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ENTREVISTA | Yanire, psicóloga

Al otro lado del teléfono contra el acoso escolar: “Me encuentro a niños que llevan sufriendo mucho tiempo”

Yanire es una de las psicólogas que atiende el teléfono de ANAR contra el acoso escolar. / ANAR

Sofía Pérez Mendoza

Yanire es la voz que está al otro lado cuando un niño o niña que sufre acoso escolar llama al teléfono de la Fundación ANAR pidiendo ayuda. Lleva seis años descolgando el aparato y escuchan a los menores que eligen esta vía para romper la barrera del miedo a contar lo que les pasa. También llaman muchas familias, sobre todo madres, que, dice la psicóloga, “sufren las mismas secuelas que las víctimas”. 

Este recurso está en marcha desde 1994 y desde noviembre funciona en simultáneo al que ha puesto en marcha el Gobierno para el mismo fin. ANAR funciona como un primer cortafuegos para escuchar y orientar, “pero no pretendemos hacer las veces de terapia porque eso no se hace por un teléfono”, asegura la psicóloga.

¿Qué se encuentra cuando descuelga el teléfono?

Me encuentro a niños y niñas que llevan sufriendo mucho tiempo, con tristeza y angustia. Normalmente la situación lleva alargándose un tiempo, no es reciente. También a familias o a amigos de las víctimas. Muchos nos dicen que no pueden más y están desorientados sobre qué pueden o deben hacer. Para ellos es un paso gigante porque se están decidiendo a contar a una persona adulta que no conocen de nada algo que les afecta mucho.

¿Les cuesta contarlo?

A muchos, sí. De hecho es muy común que hagan un primer acercamiento para ver qué pasa, explorar qué es esto del teléfono. Y luego volver a llamar tiempo más tarde. Nosotras hacemos informes de todos los casos, aunque no los identificamos porque ni siquiera nos aparece el número desde el que llaman, para que si vuelven a contactar no tengan la sensación de que tienen que empezar a contar de cero.

Cada caso es un mundo y requiere una valoración que hacemos en equipo. No podríamos orientar un niño a dar un paso si no sabemos si en su casa está protegido, si sus padres pueden dar pasos frente al colegio, si tienen profe con el que tene confianza. Vamos dirigiendo las preguntas y, en función de lo que nos cuentan, damos prioridad a un aspecto u otro, siempre con preguntas abiertas.

¿Y cómo se responde a un menor devastado por el acoso?

Somos un equipo de psicólogos que nos hemos formado para esto. Lo más importante, creo, es la calidez en el tono de la voz para generar un ambiente de confianza. Intentamos que la persona se vaya sintiendo cómoda y se tome todo el tiempo que necesita para contar lo que quiera contar, respetando sus silencios y gestionando las preguntas respetando sus ritmos.

¿Sienten culpa?

Normalmente tienen la autoestima baja y muchas inseguridades. Intentamos dotarles de recursos para empoderarles y que entiendan  que lo que pasa no es culpa suya. Reforzar que si se está sintiendo triste, ha hecho muy bien al contarlo. A veces nos toca contener.

¿Solo escuchan o también intervienen y avisan a quien corresponda?

Nuestra acción se basa sobre todo en escuchar y dirigir, explicarles a dónde pueden acudir. Tenemos varios niveles de intervención: el primero es la exploración y la búsqueda de apoyos en el entorno del menor, que es fundamental; el segundo, si se llega a él, la derivación a nuestro departamento de recursos sociales y jurídicos; el tercero, si no hay apoyos o en casos muy graves, intervenimos con servicios sociales o de protección del menor. En cualquier caso, nada es un 'abc'. Orientamos todo lo que podemos y empoderamos, pero no estamos aquí para sustituir a una terapia presencial.

¿Llaman muchas madres y padres?

Sí, existe un teléfono para adultos y llaman sobre todo madres. Pero también abuelos o amigos. Para todos ellos es muy doloroso llevar a los niños a un centro escolar y que le estén acosando. Cuando encuentran alguien que les orienta, les tranquiliza. Pero hay secuelas, de hecho, detectamos en ellos las mismas que tienen los niños y niñas: tristeza, ansiedad, angustia, inseguridad... Encontramos a familias muy preocupadas que en muchos casos no se sienten respaldadas por el centro escolar de sus hijos. Lo viven desde esa perspectiva de: “Mi hijo está sufriendo y no se hace nada”. Con frustración.

¿Ha atendido a familias de acosadores?

Sí, también. Padres o madres de adolescentes sancionados por acoso. Al final, se están comportando de forma agresiva por algún motivo. Si utilizan la violencia como recursos, intentamos indagar, con ellos, en por qué. Por qué no puede ponerse en el lugar de la persona a la que hace sufrir. Y siempre les redirigimos a profesionales específicos para que puedan trabajar con ellos.

¿Hoy recibe más llamadas que hace seis años?

Muchísimas más.

¿Hay más acoso o es más visible?

No sé si hay más acoso, pero sí que cuando no le pones nombre a algo, si no sabes que te está pasando a ti, le quitas importancia a la violencia. Al final eso hace que no pidas ayuda. Darlo a conocer, que la gente sepa de qué estamos hablando y sepa sus características te ayuda a identificarlo si lo vives o si lo ves en tu entorno.

¿Se está empezando a romper el silencio?

El último informe que hemos hecho con la muestra de los casos que nos llegan a través del teléfono dice que sí, pero esto es solo una muestra. No extrapolable a todo. Con lo que hemos podido analizar vemos, y así lo percibimos también las personas que cogemos el teléfono, que los amigos y compañeros de la víctima de acoso reaccionan más. Y el papel de los espectadores es importantísimo.

En su último estudio, ANAR dice que los casos que han atendido son más graves y afectan a niños más pequeños.

Volvemos al tema de la muestra. Es lo que hemos visto por lo que conocemos y sí tenemos esa percepción de que hay más violencia física. Aunque lo más recurrente siguen siendo los insultos, las humillaciones... en clase y a través de las redes, lo que provoca que no solo sufra en el entorno escolar sino también fuera. Y eso complica las cosas.

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