intenta enfriar los ánimos en los últimos días. Tras tratar de  “algarabía” la reclamación catalana, tanto Rajoy como la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, se han dedicado a calmar los ánimos y se limitan a decir que no es momento para debates identitarios.

A dos días de que el president Artur Mas visite a Mariano Rajoy en La Moncloa, CiU sigue vendiendo que el plan A es el pacto fiscal porque es “el primer paso” para no empezar la casa por el tejado. Mientras se siguen haciendo chistes sobre la incapacidad del president de pronunciar la palabra “independencia”, lo que sí ha reclamado son “estructuras” para construir un Estado catalán.

El PP de Cataluña lo ve al revés y echa en cara a CiU que aspire a la secesión mientras espera la transferencia de 5.000 millones del Fondo de Liquidez Autonómica. Para Alicia Sánchez Camacho, un final feliz para la reunión del jueves sería algún avance susceptible de venderse como una mejora en la financiación. Un dinero que calme los ánimos y permita ganar tiempo.

Aunque el empresariado no es un bloque monolítico, los últimos con los que se verá Mas antes de viajar a Madrid son los miembros del todopoderoso Cercle d’Economia, que preside Josep Piqué, y que no ven nada claro cómo encaja la independencia  en sus negocios.

El PSC, mientras, vive su propio drama y ERC amenaza con no apoyar a Mas en los próximos presupuestos. Con este panorama, Mas y Rajoy parecen obligados a encontrar la fórmula del término medio y buscar la virtud entre la puta y la Ramoneta.

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